De la chatarra a impresiones 3D: el trayecto de dos venezolanos en medio de la crisis

En medio de la crisis venezolana y de su economía en colapso, dos jóvenes emprendedores encontraron una oportunidad entre la chatarra de equipos informáticos.

Lo que hacen es derretir desechos plásticos para reutilizarlos en impresiones 3D y fabricar piezas complejas, como por ejemplo: partes de automóviles. Este tipo de repuestos se volvieron muy difíciles de obtener en Venezuela ya que los controles monetarios disfuncionales restringen la importación de materiales básicos.

La producción de Albemar Domínguez y John Naizziri -fundadores de la empresa de impresiones 3D Nedraki- es pequeña, solo un kilogramo de filamento de impresión de plástico al día; pero su objetivo no deja de ser grande: ayudar al sector manufacturero que tiempo atrás fue próspero en Venezuela.

Después de cinco años de socialismo acompañado por una política de contracción económica fallida y la caída de los precios mundiales del petróleo, es una señal de cómo en medio de una crisis sin precedentes pueden surgir jóvenes dispuestos a innovar y buscar cambios positivos.

Albemar y Naizziri continúan en Venezuela a pesar de que muchos de sus excompañeros de universidad partieron a otras partes del mundo: sumándose a un éxodo de cientos de miles de personas en busca de mejores condiciones de vida. El país parece sumergirse cada vez más en la escasez de alimentos y medicinas, con una inflación disparatada de casi el 50.000 por ciento, y alcanzando Caracas el título de una de las ciudades más peligrosas del mundo.

“A pesar de que hay un panorama muy adverso, quienes están haciendo cosas reciben mucho apoyo, porque la gente cree y ve esperanza en los que estamos desarrollando proyectos”, dice Albemar Domínguez destacando un punto positivo, en medio de todas las dificultades que tuvieron para sacar adelante la empresa. Domínguez llegó a visitar Estados Unidos para aprender de la industria de impresiones 3D luego de interesarse por el reciclaje de residuos.

Estando en Venezuela, junto a Naizziri, de 27 años, comenzaron a hurgar en el basurero de residuos informáticos de su universidad, recolectando carcazas de impresoras y computadoras viejas en busca de plástico y piezas útiles. Así formaron su compañía Nedraki y más adelante llegaron a un acuerdo con una planta de reciclaje en la ciudad venezolana de Valencia para obtener más material.

[English Below] Nos sumamos a #preciousplastic, una comunidad global que trabaja por reducir la contaminación generada por plástico. Las manitos en el mapa ✋ son entusiastas, las llaves 🔧 espacios para construir máquinas y las banderitas lugares en dónde se trabaja reciclando plástico. Somos la primera banderita ondeando en Venezuela 🇻🇪 pero esperamos que esta iniciativa crezca y seamos cada día más personas trabajando por construir un futuro sostenible. Bienvenidos quienes quieran unirse al equipo. ___________________________________________ We join to #preciousplastic, a global community that works to reduce plastic pollution. The hands on the map ✋ are enthusiasts, the wrench 🔧 spaces to build machines and the little flags: recycling workshops. We are the first flag waving in Venezuela 🇻🇪 but we hope this initiative will grow to be everyday more people working to build a sustainable future. Welcome to join forces with our team. #Venezuela #BeSustainable #plastic #3Dprinting @davehakkens

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A principios de 2017, mientras el país se alzaba en protestas callejeras contra el presidente Nicolás Maduro, estos dos jóvenes produjeron su primer metro de filamento plástico. Hoy su empresa Nedraki suministra filamento a 13 empresas venezolanas y también produce engranajes de transmisión plásticos para terceros.

 
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