Salud, Vida

El secreto de la juventud eterna

El secreto de la juventud eterna
Meditación en Falun Dafa, ejercicios de QiGong. (Foto: Minghui.net)
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“Cuando los hombres se fueron multiplicando sobre la tierra y engendraron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas del hombre eran bellas, tomaron algunas como esposas y se las llevaron. Pero el Señor dijo: “Mi aliento no durará siempre en el hombre; puesto que es de carne, no vivirá más que ciento veinte años” (Génesis, 6,1-3).

“Soy una prueba viviente de los “efectos secundarios” de la cultivación que yo calificaría como milagrosos. Cuando empecé a practicar Falun Dafa yo era una envejecida mujer de 57 años, harta de vivir. Todos los días necesitaba mi pequeña siesta por la tarde.

Ahora, a pesar de haber añadido tres años más a mi existencia, aparento ser más joven, mis arrugas casi han desaparecido y mi energía aumenta cada día más. Necesito dormir menos que antes y me encuentro mejor, más fuerte, con la mente más clara, y más saludable que nunca“.

Para Connie Chipkar, la edad biológica parece haberse detenido subrepticiamente en la quinta década de su vida; los ritmos suaves y pausados con los que regularmente mece su cuerpo en el parque de práctica de chikun, parecen orquestar de igual modo, el movimiento de hormonas, proteínas, y demás grupos moleculares que sostienen el ciclo vital de cada una de sus células.

Ahora, a pesar de haber añadido tres años más a mi existencia, aparento ser más joven, mis arrugas casi han desaparecido y mi energía aumenta cada día más.

Su metabolismo enlentece, pero no del mismo modo en que lo hace el de una persona en el ocaso de su vida: sus células adquieren cada vez más energía y juventud, revirtiendo hasta un grado realmente asombroso el proceso natural de envejecimiento. De cierto modo, Connie alberga dentro de su cuerpo, uno de los más grandes y místicos secretos que la medicina moderna y la humanidad ponderan desde tiempos remotos: la clave de la juventud eterna.

Nacimiento, envejecimiento y muerte: el círculo inevitable

Suponiendo que pudiéramos aplicar las 24 horas de un día a las diferentes etapas del ciclo vital de una célula, podríamos observar que la división de ésta se produce en, aproximadamente, las 6:00 de la mañana; su juventud transcurriría entre las 8:00 y 10:00 am, y su apogeo en tamaño y fuerza vital sería alcanzado cerca de las doce del mediodía.

A partir de este punto la célula solo puede declinar en sus funciones, hasta completar un nuevo ciclo de vida dividiéndose otra vez. El ciclo parece limpio y perfecto, y sobre nuestros genes tampoco se han hallado hasta el momento, instrucciones explicitas que digan a nuestro organismo, que 80, 100 o 120 años, es el límite hasta el cual puede prologar su existencia.

Sin embargo, pese a esta supuesta perfección, los seres humanos morimos. Entonces, ¿cuáles son las causas de este inevitable- e indeseado para la mayoría de los humanos- fenómeno?

En resumen, nuestros genes no programan a nuestro cuerpo para la muerte, pero dos factores internos provocan nuestro envejecimiento natural; mitosis imperfectas y radicales libres

Por empezar, las divisiones celulares no son infinitas: con cada nueva célula que nace, los telómeros, porción terminal de nuestros genes, van acortándose un poco. Es decir, cada célula hija tendrá telómeros más cortos que su madre y más largos que su futura hija. De este modo, a determinado número de mitosis, los genes se tornan más cortos y pierden su funcionalidad, parcial o totalmente.

Como consecuencia, nuestras células renales fallan, los melanocitos dejan de pigmentar nuestro cabello, y las células de nuestra piel detienen su producción de colágeno. Nuestras canas florecen y la piel comienza a arrugarse.

Pero este proceso no viene solo: al mismo ritmo que el tiempo nos desgasta desde cada rincón de nuestro cuerpo, el organismo se autoerosiona con los denominados “radicales libres”, partículas producidas por la química corporal, que literalmente “comen” las paredes de las células sanas.

En resumen, nuestros genes no programan a nuestro cuerpo para la muerte, pero dos factores internos provocan nuestro envejecimiento natural; mitosis imperfectas y radicales libres.

El frágil camino de la manipulación genética

“Mucha gente viva hoy podría ser la primera generación de inmortales, o la última generación de mortales”. Al igual que el científico y escritor Karl Kruszelnicki, muchos investigadores comparten el optimismo en cuanto a los avances realizados en el campo de la genética destinados a prolongar la vida en ratones.

“Cloto”, tal como es llamado el gen que en los roedores parece ligarse al proceso de envejecimiento, tiene su equivalente humano, y la ciencia planea explotar al máximo la influencia de este factor en la lucha contra el tiempo.

Tampoco la farmacología parece mostrar de momento, una luz al final del túnel en la lucha contra una edad, que hasta los científicos parecen aceptar como límite máximo de la vida humana: 120 años

No solo se ha comprobado que los ratones con formas defectuosas del gen presentan síntomas de envejecimiento precoz, sino que aquellos cuyo gen Cloto es estimulado llegan a prolongar su vida en hasta un 30 por ciento.

En opinión del Dr. Makoto Kuro-o del Centro Médico de la Universidad de Texas, “(Cloto) podría ser uno de los pasos más significativos en el desarrollo de una terapia anti-envejecimiento”.

Sin embargo, puede que los efectos negativos de la manipulación genética hagan que la cura sea peor que la enfermedad: los ratones cuyo gen Cloto fue estimulado, también tendieron a la infertilidad y a la diabetes.

Como si de una advertencia “divina” se tratase, el delicado equilibrio de nuestro organismo pareciera estar escrito en nuestro ADN de forma inalterable. Así como en las técnicas de clonación, los clones suelen padecer enfermedades que no poseían sus padres, en el campo de la longevidad genética los científicos aún no han encontrado la forma de brindar más años a nuestros huesos, sin incluir algunas contraindicaciones de contrato en letras pequeñas.

Tampoco la farmacología parece mostrar de momento, una luz al final del túnel en la lucha contra una edad, que hasta los científicos parecen aceptar como límite máximo de la vida humana: 120 años.

A pesar de los grandilocuentes anuncios sobre elixires antioxidantes, en la actualidad no se ha comprobado que los medicamentos sintéticos puedan tener un verdadero efecto sobre los radicales libres que circulan en nuestro cuerpo.

Las píldoras mágicas que tantos años han logrado incrementar a la expectativa de vida del hombre, podrían no tener mucho más que mostrar frente a una muerte tan artificialmente prolongada. ¿Cuánto más años puede retardarse el accionar de sustancias nocivas, acumulación de errores genéticos, y otros factores de envejecimiento, antes de alcanzar un límite infranqueable?

Según Dawn Gleeson, Senior en genética de la Universidad de Melbourne “es cierto que vivimos un tiempo enormemente excitante, desde un punto de vista científico, pero tenemos que ser cautos”; “creo que es muy peligroso sugerir que estamos cerca de alcanzar la inmortalidad”.

Hacer sin hacer: la alternativa mística

Respirar, así como alimentarse, son cuestiones inherentes a la vida. No obstante, tanto el oxígeno como la glucosa, son aliados indiscutibles del proceso de envejecimiento.

…miles de personas alrededor del mundo logran prolongar su existencia con el simple precepto de tratar de lograr un “corazón limpio y con pocos deseos”; con la doctrina china del wuwei (hacer sin hacer)…

Frente a dilemas tan simples e incuestionables como este, muchos científicos occidentales piensan que la vida humana jamás podrá prolongarse mucho más de 120 años. De hecho, la persona más longeva del mundo con registros comprobables, la francesa Joanne Calment, apenas sobrepasa dicho límite con 122 años.

Paradójicamente, la mayoría de las personas longevas como los georgianos, parecen acusar como fuente de su vitalidad, una alternativa diametralmente diferente a la perseguida por los científicos de laboratorio: una vida simple y alejada de la medicina, destinada a la naturaleza y el altruismo social.

Así como la sexagenaria canadiense Connie Chipkar fatiga sus huesos y músculos con la práctica diaria del chikun, su filosofía de vida aparenta haber sido realmente la clave para el proceso de rejuvenecimiento experimentado en todo su organismo.

…el Dr. Guoliang, bioquímico de UC Davis, concluyó que la fuerza de contracción de las células cardíacas se incrementó un 175% después de una exposición de varios minutos al “campo de energía” generado por los ejercicios de Falun Dafa

De hecho, las técnicas adoptadas por Connie, conocidas popularmente como Falun Dafa, han sido evaluadas por investigadores de EE.UU, como la Dra. Lili Feng, catedrática de Inmunología y Biología Molecular del Baylor College of Medicine, quien determinó que la longevidad y función de las células sanguíneas blancas (en particular neutrófilos), había sido prolongada tanto in vitro como in vivo.

Del igual modo, la función celular se había hecho más intensa. Estudiando al mismo grupo de personas, el Dr. Guoliang, bioquímico de UC Davis, concluyó que la fuerza de contracción de las células cardíacas se incrementó un 175% después de una exposición de varios minutos al “campo de energía” generado por los ejercicios de Falun Dafa.

De este modo, mientras por un lado la ciencia intenta romper con la barrera biológica natural de la vida, por otro, miles de personas alrededor del mundo logran prolongar su existencia con el simple precepto de tratar de lograr un “corazón limpio y con pocos deseos”; con la doctrina china del wuwei (hacer sin hacer); y, por sobre todo, sin la administración de medicamentos de vanguardia a sus cuerpos.

Muchos continúan apostando a la inmortalidad al posible éxito de la investigación médica; otros, como el redactor en jefe de la publicación Guinness expresara, prolongan su vitalidad gracias a “no preocuparse, y dejar las cosas a Dios, al sol y a Buda”.


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