Un crimen sin precedentes: Masacre de prisioneros de conciencia en China por sus órganos

Por Omid Ghoreishi - La Gran Época

Nota del editor: La Gran Época está publicando una serie de artículos sobre tortura y abusos cometidos contra prisioneros de conciencia inocentes en China.

Fue hace 13 años, en 2006, cuando La Gran Época cubrió por primera vez la noticia de la sistemática sustracción de órganos por parte de las autoridades chinas a los prisioneros de conciencia de Falun Dafa. El artículo se basó en testigos que se dieron a conocer y empezaron a contar situaciones desgarradoras de médicos que sustraían los órganos de víctimas mientras todavía respiraban, y que luego vendían los órganos para alimentar un lucrativo negocio autorizado por el Estado.

“Es angustiante recordar el pasado. Los órganos sustraídos de un ser humano vivo tienen un precio mucho más alto que los de un cadáver”, dijo en su testimonio una de las testigos, que usaba el apodo de “Annie” para proteger su identidad. Su exmarido, un neurocirujano, era uno de los médicos encargados de realizar tan horrenda práctica.

“Después de la sustracción de órganos en vida, algunos practicantes de Falun Gong aún estaban vivos y respirando, pero algunos de sus cuerpos fueron arrojados directamente al horno crematorio. No quedan rastros de sus cuerpos”, dijo Annie.

Los testigos Annie y Peter en Washington DC, el 20 de abril de 2016. Sus discursos fueron su primer testimonio público sobre las atrocidades de la sustracción de órganos a gran escala en China. (La Gran Época)

Ese mismo año, los testimonios de los testigos fueron corroborados por una investigación realizada por el ex secretario de Estado y miembro del Parlamento canadiense David Kilgour –que también trabajó como fiscal durante muchos años– y David Matas, abogado de derechos humanos radicado en Winnipeg, Canadá.

“Sus órganos vitales, incluyendo riñones, hígados, córneas y corazones, eran tomados contra su voluntad para venderlos a precios altos, a veces, a extranjeros que normalmente se enfrentan a largas esperas para recibir donaciones voluntarias de tales órganos en sus países de origen”, dijo Kilgour en un reciente panel de debate, refiriéndose a un informe que él y Matas publicaron en 2006.

Kilgour subrayó que solo hay un país en el mundo en el que el Estado participa en la sustracción forzada de órganos de las víctimas: China.

Joel Chipkar, un portavoz del Centro de Información de Falun Dafa, dice que este abuso del régimen chino contra los practicantes de Falun Dafa –una práctica de meditación espiritual también conocida como Falun Gong y basada en los principios universales de Verdad, Benevolencia y Tolerancia– no tiene precedentes.

“Esta es la primera vez en la historia que se han alegado tales atrocidades contra alguien”, dijo Chipkar. “Creo que la comparación más cercana con la que podemos relacionarlo es con lo que hizo Hitler: sus experimentos y atrocidades contra la comunidad judía en la Segunda Guerra Mundial”.

El ex secretario de Estado canadiense para Asia y el Pacífico, David Kilgour (der.), presenta un informe revisado sobre el permanente asesinato de practicantes de Falun Dafa por sus órganos en China. El coautor del informe y abogado David Matas escucha en segundo plano, 31 de enero de 2007. (Matt Hildebrand/La Gran Época)

En 1999, el régimen comunista chino comenzó una campaña de persecución contra los practicantes de Falun Dafa que continúa hoy en día, resultando en cientos de miles de personas encarceladas a lo largo de estos años. Los investigadores dicen que la industria de trasplantes de China creció rápidamente después del lanzamiento de la campaña de persecución.

En una audiencia parlamentaria sobre el proyecto de ley para combatir la sustracción de órganos desde Canadá, el miembro del Parlamento Borys Wrzesnewskyj dijo que desde la Segunda Guerra Mundial, el mundo no había visto “horrores humanos a escala industrial por parte de un Estado, de un gobierno” como ocurre en China.

“David Matas y David Kilgour realmente arrojaron luz sobre tal vez el más oscuro de los males de nuestros tiempos actuales”, dijo.

En 2016, Kilgour y Matas se unieron al periodista de investigación estadounidense Ethan Gutmann y publicaron un nuevo informe, revelando que la escala de la práctica ilícita es mucho mayor de lo que se pensaba originalmente. Sus conclusiones demuestran que cada año se realizan entre 60.000 y 100.000 trasplantes en China, un país donde la donación de órganos es prácticamente inexistente.

Según Matas, el hecho de que el régimen chino haya podido continuar durante todos estos años con la sustracción forzada de órganos a practicantes de Falun Dafa con total impunidad le permitió dar rienda suelta para ampliar sus violaciones, esta vez contra el grupo étnico musulmán uigur de China.

“Los comunistas chinos no pudieron evitar darse cuenta de la relativa vía libre que obtuvieron internacionalmente con la persecución a Falun Dafa, con la matanza masiva por sus órganos”, escribió Matas en un artículo de diciembre de 2018. “Los comunistas se lanzaron a la actual fase de represión de los uigures con esa sensación de vía libre en sus mentes”.

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Cómo el régimen comunista negó la responsabilidad de todas sus masacres

 
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