Sterling Campbell: El baterista de David Bowie se despide del genio de la música

Era el año 1978. Yo tenía 14 y hacía algunos años que tocaba la batería. Ese día estaba en la entrada de nuestro edificio en Upper West Side cuando un baterista llamado Dennis Davis pasó caminando con un bolso para platillos y una bolsa de palillos. Yo no conocía a ningún músico profesional, así que simplemente le pregunté: “¿A dónde vas?”

Cuando Dennis me dijo: “Tengo un gran show esta noche, voy a tocar en el Madison Square Garden”, quedé pasmado, y aun más cuando siguió hablando: “Tengo un show con David Bowie. ¿Quieres ir?” Y me dio una entrada.

En esa época, yo sólo conocía una canción de David Bowie: “Fame”. La influyente música que Dennis había grabado con él –“Young Americans”, “Station to Station”, “Low”, “Heroes” – todavía no era parte de mi repertorio musical.

El edificio donde todo comenzó y la entrada para el concierto de David Bowie que le regaló Dennis Davis.
El edificio donde todo comenzó y la entrada para el concierto de David Bowie que le regaló Dennis Davis. (Cortesía Sterling Campbell)

A pesar de eso, estaba muy emocionado con la idea de ir a mi primer concierto solo. Yo quería ser baterista, y allí estaba, recibiendo una invitación de un músico profesional para ir al Madison Square Garden. Simplemente estaba feliz de poder ir, sin idea de para qué. Así comenzó.

Las luces bajaron y David apareció en el escenario –yo nunca había visto nada igual. Parecía una nave espacial, con luces fluorescentes blancas, y daba esa sensación ominosa. El show no comenzó con un gran impacto, sino con una canción para la reflexión, llamada “Warszawa”, del álbum “Low”.

De los altavoces salía este sombrío sonido pastoral, David tocaba un teclado Chamberlin y Carlos Alomar dirigía la banda. Esto era algo totalmente nuevo, esta no era una banda de rock común. Estaba en presencia de un visionario. Era Stanley Kubrick con micrófono y una banda que lo acompañaba. Era una nueva experiencia que atesoraría por siempre.

David era capaz de fusionar una estética urbana que era soul y R&B y mezclarla con esta estética europea, una disonancia pastoral clásica y electrónica (Krautrock). La banda era increíble y tocaban muy bien juntos. Estaba Dennis Davis en batería, Carlos Alomar en guitarra, George Murray en bajo, Adrian Belew en guitarra, Roger Powell en el sintetizador, Simon House en violín, Sean Mayes en piano.

Dennis Davis y David Bowie a principios de los 2000.
Dennis Davis y David Bowie a principios de los 2000. (Cortesía Dennis Davis)

Para mí fue una experiencia mágica y un punto de inflexión, porque esa noche decidí dedicar mi vida a la música. También me enseñó cuán amplia puede ser la música.

Los ‘80

En los años siguientes pasé muchas horas en tiendas de discos descubriendo música nueva y desarrollando mi gusto en música con artistas extranjeros. Llegaron los ’80 y yo estaba en la secundaria. Fui a la Escuela Secundaria de Música y Arte de La Guardia en la calle 137; comencé el mismo año que salió la película “Fama”, sobre la escuela a la que yo iba.

Toda mi vida había sido una persona de los barrios altos, pero cuando comenzaron los ’80, me aventuré a los barrios bajos. Tocaba regularmente en los famosos CBGB’s, The Ritz, Peppermint Lounge y Limelight, con bandas como The Pedantiks y Urban Blight.

El baterista Sterling Campbell, que además de tocar con David Bowie, tocó en bandas como The B-52s, Duran Duran, Soul Asylum, Cyndi Lauper y Gustavo Cerati.
El baterista Sterling Campbell, que además de tocar con David Bowie, tocó en bandas como The B-52s, Duran Duran, Soul Asylum, Cyndi Lauper y Gustavo Cerati. (Benjamin Chasteen/La Gran Época)

La música había cambiado mucho desde los ’70, y la Trilogía de David Berlin (1977-1979) –“Low”, “Heroes”, “Lodger”- tuvo una enorme influencia en el sonido de los ’80. Fue una época vibrante. Emergió el hip-hop, la música dance y el nuevo movimiento romántico, y David hizo una transición junto con ello, con “Scary Monsters” en 1980. Luego, en 1983, “Let’s Dance” se convirtió en su primer N° 1 a ambos lados del océano. David convocó a Nile Rodgers de la banda disco Chic para producirlo. Nile luego tuvo un enorme éxito con Madonna, Duran Duran e INXS –y sería quien luego me conectaría con David.

En 1986 me presenté en una audición para Cyndi Lauper y me ofrecieron acompañarla en el True Colors Tour. Eso me abrió las puertas, y me permitió hacer una temporada con la banda Cameo. Luego quise vivir mi propio sueño y pasé más tiempo en Europa. Toqué con una banda emergente llamada So y mi nombre comenzó a ser conocido en Londres.

En 1988 me llamó Duran Duran para salir de gira y eventualmente unirme a la banda. Allí fue que conocí a Nile. Nos mantuvimos en contacto, y después de que se terminara mi periodo con Duran Duran en 1993, recibí una llamada: Nile quería saber si estaba disponible para hacer el nuevo disco de David Bowie, “Black Tie White Noise”. ¡Toqué el cielo con las manos!

Comenzó la magia

La primera vez que me reuní con David fue maravilloso. Finalmente estaba conociendo a mi héroe y él era tan acogedor, sonriente; se lo veía entusiasmado con hacer un nuevo álbum. Básicamente tenía demos de algunas canciones nuevas y era bastante simple de tocar. Él todavía no sabía que yo era de la escuela de Dennis Davis. Estudié tanto la música como la batería de Dennis. Así que toqué con mi estilo, pero le agregué algunos toques de Dennis. David y Nile parecían satisfechos con los resultados.

David Bowie en el Forum de Copenague, durante A Reality Tour, 2003.
David Bowie en el Forum de Copenague, durante A Reality Tour, 2003. (Nils Meilvang/AFP/Getty Images)

Para mí David era como una universidad con un alumnado increíble. Parte de la genialidad de David consistía en su asombrosa habilidad para reunir talentos –no sólo músicos, sino también productores, diseñadores de moda, cineastas, diseñadores de arte, fotógrafos y todo lo demás.

Cuando Dennis fue baterista de David a fines de los ’70, Zack Alford, Poogie Bell y yo estábamos cerca de Dennis, y así terminamos participando. Así que hay una especie de árbol familiar y casi 40 años después todavía seguimos conectados. De hecho, tengo ese tipo de conexión con varios alumnos, conexión que formé a lo largo de 25 años.

Entonces, estar con David era también una hermandad. Era un lugar especial. Sólo bandas como U2, The Who y The Stones la tienen. No conocí a Woody Woodmansey o George Murray o Tony Newman, pero si los conociera, los abrazaría, porque influyeron en mí.

Es una clase con alumnos increíbles y tu diploma son las posibilidades musicales que inspiraba David.

Unos años después de grabar “Black Tie White Noise”, recibí una llamada del mismo David, preguntándome si estaba disponible para grabar el nuevo álbum, “Outside”, esta vez con Brian Eno en Montreux, Suiza. Estábamos rodeados por el Lago Ginebra y las Montañas de Evian en Francia. Un paisaje increíble.

Esa fue una época especial para mí. Tuve tanta suerte. Cada día desayunaba con Brian, que me contaba historias. Luego íbamos al estudio y probábamos ideas nuevas, por ejemplo, Brian hacía que la banda tocara escuchando “Baby Love” de The Supremes en nuestros audífonos. Le decía a la banda que tocara acompañando a la canción, pero que hiciera algo totalmente diferente a la canción. David y Brian escuchaban los resultados del experimento y si descubrían algo bueno, hacían una canción con eso.

Una vez, Brian imprimió personajes para cada uno de nosotros, que teníamos que mantener en secreto, y nos dijo que teníamos que tocar “en personaje”. Este era el mío:

Eres un músico en ‘Asteroide’, un club del espacio (actualmente en órbita geoestacionaria a 290 km sobre la superficie de la Luna) que atiende principalmente al personal rapado, tatuado y andrógino de mantenimiento que se reúne allí los fines de semana. Son un grupo duro que le gusta lo raro y pesado, errático y esquelético, que baila en un estilo sexy y violento. Estas personas tienen gustos musicales formados en su adolescencia a mediados de los ’90. Tu gran influencia de pequeño fue Funkadelic.

Siempre era experimental, y hacerlo y verlos interactuar fue un sueño hecho realidad, y además nos reíamos mucho. La mayor parte del tiempo era muy divertido. David hizo un montón de pinturas y dibujos de nosotros en la banda mientras tocábamos. Era mágico.

El baterista Zachary Alford en Nueva York, diciembre de 2015.
El baterista Zachary Alford en Nueva York, diciembre de 2015. (Benjamin Chasteen/La Gran Época)

Alrededor de 1994, David me llamó para decirme que salía de gira, lo cual era mi sueño, pero yo ya estaba comprometido con Soul Asylum y no hubiera sido correcto abandonarlos. Así que le pedí que convocara a Zack Alford, mi amigo de la infancia y gran baterista. Salió todo tan bien con Zack que hizo el Outside Tour y también grabó y salió de gira con “Earthling”, un gran disco. Yo estaba tan orgulloso de él.

Segunda vuelta

A fines de los ’90, David me volvió a llamar para convocarme para el álbum “Hours”. Escuchar el llamado de David, invitándome a tocar con él, fue el sonido más maravilloso. Tenía una voz grandiosa y escucharlo era un regalo.

Reunió una banda que consistía de mí, Gail Ann Dorsey, Earl Slick, Mark Plati, Mike Garson, Catherine Russell y Gerry Leonard. En una oportunidad agregamos vocalistas, Emm Gryner y Holly Palmer. Esto fue entre 1999 y 2004, una época en la tuvimos maravillosas aventuras. Tocamos ante el mundo e hicimos buena música.

En la misma época, David me volvió a invitar para grabar parte del álbum “Heathen” (2002) y la mayor parte de “Reality” (2003) con Mario McNulty tocando la batería en una canción y también haciendo la ingeniería del disco. Nuevamente, todavía tengo una profunda relación con Mario y también con Héctor Castillo, un ingeniero que participó en el álbum “Heathen”.

La última gira grande de David fue el Reality Tour. Fue mi favorita y la que recordaré por siempre. Cubrimos buena parte de su catálogo. Aprendimos más de 50 canciones, si mal no recuerdo. Tocamos por todo el mundo y nos reímos mucho. Ese es definitivamente un recuerdo fuerte al trabajar con David: era muy divertido.

Siempre tratábamos de hacernos reír sobre el escenario. Una noche en Las Vegas estábamos tocando la última canción, “Ziggy Stardust”. Al final hay una pausa en la que David canta solo antes de un gran final con la banda. La pausa me daba suficiente tiempo como para levantarme de la batería y caminar hasta David. Cuando la banda comenzó a tocar, yo estaba parado junto a él, y el técnico de batería J.W. estaba tocando mi parte. David me miró, miró hacia la batería y se echó a reír. Hubo otra vez en que toda la banda lo hizo.

Otra vez recorríamos medio Estados Unidos en autobús y en una de las paradas todos nos reímos mucho con un lebrílope de felpa. Y, oh sorpresa, esa noche el lebrílope apareció como mascota sobre el escenario. David debió haberlo comprado.

Pasaron seis años y un día, cuando compartía un estudio en Rivington St. Rehearsal Studios en Nueva York con un increíble grupo de músicos, recibí un llamado de David. Hacía un tiempo que no nos veíamos. Me preguntó cómo estaba y luego me pidió que fuera a verlo. Me sorprendí y dije: “Por supuesto”.

Fue genial volver a verlo y ser hechizado otra vez por su personalidad. Me preguntó si estaba disponible para trabajar en algunas canciones de este verdadero estudio lo-fi en que se convertiría el álbum “The Next Day”.

Fue increíble. La parte de la batería no encajaba y pudimos hacer los arreglos y pasarlos con un micrófono a un grabador digital de una manera muy simple. Eso continuó por una semana más o menos, luego se llevó la música a su casa para seguir trabajándola.

Cuando llegó el momento de hacer el álbum, había una cuestión. No podía decirle nada a nadie. Esto continuó por dos años. Zack comenzó e hizo la mayor parte; yo tenía problemas con mis horarios, así que me incorporé hacia el final e hice un par de temas.

El mito

Esa fue la última vez que vi a David. Nos escribíamos un poco, pero no mucho. Después surgieron las noticias de que iba a sacar un nuevo disco. Le escribí un email cuando salió el primer single y sus últimas palabras hacia mí fueron: “Gracias Ster”. Así me decía él. Luego se nos fue.

Así que ahora se convirtió en un mito y a mí me quedan las historias de los momentos compartidos con David Bowie. David fue una persona genuina, única en su tipo. Era humanitario. Se preocupaba por muchas cosas, se preocupaba por los derechos humanos y sabía qué estaba pasando en el mundo. Era un ávido lector.

En 2002 fui a China a protestar por el genocidio contra Falun Gong, una antigua disciplina china de meditación que yo practico. Me detuvieron y expulsaron del país.

David Bowie hace una prueba de sonido junto a Sterling Campbell antes de un show en 2002.
David Bowie hace una prueba de sonido junto a Sterling Campbell antes de un show en 2002. (Mark Plati)

Fueron dos semanas increíbles, en las que una semana estaba siendo detenido por la policía en China, y a la semana siguiente estaba haciendo un show con David para Tibet House en el Carnegie Hall, junto con Adam Yauch de los Beastie Boys, Philip Glass y el Cuarteto Kronos. Me perdí el ensayo, pero llegué para el concierto.

Son tantas historias. Todos los que estaban en el círculo de David tuvieron una aventura como la de Bilbo Bolsón. Llevo casi 25 años en el ambiente y la mayor parte de ellos las pasé creando música con él. Hice muchos amigos de toda la vida –Dennis, Zack y otros– por ser parte de su familia.

David dejaba que yo y los otros músicos fuéramos nosotros mismos. Rara vez nos decía cómo tocar la música. Nos dejaba ser creativos. Él respetaba mis creencias y quería que todos los involucrados se expresaran. Fue realmente un honor trabajar para David y algo que siempre llevaré en mi corazón.

 
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