Opinión

Los principios distópicos del verdadero comunismo

Una filosofía perniciosa basada en la lucha y la destrucción

Los principios distópicos del verdadero comunismo
Adaptado de un cartel de la Revolución Cultural adornado con las palabras "Aplastar el viejo mundo, establecer el nuevo mundo". (La Gran Época)
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En la era de la “justicia social” y otros credos progresistas en el discurso occidental predominante, las tragedias de millones de personas en decenas de países que viven bajo regímenes comunistas se pasan con demasiada frecuencia de que no son “verdadero comunismo”.

Mientras muchos aún ven el comunismo como una noble filosofía que aún puede implementarse dada las mejoras en la tecnología o en la naturaleza humana, sus fundamentos ideológicos representan no un sueño utópico sino una enseñanza necesariamente violenta y destructiva.

Desde su aparición, las ideologías comunistas han promovido una revolución violenta y de dictaduras brutales superando ampliamente los peores excesos de los gobiernos no comunistas. Hoy en día, los cinco regímenes comunistas que aún existen-China, Corea del Norte, Vietnam, Cuba y Laos- se encuentran entre los peores violadores de los derechos humanos.

Lucha y engaño

En el centro del comunismo encontramos la teoría de lucha de clases entre dos grupos principales: la clase obrera o proletariado y la clase propietaria o burguesía, según Karl Marx y Friedrich Engels.

“Toda la historia pasada fue la historia de luchas de clases; estas clases en guerra de la sociedad son siempre los productos de los modos de producción y del intercambio”, escribió Engels en 1877.

Los defensores de la ideología comunista usaban típicamente un lenguaje distorsionado y exagerado que radicalmente inflamaba cualquier ira o resentimiento que sentían los miembros de la clase obrera u otros miembros indigentes de la sociedad. En sus intercambios epistolares, Marx usó con frecuencia blasfemia explícita e insultos raciales, atacando a negros y judíos entre otros.

Como señala un resumen académico, “el modo profano de producción literaria de Marx presenta una inversión de la subjetividad burguesa la cual revela que mientras las heces son simplemente naturales, el capital es de hecho repugnante”.

El empleo era etiquetado como “esclavitud”, mientras que la relación entre empleador y empleado era etiquetada como “guerra”. Estos usos pervirtieron los significados convencionales y neutros de estas palabras.

Marx y Engels consideraban que la clase obrera era explotada sistemáticamente por su trabajo por la clase propietaria o burguesa más poderosa. Ellos querían destruir completamente esta clase “capitalista”.

“Llamamos al comunismo el movimiento real que anula el estado actual de las cosas”, escribió Marx en 1845.

Estos dos representantes de la teoría comunista se centraron estrechamente en las difíciles experiencias económicas de un solo grupo de personas. Ellos dejaron de lado el hecho de que hay una gran variedad de personas en todos los niveles sociales con comportamientos positivos y negativos y los impactos en la sociedad, desde filántropos hasta criminales. Aquellos clasificados como “capitalistas” a menudo trabajaban duro en importantes posiciones de liderazgo y tenían una valiosa experiencia en la producción y distribución de bienes y servicios esenciales.

Como muestra el registro, los líderes comunistas siguieron fielmente estos preceptos teóricos, emprendiendo la guerra real contra clases designadas e imponiendo la esclavitud real con la introducción de campos de trabajo forzado.

Credo de destrucción

“El proletariado usará su supremacía política para arrebatar gradualmente todo el capital de la burguesía, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del estado”, dice el Manifiesto Comunista, el texto principal del comunismo, escrito por Marx y Engels.

Tales bienes, como las empresas, las tierras, las cuentas bancarias, la vivienda y otros bienes, debían ser confiscados por la clase obrera y colocados en propiedad “pública“.

La contradicción inherente es fácilmente evidente. Si la posesión misma provoca la explotación de los demás, y el estado se convierte en el único propietario de todos los bienes y riquezas de toda la nación, lógicamente el estado y sus representantes son capaces de explotar a su pueblo. La propiedad simplemente cambió de manos.

Prisioneros soviéticos del Gulag construyendo una carretera en Kolyma, un campamento siberiano donde las tasas de mortalidad pudieron aproximarse al 100 por ciento. (Dominio público)

Prisioneros soviéticos del Gulag construyendo una carretera en Kolyma, un campamento siberiano donde las tasas de mortalidad pudieron aproximarse al 100 por ciento. (Dominio público)

Según la serie de artículos “Entendiendo el Conflicto y la Guerra”, de R.J. Rummel, “la creación de la propiedad pública, ya sea la nacionalización de la industria o las tierras públicas, no altera las relaciones sociales que crean los conflictos de clases”.

Bajo los sistemas comunistas, Rummel agregó, “la propiedad” que el pueblo posee “está controlada por unos pocos burócratas o administradores a quienes se les da autoridad estatal para controlar la propiedad”.

Durante años, los que escaparon del comunismo compartieron sus experiencias de soldados revolucionarios confiscando los ahorros de toda la vida de sus familias o su único medio de ganarse la vida. Muchas personas perdieron la propiedad de sus casas y de repente se vieron obligadas a pagar el alquiler para seguir viviendo allí.

Los funcionarios del Partido Comunista naturalmente se convirtieron exactamente en lo que habían criticado y luchado. Sin embargo, sus acciones, tomando a la fuerza todo lo valiosa de cada persona y llevando a cabo ejecuciones en masa, fueron mucho peores que los “crímenes” de la anterior clase propietaria la cual ellos afirmaron contribuyó a la pobreza.

Otra idea central del comunismo es el materialismo. Esta filosofía sostiene que no existe nada excepto la materia física verificada por la experimentación científica. Esta filosofía fomentaba el abandono de la religión, la espiritualidad y la moralidad como los grilletes impuestos por una clase opresora.

En esta foto de 1931, la Iglesia de Cristo Salvador en Moscú es demolida para dar paso al Palacio de los Soviéticos, un rascacielos que nunca se completó. La iglesia fue reconstruida después del colapso de la Unión Soviética. (Dominio público)

En esta foto de 1931, la Iglesia de Cristo Salvador en Moscú es demolida para dar paso al Palacio de los Soviéticos, un rascacielos que nunca se completó. La iglesia fue reconstruida después del colapso de la Unión Soviética. (Dominio público)

“La filosofía del marxismo es el materialismo”, escribió el líder comunista soviético Vladimir Lenin en 1913.

Sin embargo, la moralidad es un componente clave de la civilización humana y constituye la base de la idea moderna de los derechos humanos. Las acciones que violan los derechos de otra persona son castigados, ya que la gente puede reconocer que es perjudicial para la sociedad civilizada.

El comunismo abandonó abiertamente el concepto de correcto y equivocado, para justificar sus acusaciones contra clases enteras de personas. Las acciones de un individuo ya no importaban tanto como sus antecedentes de clase. La justicia dejó de existir.

Glorificando la violencia

La parte más alarmante de la ideología comunista es el uso de la violencia despiadada para crear y preservar un estado comunista. Esto está bien documentado:

“Sólo hay una manera de acortar, simplificar y concentrar las agonías de muerte de la vieja sociedad y los sangrientos dolores de parto de la nueva sociedad y esa manera es el terror revolucionario”, según Marx en 1848.

“La próxima guerra mundial dará como resultado la desaparición de la faz de la tierra no sólo de las clases reaccionarias y dinastías, sino también de pueblos reaccionarios enteros. Y eso, también, es un paso adelante”, según Engels en 1849.

“El estado es un instrumento de coerción… Queremos organizar la violencia en nombre de los intereses de los trabajadores”, según Lenin en 1917.

Victimas ejecutadas de la policía secreta Cheka soviética en 1918 o 1919 en Kiev. (Dominio público)

Víctimas ejecutadas de la policía secreta Cheka soviética en 1918 o 1919 en Kiev. (Dominio público)

La violencia es común en cualquier transferencia de poder o revolución, pero este estímulo absoluto del “terror revolucionario” en la ideología comunista creó un frenesí de matanza a gran escala, – al menos 100 millones de vidas comenzando con la Revolución Rusa en 1917.

Grupos enteros de personas fueron golpeados, encarcelados, torturados y ejecutados –tales como propietarios de tierras, terratenientes, empresarios, abogados, médicos, maestros, intelectuales, líderes religiosos y espirituales, personas con opiniones políticas derechistas, cualquiera que se opusiera a la toma del poder comunista y otros que fueron simplemente arrasados en la lucha.

“El nivel de la civilización de un régimen se puede medir por el grado en que utiliza la violencia”, afirma la serie editorial “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista” publicada por la edición en chino de La Gran Época.

“Al recurrir al uso de la violencia, los regímenes comunistas representan claramente un enorme retroceso en el nivel de la civilización”.

Poder absoluto

“El poder tiende a corromper; el poder absoluto corrompe totalmente”, escribió el historiador británico John Dalberg-Acton en 1887.

Los teóricos comunistas y los revolucionarios pensaban de otra manera. Marx describió una “dictadura del proletariado” con “el proletariado organizado como la clase dominante” a la cabeza de una sociedad igualitaria.

En 1847, Marx escribió que “la clase obrera, en el curso de su desarrollo, sustituirá por la vieja sociedad civil una asociación que excluirá las clases y su antagonismo, y no habrá más poder político propiamente dicho, ya que el poder político es precisamente la expresión oficial del antagonismo en la sociedad civil”.

En este punto, Marx argumentó que el estado comenzaría a marchitarse, y todas las clases sociales desaparecerían, porque de alguna manera los nuevos gobernantes serían incapaces de explotar a otras personas.

Los resultados fueron siempre lo contrario. Esta nueva clase dominante consistía de seres humanos normales con buenas y malas tendencias, que sin duda podían ejercer el poder político y gobernar como déspotas.

Los líderes soviéticos Vladimir Lenin y Joseph Stalin en 1922. Entre ellos están las muertes no naturales de unos 30 millones de personas. (AFP / Imágenes Getty)

Los líderes soviéticos Vladimir Lenin y Joseph Stalin en 1922. Entre ellos están las muertes no naturales de unos 30 millones de personas. (AFP / Imágenes Getty)

Los antiguos miembros de la clase obrera fueron promovidos a ser miembros de la clase dominante, llenando el vacío de poder creado por la violenta revolución. Los individuos que tomaron el poder fueron a menudo los menos aptos para tenerlo. Eran rebeldes con una ideología que glorificaba la violencia y tenían poco interés o competencia en organizar o armonizar las complejas estructuras sociales en todas las esferas de la sociedad. Los rusos izquierdistas y los líderes bolcheviques que hicieron posible la victoria de Lenin en la revolución y la guerra civil fueron purgados sin piedad por la policía secreta soviética; en China, muchos de los compañeros más cercanos de Mao Zedong, los hombres que habían ayudado y armado al Partido Comunista Chino para gobernar toda la China continental, fueron víctimas de la desenfrenada Revolución Cultural del líder.

Después de la toma comunista de China en 1949, una civilización que una vez veneraba el logro académico y una administración estable se transformó en un régimen que despreciaba el aprendizaje y gobernaba con decretos caprichosos y movimientos políticos de masas. Muchos líderes comunistas chinos eran analfabetos o semi-letrados y les resultaba difícil comunicarse incluso a través de simples notas y cartas.

A medida que el fervor ideológico y revolucionario reemplazaba el pensamiento independiente y el orden tradicional, el hambre y la pobreza sobrevinieron. Las decenas de millones de personas que murieron de hambre en las hambrunas soviéticas, chinas y otras innumerables provocadas por el hombre son el desastroso testimonio de esto.

Con poca inhibición moral o sentido de justicia independiente, los líderes comunistas continuaron engañando y manipulando a través del control de los medios de comunicación y los sistemas educativos para tratar de convencer a la gente de que todo era como debía ser. La propaganda echaba la culpa a los pies de enemigos externos, traidores internos, calamidades naturales o incluso a las masas mismas.

Un cartel chino a finales de 1966 que muestra cómo tratar con los llamados "enemigos del pueblo" durante la Gran Revolución Cultural Proletaria. (Jean Vincent / AFP / Imágenes Getty)

Un cartel chino a finales de 1966 que muestra cómo tratar con los llamados “enemigos del pueblo” durante la Gran Revolución Cultural Proletaria. (Jean Vincent / AFP / Imágenes Getty)

Los países comunistas también han sometido arbitrariamente a sus ciudadanos a la pobreza artificial-arresto domiciliario, encarcelamiento, trabajo forzado o incluso la muerte por sus pensamientos o creencias. Los líderes comunistas tomaron medidas drásticas para tratar de evitar que la gente escapara de sus sistemas, como lo fue el Muro de Berlín durante más de dos décadas.

En la Unión Soviética, las personas que solicitaban visas a menudo eran perseguidas, encarceladas o colocadas en salas psiquiátricas. Incluso los ciudadanos que viajaban en tren dentro del país a menudo se les requería que mostraran los papeles explicando la naturaleza de su viaje antes de comprar un boleto. Algo tan simple como un mapa de la ruta era algo reservado, con el fin de que la gente no pudiera encontrar fácilmente la frontera.

En este punto, la nueva clase dominante comunista había realmente adquirido y concentrado todas las facetas del poder que existen: toda la fuerza, toda la riqueza y todo el conocimiento. Una vez que el poder absoluto se había alcanzado y la corrupción de los líderes comunistas más poderosos lo volvieron en un poderoso grupo de interés, los objetivos del liderazgo comunista pasaron rápidamente a mantener ese poder a toda costa.

Con la excepción de la corta duración del régimen camboyano de Khmer Rouge, los estados comunistas que no colapsan se someten a reformas para preservar el gobierno de un solo partido. En China, el país comunista más grande del mundo, el Partido estuvo dispuesto a abandonar la planificación central directa y adoptar algunas prácticas económicas capitalistas, la política que denomina “socialismo con características chinas”.

El ex líder del Partido Comunista Chino Deng Xiaoping (derecha) y su sucesor Jiang Zemin se dieron la mano en octubre de 1992. Deng inició la transformación capitalista china y Jiang construyó una extensa red faccional apoyada por la corrupción endémica del estado de un solo partido. (AFP / Imágenes Getty)

El ex líder del Partido Comunista Chino Deng Xiaoping (derecha) y su sucesor Jiang Zemin se dieron la mano en octubre de 1992. Deng inició la transformación capitalista china y Jiang construyó una extensa red faccional apoyada por la corrupción endémica del estado de un solo partido. (AFP / Imágenes Getty)

Lejos de eliminar la pobreza, la China controlada por los comunistas ha desarrollado una de las brechas de ingresos más graves del mundo. Cientos de millones de chinos viven en la pobreza, en particular en las provincias del oeste y del interior y los trabajadores migrantes desposeídos forman una clase baja del tamaño de la población de Estados Unidos. Mientras tanto, los cuadros del Partido han cubierto sus bolsillos con dinero malversado y han trasladado los billones a bancos e inversiones en el extranjero.

“Esta no es una autocracia benevolente. Esta es una dictadura dura, implacable e imperdonable, cerca de un estado totalitario absoluto”, dijo Stein Ringen, un politólogo noruego y profesor emérito de Oxford en un discurso sobre China en la USC el 2 de marzo.

Desde el pasado hasta el presente, muchos han profesado altas metas sobre cómo cambiar el mundo para mejor. Los movimientos comunistas de todo el mundo han extinguido la libertad e impuesto una dictadura absoluta, aparentemente en aras de la “igualdad” y la “utopía”.

Pero como Lord Acton señaló: “Los hombres no pueden ser hechos buenos por el estado, pero fácilmente pueden hacerse malos. La moralidad depende de la libertad”.
Se estima que el comunismo ha matado al menos 100 millones de personas, no obstante sus crímenes no han sido recopilados y su ideología aún persiste. La Gran Época busca exponer la historia y creencias de este movimiento, que ha sido una fuente de tiranía y destrucción desde su surgimiento.

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