Jorge Schubert: La historia del galán que prefirió el camino espiritual

Jorge Schubert, actor y escritor argentino, se define a sí mismo como un “enamorado del fascinante hecho de estar vivos y de su esposa”, con quien comparte su vida desde 1994.

Si bien fue uno de los actores más reconocidos de los años 90, hoy está apartado de la actuación y se dedica de lleno a su rol de escritor, vocación que descubrió cuando advirtió que de esa manera podía encontrar respuestas a los interrogantes que siempre había tenido, dándole forma y sustancia a través del papel.

En un diálogo con La Gran Época, Schubert comentó sobre los motivos que favorecieron a que cambiara los flashes de las cámaras por el silencio de su estudio y realizó un recorrido por su vida desde sus inicios.

LGE: ¿Cuáles eran tus sueños de niño?

No detecto sueños. Por ahí ganarme el “Prode” (pronóstico de los resultados de los partidos de fútbol)  para comprar una pelota. Ya entrando en la adolescencia y teniendo más  referencia de mí como alguien que pertenece a un grupo, empecé a sentirme algo inseguro y curioso por mi personalidad. No estaba del todo cómodo ya conmigo. Y ahí aparecieron los sueños disfrazados de necesidad. Con el tiempo me enteré que la necesidad de actuar era la necesidad de comunicar, disfrazada de “querer ser alguien”. Ya “era alguien”, lo sabía por saberlo, pero a esa edad empecé a olvidarlo, y salí a ser “alguien” en relación al mundo.

LGE: ¿Qué rol jugaron tus padres para que encuentres tu vocación?

Dejarme ser. Y amarme como era.  A esa edad aparenta ser desprotección, pero con los años lo registro como sabiduría: siempre respetaron la intimidad de mis procesos, y me ayudaron a encontrar yo mismo mis propias respuestas. Cuando les comuniqué que quería ser actor (en esa época y en un pueblo era como hoy querer ir a vivir a Marte) fue como si ya lo hubieran sabido de antes. Y solo me apoyaron. Siempre. 

LGE: ¿Qué emociones te despertó ganar el Martín Fierro (uno de los principales galardones en Argentina a radio y TV) por su participación en la miniserie argentina ‘Zona de Riesgo’? ¿Sentiste que comenzaba o cerraba un ciclo?

Sentí que la vida me sellaba la visa de actor: ¡al fin tenía una profesión! Hasta ese momento, cuando me preguntaban a qué me dedicaba, no sentía decir que era actor. Curioso, pero así me pasaba. El Martin Fierro cerró un ciclo, y empezó otro. Yo en su momento no estaba enterado de ninguno de los dos.

El primer tiempo lo viví con bastante naturalidad. Como de siempre. Pero después me empecé a sentir algo incómodo. Me extrañaba. El rol se iba apoderando de mí, y no tenía ni idea de cómo seguirlo. Todo cambió cuando empecé a tomar conciencia y asumir la responsabilidad. Sentía que los taxistas, por ejemplo, prestaban mucha atención a lo que decía, que la gente se ponía muy contenta al verme, y que en otro país, un artista puede influenciar en la idea que se tenga de su país. Descubrí que la parte más linda no era la que yo pensaba, en cuanto a lo que quería para mí, sino a lo que podía dar. Un beso podía alegrarle el día a una persona, y una reflexión movilizar el alma de cualquier taxista. La vida me había confiado poder… el poder de dar.  Cuando recuperé ese sentimiento que originalmente fue un motivo muy sincero en mí, sentí que regresaba a mi senda.

LGE: ¿Qué cambio provocó en tu vida pasar del anonimato a ser una persona reconocida? ¿Cómo te sentías en relación a la fama?

Pasé de ser observador a observado.  De ser invisible, a visible, como me alertó un amigo.  Todo cambió, porque pasé a ser, en relación a los demás.  Pasé a recibir una energía que no conocía y que te eleva sin que tengas tiempo de detenerla. Lo primero que me llamó mucho la atención, después de un tiempo, es que no me sentía más feliz que antes. Y ahí comencé a ahondar en la relación entre el rol y yo.

LGE: ¿El hecho de hacer casi siempre el papel de “galán” hizo que se fomente tu vanidad?

No, no mucho. Disfrutaba de actuar más que de ser galán. Nunca me la creí como galán. Lo que sí me modificó fue el trato que en general los demás empiezan a tener hacia uno. Eso sí fue muy extraño. En mi caso no reconozco a la vanidad como consejera. Sí delató mi inmadurez en un principio para asumir la popularidad y la responsabilidad que eso significa. De todos modos éstos pueden ser argumentos del ego. Lo concreto es que el mundo se da vuelta, y pasas de ser observador a observado. Y eso desorienta.

LGE: ¿Qué es lo que hace que actualmente priorices tu faceta de escritor por sobre la de actor?

El escritor está más cerca del silencio, de la pureza y del recuerdo. Hoy las respuestas a mis preguntas las tiene el escritor. El escritor está más vinculado al Ser y el actor al hacer. También puede ser que esté envejeciendo (risas).

LGE: ¿Cuál fue el punto de inflexión donde sentiste que tenías que cambiar el rumbo de tu profesión?

La urgencia por recordar.  Necesitaba explicarme muchas cosas. Había formado una familia, y el rol se había identificado demasiado conmigo. En un momento sentí que mi esposa necesitaba un marido, no un actor. Que mi hija necesitaba un padre, no un actor. Y que yo me necesitaba a mí, no a un actor. Así empezó el viaje de regreso.

El actor y escritor argentino Jorge Schubert (Foto: Jorge Schubert)

El actor y escritor argentino Jorge Schubert (Foto: Jorge Schubert)

LGE: ¿Qué aportó a tu vida el rol de padre?

Hasta que nació mi hija, yo sabía lo que era que me amaran. Cuando mi hija nació, yo supe lo que es amar. Así lo definí con el tiempo. Ese pacto de eternidad entre dos mortales provocó un giro absoluto en mi vida. Me sumergió en el amor más profundo, y despertó los miedos más últimos, sintetizados en la muerte. Por lo tanto, volvió a reconectarme con la vida. ”La conciencia que le es prestada a la muerte, le es devuelta a la vida, como un espejo, en la misma proporción”, escribí después en Morir a Tiempo.

Fue un lento regreso a casa después de estar identificado un buen tiempo con el “rol”. Un “rol” que ya no daba respuestas a mis nuevas preguntas. Al tiempo vino el escritor a rescatarme.

LGE: ¿De dónde proviene tu inspiración para escribir?

De las preguntas que me surgen acerca de Dios, la vida, y la muerte, básicamente. Estamos aquí, vivos, y eso es una constante sorpresa que me lleva a constantes cuestionamientos. La curiosidad es mi jefa.

LGE: ¿Nos puedes compartir alguna de las experiencias de tu libro “Otro punto de vista”? ¿Por qué consideras a todas ellas como espirituales?

Hay historias cortas, medianas y largas de, quizás, tres carillas. Te comparto una cortita a modo de ejemplo:

Los buenos y los malos

Le pregunté a mi hijo: «Si nosotros los buenos matáramos a todos los malos, ¿quiénes quedaríamos?».

«Los asesinos», me contestó.

Porque el espíritu tiene la particularidad de regalarnos una mirada evolucionista ante los hechos. Y toda mirada evolucionista se basa en el lenguaje del amor y la unidad. El ego se detiene en el mensajero. El espíritu en el mensaje.

LGE: ¿Crees en la reencarnación?

Creer no me gusta como palabra. Creer podemos creer cualquier cosa. El punto es observar que la vida solo adquiere sentido en la evolución, y dada nuestra limitación de tiempo terrenal,  esto conecta automáticamente con la reencarnación. Da igual cómo sucede, lo cierto es que siempre nos seguiremos heredando a nosotros mismos, y esto a mí me lleva a reflexionar constantemente sobre la vida que elijo, y estoy eligiendo a futuro. Aunque el tiempo sea este y sea el único que existe, en el juego existe ese futuro, y lo deseo cada vez más consciente. De hecho, en la misma Tierra, reencarnamos muchas veces, aunque al ser en el mismo cuerpo, no lo registramos.

LGE: ¿Qué es Dios para ti?

Te lo contesto con la respuesta que me da Dios ante mi misma pregunta en Despertar en la Tierra:

“–¿Tú quién eres?

–Yo soy todo y soy todos. Yo soy la suma de todo y de todos. Tú eres una partecita de mí jugando a que no lo sabe. Cuando recuerdas quien eres, recuerdas quien soy, y recuerdas quienes son todos: Dios”.

LGE: Mucha gente sigue y toma a los actores y/o personas de la televisión como referentes, ¿consideras que estas tienen una responsabilidad mayor en lo que transmiten al conjunto de la sociedad?

Todo lo que hacemos siempre está al servicio de la evolución. Una persona que llega a más gente, ya está influyendo en esa evolución, ya sea que estemos de acuerdo o no con su accionar. La responsabilidad es personal, siempre. Es un estado de paz con uno, no con el otro.  Todos obran perfecto para con todos. El punto es si yo, en lo personal, puedo ver esa perfección, o no. Hay espejos de bolsillo para vernos, y hay espejos de pared. Un referente es un espejo de pared. Después cada quien verá lo que deba ver. Su función ya la está cumpliendo. Su responsabilidad, consigo mismo, también, aunque ni lo sepa. Nos cuesta verlo, pero todo está bien como está. La diferencia sería si podemos verlo, o no.

LGE: ¿Qué acciones o qué cambio piensas que se podría generar desde la sociedad para que podamos pensar más en los demás y dejar de lado el egoísmo?

Sembrar conciencia. Conciencia es luz. Es la que nos permite ver los diferentes caminos con sus diferentes consecuencias. Mostrar. Encender la luz. Y respetar el camino que luego cada quien quiera tomar. No existe manera de que no nos sentemos del otro lado del banquillo en algún momento. No por ley terrena, sino por ley divina. El cambio de una sociedad emerge del cambio individual. “Que la realidad no es más que la fruta y nosotros el árbol. Y que si no nos gusta la fruta, debemos revisar el árbol”, dice en Morir a Tiempo. Cuando nuestra vibración personal se eleva, ya no necesitamos energías bajas para aprender. La suma de esas vibraciones más elevadas genera un cambio colectivo de la realidad. Pero el cambio siempre empieza por uno. Uno es el cambio. La persona que está bien, no quiere cambiar al mundo. Pero lo cambia porque lo ilumina.

 
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