“Es una nueva forma de genocidio, contra prisioneros de conciencia”, dice Gutmann, coautor de nuevo informe sobre sustracción de órganos

La Gran Época: ¿Me presenta este nuevo informe que está saliendo?

Ethan Gutmann: Bueno, no tiene un título llamativo. Es simplemente “Cosecha Sangrienta/La Matanza: Una actualización”. Es muy mínimo. No estamos tratando de reproducir nuestro trabajo anterior. David Kilgour y David Matas escribieron “Cosecha Sangrienta“, dedicándole mucho trabajo en los últimos años. Yo escribí “La Matanza“. Tardé siete años. La idea del nuevo informe es actualizar nuestros hallazgos.

En este momento hay un montón indiscutible de información que muestra que la cantidad de trasplantes chinos es significativamente mayor a cualquier cosa que Beijing haya dicho. La afirmación habitual es que China hace alrededor de 10.000 trasplantes al año. Pero cuando nos fijamos en los hospitales y en los centros de trasplantes –los hospitales militares y civiles, los centros secundarios de trasplantes, los centros grandes, medianos y pequeños de trasplantes– y los cuentas y ves, ¿cuál es su volumen real? Pues bien, la cifra más baja a la que llegamos es de aproximadamente 60.000 trasplantes por año, no 10.000. El número que nos parece más probable es de unos 100.000 por año. Ahora bien, esto es en un país que declara que sus órganos ya no provienen de presos condenados a muerte. Esto es en un país que hasta hace muy poco no tenía un sistema para aceptar trasplantes voluntarios. Por lo general, los trasplantes voluntarios que se producen son dentro de una familia, donde un familiar podría donar un riñón a otro familiar.

“Algunos de los testigos más confiables que entrevisté sabían del secreto a voces: estaban extirpando a los de Falun Gong”

Una de las cosas de la que hemos notado sobre esos hospitales es la impresionante cantidad de construcción –se han agregado enormes alas de trasplantes en los hospitales; a ciudades y provincias que no contaban con una industria del trasplante se les otorgó una, aparentemente en base a una planificación central. Esta es una de las características más llamativas de la investigación. Sin embargo, aunque mucha gente quiera ver esto simplemente como algo con fines de lucro, no lo es. Hay un elemento de planificación central. Aunque nunca se declaró públicamente que el trasplante fuese un “pilar de la industria” en China, está claro que se pensaba de esa manera al más alto nivel del Partido Comunista.

Esas cifras son absolutamente extraordinarias, impactantes.

LGE: ¿En qué se basa la investigación? ¿Qué evidencia ha usado?

EG: Bueno, las fuentes son oscuras. Este es un país que no quiere hablar abiertamente sobre la extirpación de órganos. Este es un país donde la conversación está bloqueada porque es uno de los temas más peligrosos para el Partido Comunista Chino. Bueno, resulta que el Semanario de Enfermería es una de las fuentes más importantes: una publicación interna, obviamente algo que sólo leería un especialista en China. Sin embargo, en algunos casos realmente tiene pistas sobre los números de extirpaciones y trasplantes. Esta es información que nunca se pondría en un sitio web que pudiera revelar algo a Occidente, pero está ahí. Y está allí afuera en disertaciones, incluso en propuestas de tesis, boletines internos de hospitales e incluso en algunos sitios web muy sórdidos.

Teníamos que sacar a la luz esta información. Lo que teníamos era esencialmente una montaña de material de esos hospitales. Al contar estos hospitales individuales, sales con números más grandes. Es como construir con bloques. Los apilas y sigues agregando hasta que construyes una montaña.

Continuando con la analogía, eso es en realidad muy poderoso porque significa que una vez que has construido la montaña, bueno, incluso si pierdes una cornisa o tienes un alud, no cambia el hecho de que tienes una montaña. La montaña aún es muy alta. Algunos de estos hospitales tienen autorización, algunos no. Pero sí tenemos evidencia de que están llevando a cabo estos trasplantes. Y esa información es extremadamente dañina para el sistema médico chino porque las cifras son extraordinarias.

Ethan Gutmann en el lanzamiento de su libro en California, julio de 2014.
Ethan Gutmann en el lanzamiento de su libro en California, julio de 2014. (Steve Ispas/La Gran Época)

LGE: ¿Cómo pasaron de mostrar que se ha llevado a cabo un gran número de trasplantes cuya fuente de órganos es desconocida, a la conclusión de que los órganos proceden de una fuente en particular, es decir, de los practicantes de Falun Gong y de otros?

EG: Nosotros no llegamos a esa conclusión en el sentido de que es una pregunta abierta: ¿qué posibles fuentes podrían estar usando? No excluimos la idea de que se está ejecutando por sus órganos a más prisioneros condenados a muerte de los que creíamos. Estamos viendo un aumento del 600 por ciento en la cantidad de trasplantes conocidos por año. Vamos de 10.000 a por lo menos 60.000 por año, es la cifra más pequeña que podemos concluir de modo verosímil. La mayor es de 100.000 o más.

E incluso si sólo estás siguiendo las reglas médicas de China, básicamente llegas a un número cercano a 90.000. No podemos descartar que haya más ejecuciones de sentenciados a muerte de lo que se creía. Pero incluso así, no se puede llegar a estos impresionantes números. La otra fuente tienen que ser los prisioneros de conciencia. Cómo se desglosa, si son de Falun Gong y cuántos son –bueno, asumimos que la mayoría, o incluso la gran mayoría, son de Falun Gong. Podría haber algunos de cristianos de ‘iglesias hogar’, uigures, tibetanos u otro grupo que aún no hemos identificado. La actualización plantea un montón de preguntas.

Estamos basándonos en investigaciones previas –tanto Cosecha Sangrienta como La Matanza– que de forma convincente plantean que los prisioneros de conciencia han sido y son asesinados por sus órganos en China. Así que aquí no estamos tratando de luchar en viejas batallas. No estamos intentando demostrar algo que sentimos que ya se demostró, algo que simplemente al mundo le está costando un poco más de tiempo entender.

LGE: ¿Cuál es la evidencia principal en la que se basan para sostener que prisioneros de conciencia, principalmente practicantes de Falun Gong, son de hecho asesinados por sus órganos?

EG: Para mí, se basa en entrevistas con refugiados que han salido del sistema de campos de trabajos forzados y han informado sobre análisis enfocados en sus órganos. Esos exámenes generalmente no eran realizados a ningún otro prisionero, aunque en algunos casos los uigures los informaron y también los cristianos de iglesias hogares. También pude demostrar que a los tibetanos les hicieron análisis casi iguales, y nuevamente, los demás prisioneros eran ignorados. Esto nos dice que ellos son el objetivo de la sustracción de órganos.

“Este es un país donde la discusión está bloqueada porque es uno de los temas más peligrosos para el Partido Comunista Chino”

Pero incluso es más explícito que eso, algunos de los testigos más confiables que entrevisté sabían del secreto a voces: estaban extirpando a los de Falun Gong. Cada año los seleccionaban y los sacaban en buses de los campos de trabajo forzado. Un testigo me mostró dónde estacionaban los buses, cerca del edificio de su celda. Es lo que hemos entendido desde hace ya un tiempo. Está ocurriendo. La mayor parte de la discusión ha sido acerca de los números.

No sabemos cuántos practicantes de Falun Gong han sido extirpados porque no sabemos cuántos órganos le sacan a cada individuo. Es muy probable que sea sólo uno –un hígado, un riñón, un corazón de cada persona, y se comparan tejidos con un turista de trasplante u otro receptor. Pero sí sabemos que es posible extraer tres, tal vez cuatro órganos de un solo individuo, y si tienes cuatro receptores haciendo fila ahí, y ya analizaste la compatibilidad de la sangre con ese individuo en particular, bueno, es teóricamente posible hacer eso también. Por eso no podemos dar una cifra de muertos, un número de asesinatos, por así decirlo. Podemos decir que nuestras estimaciones anteriores eran subestimaciones. Eso sí podemos decirlo.

LGE: En mis conversaciones sobre este tema con cirujanos de trasplantes, he escuchado a individuos reconocidos en la comunidad internacional de trasplantes decir cosas como: “…bueno, podrían no ser de Falun Gong. Probablemente sea tráfico de órganos, un tipo de cosa como ‘tu riñón por un iPad’”. ¿Qué dice usted sobre esto?

EG: Sólo alguien muy ignorante sobre China podría declarar algo así. Sólo alguien que nunca se molestó en mirar mis relatos de entrevistas a refugiados haría una afirmación como esa. Cualquiera que haya vivido en China entiende que hay una buena cantidad de control sobre las empresas rentables. China no ha sido invadida por las tríadas. Esa es una excusa que el sistema médico chino ha tratado de difundir en varias ocasiones, casi de forma cíclica: “Oh, es una especie de actividad de la tríada”. Desde 2012 sabemos que personajes oficiales poderosos, como Wang Lijun, el protegido de Bo Xilai, una figura prominente en la política china en un momento, dirigía un centro de extirpación de órganos muy productivo.

La persona que diga algo así acerca del tráfico de órganos es simplemente ingenua. Es el problema de los cirujanos occidentales que van a China. No es que ellos sean perniciosos o tengan un propósito perverso. Pero ellos nunca se tomaron realmente el tiempo para entender nada sobre China y cómo podría ser diferente a otras zonas del mundo donde ellos han hecho un gran trabajo. China es un país extremadamente grande que es dirigido centralmente. Este no es un caso perdido del tercer mundo, donde el gobierno no controla mucho de nada.

David Kilgour (izq) con David Matas (C) y Ethan Gutmann, autores de "Cosecha Sangrienta/La matanza: Una actualización".
David Kilgour (izq) con David Matas (C) y Ethan Gutmann, autores de “Cosecha Sangrienta/La matanza: Una actualización”. (Simon Gross/La Gran Época)

LGE: ¿Qué hay de novedoso e importante en el nuevo informe para las personas que ya están familiarizadas con su investigación sobre el tema?

EG: Lo que el informe muestra de manera bastante concluyente es que en China no estamos viendo 10.000 trasplantes por año, sino algo más parecido a 60.000 ó a 100.000 trasplantes por año en China.

Ahora, este número es muy perturbador cuando se piensa en las fuentes. Es evidente que los condenados a muerte no pueden llenar el vacío. Es evidente que, incluso si la donación voluntaria de órganos en China aumentó, no puede alcanzar este nivel. Y cuando se mira el tiempo de isquemia caliente en algunos de los trasplantes –el tiempo desde que el corazón se detiene hasta cuando se retira el órgano– es demasiado corto. Es casi instantáneo. Esto es sustracción de órganos a personas vivas. Y lo que esto probablemente significa es que estamos ante Falun Gong principalmente, y también uigures, tibetanos y cristianos en iglesias hogares. Estos son los grupos a los que han apuntado desde el principio y que continúan siendo el blanco.

No vemos ninguna señal de cierre de hospitales o de centros de trasplantes con problemas. De hecho vemos lo contrario: vemos programas de construcción. Ese es el panorama: cientos y cientos de hospitales. Y se ha convertido en su producto principal. Mantener esta cosa en marcha es el pilar económico de su profesión. Pero eso es una sentencia de muerte para los grupos de los que estamos hablando.

Una última cosa que mencionamos en nuestro informe es una impactante pieza de información: a practicantes de Falun Gong en seis provincias les han sacado muestras de sangre en sus hogares. La policía llega, llama a su puerta y luego les realizan un análisis de sangre –que está claramente destinado a la compatibilidad de tejidos. Esto se lleva a cabo en sus casas, no en las cárceles, no en los campos de trabajo forzado, no en las cárceles negras. Cuando escuché esto por primera vez, dije: esta es una táctica de intimidación, les están diciendo que se comporten y que no se metan en problemas otra vez. Y eso aún podría ser cierto, pero el hecho es –y realmente odio usar referencias al Holocausto aquí– pero, ¿qué sucede cuando se comienza a registrar a las personas? ¿Qué significa eso? Si miras hacia atrás, cuando comenzaron a registrar a los judíos en Holanda, ¿a qué condujo eso? Tal vez comenzó como una forma de algún tipo de control social. Tal vez comenzó como una táctica de intimidación. Pero conduce a otra cosa. Y de hecho, mirando estos informes de los hospitales, y a los hospitales fanfarroneando sobre el extraordinario volumen que están produciendo, uno siente que mira a la historia repetirse.

“Lo que estamos viendo es uno de los mayores encubrimientos de la historia humana”

LGE: ¿Han llegado a una cifra de muertos?

EG: Estamos sacando este informe sin dar un número de víctimas, por ejemplo para los practicantes de Falun Gong. No podemos, porque no sabemos si extirpan dos órganos de un practicante de Falun Gong, o un órgano, o incluso tres órganos. Es muy difícil de conseguir tres órganos compatibles en los donantes. Es muy difícil hacerlo simultáneamente, pero es posible. Así que por esa razón, no podemos llegar a un número claro.

Pero lo que puedo decir es que la cifra estimada antes por Kilgour y Matas, de 41.500 órganos entre 2001 y 2005, y por mí, que estimé que entre 2005 y 2008 a 65.000 practicantes de Falun Gong se le han extirpado los órganos, en este momento esos números se ven muy bajos. Muy bajos.

De ninguna manera estoy diciendo que este sea el fin de la investigación. Eso sería un juicio apresurado. Es un informe provisional. Pero el mundo realmente necesita despertar a lo que está ocurriendo. Este problema no se ha resuelto. Está peor.

Quiero decir algo personal sobre esto. Cuando escribía mi libro pensaba que estaba escribiendo sobre la historia, que no estaba escribiendo sobre algo actual. Pero miro esto y digo que no era historia, nunca lo fue. Es un suceso actual. Y es un suceso terrible. Por mucho que yo deseara haber terminado mi libro y poder pasar a otros temas y tópicos, no puedo hacerlo con una conciencia limpia. No con estos hallazgos.

LGE: ¿Qué espera o anhela sea el resultado de la publicación del informe, y las consecuencias?

EG: Esperamos que dé lugar a algunos cambios de política en Occidente. No estamos esperando que bombardeen los ferrocarriles de China, no estamos esperando que declaren la guerra, no estamos esperando que las naciones occidentales corten las relaciones económicas con China. Pero tal vez vamos a tratar de mantener las manos limpias. Ahora este es el requisito mínimo de una sociedad occidental: si tenemos gente que va a China para obtener órganos, tiene que quedar registrado. Nunca deberíamos ser interrogados en el Congreso de los Estados Unidos o en el Parlamento Europeo acerca de cuántos de los nuestros van a China para obtener órganos. Esa es una pregunta cuya respuesta depende de las sociedades occidentales. No existen razones para la confidencialidad médica. Si en la mayoría de los estados de Estados Unidos entras con una herida de bala a un hospital, eso es considerado un asunto policial, no sólo un asunto médico. No importa si dices “Estaba limpiando mi arma y se disparó. Fue un accidente”. Es un asunto policial.

“Por mucho que yo deseara haber terminado mi libro y poder pasar a otros temas y tópicos, no puedo hacerlo con una conciencia limpia. No con estos hallazgos”

LGE: ¿Cómo sigue el asunto a partir de ahora?

EG: En última instancia, ¿obtener el tipo de respuestas realmente fiables que necesitamos? Proveer esas respuestas es responsabilidad de China. Y eso no va a ocurrir a causa de algún vídeo en la web o de alguna campaña en las resdes sociales. Va a suceder porque los gobiernos de Occidente y de las Naciones Unidas exijen estas respuestas. E incluso entonces va a ser muy difícil conseguir esas respuestas y muy difícil de encontrar justicia. Pero esta es una de las pruebas centrales de nuestro tiempo. Creo que si podemos sacar algo de una tragedia como esta, es que la especie humana no tiene más opción que observar esta forma de genocidio tan detalladamente como pueda. Esta es una nueva forma de genocidio. Utiliza a los miembros más respetados de la sociedad para ponerlo en práctica: la profesión médica. Y por estas razones no podemos eludirlo por más tiempo.

Pero esto ya no es historia, es algo bastante actual. Lo que estamos viendo es uno de los mayores encubrimientos de la historia humana. El Estado chino ha determinado que la mejor cosa para hacer es simplemente erradicar a todos los de Falun Gong, a todos los de la comunidad uigur y a todos los de la comunidad tibetana que haya estado expuesto a esto –exterminarlos y deshacerse de la evidencia.

 
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