Terroristas designados: Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica

Por Ronald J. Rychlak

Comentario

Durante más de 30 años, los presidentes de Estados Unidos han sabido que Irán era un Estado patrocinador del terrorismo. Los funcionarios estadounidenses hablaron con frecuencia de cómo Irán albergaba a operativos de Al Qaeda, permitiéndoles mover dinero y combatientes al sur de Asia y Siria.

El año pasado, un informe del Consejo de Seguridad de la ONU encontró que los líderes de Al Qaeda radicados en Irán “se han hecho más prominentes” al proyectar autoridad y dictar órdenes a grupos de otros países. Estados Unidos incluso impuso sanciones a las agencias militares y de inteligencia del Irán por su apoyo a los grupos terroristas.

Sin embargo, nunca antes una administración había hecho lo que hizo el presidente Donald Trump cuando designó a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) como una Organización Terrorista Extranjera (FTO, por sus siglas en inglés). Esta es la primera vez que Estados Unidos calificó de FTO a parte de otro gobierno, y coloca a los CGRI en la misma categoría que Al Qaeda e ISIS.

Según la Casa Blanca, esta medida pretende “aumentar la presión financiera y el aislamiento de Irán y privar al régimen de los recursos que utiliza para sus actividades terroristas”.

Los CGRI, una parte oficial del ejército iraní, son una de las tres fuerzas armadas de Irán. Fueron creados después de la revolución iraní de 1979 y están encargados de proteger el sistema de la República Islámica del país evitando la interferencia extranjera o los golpes de Estado desde adentro. Los CGRI cuentan con unos 125.000 miembros. Están compuestos de fuerzas terrestres, una fuerza aérea, unidades navales, misiles y una fuerza de drones, y depende directamente del Líder Supremo de Irán, el Ayatolá Alí Jamenei.

Al igual que con organizaciones como ISIS, Al Qaeda y Boko Haram, los CGRI fueron acusados de graves violaciones de derechos humanos, como decapitar a las víctimas, lapidarlas, quemar a personas vivas, ahorcarlas, torturarlas y desmembrarlas. Además, este maltrato fue presuntamente infligido a inocentes no combatientes sin juicio previo, audiencias o cualquier tipo de debido proceso. Los terroristas buscan infundir terror y sumisión, no hacer justicia. Eso es exactamente lo que han hecho los CGRI.

Los CGRI llevan a cabo actividades comerciales en Irán, controlando alrededor del 20 por ciento de la economía del país. Ahí es donde la designación como terrorista de Estados Unidos puede resultar más perjudicial, porque es un delito hacer negocios con una organización designada como FTO. Por lo tanto, los bancos, corporaciones e instituciones financieras tendrán que tener cuidado si hacen negocios en Irán. Los fondos pueden ser congelados, los individuos pueden ser procesados, y las restricciones a la inmigración en EE. UU. pueden ser impuestas a cualquier persona vinculada con los CGRI.

El Secretario de Estado, Michael Pompeo, dijo: “Si usted hoy es el asesor general de una institución financiera europea, hay más riesgo”.

Varios analistas han argumentado que la calificación como FTO no logrará mucho más de lo que lo harán las sanciones ya establecidas. La administración Trump anunció “el nivel más alto de sanción económica” en mayo de 2018, y muchas corporaciones occidentales ya se han retirado de Irán. La inflación y el desempleo se están disparando, con sanciones que agravan las cargas de una economía que sufre de mala gestión y corrupción. ¿Cuánto peor puede llegar a ser?

Cabe destacar que en 2007 la administración de George W. Bush designó a la Fuerza Quds, una unidad de élite de operaciones extranjeras de los CGRI, como un “terrorista global especialmente designado”. Canadá, Egipto y los reinos de Arabia Saudita y Bahrein siguieron el ejemplo. Es probable que otras naciones también se unan a la nueva designación de la administración Trump. En la víspera de las elecciones en Israel que llevó a su quinto mandato, un hecho sin precedentes, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, agradeció al presidente Trump por su acción, al igual que los líderes de Arabia Saudita.

La decisión de calificar a los CGRI como FTO se tomó un año después de que la administración Trump anunciara que se retiraba del acuerdo nuclear de la era Obama con Irán. Esa fue una medida muy controvertida, al igual que el acuerdo original, que podría decirse que pasó por alto el apoyo histórico de Irán al terrorismo y se centró exclusivamente en las armas nucleares. Sin embargo, después de completar las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán en 2015, los CGRI se volvieron aún más agresivos para apoyar a los agentes terroristas en Irak, Líbano, Siria y Yemen. No se podía seguir ignorando esta cuestión.

Trump dijo que la designación de FTO “subraya el hecho de que las acciones de Irán son fundamentalmente diferentes de las de otros gobiernos”. Su estrategia comienza con el reconocimiento de que Irán es un estado criminal, y que una gran parte de su ejército es indistinguible de los grupos terroristas que estuvo patrocinando durante varias décadas. Como tal, Estados Unidos tratará a Irán como una nación terrorista hasta que cambie su comportamiento.

Desafortunadamente, los funcionarios iraníes respondieron de manera predecible, y el Ministro de Relaciones Exteriores dijo que el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán designaría al Comando Central, el responsable de las fuerzas armadas de Estados Unidos en la región, como una “organización terrorista”.

Según NBC News, los legisladores se reunieron vestidos con uniformes militares, cantaron “muerte a Estados Unidos” durante una sesión abierta del parlamento y aprobaron un proyecto de ley de emergencia para solicitar a los países que detuvieran a tropas estadounidenses que los entregaran a Irán para que fueran juzgados como terroristas.

Esto puede ser un simple “ojo por ojo” entre las dos naciones, sin embargo, ¿cuáles son las implicancias para los soldados de ambas naciones? El concepto de “guerra justa” se remonta al menos al siglo XIII, y se extiende a través de la Convención de Ginebra hasta nuestros días. Entre las ideas básicas está que un soldado que lucha con uniforme, bajo una cadena de mando, y que no se esconde entre la población civil, debe ser tratado con un mayor grado de respeto que un espía, terrorista o el llamado oficial “ilegal”.

La idea es que cuando la lucha no puede evitarse, queremos alentarla para que se haga de una manera más humana. Por tal razón, aquellos que luchan como verdaderos soldados reciben el estatus de prisionero de guerra, pero ese estatus es negado a los terroristas o combatientes enemigos.

Entonces, ¿cómo trataría Estados Unidos a los soldados de los CGRI que pueden o no ser identificados llevando insignias que indiquen su pertenencia a la Guardia? ¿Tienen derecho a protección en virtud de la Convención de Ginebra? (La Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó en Hamdan vs Rumsfel de 2006 que tienen algunos derechos). Tal vez lo más importante, ¿cómo trataría Irán a un soldado estadounidense? (En el pasado reciente, fue con gran brutalidad.)

Esta no es una pregunta académica. Durante casi dos décadas, Irán expandió su influencia en Afganistán, Irak, Siria, Líbano y Yemen. En el proceso, operó cerca de las fuerzas estadounidenses, generalmente en posiciones adversarias. Ahora que los CGRI son considerados una FTO, ¿tomará Estados Unidos medidas agresivas contra ellos? Los líderes de los CGRI tienen una razón legítima para temer eso.

El Secretario de Estado Pompeo dijo que Qasem Soleimani, el líder de la Fuerza Quds de los CGRI, “tiene sangre de americanos en sus manos”. Pompeo prometió perseguirlo tal como lo hace Estados Unidos con los líderes de ISIS.

Esperemos que este conocimiento no hará que Irán ataque primero. También hay que esperar que las operaciones nucleares iraníes no representen todavía una seria amenaza para el mundo. Sin embargo, si el plan es combatir el terrorismo, hay que decir claramente la verdad.

Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica son una organización terrorista extranjera. El Gobierno estadounidense está justificado para así denominarlos.

Ronald J. Rychlak es el presidente en derecho y gobierno de Jamie L. Whitten en la Universidad de Mississippi. Es autor de varios libros, entre ellos “Hitler, la guerra y el Papa”, “La desinformación” (en coautoría con Ion Mihai Pacepa) y “La persecución y el genocidio de cristianos en Oriente Medio” (coeditado con Jane Adolphe).

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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