Cómo el comunismo socavó a la familia y a la crianza de los hijos

Por Sid Lazarou

No es casual que los comunistas se opongan con tanta fuerza a la familia y a la crianza de los hijos.

Estas instituciones sociales son sumamente importantes, sirven como cimiento esencial para nutrir y proteger a los niños, lo cual fomenta una sociedad estable y sana. Estos valores son una amenaza directa a la hegemonía comunista.

Como padre, puedo atestiguar el amor incondicional que uno siente por sus hijos. Es algo que la mayoría de los padres puede entender. Crea un altruismo y lealtad insuperable dentro de la unidad familiar —un poderoso lazo que amenaza aún más la obediencia colectiva que demandan las ideologías totalitarias como el comunismo.

Es por esta razón que los comunistas se oponen a la familia, buscando no solo destruirla, sino también usurpar el rol que los padres tienen de criar a los hijos. De esta forma pueden construir su nueva sociedad desde la vieja, mientras se crea un nuevo orden de su caos.

‘El Manifiesto Comunista’

La hostilidad comunista hacia la familia y la crianza está bien documentada históricamente, aunque los apologistas lo nieguen o le resten importancia. Con tan solo leer “El Manifiesto Comunista” se despeja cualquier duda, ya que en el capítulo dos dice: “¡Abolición de la familia! Incluso el más radical se enciende por esta propuesta infame de los comunistas”.

El “Manifiesto” pasa luego a decir que la familia se basa en el capital y en la ganancia privada, declarando que “la familia burguesa se desvanecerá naturalmente cuando su complemento se desvanezca, y ambos se desvanecerán con el desvanecimiento del capital”. Los comunistas creen que este será un proceso liberador, en el cual los niños serán “liberados” de sus padres.

Los autores del “Manifiesto”, Karl Marx y Friedrich Engels, desestiman cualquier objeción a su opinión con “¿Nos acusas de querer detener la explotación de los niños por parte de sus padres? De ese crimen nos declaramos culpables”.

Algunos dicen que era Engels el que realmente quería abolir la familia, pero ya que una gran parte de la ideología comunista está dedicada a la transformación cultural comunista de la sociedad (siendo la familia el foco principal), sería un delirio pensar que Marx haya sido un testigo pasivo. Es de hecho cierto que Engels se explayó más en su tratado seminal “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, pero Marx mismo tenía igual pasión por la destrucción cultural. De hecho, el marxismo es una ideología mucho más cultural que económica.

Marx y Engels creían que la familia era el cimiento de la sociedad “capitalista” y “burguesa”. Ellos argumentaban que la “familia solo existe entre la burguesía” y que hay una “ausencia práctica de la familia entre los proletariados y en la prostitución pública”. Para corregir esto, ellos creían que la familia debía ser reemplazada por la vida comunal, donde los individuos no estaban unidos por la vida familiar.

Las relaciones ya no serían monógamas, y desestimaban las protestas con el argumento de que la burguesía “obtiene el mayor placer en seducir las esposas de otros”. Como con la izquierda moderna, a los argumentos morales son relanzados a sus oponentes, como si un error justificara otro.

Feminismo de la segunda ola

La familia es socavada aún más en el “Manifiesto” cuando dice que “la burguesía ve a la esposa [como] un mero instrumento de producción”. Esta perspectiva opresiva y lúgubre sobre la vida familiar que pintaron en el “Manifiesto”, junto con el tratado de Engels, se convertiría luego en los planes básicos para el feminismo moderno. Algunos argumentan que el feminismo tenía inicialmente nobles intenciones, pero para la segunda ola en los 60, ya estaba alineado completamente con el pensamiento marxista.

Los maoístas revolucionarios que tomaron el poder en China estaban también inspirados en la oposición radical a la familia. El maoísmo fue fundamentalmente una extensión del marxismo-leninismo adaptado al nacionalismo chino, aunque retenía aspectos fundamentales del pensamiento comunista que se extendieron a la vida cultural. Se volvió común para los revolucionarios marxistas en el siglo XX mentir sobre sus verdaderas creencias ideológicas hasta que llegaran al poder, tal como se vio en Cuba, Camboya y en otros lugares.

Durante el Gran Salto Adelante, alrededor del mismo tiempo en que la segunda ola feminista estaba despegando, esta fachada fue abandonada por un gobierno de estilo colectivista que centralizaba todo en la sociedad china. Como parte de esta política, se prohibió la agricultura privada y se la reemplazó con la colectivización de la agricultura. A los padres se los obligaba trabajar muchas horas, mientras niñeras del Estado cuidaban a sus hijos. Decenas de millones murieron de hambre ya que Mao se rehusaba a reconocer el horrible sufrimiento que causaba.

Normalizando la guardería infantil

La guardería para niños está ahora normalizada porque las mujeres han sido adoctrinadas sistemáticamente para pensar que ser ama de casa es una vida malgastada. Muchos estudios demuestran que los niños sufren cuando no son cuidados por sus padres en los primeros años de vida y que más de ocho horas por semana de preescolar puede ser dañino.

Como se imaginan, contra-estudios intentan refutarlo, tal como cualquier otra cosa que contradiga la ideología de la extrema izquierda. Algunos padres tienen la suerte de que los abuelos ayuden, pero muchos gastan una fortuna en guarderías, lo cual representa un gran porcentaje de sus ingresos. Como alternativa, puede ser financiado por los contribuyentes, lo cual se agrega al inflado gasto del gobierno. ¿De dónde viene esta mentalidad, de que los padres se pierdan los preciosos primeros años del crecimiento de sus hijos? La respuesta es obvia para los que investigan al comunismo.

Cuanto más socialista es el gobierno, tanto más se entromete en la vida familiar, desde los Jóvenes Pioneros de Stalin en la Unión Soviética que convertieron a organizaciones juveniles en instrumentos de adoctrinamiento, a los Kibutz de Israel—donde los colectivos comparten todo, desde la ropa a la vivienda, mientras la vida familiar se reemplaza con la vida comunal. Muchos llaman a este sistema de la cuna a la tumba “Estado niñera”, aunque es un mero eufemismo para un gobierno al estilo orwelliano que aborrece cualquier rendición de cuentas por parte del Estado.

Un ejemplo más reciente de esta intromisión en la vida familiar es el intento del Partido Nacional Escocés de introducir un esquema de persona nombrada en 2016. Esto es otro eufemismo orwelliano. En este caso, le permite al Estado vigilar la vida familiar y transferir los derechos de los padres a un funcionario del Estado, que podría ser cualquiera, desde un maestro a un trabajador social. Una persona nombrada sería asignada a cada familia, con la potestad de desautorizar el juicio de los padres, mantener registros privados sobre la vida familiar y visitar el hogar sin consentimiento de los padres. Aunque el PNE dice que el esquema no sería obligatorio, cada niño tendría asignado por ley una persona nombrada, haciendo irrelevante la objeción.

Por suerte, el esquema fue considerado ilegal por la Corte Suprema del Reino Unido, pero eso no ha detenido al PNE de intentar introducirla por la puerta trasera. El PNE es parte de un oscuro legado comunista envuelto en un falso nacionalismo, tal como los maoístas en China. Donde sea que vayan los comunistas, encontrarás que la vida familiar es socavada y atacada, ya sea cultural or legalmente.

Pero sin el cimiento de una buena crianza en un ambiente de familia tradicional, la sociedad invariablemente se debilitará demasiado como para sobrevivir.

CID LAZAROU ES UN BLOGGER, ESCRITOR Y PERIODISTA INDEPENDIENTE DEL REINO UNIDO.

Las opiniones expresadas en este artículo son opiniones del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de La Gran Época.

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