Capítulo 16: El comunismo detrás del ambientalismo (Parte 1)

Traducción en partes del libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”

Por La Gran Época

La Gran Época publica aquí entregas traducidas del inglés de un nuevo libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”, del equipo editorial de “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino”.

Tabla de contenidos

Introducción

1. Las raíces comunistas del ambientalismo
a. Las tres etapas del ambientalismo
b. Ambientalismo y marxismo: las mismas raíces
c. Marxismo ecológico
d. Socialismo ecológico
e. Política verde: el verde es el nuevo rojo
f. Ecoterrorismo
g. Greenpeace: no es una historia pacífica

2. El mito del consenso sobre el cambio climático
a. Una breve historia del ‘consenso’ en la ciencia climática
b. Establecimiento del dogma en la comunidad científica

 

***

Introducción

La Tierra es el ambiente donde vive la humanidad, y provee de alimentos, recursos y condiciones para su desarrollo. Permitió a la humanidad prosperar durante miles de años.

La humanidad interactúa estrechamente con el entorno natural. Tanto la cultura tradicional china como la occidental enfatizan la relación simbiótica benigna entre el hombre y la naturaleza. Dong Zhongshu, antiguo filósofo chino, escribió en Rocío exuberante de los anales de primavera y otoño: “Todo en la Tierra fue creado para el beneficio del hombre” [1]. El significado es que el propósito del Creador fue ofrecer las condiciones de vida para la humanidad y que todas las cosas en la Tierra pueden ser usadas por el hombre. Al mismo tiempo, la gente debe seguir los principios del Cielo y de la Tierra en su vida, y así utilizar todo en moderación, manteniendo y salvaguardando activamente el ambiente natural en el que deben vivir los humanos.

La cultura tradicional occidental establece que el Creador ofrece el ambiente natural a los seres humanos y les pide que lo gestionen. Por consiguiente, el hombre debería atesorar y hacer un buen uso del ambiente natural. En la filosofía de la cultura tradicional china, hay un equilibrio en todo, así como un imperativo de evitar hacer daño. La Doctrina Confuciana del Medio afirma: “Es este mismo sistema de leyes por el que se producen todas las cosas creadas, donde cada una se desarrolla con su orden y sistema, sin herirse las unas a las otras, que las operaciones de la Naturaleza siguen su curso sin conflicto o confusión”. [2]

Los antiguos chinos valoraban la protección del medio ambiente. Según registros históricos, en los tiempos de Yu el Grande: “Durante los tres meses de la primavera, la gente no llevaba hachas al bosque para que el bosque pudiera florecer. Durante los tres meses del verano, la gente no ponía redes en los ríos para que los peces pudieran reproducirse”. [3]

Zengzi, un académico confuciano, escribió: “La madera solo podía ser cortada en las estaciones adecuadas y los animales solo [podían] ser matados en el momento oportuno” [4]. Esto muestra la idea tradicional china de moderación en todas las cosas y de atesorar y proteger el ambiente natural.

Después de la revolución industrial, la contaminación industrial causó un severo daño ecológico y las sociedades occidentales comenzaron a tomar conciencia del asunto. Luego de que se implementaran leyes y estándares de protección del medio ambiente, la contaminación efectivamente disminuyó y el medio ambiente mejoró mucho. En el proceso, la concientización pública sobre la protección del medio ambiente creció enormemente, y se reconoció ampliamente que la protección del medio ambiente es un objetivo adecuado.

Debemos distinguir entre varias ideas: protección del medio ambiente, movimientos ambientales y ambientalismo. La protección del medio ambiente, como indica su nombre, es la protección del ambiente de vida. Desde el comienzo de la civilización humana, la gente ha comprendido la necesidad de proteger al medio ambiente y esto no tenía nada que ver con ninguna ideología política en particular.

El movimiento ambiental es el movimiento social y político de asuntos relativos al medio ambiente. Su objetivo principal es cambiar las políticas ambientalistas, la opinión pública y los hábitos a través de movimientos masivos, influencia en la prensa y agitación política. El ambientalismo es una filosofía y una ideología que enfatiza la necesidad de proteger el medio ambiente y la coexistencia armoniosa entre la sociedad humana y la ecología natural. Las motivaciones detrás de la protección ambiental y el ambientalismo no son las mismas que las del comunismo, pero los comunistas se destacan por apropiarse de movimientos masivos y manipularlos para su beneficio. Así es que vemos que desde el comienzo del ambientalismo moderno, los comunistas han intentado cooptar el movimiento sistemáticamente.

Las cuestiones que rodean al ambientalismo hoy en día son extremadamente complejas: el movimiento utilizó una retórica sensacionalista y el deseo genuino de la gente de proteger el medio ambiente para crear un movimiento político global. Muchos participantes tienen buenas intenciones, poseen un sentido de justicia y verdaderamente se preocupan por el futuro de la humanidad.

No obstante, lo que muchos no se dan cuenta es cómo los comunistas utilizan el ambientalismo para adjudicarse una postura moralista a fin de promover sus propios fines ocultos. De esta manera, la protección ambiental se convierte en un asunto altamente politizado, extremo e incluso una pseudoreligión –pero sin cimientos morales tradicionales. Propaganda engañosa y diversas medidas políticas obligatorias se han vuelto dominantes, convirtiendo al ambientalismo en una forma de comunismo moderado.

Este artículo se enfocará en cómo el ambientalismo como ideología se vinculó con el comunismo, y cómo el movimiento ambientalista fue usurpado, manipulado y apropiado para servir a los fines del comunismo; asimismo se abordará el impacto que ocasionará si no se le pone un freno.

1. Las raíces comunistas del ambientalismo

El comunismo hizo intrincados preparativos en muchas áreas para la destrucción de la humanidad. Habiéndose originado en Europa, el comunismo lanzó revoluciones violentas y tomó el poder en dos grandes potencias de Oriente: Rusia y China. El campamento comunista y la sociedad occidental se embarcaron en una larga confrontación durante la Guerra Fría. Luego del colapso de la Unión Soviética y del bloque comunista de Europa del Este, los comunistas comenzaron a sembrar sus elementos tanto en las sociedades orientales como en las occidentales y también buscaron establecer un gobierno global fuertemente controlado.

Para lograr este objetivo, el comunismo debe crear o usar un “enemigo” que amenace a toda la humanidad e intimide al público de todo el mundo para que entregue tanto su libertad individual como su soberanía nacional. Crear pánico global sobre inminentes desastres ambientales y ecológicos parece ser una ruta casi inevitable para alcanzar ese objetivo.

a. Las tres etapas del ambientalismo

La formación y el desarrollo del movimiento ambientalista están estrechamente relacionados con el comunismo. Específicamente, su desarrollo pasó por tres etapas. La primera etapa es el período de gestación teórica, que puede contarse desde la publicación del Manifiesto Comunista por Marx y Engels en 1848 hasta el primer Día de la Tierra en 1970.

Al comienzo de esta etapa, Marx y sus discípulos no consideraban al ambientalismo como el foco de su discurso teórico, pero el ateísmo y el materialismo marxista eran naturalmente consistentes con la tendencia central del ambientalismo. Marx declaró que el capitalismo se opone a la naturaleza (esto es, el medio ambiente). Los discípulos de Marx idearon el término “ecosistema” y silenciosamente incluyeron el ambientalismo en ciertos temas donde tenía potencial para fermentar.

El la última década de esta etapa, desde 1960 hasta 1970, aparecieron en Estados Unidos dos libros bestsellers –Primavera silenciosa (1962) y La Bomba P (1968). El ambientalismo entró a la esfera pública bajo el disfraz de la “protección del medio ambiente”.

El acontecimiento que marca el comienzo de la segunda etapa fue el primer Día de la Tierra que tuvo lugar en 1970, y poco después, en 1971, se celebró la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano en Estocolmo. En esta etapa, se formó rápidamente una batería de organizaciones y sus actividades aumentaron. En Estados Unidos y Europa, presionaron a los gobiernos con propaganda, protestas y activismo bajo el disfraz de investigación científica, legislación, reuniones, y demás.

A nivel macro, la contracultura de los años 60 funcionó casi como un desfile militar de elementos comunistas en Occidente. Tomaron el escenario apropiándose de los movimientos de derechos civiles y antiguerra, y luego se esparcieron rápidamente a otras formas de batallas anticapitalistas, como el movimiento feminista, el movimiento homosexual, etc.

Luego de los años 70, cuando decayó el movimiento antiguerra de Vietnam, las ideas comunistas comenzaron su proceso de institucionalización llamado “la larga marcha a través de las instituciones”, mientras también inundaban el feminismo y el ambientalismo –y aquí está la causa fundamental para el surgimiento de la ideología y la agitación ambientalista.

Una de las fuerzas más importantes que cargó la bandera del ambientalismo en los años 70 fueron los hippies, la espina dorsal de la contracultura. En efecto, el comunismo estaba en proceso de reinventarse bajo la bandera del ambientalismo luego de su fracaso en la Guerra Fría, con la intención de introducir el comunismo global con cualquier otro nombre.

La tercera etapa comenzó en la víspera del fin de la Guerra Fría. En 1988, Naciones Unidas creó un Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, y el concepto de calentamiento global comenzó a ingresar en el ámbito político [5]. Poco antes del colapso de la Unión Soviética en 1990, se celebró una conferencia ambiental internacional en Moscú. En su discurso, el Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, abogó por el establecimiento de un sistema internacional de monitoreo ambiental, firmó un convenio para proteger “zonas ambientales únicas”, expresó su apoyo a los programas ambientales de la ONU y convocó a una conferencia de seguimiento (que tuvo lugar en junio de 1992 en Brasil). [6]

Casi todos los ambientalistas occidentales aceptaron estas propuestas. El calentamiento global se convirtió en el enemigo central de la humanidad para los ambientalistas en esta etapa. De repente hubo un incremento de la propaganda que usaba a la protección del medio ambiente como excusa para aplicar políticas de mano dura, y el número y la escala de leyes y regulaciones ambientales proliferaron rápidamente.

El ambientalismo se convirtió en la herramienta principal para restringir la libertad de los ciudadanos alrededor del mundo, privando a las naciones de su soberanía y limitando y luchando contra las sociedades libres de Occidente. El resultado fue que luego del final de la Guerra Fría, los excomunistas de la Unión Soviética, así como los comunistas y sus compañeros de viaje de Occidente, todos tuvieron un nuevo comienzo al unirse al movimiento de protección ambiental. El ambientalismo emergió como una fuerza en el escenario mundial y comenzó a tomar un color cada vez más comunista.

b. Ambientalismo y marxismo: las mismas raíces

Según lo entienden los creyentes de religiones ortodoxas tanto de Oriente como de Occidente, los seres humanos fueron creados por Dios a su imagen y semejanza, y la vida humana está entonces dotada de un valor, un propósito y una dignidad más altos que cualquier otra forma de vida en la Tierra. De igual forma, el ambiente natural es creado por Dios. El hombre tiene la obligación de cuidar la naturaleza; aunque la naturaleza existe para el hombre, y no a la inversa.

No obstante, a los ojos de los ateos y materialistas, la vida humana no tiene una cualidad especial. Engels escribe en uno de sus ensayos: “La vida es el modo de existencia de los cuerpos albuminosos [esto es, proteicos]” [7]. Desde esta perspectiva, la vida humana no es más que una configuración única de proteínas, sin ninguna diferencia esencial con los animales o las plantas –puesto así, es lógico que los humanos puedan ser privados de libertad, e incluso de sus vidas, en nombre de proteger a la naturaleza.

En 1862, en un libro de química orgánica, el químico alemán Justus von Liebig, colega de Marx, criticó a los campesinos británicos por usar excremento de ave importado como fertilizante. La agricultura británica se había beneficiado del estiércol de ave, un fertilizante eficiente, y el rendimiento de las cosechas había aumentado significativamente. Para mediados del siglo XIX, los británicos tenían abundantes fuentes alimenticias de alta calidad. El negocio de excremento de ave había beneficiado a los empresarios en varios países, así como a los campesinos y al público británico.

¿Por qué Justus von Liebig quería condenar esta práctica? Su indignación moral se debía a cuatro razones. Primero, el proceso de recolectar excremento de ave daña la naturaleza; segundo, los mercaderes explotan a los trabajadores con bajos salarios; tercero, grandes cosechas de alimentos estimulan el crecimiento de la población, que a su vez requiere de más alimentos, excediendo lo que la naturaleza puede proveer; y cuarto, más personas y ganado implican más estiércol y basura. [8]

En ese tiempo, mientras escribía El Capital, Marx estudió cuidadosamente  la obra de Liebig. Lo elogió por haber “desarrollado el lado negativo, esto es, destructivo, de la agricultura moderna desde el punto de vista de la ciencia natural” [9]. Al igual que Justus von Liebig, Marx consideraba cualquier esfuerzo para crear riqueza usando recursos naturales como un círculo vicioso, con la conclusión de que “una agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista”. [10]

Luego de que Lenin y su Partido Bolchevique lanzaron un golpe de Estado en Rusia, rápidamente promulgaron el “Decreto de las Tierras” y el “Decreto de los Bosques” para nacionalizar los recursos de la tierra, los bosques, el agua, los minerales, los animales y las plantas, e impedir que el público los utilizara sin autorización. [11]

El meteorólogo y escritor estadounidense Brian Sussman escribió en su libro Ecotiranía: Cómo la agenda verde de la izquierda desmantelará América, que las ideas de Marx y Lenin son altamente consistentes con las de los ambientalistas de hoy. Desde su punto de vista, nadie tiene el derecho a ganar dinero de los recursos naturales: “Ya sea salvar bosques, ballenas, caracoles o el clima, todo vuelve a la profunda creencia de que la búsqueda de una ganancia tal es inmoral y que, en última instancia, destruirá al planeta a menos que se lo detenga”. [12]

Este movimiento ambientalista global ha involucrado a una gran cantidad de pensadores, políticos, científicos, activistas sociales y personalidades de los medios de comunicación. Este texto no tiene suficiente espacio como para enumerar completamente sus pensamientos, discursos y acciones, pero hay una figura que no puede ser ignorada: el fundador del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Maurice Strong. Strong, originario de Canadá, también organizó la Conferencia de la ONU sobre el Medio Humano de 1972, así como la Conferencia de Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU en 1992. Es sobrino de Anna Louise Strong, una conocida periodista procomunista que se instaló en China. Maurice Strong, que fue profundamente influenciado por su tía, se describía como “un socialista en ideología y un capitalista en metodología”. [13]

Maurice Strong llegó a ocupar un lugar importante en el movimiento ambientalista global. “Comparte los puntos de vista del manifestante ambientalista más radical, pero en vez de vociferar en la calle a las barricadas de policía en una conferencia global, es el secretario general adentro, blandiendo el martillo”. [14]

Las perspectivas patrocinadas por la Agencia de Medio Ambiente de Naciones Unidas liderada por Strong parecen ser casi idénticas al marxismo: “La propiedad privada de la tierra es un instrumento principal para acumular riqueza y por lo tanto contribuye a la injusticia social. El control público del uso de la tierra es por ello indispensable” [15]. Maurice Strong eligió establecerse en Beijing luego de retirarse y falleció en 2015.

Natalie Grant Wraga, una difunta experta en la Unión Soviética, realizó un estudio en profundidad sobre este asunto y escribió: “La protección del medio ambiente puede ser usada como pretexto para adoptar una serie de medidas diseñadas para socavar la base industrial de las naciones desarrolladas. También puede servir para introducir malestar bajando su estándar de vida e implantando valores comunistas” [16]. En efecto, el ambientalismo no se origina únicamente del ex bloque comunista. Es más profundo y está relacionado con el objetivo general del comunismo: socavar la causa de libertad en todo el mundo.

c. Marxismo ecológico

En la transición entre el siglo XIX y el siglo XX, los científicos británicos Ray Lankester y Arthur Tansley desarrollaron la idea de ecología y ecosistema. Ambos eran socialistas fabianos, una variante del marxismo. Lankester, zoólogo relativamente joven, se hizo amigo del envejecido Marx. Cuando Marx era ya anciano, Lankester frecuentaba su casa y fue uno de los pocos que asistieron a su funeral. Lankester una vez le escribió a Marx que estaba estudiando El Capital “con el más grande placer y provecho”. [17]

Tansley era la figura más importante en la ecología y la botánica durante ese período en Inglaterra, y como primer presidente de la Sociedad Ecológica Británica, fue el inventor del término “ecosistema”. Mientras asistía a la Universidad de Londres, Tansley fue profundamente influenciado por Lankester. [18]

Los vínculos entre las ideas ecológicas y el marxismo parecen emerger de esta conexión entre Lankester, Tansley y Marx –aunque por supuesto, la ecología y el ambientalismo no son lo mismo. La ecología es la relación entre los seres vivos y el medio ambiente, mientras que el ambientalismo se preocupa por los desastres ecológicos. No obstante, la ecología está estrechamente relacionada con el ambientalismo porque le provee la base teórica para definir los desastres ecológicos. El marxismo ecológico, que deriva de la ecología, es un paso más allá de estas ideas.

El marxismo ecológico agrega el concepto de crisis ecológica como una intensificación de los argumentos marxistas sobre la crisis económica del capitalismo. Busca expandir el supuesto conflicto entre la burguesía y el proletariado agregando un conflicto inherente entre la producción y el medio ambiente. Esta es la teoría de la doble crisis o el doble conflicto. En la teoría marxista, el conflicto básico del capitalismo es entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, lo cual es llamado el conflicto primario. El conflicto secundario ocurre entre el ambiente de producción (el ecosistema) y las fuerzas productivas y las relaciones de producción juntas. En esta teoría, el conflicto primario lleva a la crisis económica, mientras que el conflicto secundario lleva a la crisis ecológica. [19]

El desarrollo del capitalismo a lo largo de un siglo probó que el marxismo estaba errado en cuanto a la fallida predicción de que el capitalismo colapsaría debido a una crisis económica. Por el contrario, el capitalismo continúa prosperando. En respuesta, la noción de crisis ecológica se convirtió en una herramienta del comunismo a medida que los académicos izquierdistas descubrieron que el marxismo podría servir como base teórica para el ambientalismo, radicalizando así el movimiento y la cosmovisión ambientalista.

d. Socialismo ecológico

Como lo sugiere su nombre, el socialismo ecológico es una ideología que combina la ecología y el socialismo. Sus detractores lo llamaron “sandía” –verde por fuera y rojo por dentro– por agregar los típicos reclamos socialistas, como “justicia social”, a los asuntos ecológicos en un aparente intento por avanzar con la ideología socialista por nuevos medios.

Una buena ilustración del socialismo ecológico es Un manifiesto ecosocialista, publicado por Joel Kovel y Michael Lowy en 2001. Kovel no tuvo éxito en su campaña para convertirse en el candidato presidencial de EE. UU. con el Partido Verde. Lowy es miembro de la Cuarta Internacional Trotskista. El Manifiesto afirma que el capitalismo no puede resolver la crisis ecológica y será reemplazado por el socialismo ecológico. Ellos no consideran al socialismo ecológico como una rama del socialismo, sino como el nuevo nombre del socialismo en la nueva era. [20]

En 2002, Kovel publicó un libro titulado El enemigo de la naturaleza: ¿El fin del capitalismo o el fin del mundo? El libro detalla la teoría del socialismo ecológico, critica duramente al capitalismo y sugiere un cambio en la situación actual con nuevas direcciones radicales. [21]

e. Política verde: el verde es el nuevo rojo

Cuando el ambientalismo entra en la política nace la política verde o la ecopolítica. El Partido Verde establecido en muchos países alrededor del mundo es el resultado de la política verde, que típicamente se extiende más allá de la protección ambiental, hasta la justicia social, el feminismo, el activismo antiguerra y el pacifismo. Por ejemplo, Global Greens es una organización internacional asociada con el Partido Verde, y su acta de 2001 está altamente influida por la ideología marxista, incluyendo un fuerte énfasis en una supuesta igualdad entre humanos y animales. [22]

El ambientalismo usualmente es impulsado por el socialismo y el comunismo. Luego de la caída de los regímenes comunistas en Rusia y Europa del Este, muchos exmiembros del partido comunista y fuerzas comunistas residuales establecieron o se unieron a los partidos verdes, lo que resultó en la ideología izquierdista del Partido Verde, de ahí el término Izquierda Verde.

Luego de la caída del Partido Comunista Soviético, Gorbachov, exlíder de la Unión Soviética, intentó y fracasó en volver a entrar en la política. Luego se convirtió en ambientalista y estableció la Cruz Verde Internacional. Obviamente, Gorbachov incluiría factores comunistas en sus propuestas ambientales, y promovió repetidas veces el establecimiento de un gobierno mundial a fin de detener la crisis ambiental. [23]

Muchos partidos comunistas en Occidente están directamente involucrados en movimientos de protección ambiental. Jack Mundey, uno de los fundadores del movimiento Green Ban de Australia, es miembro del Partido Comunista Australiano. Su esposa es la presidente nacional del Partido Comunista Australiano. [24]

f. Ecoterrorismo

Debido a sus influencias izquierdistas, el ambientalismo ha sido relativamente radical desde sus inicios. Hay muchas ramas radicales, entre ellas Ecología Profunda, Ecofeminismo, Ecología Social, Biorregionalismo, entre otros. Algunas de estas ramas son extremadamente radicales. Entre las más conocidas están grupos como Earth First! y el Frente de Liberación de la Tierra. Utilizan acción directa (como el uso de explosivos e incendios provocados) –conocido como Ecoterrorismo– para detener actividades que consideran dañinas para el medio ambiente.

El grupo Earth First! comenzó en 1979 y su lema es “¡No cedemos en la defensa de la Madre Tierra!”. El grupo utiliza acciones directas contra objetivos centrales como la explotación forestal, la construcción de presas y otros proyectos. Una de las tácticas conocidas del grupo se llama “sentada de árbol”: se sientan debajo o trepan árboles para evitar que los talen. Estas operaciones de Earth First! atrajeron a muchos miembros nuevos, entre ellos izquierdistas, anarquistas y otros que buscan rebelarse contra la sociedad predominante.

En 1992, algunos de los miembros más radicales comenzaron una rama llamada Frente de Liberación de la Tierra y adoptaron la provocación de incendios como su táctica. Alrededor de finales del año 2000, nueve mansiones lujosas en Long Island quedaron reducidas a cenizas de la noche a la mañana. La justificación principal era que estas mansiones habían sido construidas en un bosque natural. Luego de provocar el incendio, el Frente de Liberación de la Tierra presentó el lema “¡Si lo construyes, lo quemaremos!”.

En 2005, el FBI anunció que el Frente de Liberación de la Tierra era la amenaza terrorista más grande de Estados Unidos, y que se sospechaba su participación en más de 1200 incidentes criminales que causaron daños materiales por decenas de millones de dólares [25]. Desde entonces sus acciones excedieron por mucho los límites de la protesta política normal y de la diferencia de opiniones. La ideología comunista se aprovechó del odio para convertir a algunos ambientalistas en ecoterroristas, que no son distintos de otros terroristas.

g. Greenpeace: no es una historia pacífica

Greenpeace fue establecido en 1971 y es la organización ambiental más grande del mundo, con oficinas en cuarenta países a ingresos por más de USD 350 millones. Greenpeace es también una de las organizaciones ambientales más radicales.

El cofundador de Greenpeace, Paul Watson, que dejó la organización en 1977, dijo: “El secreto del éxito de [el exdirector] David McTaggart’s es el secreto del éxito de Greenpeace: no importa qué es verdad, solo importa lo que la gente cree que es verdad… Eres lo que la prensa define que eres. [Greenpeace] se convirtió en un mito, y en una máquina generadora de mitos”. [26]

Patrick Moore, otro cofundador de Greenpeace, estaba comprometido con la protección ambiental. Luego renunció a su puesto porque descubrió que la organización “tomó un giro brusco hacia la izquierda política” [27]. Se convirtió en una organización extremista con una agenda política, como tener hostilidad hacia toda la producción industrial y una agenda basada más en política que en ciencia sólida. [28]

La estrategia empleada por organizaciones ambientalistas radicales como Greenpeace es usar cualquier medio necesario para lograr sus objetivos. En este punto, el ambientalismo radical es muy consistente con el comunismo. En 2007, seis miembros de Greenpeace ingresaron a una planta de energía a carbón para causar disturbios. Fueron demandados por causar daños materiales por valor de unas 30.000 libras esterlinas. Ellos admitieron que intentaron hacer cerrar la planta de energía pero alegaron que lo estaban haciendo para evitar daños aún mayores (una crisis ambiental debido a los gases de invernadero). El tribunal finalmente estuvo de acuerdo en que sus acciones fueron inocentes.

Antes de esto, Greenpeace ya tenía muchos antecedentes de victorias en los tribunales, incluyendo por daños a plantas de energía nuclear, compañías automotrices y fábricas de aviones de combate [29]. Con una lógica tal, el límite entre las tácticas legítimas e ilegítimas simplemente desaparece.

El marxismo-leninismo tradicional usa la promesa de una eventual utopía  para legitimar el asesinato, el incendio y el robo. De manera similar, bajo la bandera del ambientalismo, los comunistas advierten de crisis ambientales para legitimar las tácticas violentas e ilegales.

En el ejemplo de arriba, los integrantes de Greenpeace lograron persuadir al jurado para que acepte sus motivos criminales como legítimos, demostrando que un gran grupo de personas en la sociedad puede ser engañado para aceptar argumentos falaces y sin fundamento. Todo esto es parte del abandono de los valores universales, y es un signo de la decadencia moral de la sociedad.

2. El mito del consenso sobre el cambio climático

El cambio climático es un tema candente en la sociedad actual. El debate público sobre este asunto es inusualmente activo, con opiniones diferentes de la prensa, el público en general y la política. El argumento más oído es que la emisión de gases de invernadero por parte de los humanos causó el calentamiento global que provocará desastres climáticos peligrosos. Sus impulsores afirman que se llegó a esta conclusión mediante un consenso científico o que la ciencia ya lo definió. Para algunos ambientalistas, la gente que rechaza esta conclusión no solo es considerada anticiencia, sino también antihumanidad.

Los integrantes de Greenpeace mencionados más arriba, que dañaron la planta de energía, fueron absueltos de su crimen porque un famoso experto, impulsor de este “consenso”, testificó a favor de ellos, sosteniendo que la cantidad de gases de invernadero emitidos cada día por la planta de energía  llevaría a la extinción de hasta cuatrocientas especies, entre otros argumentos.

¿Acaso la comunidad científica realmente llegó a un consenso? Richard Lindzen, profesor de meteorología jubilado del Instituto de Tecnología de Massachusetts, escribió un artículo expresando su perspectiva de que la ciencia climática no selló la disputa. [30]

Steven Koonin, exmiembro del Departamento de Energía de EE. UU. dependiente de la Secretaría de Ciencia y profesor de la Universidad de Nueva York, escribió en su artículo “La ciencia climática no está decidida”: “Estamos muy lejos del conocimiento necesario para elaborar una buena política climática” [31]. En otro ensayo, Koonin recordó a los lectores: “En su mayor parte, el público no está al tanto de los intensos debates dentro de la ciencia climática. En una reciente reunión nacional de laboratorio, noté que más de cien investigadores activos del gobierno y universidades se desafían los unos a los otros mientras se esfuerzan por separar los impactos humanos de la variabilidad natural del clima. Los asuntos en cuestión no son matices sino aspectos fundamentales de nuestro entendimiento [del clima], como la aparente –e inesperada– ralentización del aumento del nivel del mar a nivel mundial en las dos últimas décadas”. [32]

En general, la temperatura superficial de la Tierra ha estado en aumento desde 1880, y el dióxido de carbono y otros gases de invernadero emitidos en la atmósfera por los humanos tienen un efecto de calentamiento en el mundo. En relación a estas preguntas básicas, los científicos no difieren en opinión. No obstante, las preguntas más importantes, que son preguntas que los científicos debaten acaloradamente, son estas: ¿El calentamiento es causado principalmente por la actividad humana o por factores naturales? ¿Cuán caliente será el mundo para fines del siglo XXI? ¿Tiene la humanidad la capacidad de predecir cómo cambiará el clima en el futuro? ¿Causará desastres el calentamiento?

Sin embargo, desde otra perspectiva, la comunidad científica pareciera haber llegado a algún tipo de consenso o haber definido la ciencia del cambio climático hasta cierto punto, puesto que las voces de aquellos que se oponen al tal llamado consenso rara vez aparecen en la prensa o en las  publicaciones académicas.

El físico Michael Griffin, exadministrador de la NASA, dijo en una entrevista con la Radio Pública Nacional en 2007:

No tengo dudas de que existe una tendencia de calentamiento global. No estoy seguro de que sea  justo decir que es un problema con el que debamos luchar. Asumir que es un problema es asumir que el estado climático de la Tierra hoy es óptimo, [que es] el mejor clima que podríamos tener o que hayamos tenido y que necesitamos dar pasos para asegurarnos de que no cambie.

En primer lugar, no creo que esté en el poder de los humanos asegurarse de que el clima no cambie –así lo demostraron millones de años de historia– y en segundo lugar, supongo que preguntaría a qué seres humanos –dónde y cuándo– se les concedería el privilegio de decidir que este clima particular que tenemos aquí hoy es el mejor clima para todos los otros seres humanos. Creo que es una postura bastante arrogante como para que la gente asuma. [33]

Pese a que Griffin estaba tratando de expresar que la gente debería ser humilde cuando se trata de ciencia, inmediatamente recibió severas críticas de la prensa y de algunos científicos climáticos, que inclusive dijeron que sus observaciones eran ignorantes. Al día siguiente, bajo inmensa presión, fue obligado a pedir disculpas. [34]

Pocos meses después, en otra entrevista, Griffin comentó: “Personalmente creo que la gente se fue por la borda en la discusión sobre el cambio climático, al punto en que se volvió casi ilegítimo verlo como un asunto técnico. Casi adquirió un estatus religioso, lo que me parece deplorable”. Desde la perspectiva de Griffin sobre el “consenso científico”, vemos que el tal llamado consenso sobre el cambio climático no fue, de hecho, parte del proceso científico. Él sentía que el progreso científico es el resultado del debate: “Desarrollas tus teorías, publicas tu datos, avanzas sobre tu concepto, y otros lo derriban, o intentan hacerlo. El consenso científico evoluciona de esa forma” [35]. El uso de todo tipo de modalidades y medios para suprimir el debate científico viola en sí mismo el espíritu de la ciencia.

Debido a su estelar reputación y prestigio en su especialidad, el profesor Lennart Bengtsson, Miembro de la Real Sociedad Meteorológica Británica y exdirector del Centro Europeo de Pronósticos del Tiempo de Rango Medio (ECMWF), se unió a la Fundación de Políticas del Calentamiento Global (GWPF, un centro de estudios que desafía las teorías del calentamiento global). Como resultado, enfrentó un intenso escrutinio y presión de sus pares en todo el mundo. Dos semanas después, fue obligado a renunciar.

En su carta de renuncia, Bengtsson escribió: “En los últimos días he sido sometido a una presión de grupo tan enorme desde todas partes del mundo que se volvió prácticamente insoportable para mí. Si esto continúa seré incapaz de realizar mi trabajo normal e incluso comenzaré a preocuparme sobre mi salud y seguridad. (…) Colegas están quitándome su apoyo, otros colegas están retirándose de autorías conjuntas, etc. (…) Nunca habría esperado algo similar [a los tiempos del Senador McCarthy] en una comunidad originalmente pacífica como la meteorología. Aparentemente ha sido transformada en años recientes”. [36]

La observación de Bengtsson era correcta: Esta “transformación en años recientes” fue el resultado de la ideología comunista y de las tácticas de lucha que se apropiaron del campo de la meteorología.

En realidad, el supuesto consenso científico sobre el cambio climático transformó en dogma a la teoría sobre el tema. El cambio climático es también un dogma crucial del ambientalismo de hoy –sacrosanto e inviolable. Los científicos, la prensa y los activistas ambientales que aceptan este dogma trabajan juntos para propagar el miedo sobre el desastre inminente. Esta doctrina es una herramienta importante usada por el movimiento ambientalista para asustar al público y hacer que obedezca una agenda política. A través del proceso de establecer y solidificar este dogma, las técnicas de lucha política al estilo comunista se vuelven evidentes, entre ellas el engaño, el acoso, la humillación pública, la difamación y el conflicto abierto.

a. Una breve historia del ‘consenso’ en la ciencia climática

En 1988, se estableció el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Una de sus misiones importantes era evaluar las investigaciones científicas existentes cada cinco años y publicar una declaración con autoridad sobre el cambio climático. Se suponía que establecería un consenso científico sobre asuntos climáticos y ofrecería una base científica para la elaboración de políticas [37]. El informe del IPCC suele adjuntar una lista de miles de autores, coautores y críticos. De ahí que las conclusiones en los informes del IPCC suelen ser descritas como el consenso de miles de los mejores científicos del mundo.

En 1992, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) estableció como objetivo la estabilización de las concentraciones de los gases de invernadero en la atmósfera a un nivel que evite una interferencia antropogénica peligrosa con el sistema climático. Cabe señalar que ya se daba por sentado que el cambio climático era causado por los seres humanos y que era peligroso. Luego, el IPCC asumió la tarea de identificar las influencias humanas en el clima, así como los impactos ambientales y socioeconómicos peligrosos del cambio climático. [38]

Cuando la CMNUCC asume que la gente es culpable del peligroso cambio climático, limita lo que el IPCC debería identificar. Además, si el cambio climático no fuera peligroso o no fuera causado únicamente por la industria, entonces no se requeriría la elaboración de políticas, y el IPCC no tendría razón de existir. Tales conflictos de intereses también restringieron el foco de la investigación del IPCC. [39]

Los informes del IPCC quitaron declaraciones de duda

Justo antes de que el IPCC publicara su Segundo Informe de Evaluación en 1995, el Dr. Frederick Seitz, físico mundialmente reconocido, expresidente de la Academia Nacional de Ciencias y presidente de la Universidad Rockefeller de Nueva York, recibió una copia del informe. Seitz luego descubrió que el contenido del informe fue ampliamente alterado luego de que pasó por la revisión científica y antes de ser impreso. Todas las dudas sobre las actividades humanas con respecto al cambio climático fueron eliminadas.

El artículo de Seitz en The Wall Street Journal afirmaba: “En mis más de 60 años como miembro de la comunidad científica estadounidense, (…) nunca he visto una corrupción más perturbadora en el proceso de revisión por pares que los hechos que llevaron a este informe del IPCC”. [40]

Entre las declaraciones eliminadas están las siguientes: [41]

  • “Ninguno de los estudios citados más arriba mostraron evidencia clara de que podamos atribuir los cambios [climáticos] observados a la causa específica del aumento de los gases de invernadero”.
  • “Ningún estudio hasta la fecha atribuyó ciertamente todo o parte [del cambio climático observado hasta la fecha] a causas antropogénicas [producidas por el hombre]”.
  • “Cualquier afirmación de detección positiva de un cambio climático significativo probablemente continúe siendo controvertida hasta tanto se reduzcan las incertidumbres en la variabilidad natural total del sistema climático”.

Aunque luego el IPCC afirmó que todas las modificaciones fueron aprobadas por los autores, las alteraciones revelan cómo los informes del IPCC han sido influenciados por la política. El informe de evaluación no contiene investigación original alguna, sino que principalmente resume investigaciones existentes. Debido a que las investigaciones existentes contienen tantas perspectivas diferentes, a fin de “llegar a un consenso”, como se propuso, el IPCC simplemente se deshizo de las perspectivas contrarias.

En abril de 2000, el Tercer Informe de Evaluación del IPCC decía en su borrador: “Hubo una  influencia humana discernible en el clima global”. La versión publicada en octubre del mismo año dice: “Es probable que las crecientes concentraciones de gases de invernadero antrópicos hayan contribuido significativamente al calentamiento observado en los últimos 50 años”. En la conclusión oficial final, la declaración fue aún más fuerte: “La mayor parte del calentamiento observado en los últimos 50 años probablemente se debe a un aumento de las concentraciones de gases de invernadero”.

Cuando se le preguntó al portavoz del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Tim Higham, sobre la base científica de los cambios discursivos, su respuesta fue honesta: “No había ciencia nueva, pero los científicos querían presentar un mensaje claro y fuerte a los legisladores”. [42]

Dicho de otro modo, la CMNUCC asignó tareas al IPCC, dejando en claro cuál era la respuesta que esperaba. El IPCC luego entregó lo que se le pidió.

El informe del IPCC exageró el “consenso sobre el desastre”

Paul Reiter, profesor del Instituto Pasteur en Francia, es un destacado experto en malaria y otras enfermedades transmitidas por insectos. Él discrepaba con las conclusiones del informe del IPCC, y tuvo que amenazar con presentar una demanda judicial contra el IPCC para que quitaran su nombre de la lista de los mejores dos mil científicos que supuestamente respaldaban el informe. Dijo que el IPCC “hace parecer que todos los mejores científicos están de acuerdo, pero no es verdad”. [43]

En su testimonio ante el Senado de Estados Unidos el 25 de abril de 2006, Reiter dijo: “Un aspecto irritante del debate es que esta ‘ciencia’ espuria es promocionada en el foro público por paneles influyentes de ‘expertos’. Me refiero particularmente al Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC). Cada cinco años, esta organización con sede en la ONU publica un ‘consenso de los mejores científicos del mundo’ en todos los aspectos del cambio climático. Aparte del dudoso proceso por el que estos científicos son seleccionados, tal consenso es una cosa política, no científica”. [44]

Los ambientalistas han estado promoviendo la noción de que las enfermedades transmitidas por insectos, como la malaria, sembrarán el caos si continúa el calentamiento climático, lo cual también es uno de los argumentos centrales del IPCC. Como afirmó Bloomberg el 27 de noviembre de 2007: “El calentamiento global pondrá a millones de personas en riesgo de malaria o fiebre del dengue, según un informe de Naciones Unidas que insta a una urgente revisión de los peligros para la salud que conlleva el cambio climático” [45]. Pero Reiter no acepta esta simple correlación entre el calentamiento climático y la propagación de enfermedades infecciosas.

Él señaló que la malaria no está confinada a zonas tropicales. En los años 1920 hubo un enorme brote de malaria en la ex Unión Soviética, y hubo otro en la ciudad de Arcángel (Arkhangelsk) cerca del Círculo Ártico, donde hubo treinta mil casos de malaria que ocasionaron diez mil muertes [46]. Según un artículo de 2011 en Nature, los científicos descubrieron que, al contrario de la conjetura anterior, la transmisión de malaria por mosquitos se ralentiza con las altas temperaturas [47]. Esto confirma la opinión de Reiter.

Otro científico que abandonó del IPCC también evidencia que se utilizó el supuesto “consenso sobre el desastre” como parte de su cultura operativa. Christopher Landsea, investigador de huracanes de la Administración Oceánica y Atmosférica de EE. UU. y uno de los autores principales del cuarto informe de evaluación del IPCC, abandonó el IPCC en enero de 2005. En una carta abierta, afirmó: “Personalmente no puedo continuar contribuyendo de buena fe a un proceso que percibo está motivado por agendas preconcebidas y es científicamente poco sólido”. También instó al IPCC a confirmar que el informe se acataría más a la ciencia que al sensacionalismo. [48]

Landsea está en desacuerdo con el autor central del reporte del IPCC en lo que respecta a la relación entre huracanes y el cambio climático. El autor principal del IPCC (que no es un experto en investigación de huracanes) enfatizó que el calentamiento climático causaría huracanes más intensos, sin una información fáctica sólida para apoyar su afirmación. Landsea indicó que estudios anteriores demostraron que los registros históricos no podrían verificar una correlación tal; teóricamente, incluso si hay una correlación, es insignificante e ínfima.

David Deming, geólogo y geofísico de la Universidad de Oklahoma, obtuvo datos de temperatura histórica de 150 años en Norteamérica estudiando núcleos de hielo, y publicó su artículo de investigación en Science. Los defensores del consenso luego consideraron a Deming como un exponente del consenso. En una audiencia ante el Senado de EE. UU., Deming dijo que un autor central del IPCC le envió un correo electrónico diciendo: “Tenemos que deshacernos del período cálido medieval” [49]. El período cálido medieval hace referencia al calentamiento climático en la región del Atlántico Norte entre los años 950 y 1150 aproximadamente. Borrar este período de la curva histórica del cambio climático fortalecería la afirmación de que el calentamiento actual no tiene precedentes.

Hay muchos incidentes así. En su libro Mentiras rojas calientes, cómo los alarmistas del calentamiento global usan amenazas, fraude y engaño para mantenerte desinformado, Christopher C. Horner, investigador senior del Competitive Enterprise Institute, enumeró a muchos de los autores originales del IPCC que se oponen a las conclusiones y a las operaciones politizadas del IPCC [50]. Ellos plantean preguntas razonables con datos de respaldo y desafiaron al supuesto consenso del IPCC. No obstante, en el ambiente académico y mediático actual, sus voces fueron marginadas.

b. Establecimiento del dogma en la comunidad científica

El establecimiento y la consolidación del supuesto consenso sobre el cambio climático es un paso principal en el uso del ambientalismo para manipular al público, amplificar la sensación de desastre y distorsionar los valores humanos. Si se lleva a su conclusión, la trayectoria natural es el establecimiento de un supergobierno global –esto es, comunismo. Si bien esto principalmente se desarrolló en la comunidad científica, fue apoyado por la prensa, el gobierno y las instituciones académicas.

Sin importar la reputación académica de un científico, una vez que expresa públicamente sus dudas sobre el dogma del consenso, inmediatamente enfrenta una tremenda presión de sus pares y de las instituciones académicas, obligándolo a rendirse. La gente que vivió en una sociedad comunista totalitaria ha tenido experiencias similares, la única diferencia es que ellos cuestionaron el dogma del partido comunista.

David Bellamy es un reconocido activista ambiental británico y era presidente de The Royal Society of Wildlife Trusts. Pero cuando afirmó públicamente que no creía en el dogma del consenso sobre la teoría del calentamiento global, la agencia publicó una declaración expresando su descontento [51]. Luego cesó en sus funciones como presidente y los ambientalistas que anteriormente lo respetaban comenzaron a sospechar que había perdido la razón o que recibía dinero de las grandes petroleras. [52]

Henk Tennekes, exdirector de la Real Sociedad Meteorológica Holandesa, fue despedido porque no apoyaba el dogma del consenso sobre el cambio climático. De forma similar, el funcionario de la Organización Meteorológica Mundial, Askel Winn-Nielsen, fue difamado por funcionarios del IPCC que lo llamaron “herramienta de la industria”. Luego de que los investigadores italianos Alfonso Sutera y Antonio Speranza cuestionaran la teoría del calentamiento climático antrópico, no pudieron obtener más financiamiento para su investigación. [53]

En su libro Clima de extremos: La ciencia del calentamiento global que no quieren que sepas, Patrick J. Michaels, expresidente de la Asociación Americana de Climatólogos Estatales y climatólogo de la Universidad de Virginia, enumeró numerosos casos de ambientalistas que suprimieron a  científicos disidentes con el fin de llegar a su supuesto consenso. Dado que él insistía en que el clima no causaría un desastre, esta postura optimista era inconsistente con el dogma del consenso, por lo que un día el gobernador le dijo que no podía hablar más sobre el calentamiento global como climatólogo estatal. Finalmente decidió renunciar.

Otro climatólogo estatal, George Taylor de la Universidad Estatal de Oregon, enfrentó el mismo problema, y Taylor eventualmente fue obligado a renunciar. El Dr. David Legates, exdirector del Centro para Estudios Climáticos de la Universidad de Delaware, es un climatólogo estatal en Delaware. El gobernador también le dijo que no podía hablar como climatólogo estatal sobre el asunto del calentamiento global. El climatólogo adjunto del Estado de Washington, Mark Albright, fue despedido porque envió correos electrónicos a un periodista y a ciudadanos que consultaron sobre el registro total de caída de nieve en las Montañas Cascade, en vez de seleccionar registros parciales (que parecen mostrar calentamiento), a pesar de que su jefe se lo había advertido. [54]

El foco del debate aquí está en el campo de conocimiento de los climatólogos: asuntos de la ciencia del clima en vez de asuntos de política de los estados. En países comunistas, es común que haya una interferencia política explícita en la ciencia. En países occidentales, las políticas ambientalistas están siendo usadas para interferir con la libertad académica.

Es raro ver investigaciones que duden sobre dogma del consenso en publicaciones académicas, un fenómeno que comenzó en los años 1990. Michaels dijo en el documental La conspiración del invernadero del Canal 4 (Reino Unido) que si el punto de vista de una persona es políticamente inaceptable, entonces habrá problemas. Su artículo fue rechazado por más de una publicación académica. Cuando preguntó al editor de una de las publicaciones el por qué, la respuesta fue que su artículo debía pasar por un estándar de evaluación más alto que otros.

Según el informe del IPCC de 1990, en ese tiempo se entendía que el alcance del calentamiento global era equivalente a cambios naturales en el clima. Por lo tanto, aunque el punto de vista de Michaels era diferente del de muchos otros, no podía ser considerado particularmente herético. No obstante, el objetivo de establecer un consenso falso ya estaba establecido, y todos tenían que apoyarlo.

La parcialidad del financiamiento gubernamental contribuyó enormemente a la formación y consolidación del supuesto consenso. La hipótesis de que los humanos causaron el calentamiento global y trajeron desastres colocó a la investigación sobre el cambio climático en posición de asesorar sobre la elaboración de políticas. Es por ello que las investigaciones que apoyan esta hipótesis naturalmente reciben una gran cantidad de financiamiento y publican un gran número de artículos. Por otro lado, el consenso impuesto impide a los científicos explorar e investigar en otras direcciones posibles.

El Dr. William Gray, reconocido profesor, fue pionero de la investigación estadounidense sobre huracanes. Debido a que criticó el dogma del consenso en la teoría climática, repentinamente descubrió que sus solicitudes de financiamiento para investigación eran reiteradamente rechazadas. La razón era que la investigación que proponía no era el foco que se quería promover. [55]

En marzo de 2008, muchos científicos que dudaban del dogma del consenso sobre asuntos climáticos celebraron un evento académico privado en Nueva York. Estos científicos dijeron que encontraron varios obstáculos cuando intentaron publicar los resultados de sus investigaciones en publicaciones académicas. El meteorólogo Joseph D’Aleo, expresidente del Comité de la Sociedad Meteorológica Americana para el Análisis y Pronóstico del Tiempo, dijo que algunos de sus colegas no se atrevieron a asistir a la reunión por miedo a ser despedidos. Él creía que “muy probablemente” había “una mayoría silenciosa” de científicos en climatología, meteorología y ciencias relacionadas que no apoyaban la postura del “consenso”. [56]

La profesora Judith Curry, exdecana de la Escuela de Ciencias Atmosféricas y de la Tierra del Instituto de Tecnología de Georgia, declaró en un testimonio ante el Senado en 2015 que un científico empleado por la NASA le dijo: “Estuve en una pequeña reunión de científicos afiliados a la NASA y nuestro máximo director me dijo que su jefe de la NASA le comunicó que no deberíamos tratar de publicar artículos contrarios a las actuales afirmaciones sobre el calentamiento global, porque entonces él (el jefe de la NASA) tendría el dolor de cabeza de contrarrestar la publicidad ‘indeseable’”. [57]

Curry dijo además en su testimonio: Un científico climático que hace una declaración sobre tener incertidumbre o un grado de duda sobre el debate del clima es catalogado como negador o ‘mercader de la duda’, y se asume que sus motivos son ideológicos o motivados por el financiamiento de la industria de los combustibles fósiles. Mi propia experiencia al plantear públicamente mis preocupaciones sobre cómo el IPCC cataloga a la incertidumbre dio como resultado que yo sea catalogada como una ‘herética del clima’ que se puso en contra de sus colegas. (…) Hay una enorme presión sobre los  científicos climáticos para que se ajusten al tal llamado consenso. Esta presión no solo proviene de políticos, sino de agencias de financiamiento federal, universidades y sociedades profesionales, y de los científicos mismos que son activistas y promotores verdes. Reforzando este consenso están los fuertes intereses monetarios, de prestigio y de autoridad. [58]

La Dra. Curry es miembro de la Sociedad Americana de Meteorología y del Comité de Investigación del Clima del Consejo Nacional de Investigación. A pesar de su éxito académico, ella decidió retirarse joven porque no estaba dispuesta a continuar viviendo bajo tanta presión. Por haber desafiado el “consenso” del IPCC en años recientes, fue estigmatizada como “anticiencia”, “negadora”, etc, tanto por la prensa como por otros científicos y un senador. Un miembro del Congreso incluso envió una carta al Decano del Instituto de Tecnología de Georgia para cuestionar los motivos de Curry [59]. Ella dijo que otra razón de su retiro temprano fue que sentía que no podía decirle a sus estudiantes e investigadores posdoctorales cómo “navegar en la LOCURA del campo de la ciencia del clima”. [60]

Roger Pielke Jr., profesor de la Universidad de Colorado, trabajó con Curry en cuestiones del cambio climático. Originalmente estaba en el Instituto Cooperativo para la Investigación de Ciencias Ambientales (CIRES). Aunque estaba de acuerdo con la mayor parte de las conclusiones del “consenso” del IPCC,  fue sometido a presiones similares porque señaló que los datos no respaldaban la idea de que eventos climáticos extremos como huracanes, tornados y sequías son influenciados por el cambio climático. Eventualmente se cambió al Centro de Gobernancia del Deporte de la Universidad de Colorado. [61]

El Dr. Pielke señaló que la experiencia de Curry demuestra que “tener un puesto permanente no es garantía de libertad académica” [62]. No es de extrañar que Joanne Simpson, académica de la Academia Americana de Ingeniería y destacada excientífica atmosférica de la NASA, declaró su escepticismo sobre el “consenso” después de retirarse: “Dado que ya no estoy afiliada con ninguna organización ni recibo ningún financiamiento, puedo hablar con bastante franqueza”. Dijo: “Como científica, permanezco escéptica”. [63]

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Referencias

[1] Dong Zhongshu, Luxuriant Dew of the Spring and Autumn Annals, Images for the regulation of dress, 14.董仲舒:《春秋繁露·服制象》,第十四,https://ctext.org/chun-qiu-fan-lu/fu-zhi-xiang/zh. The line in question appears both as “天之生物也,以养人” and “天地之生萬物也以養人.” [In Chinese]

[2] Confucius, The Universal Order or Conduct of Lifea Confucian Catechism, “Being a Translation of One of the Four Confucian Books, Hitherto Known as the Doctrine of the Mean” (The Shanghai Mercury, Limited, 1906), 68. https://bit.ly/2T74Dsb

[3] Lost Book of Zhou. Da Jujie.《逸周書·大聚解》, https://ctext.org/lost-book-of-zhou/da-ju/zh. [In Chinese]

[4] The Classic of Rights. Zhai Yi.《禮記·祭儀》,https://ctext.org/text.pl?node=61379&if=gb&show=parallel. [In Chinese]

[5] Rupert Darwall, The Age of Global Warming: A History (London: Quartet Books Limited, 2013), Chapter 1.

[6] Wes Vernon, “The Marxist Roots of the Global Warming Scare,” Renew America, June 16, 2008, https://web.archive.org/web/20100724052619/http://www.renewamerica.com:80/columns/vernon/080616.

[7] Frederick Engels, “Notes and Fragments,” Dialectics of Nature, 1883, accessed December 28, 2018, https://www.marxists.org/archive/marx/works/1883/don/ch07g.htm.

[8] Brian Sussman, Eco-Tyranny: How the Left’s Green Agenda Will Dismantle America (Washington, D.C.: WND Books, 2012), 8–9.

[9] Ibid., 10.

[10] Ibid., 11.

[11] Ibid., 14–15.

[12] Ibid., 11.

[13] Grace Baumgarten, Cannot Be Silenced (WestBow Press, 2016), Available: http://j.mp/2HgHJ0q

[14] Wes Vernon, “The Marxist Roots of the Global Warming Scare,” Renew America, June 16, 2008, https://web.archive.org/web/20100724052619/http://www.renewamerica.com:80/columns/vernon/080616.

[15] Sussman, Eco-Tyranny, 35.

[16] Vernon, “The Marxist Roots.”

[17] Lewis S. Feuer, “The Friendship of Edwin Ray Lankester and Karl Marx: The Last Episode in Marx’s Intellectual Evolution,” Journal of the History of Ideas 40 (4): 633–648.

[18] John Bellamy Foster, “Marx’s Ecology in Historical Perspective,” International Socialism Journal 96, Winter 2002,http://pubs.socialistreviewindex.org.uk/isj96/foster.htm.

[19] James O’Connor, “Capitalism, Nature, Socialism: A Theoretical Introduction,” Capitalism, Nature, Socialism 1, no. 1 (1988): 11–38,  http://www.vedegylet.hu/okopolitika/O%27Connor%20-%20Capitalism,%20Nature,%20Socialim.pdf.

[20] Joel Kovel and Michael Löwy, “The First Ecosocialist Manifesto,” September 2001,http://green.left.sweb.cz/frame/Manifesto.html.

[21] Joel Kovel, The Enemy of Nature: The End of Capitalism or the End of the World? (London: Zed Books, 2002).

[22] Kevin Andrews, “The Ideological Drive Behind the Greens,” ABC News, November 11, 2010,  http://www.abc.net.au/news/2010-11-12/the_ideological_drive_behind_the_greens/41010.

[23] Mikhail Gorbachev, “We Have a Real Emergency,” The New York Times, December 9, 2009, http://www.nytimes.com/2009/12/10/opinion/10iht-edgorbachev.html, and “What Role for the G-20?” The New York Times, April 27, 2009, http://www.nytimes.com/2009/04/28/opinion/28iht-edgorbachev.html.

[24] “Jack Mundey,” Sydney’s Aldermenhttp://www.sydneyaldermen.com.au/alderman/jack-mundey/.

[25] Noel Moand, “A Spark That Ignited a Flame: The Evolution of the Earth Liberation Front,” in Igniting a Revolution: Voices in Defense of the Earth, eds. Steven Best and Anthony J. Nocella, II  (Oakland, Calif.: AK Press, 2006), 47.

[26] Leslie Spencer, Jan Bollwerk, and Richard C. Morais, “The Not So Peaceful World of Greenpeace,” Forbes, November 1991,  https://www.heartland.org/_template-assets/documents/publications/the_not_so_peaceful_world_of_greenpeace.pdf.

[27] Ted Thornhill, “Humans Are NOT to Blame for Global Warming, Says Greenpeace Co-founder, as He Insists There Is ‘No Scientific Proof’ Climate Change Is Manmade,” Daily Mail, February 27, 2014, http://www.dailymail.co.uk/sciencetech/article-2569215/Humans-not-blame-global-warming-says-Greenpeace-founder-Patrick-Moore.html#ixzz2vgo2btWJ.

[28] Patrick Moore, “Why I Left Greenpeace,” The Wall Street Journal, April 22, 2008, https://www.wsj.com/articles/SB120882720657033391.

[29] John Vidal, “Not Guilty: The Greenpeace Activists Who Used Climate Change as a Legal Defence,” The Guardian, Sept 10, 2008, https://www.theguardian.com/environment/2008/sep/11/activists.kingsnorthclimatecamp.

[30] Richard Lindzen, “The Climate Science Isn’t Settled,” The Wall Street Journal, November 30, 2009, https://www.wsj.com/articles/SB10001424052748703939404574567423917025400.

[31] Steven E. Koonin, “Climate Science Is Not Settled,” The Wall Street Journal, September 19, 2014, https://www.wsj.com/articles/climate-science-is-not-settled-1411143565.

[32] Steven Koonin, “A ‘Red Team’ Exercise Would Strengthen Climate Science,” The Wall Street Journal, April 20, 2017, https://www.wsj.com/articles/a-red-team-exercise-would-strengthen-climate-science-1492728579.

[33] “NASA Administrator Not Sure Global Warming a Problem,” Space Daily, May 30, 2007, http://www.spacedaily.com/reports/NASA_Administrator_Michael_Griffin_Not_Sure_Global_Warming_A_Problem_999.html.

[34] Alicia Chang, “NASA Chief Regrets Remarks on Global Warming,” NBC News, June 5, 2007, http://www.nbcnews.com/id/19058588/ns/us_news-environment/t/nasa-chief-regrets-remarks-global-warming/.

[35] Rebecca Wright, Sandra Johnson, Steven J. Dick, eds., NASA at 50: Interviews with NASA’s Senior Leadership (Washington, D.C.: National Aeronautics and Space Administration, 2009), 18.

[36] “Lennart Bengtsson Resigns: GWPF Voices Shock and Concern at the Extent of Intolerance Within the Climate Science Community,” The Global Warming Policy Foundation, May 5, 2014,  http://www.thegwpf.org/lennart-bengtsson-resigns-gwpf-voices-shock-and-concern-at-the-extent-of-intolerance-within-the-climate-science-community/.

[37] Judith Curry, “Climate Change: No Consensus on Consensus,” CAB Reviews Vol 8, No 001, 2013, 1–9.

[38] Judith A. Curry, “Statement to the Committee on Science, Space and Technology of the United States House of Representatives,” Hearing on Climate Science: Assumptions, Policy Implications and the Scientific Method, March 29, 2017, https://docs.house.gov/meetings/SY/SY00/20170329/105796/HHRG-115-SY00-Wstate-CurryJ-20170329.pdf.

[39] Ibid.

[40] Frederick Seitz, “Major Deception on Global Warming,” The Wall Street Journal, June 12, 1996, https://www.wsj.com/articles/SB834512411338954000.

[41] Ibid.

[42] Larry Bell, “The New York Times’ Global Warming Hysteria Ignores 17 Years of Flat Global Temperatures,” Forbes, August 21, 2013, https://www.forbes.com/sites/larrybell/2013/08/21/the-new-york-times-global-warming-hysteria-ignores-17-years-of-flat-global-temperatures/.

[43] Christopher C. Horner, Red Hot Lies: How Global Warming Alarmists Use Threats, Fraud, and Deception to Keep You Misinformed (New York: Simon and Schuster, 2008), 319; quote attributed to Brendan O’Neill, “Apocalypse My Arse,” Spiked Online, March 9, 2007, https://www.spiked-online.com/2007/03/09/apocalypse-my-arse/, accessed January 19, 2019.

[44] Paul Reiter, “Malaria in the Debate on Climate Change and Mosquito-Borne Disease,” Hearing Before the Subcommittee on Global Climate Change and Impacts of the Committee on Commerce, Science, and Transportation, United States Senate, April 25, 2006, https://www.commerce.senate.gov/pdf/reiter-042606.pdf.

[45] Ibid.

[46] Ibid.

[47]  Zoë Corbyn, “Global Warming Wilts Malaria,” Nature, December 21, 2011, https://www.nature.com/news/global-warming-wilts-malaria-1.9695.

[48] James Tylor, “Climate Scientist Quits IPCC, Blasts Politicized ‘Preconceived Agendas,’” The Heartland Institute, April 1, 2005, https://www.heartland.org/news-opinion/news/climate-scientist-quits-ipcc-blasts-politicized-preconceived-agendas?source=policybot.

[49] Horner, Red Hot Lies, 108; David Deming, “Statement to the U.S. Senate Committee on Environment and Public Works,” Full Committee Hearing on Climate Change and the Media, December 6, 2006, https://www.youtube.com/watch?v=u1rj00BoItw.

[50] Horner, Red Hot Lies, 329.

[51] Jonathan Leake, “Wildlife Groups Axe Bellamy as Global Warming ‘Heretic,’ Times Online, May 15, 2005, https://web.archive.org/web/20080906161240/http://www.timesonline.co.uk/tol/news/uk/article522744.ece.

[52] Christopher C. Horner, Red Hot Lies, 110–111.

[53] Ibid.

[54] Patrick J. Michaels and Robert C. Balling Jr., Climate of Extremes: Global Warming Science They Don’t Want You to Know (Washington, D.C.: Cato Institute, 2009), x–xiii.

[55] Christopher C. Horner, Red Hot Lies, 73.

[56] “Climate Skeptics Reveal ‘Horror Stories’ of Scientific Suppression,” U.S. Senate Committee on Environment and Public Works Press Releases, March 6, 2008, https://www.epw.senate.gov/public/index.cfm/press-releases-all?ID=865dbe39-802a-23ad-4949-ee9098538277

[57] Judith A. Curry, “Statement to the Subcommittee on Space, Science and Competitiveness of the United States Senate,” Hearing on “Data or Dogma? Promoting Open Inquiry in the Debate over the Magnitude of Human Impact on Climate Change,” December 8, 2015, https://curryja.files.wordpress.com/2015/12/curry-senate-testimony-2015.pdf.

[58] Ibid.

[59] Ibid.

[60] Scott Waldman, “Judith Curry Retires, Citing ‘Craziness’ of Climate Science,” E&E News, January 4, 2017, https://www.eenews.net/stories/1060047798.

[61] Rich Lowry, “A Shameful Climate Witch Hunt,” National Review Online, February 27, 2015, https://www.nationalreview.com/2015/02/shameful-climate-witch-hunt-rich-lowry/.

[62] Waldman, “Judith Curry Retires”

[63] “U. S. Senate Minority Report: More Than 650 International Scientists Dissent Over Man-Made Global Warming Claims. Scientists Continue to Debunk ‘Consensus’ in 2008,”  U.S. Senate Environment and Public Works Committee Minority Staff Report (Inhofe), Dec 11, 2008, https://www.epw.senate.gov/public/_cache/files/8/3/83947f5d-d84a-4a84-ad5d-6e2d71db52d9/01AFD79733D77F24A71FEF9DAFCCB056.senateminorityreport2.pdf.

 
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