Fallo sistémico y derrota estratégica: el frente del microchip en la guerra comercial entre China y Estados Unidos

Por Cheng Xiaonong

El desafortunado destino de Circuitos Integrados Fujian Jinhua, una de las tres principales empresas de microchips de China, sirve como una ventana para determinar el éxito de la estrategia de China de intentar ponerse al día en tecnología. También proporciona un paso a través de la niebla de la guerra en el “campo de batalla” de las disputas de propiedad intelectual entre China y Estados Unidos.

En la competencia entre los 2 países de alta tecnología, la manifiesta estrategia china de robo de propiedad tocó un nervio sensible en las políticas de la administración Trump.

La larga marcha de China a través de la industria del microchip

La violación por parte de China de los derechos de propiedad intelectual (PI) de Estados Unidos es una de las principales disputas que subyacen a la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Y las disputas sobre la tecnología de microchips son algunas de las más comunes en la batalla de la propiedad intelectual.

China estuvo investigando y desarrollando microchips durante más de medio siglo. Sin embargo, en la actualidad, el “punto débil” del microchip sigue existiendo, y la raíz de este punto débil es precisamente el sistema estatal del que China está tan orgullosa en su investigación y desarrollo de alta tecnología. Este tipo de sistema concentra y dirige todas las fuerzas de la nación en la investigación tecnológica, por medio de la cual el gobierno toma la iniciativa en la coordinación de organizaciones, la asignación de tareas, la provisión de fondos y la búsqueda de avances. Dejando de lado los costos de producción, las ganancias obtenidas se aplican primero a los militares, porque los militares solo quieren productos que sean utilizables, y el gobierno paga todas las cuentas de todos modos. Mientras tanto, en el sector civil, la tecnología de alto costo desarrollada a través de investigaciones nacionales no es tan rentable ni confiable en comparación con la compra de tecnología extranjera.

La investigación y el desarrollo de chips chinos comenzaron en el Instituto de Investigación de Semiconductores de Yongchuan (actualmente el laboratorio número 24 del Grupo de Tecnología Electrónica de China). Tras el mejoramiento de las relaciones entre China y Estados Unidos a principios de los años setenta, se importó tecnología de Europa y Estados Unidos, y se encargó a científicos de élite y grupos de investigación militar que proporcionaran los microchips necesarios para proyectos militares como el desarrollo autóctono de armas nucleares y satélites artificiales.

Sin embargo, el sistema nacional de I+D (Investigación y Desarrollo) tardó en aplicar la actualización tecnológica y tuvo dificultades para hacer frente a los complejos cambios del mercado. Menos aún fueron capaces de satisfacer la enorme demanda del mercado civil. En resumen, el sistema militarizado de I+D carecía de ética industrial y de capacidad de actualización e innovación. Como resultado, los microchips chinos en este período estaban unos 15 años por detrás de los estándares internacionales en términos de investigación y tecnología, y más de 20 años por detrás en términos de producción industrial.

En 1990, la Comisión Estatal de Planificación y el Ministerio de Servicios Eléctricos y Mecánicos decidieron implementar su “Proyecto Microchip 908” para el mercado civil. Utilizando Wuxi Tongzhi Microelectronics (es decir, el Grupo Huajing Electronics), -que surgió de la fusión de la Fábrica de Equipos de Radio de Jiangnan y el Laboratorio 24 del Departamento de Electrónica-, como base, se destinaron 290 millones de dólares de inversión gubernamental en diseños meticulosos por parte de investigadores y empresarios, y en la verificación repetitiva de las propuestas con la esperanza de poder, de un solo golpe, reducir la brecha entre los microchips chinos y los producidos internacionalmente.

El proyecto fracasó, dadas las restricciones estatales. Con una duración de siete años (dos años para la aprobación de la financiación, tres años para la introducción de la línea de producción de Lucent y dos años para la construcción de la fábrica), la tecnología ya estaba cuatro o cinco generaciones por detrás de la corriente principal internacional cuando se inició la producción en 1997. En ese año, sufrió pérdidas financieras de 35 millones de dólares, y se convirtió en el clásico caso de prepararse para luchar en una guerra del pasado. En la actualidad, los chips comerciales de China siguen dependiendo de copiosas importaciones, y las altas regalías de patentes asociadas con el suministro externo son un gran dolor de cabeza para el régimen chino y sus empresas.

Después del fracaso del Proyecto Microchip 908 para tener éxito en la adaptación local de chips comerciales, China hizo un segundo intento estatal: “Proyecto Microchip 909”. El Proyecto 909 no pudo escapar al viejo problema de “no encontrar un punto de inflexión en la industria del microchip”. Algunos utilizan la siguiente metáfora para describir la situación: calcular el momento, el ángulo y la velocidad adecuados para saltar a un vagón de tren de alta velocidad es una tarea extremadamente difícil.

La fabricación estatal de chips comerciales estatales de China a menudo se basa en la duplicación de la investigación y el desarrollo de chips que se utiliza para el sector militar. El ritmo de la investigación y el desarrollo tampoco puede seguir el ritmo de las tecnologías internacionales maduras, el grado de industrialización es bajo y es difícil preparar productos para la producción en masa, por lo que los costes de desarrollo son enormes y conducen a precios elevados por unidad. Naturalmente, este tipo de chips son comercialmente impopulares.

Después del Proyecto 909, el número de chips importados anualmente por China continúo creciendo. En 2017, China importó chips de memoria por valor de 88.900 millones de dólares, un aumento del 40 por ciento con respecto al año anterior. Para entonces, el desarrollo del chip en China ya había tomado un nuevo rumbo: la adquisición de empresas extranjeras de alta tecnología y con ellas sus patentes, tecnología y líneas de producción; o cazando el personal técnico de empresas extranjeras.

‘Comprar si pueden, o robar si es necesario’: la caída de Fujian Jinhua

Hace veinte años, el Congreso de Estados Unidos estableció su Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China (USCC por sus siglas en inglés) para monitorear las relaciones bilaterales entre China y Estados Unidos. En un informe del 1 de agosto, los medios de comunicación oficiales de la Oficina de Comunicación Internacional de China citaron a Michael R. Wessel, miembro de la USCC, diciendo que “China está involucrada en una ola de compras de firmas internacionales de semiconductores… Lo que no pueden desarrollar por sí mismos, tienen la intención de comprar, si pueden, o robar si es necesario”.

¿Este camino fue fácil? El reciente fracaso de Circuitos Integrados Fujian Jinhua, una de los tres nuevos proyectos de chips de China, dejó tras de sí una “corona de luto” al tomar ese camino.

En el campo de los chips comerciales, existe un producto muy importante llamado memoria dinámica de acceso aleatorio (DRAM por sus siglas en inglés). China no tiene esta tecnología, por lo que el gobierno chino incluyó la I+D y la producción de DRAM entre las prioridades clave para el desarrollo económico. Con este fin, el plan de desarrollo económico de Beijing 2016-2020 identificó tres grandes proyectos de memoria, a saber, el Circuitos Integrados Fujian Jinhua, Hefei Changxin (Memoria Innotron) y Yangtze Memory Technologies bajo el accionista mayoritario Tsinghua Unigroup. Esto llevó a una serie de episodios que involucran a empresas chinas de chips centradas en Micron Technology, una de las principales empresas de fabricación de chips de Estados Unidos.

Tsinghua Unigroup fue el primero en recibir el apoyo del fondo chip del régimen. En 2015, trató de adquirir Micron por 23.000 millones de dólares, pero la fusión no tuvo éxito. En 2016, el Tsinghua Unigroup acogió a cinco ingenieros y directivos de Inotera, una empresa de fundición de DRAM en Taiwán que mantiene relaciones comerciales con Micron. Estas cinco personas transmitieron los secretos corporativos a Tsinghua Unigroup. El caso fue investigado por la Oficina de Inspección del Distrito de Taoyuan de Taiwán en septiembre de 2017, y los cinco fueron procesados por espionaje comercial. Recientemente, Tsinghua Unigroup también se estuvo preparando para adquirir el fabricante de chips francés Linxens de la firma de capital privado luxemburguesa CVC Capital Partners por 2600 millones de dólares. La adquisición aún está pendiente de aprobación por parte de las autoridades francesas.

En comparación con las gestiones de Tsinghua Unigroup, la experiencia de Circuitos Integrados Fujian Jinhua causó mayor sensación en los medios de comunicación de varios países, con la conclusión que Jinhua Company había sido esencialmente estrangulada al nacer. La sensación que rodea a Fujian Jinhua también está relacionada con la tecnología de Micron. La Gran Época reportó muchas historias sobre Fujian Jinhua, que solo serán resumidas aquí.

Fujian Jinhua fue establecido desde cero. Sin embargo, con el apoyo técnico de United Microelectronics Corporation (UMC), así como del régimen chino, se le proporcionaron 40 hectáreas en tierra, y tuvo una inversión total de 5400 millones de dólares solo para su proyecto de la primera fase. Se preparó para iniciar la producción en septiembre de este año con el fin de convertirse en uno de los principales fabricantes de memorias de acceso aleatorio (DRAM). Se dice que después de que la planta se puso en producción, la tecnología de producción de memoria de acceso aleatorio de China estaba solo cinco años por detrás de la de los países desarrollados. Sin embargo, justo cuando Fujian Jinhua se preparaba para celebrar un auspicioso lanzamiento como el primer productor en masa de memorias DRAM de China, la compañía dejó de operar repentinamente. Su sitio web oficial está ahora completamente en blanco, como si las decenas de miles de millones que el gobierno invirtió en el proyecto se hubieran evaporado.

La razón directa de la muerte de Jinhua fue que a principios de este mes, el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció demandas contra Fujian Jinhua, su compañía asociada UMC, y tres individuos, alegando que las dos compañías habían infringido los derechos de propiedad intelectual y secretos comerciales de Micron. El costo se estimó en 8750 millones de dólares, y todos los implicados fueron acusados de conspirar para cometer espionaje económico. De ser condenadas, las empresas demandadas se enfrentarían a multas de hasta 20.000 millones de dólares.

Al mismo tiempo, el Departamento de Comercio de Estados Unidos anunció una prohibición de Fujian Jinhua que impedía a las empresas estadounidenses vender tecnología y productos a la empresa del gigante asiático. En ese momento, algunos de los equipos de Jinhua comprados en Estados Unidos y Taiwán acababan de llegar y estaban siendo inspeccionados e instalados. Pero una vez que el Departamento de Comercio emitió la prohibición, los proveedores de equipos, piezas y software de semiconductores en Estados Unidos involucrados con Jinhua inmediatamente dejaron de proporcionar soporte técnico a Jinhua y ni siquiera respondieron a llamadas telefónicas o correos electrónicos. Mientras tanto, el socio taiwanés de Jinhua, UMC, recibió una nota de la Oficina de Comercio Internacional de Taiwán, y también suspendió la cooperación con Jinhua. Ahora parece que aparte de la inversión del régimen, Jinhua literalmente no tiene nada más. Una vez que su fuente de tecnología utilizada con anterioridad fue interrumpida, se convirtió en un “proyecto sin terminar”.

Entre los tres taiwaneses demandados por el Departamento de Justicia, uno era el director ejecutivo de Fujian Jinhua. Había renunciado en 2015 como presidente de una sucursal de Micron para trabajar en UMC y sirvió como intermediario entre UMC y Jinhua. Otra persona era un antiguo miembro del personal técnico de Micron que también renunció a trabajar en UMC. Antes de dejar Micron, descargó una gran cantidad de datos técnicos de Micron. Según un informe reciente de la revista taiwanesa “CommonWealth”, a finales de 2017, la fiscalía del distrito de Taichung encontró pruebas de su robo durante una inspección de la empresa. A cambio de una sentencia reducida, la persona se convierte más tarde en “testigo de cargo”, por lo que UMC se convierte en el acusado. Este caso está siendo juzgado en la actualidad.

De la sustitución de importaciones a la competencia en los mercados de alta gama: el quid de la guerra comercial entre China y Estados Unidos

En términos superficiales, los tres principales proyectos chinos de tecnología de la memoria que comenzaron en 2016 tienen el mismo aspecto que los anteriores “Proyecto Microchip 908” y “Proyecto Microchip 909”, que fueron ambos esfuerzos para desarrollar la industria del chip. Sin embargo, los objetivos y métodos del nuevo proyecto de memoria son completamente diferentes, y es precisamente esta diferencia la que provocó una batalla por el microchip entre China y Estados Unidos. En pocas palabras, el antiguo proceso de ingeniería de microchips imitaba la antigua tecnología utilizada por las empresas occidentales, mientras que el nuevo proyecto de chips intenta robar las perspectivas de futuro de estas empresas.

El objetivo del “Proyecto Microchip 908” y del “Proyecto Microchip 909” era básicamente implementar la adaptación local de la producción de chips, o una forma de sustitución de importaciones. Su método consistía en comprar tecnología y equipos de segunda clase del extranjero para proveer productos para el mercado nacional, pero esto trajo consigo la competitividad de la exportación.

El nuevo proyecto de memoria, por el contrario, tiene como objetivo no solo utilizar productos para el mercado nacional, sino también sacarle el jugo a las acciones de las empresas estadounidenses en el mercado mundial. Para lograr este objetivo, el proyecto no podía basarse únicamente en la importación de tecnología extranjera de segunda clase, sino que también debía apuntar a la tecnología de gama alta. Así que el único método disponible es “comprar si pueden, robar si es necesario”. En cuanto a Estados Unidos, lo que China busca en su guerra de chips no es solo la tecnología de Estados Unidos, sino invadir aún más los derechos de propiedad intelectual y los beneficios de estas tecnologías de alta calidad. Este es uno de los mayores detonantes de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y la arena de los microchips es una de sus batallas más importantes.

El 20 de noviembre, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos publicó su último informe de investigación de la Sección 301 sobre China, una versión actualizada del informe de investigación 301 de este mes de marzo. El nuevo informe de noviembre subraya las posiciones centrales de Estados Unidos en la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Después de la publicación del informe de marzo, aunque China y Estados Unidos realizaron varios conversaciones de alto nivel, el país asiático no hizo ningún ajuste o compromiso en respuesta a las preocupaciones de Estados Unidos y que fueron puntos clave de importancia, entre las cuales, se destacan la transferencia de tecnología y las cuestiones de protección de la propiedad intelectual.

La propaganda estatal china en el extranjero describió el informe como una lista de los “cuatro crímenes mayores” de China, de los cuales el número uno fue que China continúa infiltrándose en las redes comerciales de las empresas estadounidenses y robando secretos comerciales, propiedad intelectual y datos tecnológicos a gran escala. El cuarto punto se refiere a los medios injustos del régimen chino para estimular a las empresas y al capital chino a comprar empresas estadounidenses, obteniendo así tecnología avanzada y propiedad intelectual. Las preocupaciones planteadas en algunos puntos quedaron plenamente demostradas en la guerra del chip entre China y Estados Unidos.

En la era de la información, la economía moderna se caracteriza por la creciente importancia de la propiedad intelectual. Actualmente, el 40 por ciento del producto interno bruto (PIB) de Estados Unidos está relacionado con la propiedad intelectual. Puede decirse que el quid de la competencia económica entre los principales países en el siglo XXI es la competencia en el ámbito del conocimiento. La competencia en la economía de la información requiere una enorme cantidad de capital de riesgo. Los beneficios de la propiedad intelectual no solo cubren los beneficios de una inversión exitosa en I+D, sino también los costos asociados a las inversiones fallidas. En todas las inversiones en I+D, la proporción de fracasos suele superar el 70 por ciento. Sin fracasos frecuentes, no hay posibilidad de éxito. Si las inversiones fallidas en I+D no pueden compensarse con la comercialización de proyectos exitosos, los futuros emprendimientos se verán sofocados.

Los funcionarios y las empresas chinas se quejan a menudo de que las tasas por el uso de la propiedad intelectual occidental superan los costos directos de I+D de la tecnología. Esta percepción proviene de las limitaciones de la visión china. Hasta ahora, China no dispone de mucha I+D de alto nivel respaldada por capital riesgo basado en el mercado. Las autoridades chinas  consideran a menudo que la I+D es una cuestión de interés nacional, y que debe ser financiada por bancos de propiedad estatal.

Por lo tanto, las empresas que fracasen en el proceso de I+D no se declararán en quiebra. Una ventaja de la investigación y el desarrollo de alta tecnología patrocinada por el Estado es que el dinero es “más perezoso”: el personal investigador no tiene que jugar con su propio futuro profesional y no experimenta muchas noches de insomnio dedicadas a la investigación.

Las desventajas del ‘Estado pagador’ también son evidentes. En primer lugar, la gestión burocrática es ineficiente, y los burócratas administrativos no apostarán sus carreras por una investigación y desarrollo de alta tecnología que tenga una alta probabilidad de fracaso. Son naturalmente cautelosos y hacen las cosas sin prisas. En segundo lugar, los burócratas administrativos y científicos en puestos de toma de decisiones no tienen la visión que posee el personal de I+D de primera línea y no pueden ver claramente la dirección del desarrollo tecnológico.

A partir de esto, podemos responder a las cuestiones planteadas en la primera sección de este artículo. ¿Por qué el sistema estatal chino no permite la adaptación local de los chips comerciales? Sin duda, si la utilización del sistema estatal (régimen) pudiera resolver el problema de cómo ponerse al nivel de la tecnología de los países desarrollados en el ámbito comercial, la Unión Soviética no habría colapsado, y China no habría tenido que llevar a cabo su reforma y apertura.

La guerra de microchips entre China y Estados Unidos demuestra que el gobierno de Estados Unidos sabe muy bien que China no sólo está detrás de las ganancias que se obtendrán copiando a las empresas estadounidenses de propiedad intelectual, sino que también espera gastar sumas mínimas “quitando” tecnología y utilizándola para aplastar a las empresas estadounidenses y dañar los cimientos de la economía de la información estadounidense. Esta es la razón fundamental por la que el gobierno de Estados Unidos monitorea tan de cerca el tema de la violación de la propiedad intelectual en la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Mientras tanto, el gobierno chino insiste en guardar silencio sobre el tema, dando solo declaraciones generales y nunca negociando sobre casos específicos.

Esto puede deberse a que hay tantas actividades de este tipo que están ocurriendo en este momento mientras lees esto. En este sentido, el gobierno y las empresas chinas siguen manteniendo su última esperanza. Tal vez, cuando haya más casos como el de Fujian Jinhua, y las fusiones y adquisiciones o el robo directo se vuelvan más difíciles, solo entonces China entrará en las negociaciones sustanciales sobre cuestiones de propiedad intelectual.

El Dr. Cheng Xiaonong es un estudioso de la política y la economía de China radicado en Nueva Jersey. Se graduó en la Universidad de Renmin, donde obtuvo su maestría en economía, y en la Universidad de Princeton, donde obtuvo su doctorado en sociología. En China, Cheng era investigador de políticas y ayudante del ex líder del Partido Zhao Ziyang, cuando Zhao era primer ministro. Cheng ha sido profesor visitante en la Universidad de Gottingen y Princeton, y se desempeñó como redactor jefe de la revista Modern China Studies. Sus comentarios y columnas aparecen regularmente en los medios de comunicación chinos en el extranjero.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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