La reunión de Xi-Trump en el G-20 será una contienda entre dos sistemas irreconciliables

Por Annie Wu - La Gran Época

Análisis

La reunión programada entre el presidente estadounidense Donald Trump y el mandatario chino Xi Jinping en la próxima cumbre del Grupo de los 20 (G-20) en Argentina, podría ser la única oportunidad para que los dos países resuelvan la actual disputa comercial.

Las tensiones se intensificaron hasta el punto de no retorno. Trump tiene la intención de seguir con su plan de imponer aranceles a todas las importaciones chinas si Beijing no cambia sus prácticas comerciales. El gobierno de Estados Unidos recientemente ha recurrido a medidas adicionales para castigar a China por el robo de propiedad intelectual, por ejemplo, prohibiendo la exportación y llevando a juicio al fabricante chino de chips Fujian Jinhua ante un tribunal federal estadounidense.

Trump indicó que no se echaría para atrás.

“Estoy muy preparado [para las negociaciones del G-20], me estuve preparando para ello toda mi vida”, declaró a los periodistas la semana pasada.

Las autoridades chinas, aparentemente dispuestas a negociar, han hecho algunas concesiones en el período previo a la cumbre del G-20, como la aprobación a la aseguradora Allianz, con sede en Alemania, para establecer la primera filial totalmente extranjera que opera en China.

El logotipo de la aseguradora alemana Allianz aparece en los edificios de oficinas de la compañía en Berlín, Alemania, el 23 de febrero de 2010. (Sean Gallup/Getty Images)

Sin embargo, mientras que Estados Unidos busca negociar un resultado que pueda beneficiar al pueblo estadounidense y permitir el comercio justo, el Partido Comunista Chino solo está interesado en mantener su poder.

El régimen chino está en crisis. La desaceleración del crecimiento interno –agudizada por los aranceles comerciales de Estados Unidos que provocaron la caída de sus mercados bursátiles y el desplazamiento de la producción fuera de China– está restringiendo la economía del país asiático.

Pero con el régimen autoritario imponiendo un control agobiante sobre cada aspecto de la vida de los ciudadanos, la única manera en que el Partido Comunista puede sofocar el disenso público y justificar su régimen, es permitir que la economía siga creciendo. El Partido podría entonces reclamar el mérito de la prosperidad de China y de la riqueza del pueblo.

Frente a los crecientes problemas económicos que amenazan su legitimidad, el régimen chino puede optar por ceder; pero eso también sería solo una táctica para seguir defendiendo sus propios intereses.

El mercado de consumo interno de China por sí solo, no puede impulsar el crecimiento. Una gran parte de la población sigue siendo pobre o simplemente trata de llegar a fin de mes.

El régimen chino necesita el mercado global –incluidos los dólares de inversión extranjera y la demanda de exportaciones– para mantener su riqueza. Después de unirse a la Organización Mundial del Comercio, China abrió sus mercados a la inversión extranjera. Se convirtió en un gigante manufacturero con los mayores volúmenes de exportación del mundo. Esto permitió mejorar el nivel de vida y desarrollar una especie de clase media. El Partido Comunista Chino puede afirmar que ha permitido que el país asiático se convierta en una superpotencia.

Pero el ADN comunista de Beijing y su historial de manejo de las negociaciones internacionales, indican que China no estaría realmente abierta a adoptar el modelo económico occidental.

Historia en la OMC

A finales de la década de 1990, cuando se estaban llevando a cabo las negociaciones para la adhesión de China a la OMC, Estados Unidos y otros miembros, hicieron una lista de compromisos que China tendría que cumplir para introducir las reformas de mercado, con la esperanza de que liberalizar la economía impulsara al país a convertirse en una sociedad más abierta y libre.

El régimen chino no tenía intención de cumplir con lo acordado. Sin embargo, para asegurar el ingreso de China a la OMC, el ex primer ministro Zhu Rongji expresó que “las reglas son fijas, pero la gente es flexible”. Beijing estudiaría las normas con el fin de encontrar lagunas.

Una joven pareja de chinos camina junto a una valla publicitaria que promueve la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), en una calle de Beijing el 17 de julio de 2001. (GOH CHAI HIN/AFP/Getty Images)

Hasta el día de hoy, los funcionarios de Beijing estudian los modelos económicos y las leyes occidentales, no para cumplirlos realmente, sino con el propósito de aprovecharlos para conveniencia del Partido.

El plan industrial “Made in China 2025”, por ejemplo, se basa en el programa de la “Industria 4.0” de Alemania, una apuesta por convertir a China en una potencia manufacturera de alta tecnología capaz de ganarle participación en el mercado a sus competidores globales. Beijing  impulsó una agenda integral para adquirir conocimientos técnicos a través de ataques cibernéticos, la compra de empresas extranjeras y la caza furtiva de ingenieros y científicos talentosos del extranjero.

El régimen chino violó flagrantemente sus compromisos con la OMC al otorgar subsidios a industrias nacionales y apoyar a las empresas estatales, al tiempo que impulsaba políticas que restringían a las empresas extranjeras, desde presionar a las firmas extranjeras para que transfirieran su PI (propiedad intelectual) a empresas conjuntas nacionales y establecer límites a las empresas de propiedad extranjera.

Ahora China puede decidir abrirse con algunas medidas para aferrarse al único medio de legitimidad que dispone el Partido.

Pero el régimen demostró una y otra vez que no cumple con sus promesas.

Basta con ver el acuerdo cibernético firmado por el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama y Xi Jinping en 2015, en el que prometieron no realizar espionaje cibernético comercial entre ellos. Un informe publicado en septiembre por el Instituto Australiano de Política Estratégic,a encontró que China no detuvo tales ataques, sino que se involucró en ataques cibernéticos más específicos y sofisticados que fueron más difíciles de detectar.

“Beijing nunca tuvo la intención de detener el espionaje comercial. Simplemente trató de que no lo descubran”, señaló un investigador de seguridad en el informe.

Apoyo de los ciudadanos chinos

Después de los informes sobre un aumento de empresas estatales chinas que adquieren activos en empresas privadas extranjeras, los requisitos que obligan a que se establezcan organizaciones del PCCh dentro de las compañías, y ejecutivos de los principales conglomerados que renuncian y son encarcelados o investigados por las autoridades chinas, muchos empresarios y ejecutivos del sector privado están nerviosos por la creciente invasión del sector privado por parte del Estado.

Muchos esperan que el enfoque de línea dura de Trump obligue a China a reformarse verdaderamente y abandonar las políticas que favorecen a las empresas estatales y obstaculizan a las privadas.

Como afirmó el analista y comentarista de China, Chen Pokong en una reciente presentación en Internet, hay admiradores de Trump en China continental –desde funcionarios del PCCh más liberales hasta empresarios– que esperan que la presión de Estados Unidos cambie la tendencia contra el sofocante control del Partido.

Un bloguero chino, que se hace llamar “Una espada cortando a través del polvo flotante”, utilizó un ejemplo de la historia antigua de China para implorar a Trump que adopte la postura correcta en las negociaciones del G-20.

Xiang Yu, un poderoso jefe militar, había planeado asesinar a su rival durante un banquete, pero decidió perdonarle la vida al último momento. La decisión fue contraproducente, ya que el rival, Liu Bang, luego invadió su territorio y unió a China bajo la dinastía Han. Avergonzado por la derrota, Xiang se suicidó en la batalla final.

Recurriendo a la alegoría histórica, el bloguero escribió: “Presidente Trump, en Argentina, por favor, termine el trabajo que Xiang Yu no pudo”. En otras palabras, no se ablande con el Partido Comunista Chino.

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