Académico chino describe la reciente represión del Partido Comunista contra blogueros

El investigador de fe cristiana fue interrogado y forzado a dejar su trabajo antes de escaparse de China hacia los EE.UU.

Por Nicole Hao - La Gran Época

Li Baoyang, investigador de una de las universidades más prestigiosas de China, dio un suspiro de alivio cuando llegó a Estados Unidos el 5 de noviembre. Había estado siendo acosado por las autoridades chinas por sus publicaciones en Internet en el marco de una eliminación masiva de blogs que duró 20 días y cerró más de 9800 cuentas.

La magnitud y la duración de la acción fueron anunciadas el 12 de noviembre por la Comisión de Asuntos del Ciberespacio (CAC) del Partido Comunista Chino (PCCh), que monitorea el uso de Internet en China.

Hablando con La Gran Época en una entrevista exclusiva, Li comentó que cuando estuvo en China pensó que tenía un futuro brillante por delante. En junio, Li se graduó con un doctorado en lengua y literatura china en la Universidad Sun Yat-sen, ubicada en Guangzhou al sur de China, una de las diez mejores universidades chinas. Al mes siguiente de graduarse recibió un puesto de investigación en el Instituto de Gestión de Información de la Universidad.

Sin embargo, su propia fe le presentaría desafíos imprevistos a Li. Como cristiano, no confiaba en el Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías de la iglesia controlada por el Partido Comunista, creada para poner a los protestantes chinos bajo la supervisión del régimen.

El 18 de agosto, Li hizo un posteo visible para un círculo de amigos en WeChat expresando su estado de ánimo sobre los cambios en el entorno religioso.

“Una hermana me acaba de decir que no ha ido a la iglesia desde [principios de] agosto porque la iglesia se vio obligada a enarbolar la bandera roja de cinco estrellas [la bandera nacional de la China comunista]”. Li escribió. “Recuerdo que el año pasado fui a la iglesia con mis hijos, pero vi a una mujer de mediana edad de pelo corto en el púlpito predicando valores socialistas. Después de eso, ya no llevo a mis hijos allí”.

Al mes siguiente, el 14 de septiembre, un tutor de investigación llamó a Li para hablar sobre su posteo en WeChat. Dos días después, recibió una advertencia del secretario del Partido que le advirtió que dejara de postear de manera inapropiada en WeChat y en otras redes sociales, como Weibo, el Twitter chino.

Cuando Li preguntó cómo determinar qué era un posteo “inapropiado”, el secretario evitó la pregunta y recalcó: “Si insiste en expresar este tipo de opiniones, ninguna universidad o instituto le dará trabajo”.

Después de esta conversación, las credenciales políticas de Li fueron suspendidas por la universidad.

A finales de mes, el Instituto de Gestión de la Información realizó una reunión de personal. Pero la noche antes del evento el tutor de Li lo llamó, instruyéndole que llamara al secretario del Partido y presentara su renuncia.

El tutor amenazó a Li diciéndole que si no renunciaba, la Universidad añadiría sus puntos de vista políticamente incorrectos a sus registros oficiales de antecedentes, lo que le haría prácticamente imposible encontrar otro trabajo. Li no pudo comunicarse con el secretario del PCCh antes de la reunión.

“Mi tutor habló conmigo varias veces criticándome de una manera como nunca lo había visto en los últimos 17 años”, declaró Li Baoyang. “Sentí que se había cometido una profunda injusticia contra mí, porque todo lo que hice fue hablar con mi conciencia y hablar como alguien con sentido moral. Muchos amigos me dijeron que dije lo que ellos tenían en mente, pero que no se atrevían a expresarlo con palabras”.

Después, las circunstancias de Li empeoraron rápidamente.

En la noche del 26 de octubre, dos hombres desconocidos fueron a la casa de Li. Después de entrar, uno de los hombres lo inmovilizó en su cama mientras que el otro saqueó su habitación exigiendole su teléfono celular y su computadora portátil.

Después de registrar la casa, se llevaron a Li para interrogarlo en una pequeña recámara. Una lámpara brillante apuntaba a su cara. Los hombres revisaban su teléfono mientras exigían respuestas.

“Estaba muy asustado. Nunca había experimentado algo así”, afirmó Li. “Solo era un académico y un profesor. Yo estaba paralizado, no tenía idea de cómo lidiar con la situación que enfrentaba”.

“No me dijeron para qué departamento trabajaban, seguridad nacional o seguridad pública”, expresó Li. Sin embargo, “estaba claro que conocían mis antecedentes”.

En 2012, cuando trabajaba para la Universidad de Zhejiang, la esposa de Li quedó embarazada de un segundo hijo, que en ese entonces era ilegal debido a la política de un solo hijo del régimen chino. Li se vio obligado a dimitir y a su hijo no se le permitió estar inscripto en el registro oficial, lo cual es necesario para acceder a la educación pública y otras formas de participación social.

Los agentes además sabían qué hacía tres años, Li había participado en un desfile para conmemorar a un activista prodemocracia.

A la mañana siguiente, Li fue dejado a un lado de una calle. Descubrió que las fotos de su teléfono habían sido borradas. Un antiguo compañero suyo, empleado en las fuerzas de seguridad del régimen, le notificó que estaba en una lista de personas políticamente sensibles. Por la seguridad de Li, el amigo le aconsejó que se fuera de China.

Una semana después, Li se subió a un avión en Shanghai y partió hacia los Estados Unidos.

Li Baoyang es uno de los ejemplos más recientes de un ciudadano chino común que sufre persecución por emitir su opinión política y de creencia en Internet.

Entre las cuentas de redes sociales eliminadas en masa por la Comisión de Asuntos del Ciberespacio (CAC) se encontraban usuarios destacados con decenas de millones de seguidores.

Después de que la CAC hizo su anuncio el 12 de noviembre, WeChat y Weibo dijeron que habían cerrado más de 200.000 cuentas sospechosas de difundir información “inapropiada” y noticias falsas.

WeChat es operado por Tencent, la compañía de juegos y redes sociales más grande del mundo, y uno de los conglomerados tecnológicos más grandes de China. Sina, que administra Weibo, es uno de los cuatro principales portales de Internet de China con más de 600 millones de usuarios en todo el mundo. Weibo tiene más de 500 millones de usuarios.

Un comentario del medio estatal CCTV enumeró “seis crímenes mayores” asociados con las redes sociales: contenido vulgar y pornográfico, artículos engañosos para hacer clic, difusión de rumores, relaciones públicas fraudulentas, compra de clics y contenido plagiado”.

El periódico Diario del Pueblo controlado por el Partido hizo comentarios similares. En los últimos años, los internautas se vieron desanimados por las duras medidas del PCCh.

Yuan Bin, un analista chino, informó a La Gran Época que el Partido Comunista le teme a los blogs en Internet porque otorgan al ciudadano chino común la oportunidad de ver realidades sobre su sociedad que no se reflejan en la propaganda oficial.

“Diferentes tipos de medios de comunicación generados por los usuarios, especialmente los que se refieren a asuntos de actualidad, se han convertido en poderosas armas para iluminar a los chinos”, remarcó Yuan. “Representan un fuerte empuje contra el sistema autoritario del PCCh”.

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