Capítulo 13: Apropiación de los medios de comunicación

Traducción en partes del libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”

Por La Gran Época

La Gran Época publica aquí entregas traducidas del inglés de un nuevo libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”, del equipo editorial de “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino”.

Tabla de contenidos

Introducción

1. Adoctrinamiento de las masas en países comunistas

2. Infiltración comunista de los medios de comunicación occidentales

3. Tendencia izquierdista entre los periodistas

4. El liberalismo moderno y el progresismo se adueñan de los medios de comunicación

5. La industria del cine: Vanguardia versus tradición

6. Televisión: Corrupción en cada hogar

7. La prensa: Un campo de batalla clave en una guerra total

Conclusión: Recuperar la responsabilidad de los medios de comunicación

***

Introducción

La influencia de los medios de comunicación en la sociedad moderna es enorme y crece diariamente. Permea comunidades de todos los tamaños, tanto locales como globales. Los medios masivos de comunicación evolucionaron de periódicos y revistas a radio, cine y televisión. Con el auge de las redes sociales y el contenido generado por los usuarios, Internet amplió enormemente la velocidad y el alcance de la comunicación audiovisual.

La gente confía en los medios de comunicación para obtener las últimas noticias y análisis. En un océano de información, la prensa tiene influencia sobre qué información ve la gente y cómo la interpreta. La prensa está en una posición de poder para influenciar las primeras impresiones de la gente sobre un tema particular, y así tiene poderes considerables para acondicionar psicológicamente a la gente.

Para las élites sociales, particularmente los políticos, la prensa determina el foco de la opinión pública y sirve como faro unificador para el público. Los temas que cubre la prensa se convierten en asuntos de grave preocupación social. Los asuntos que la prensa no cubre son ignorados y olvidados.

Thomas Jefferson, padre de la Declaración de Independencia y tercer presidente de Estados Unidos, una vez resumió los deberes vitales que la prensa asume en la sociedad: “Si yo fuera a decidir si debiéramos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría un momento en preferir lo último”. [1]

Dado que son la voz de la sociedad, los medios de comunicación pueden salvaguardar la moral o ser un instrumento de la maldad. Su deber es informar la verdad de los grandes acontencimientos que ocurren en el mundo de manera justa, precisa y oportuna. Debe apoyar la justicia y condenar los actos inmorales, promoviendo al mismo tiempo la bondad. Su misión va más allá de los intereses privados de cualquier individuo, empresa o partido político.

En los círculos de noticias occidentales, los medios de comunicación son guardianes de la verdad  y de los valores centrales de la sociedad. Disfruta del estatus elevado de “cuarto poder”. Los periodistas son respetados por su experiencia y sacrificios.

Joseph Pulitzer, editor de prensa  y fundador del Premio Pulitzer, dijo: “Nuestra República y su prensa ascenderán o caerán juntas. Una prensa capaz, desinteresada, solidaria, con inteligencia formada para distinguir lo correcto y valentía para hacerlo, puede preservar esa virtud pública sin la cual el gobierno popular es una farsa y una burla. Una prensa cínica, mercenaria y demagógica con el tiempo producirá gente tan baja como ella. El poder para moldear el futuro de la República estará en las manos de los periodistas de las generaciones futuras”. [2]

Sin embargo, en medio de la decadencia moral de la humanidad, es difícil para los medios de comunicación proteger su virtud y cumplir con sus deberes bajo la presión del poder y la tentación del dinero. En los países comunistas, los medios de comunicación están controlados por el Estado. Estos portavoces del régimen lavan el cerebro de las masas y actúan como cómplices de las políticas comunistas de terror y asesinato.

En la sociedad occidental, la prensa ha sido fuertemente infiltrada por el pensamiento comunista, y se ha convertido en uno de los agentes principales del comunismo que impulsan las tendencias antitradicionales, antimorales y demoníacas. Propaga mentiras y odio, echando leña al fuego de la degeneración moral. Muchos medios de comunicación abandonaron su deber de informar la verdad y resguardar la conciencia moral de la sociedad. Es imperioso que nos despertemos al estado en que la prensa se encuentra hoy, y que se vuelva a incorporar la responsabilidad a este ámbito.

1. Adoctrinamiento de las masas en países comunistas

Desde el principio, los comunistas han considerado a los medios de comunicación como una herramienta de lavado de cerebro. En su escrito “La Liga Comunista” de 1847, Marx y Engels pidieron a los miembros que tengan “energía y fervor revolucionario en la propaganda” [3]. Marx y Engels solían usar términos como “campo de batalla del partido”, “portavoz del partido”, “centro político” o “herramienta para la opinión pública” en sus artículos para expresar las características y funciones deseadas en los medios de comunicación.

Lenin usó los medios como una herramienta para promover, incitar y organizar la revolución rusa. Fundó los periódicos comunistas oficiales Iskra y Pravdato para promover la propaganda y el activismo revolucionarios. Poco después de que el Partido Comunista Soviético tomara el poder, usó a los medios de comunicación para el adoctrinamiento político nacional. En el extranjero, publicó propaganda para mejorar su imagen y exportar la revolución.

El Partido Comunista Chino también considera a la prensa como una herramienta para moldear la opinión pública para la dictadura y como portavoz del Partido y del gobierno. El PCCh está altamente consciente del hecho de que “las armas y las plumas son el apoyo para tomar y consolidar el poder” [4]. Ya en el período de Yan’an, el secretario de Mao Zedong, Hu Qiaomu, postuló el principio “la naturaleza del partido primero”, diciendo que el periódico del Partido “tiene que portar los puntos de vista y entendimientos del Partido en todos los artículos, en cada ensayo, en cada noticia y en cada boletín informativo. […]” [5]

Al establecer su dictadura, el PCCh impuso un control estricto sobre los medios de comunicación, entre ellos, televisión, radio, periódicos, revistas y posteriormente Internet. Los utiliza como herramientas para adoctrinar a los chinos con la ideología comunista, reprimir a los disidentes, intimidar al público, y ocultar o distorsionar la verdad. Los trabajadores de los medios de comunicación son expertos en autocensura, constantemente conscientes de que un solo error puede resultar en consecuencias miserables. La censura no solo permea los canales oficiales de noticias, sino que los blogs personales y las comunidades virtuales también son monitoreados y controlados por un vasto sistema de policía del internet.

Hay una frase contemporánea china que describe vívidamente el rol de la prensa bajo el régimen del PCCh: “Soy el perro del Partido, sentado junto a la puerta del Partido. Morderé a cualquiera que el Partido me diga que debo morder, todas las veces que me lo diga”. Esto no es una exageración. Cada movimiento político comunista comienza con la opinión pública: la prensa divulga mentiras para incitar al odio, lo que termina en violencia y asesinatos. Los medios de comunicación juegan un rol crucial en este mecanismo letal.

Durante la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989, el PCCh afirmó que los estudiantes eran rufianes violentos y que por eso había utilizado al ejército para reprimir el “vandalismo”. Luego de la masacre, afirmó que el ejército no disparó a nadie y que no hubo muertes en la Plaza de Tiananmen [6]. En 2001, a principios de la persecución a Falun Dafa, el régimen montó el supuesto incidente de autoinmolación de Tiananmen para incriminar a dicha práctica espiritual a los fines de encender el odio contra Falun Dafa en toda China y en el mundo. [7]

Los cuadros líderes de los comités en todos los niveles del PCCh dan gran importancia al trabajo de propaganda y destinan una considerable cantidad de personal a esta tarea. A fines del 2010, China tenía más de 1,3 millones de empleados trabajando en el aparato nacional de propaganda, entre ellos, unos 56.000 en departamentos de propaganda a niveles provinciales y de condado, 1,2 millones en las unidades locales de propaganda y 52.000 personas en las unidades centrales de trabajo de propaganda [8]. Estas cifras no incluyen un gran número de empleados que son responsables de monitorear y manipular la opinión en Internet, como la policía del internet, los moderadores, los comentadores controlados por el Partido, y otros contratados para las varias formas de relaciones públicas.

Los países regidos por partidos comunistas, sin excepción, utilizan grandes cantidades de recursos para manipular a la prensa. Años de operación pulieron a los medios de comunicación estatales comunistas para convertirse en portavoces eficientes de sus amos totalitarios, utilizando todo tipo de métodos para engañar y envenenar a la gente.

2. Infiltración comunista de los medios de comunicación occidentales

El siglo pasado fue testigo de una gran confrontación entre el mundo libre y el bloque comunista. Todo el tiempo, el comunismo ha estado infiltrando las sociedades libres. Con este fin, infiltrar y subvertir los medios de comunicación en los países occidentales se convirtió en uno de sus métodos principales. A la luz de la extraordinaria influencia de la prensa estadounidense por todo el mundo, este capítulo se enfoca en Estados Unidos para discutir cómo el espectro comunista se aferra a los medios de comunicación.

Luego de que el régimen soviético tomara el poder en Rusia, intentó establecer su control sobre el discurso público en Occidente, despachando sus agentes para infiltrar los medios de comunicación occidentales y seducir a los simpatizantes comunistas locales. Usó esta gente para elogiar a la Unión Soviética y ocultar la brutalidad del régimen comunista. Los esfuerzos de propaganda soviética persuadieron a gran cantidad de occidentales, influenciando incluso sus políticas de gobierno a favor de la Unión Soviética.

Se sabe la KGB soviética usaba sus agentes en Estados Unidos para trabajar directamente con prestigiosos medios de comunicación estadounidenses. Entre ellos están Whittaker Chambers y John Scott, editores del New York Times; Richard Lauterbach y Stephen Laird de la revista Time, y otros. Ellos usaron sus puestos para mezclarse con políticos, celebridades y jefes de Estado. Además de reunir un amplio rango de inteligencia, también influenciaron decisiones de alto nivel respecto a cuestiones políticas, económicas, diplomáticas, bélicas y otras. [9]

El corresponsal en Moscú de New York Times, Walter Duranty, cubría extensamente la Unión Soviética y ganó el Premio Pulitzer en 1932 por una serie de trece artículos en ese país. No obstante, el excomunista estadounidense Jay Lovestone y el prominente periodista Joseph Alsop creen que Duranty actuaba como espía para la policía secreta soviética. [10]

Durante la hambruna que devastó Ucrania y otras regiones de la Unión Soviética en los años 1932/1933 , Duranty negó que la hambruna siquiera hubiera existido, ni hablar de las millones de personas que estaban muriendo por inanición. Afirmó que “cualquier información de que la Unión Soviética tiene hambruna hoy es exagerada o propaganda maliciosa”. [11]

Al describir las consecuencias de los falsos reportajes de Duranty, Robert Conquest, famoso historiador británico y autoridad académico sobre la historia de la Unión Soviética, escribió en su libro clásico La cosecha del dolor: la colectivización soviética y la hambruna de terror: “Como el periodista más famoso en el periódico más famoso del mundo de ese tiempo, la negación de Duranty de la Gran Hambruna fue considerada como la verdad. No solo engañó a los lectores del New York Times, sino que dado el prestigio del periódico, también influenció las opiniones de incontables personas sobre Stalin y el régimen soviético. Su influencia sin dudas afectó al recientemente electo presidente Roosevelt en su reconocimiento del régimen comunista soviético”. [12]

Hollywood, hogar de la industria de cine estadounidense, también ha sido infiltrado por ideas comunistas y de izquierda e incluso alberga una rama del Partido Comunista. Luego de que Willi Munzenberg, comunista alemán miembro de la Tercera Internacional, ingresara a Estados Unidos, comenzó a implementar los conceptos de Lenin en el desarrollo y producción de cine, usando las películas como una herramienta de propaganda. Atrajo a estadounidenses para que viajasen a la Unión Soviética a estudiar cine y ayudó a que los aprendices ingresaran a la industria del cine. Fue él quien estableció la rama de organización del Partido Comunista en Hollywood.

Paso a paso, la influencia de la Unión Soviética comenzó a decantar. Muchos productores de cine de ese tiempo idolatraban a los soviéticos, y estos sentimientos solo crecieron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se aliaron brevemente en contra de la Alemania Nazi. Un famoso dramaturgo afirmó que la invasión alemana de la Unión Soviética era “un ataque a nuestra patria” [13]. En la película de 1943 Misión en Moscú, se declaró públicamente que “no hay diferencia fundamental entre la Unión Soviética y el Estados Unidos tradicional”. [14]

Además de la Unión Soviética, el régimen comunista chino también se ha beneficiado enormemente de la prensa y los periodistas de izquierda en el mundo libre. Entre ellos se destacan los periodistas estadounidenses Edgar Snow, Agnes Smedley y Anna Louise Strong.

Estrella Roja sobre China, de Edgar Snow, pintaba una imagen brillante de Mao Zedong y otros altos líderes del Partido Comunista Chino, escondiendo sus crímenes y la naturaleza perversa del comunismo de los lectores occidentales. Mao dijo: “Snow es la primera persona que abrió el camino para las relaciones amistosas necesarias para establecer un frente unido”. [15]

Agnes Smedley escribió muchos artículos y libros adulando al PCCh y su liderazgo. Hay una fuerte evidencia de los archivos soviéticos que sugiere que ella era una agente del Conmintern que había trabajado para fomentar una revolución armada en India y recoger inteligencia para los soviéticos [16]. Anna Louise Strong también era admiradora del movimiento comunista chino. El PCCh reconoció a estos tres estadounidenses emitiendo estampillas postales en honor a su “servicio meritorio”.

3. Tendencia izquierdista entre los periodistas

La mayoría de los estadounidenses son escépticos con respecto al rigor periodístico. Las encuestas muestran que el 47% de la gente siente que los medios de comunicación son de tendencia izquierdista. En comparación, solo el 17% piensa que hay una tendencia conservadora [17]. Esto plantea la pregunta: dado que la industria de las noticias es tan competitiva, ¿cómo podría existir un sesgo tan uniforme?

Aunque los periodistas y editores tienen sus propias opiniones políticas y sociales, esto no debe verse reflejado en su reporte de los hechos. Así como la objetividad y la neutralidad son principios fundamentales de la ética periodística, los informes noticiosos no deben estar coloreados con opiniones personales. En base a los principios normales del mercado, si hay un sesgo, el panorama debería equilibrarse con el surgimiento de nuevos competidores más neutrales.

La realidad es más complicada. El libro de 2012, Giro a la izquierda: Cómo la prensa progresista distorsiona la mente estadounidense, del científico político estadounidense Tim Groseclose, utiliza rigurosos métodos científicos para analizar las inclinaciones políticas de los grandes medios de comunicación de Estados Unidos. Sus hallazgos revelaron que la inclinación política promedio de los medios de comunicación de EE. UU. tiende excesivamente hacia el liberalismo moderno y el progresismo –la extrema izquierda para el típico votante. Los “principales” medios de comunicación están aún más a la izquierda que el promedio. [18]

El libro explica que la mayoría de los periodistas y editores son progresistas, que objetivamente hablando, ejercen presión sobre los tradicionalistas en el ámbito. El pequeño número de conservadores que trabajan en medios de comunicación progresistas son considerados “ligeramente malvados o subhumanos”, según Groseclose. Incluso si no se quedan sin empleo, aún no se atreven a ventilar públicamente sus opiniones políticas, y mucho menos promover puntos de vista conservadores en medios impresos o televisión. [19]

La tendencia izquierdista provoca que los estudiantes con posturas conservadoras no se sientan alentados a elegir una carrera en periodismo o a buscar trabajo en un medio de comunicación después de graduarse. La comunidad de periodistas excluye las opiniones que no están alineadas con su tendencia progresista, formando así cajas de resonancia políticas. Los integrantes de esta comunidad se consideran una élite compasiva e inteligente a la vanguardia del desarrollo de la sociedad, al tiempo que miran por encima del hombro a los ciudadanos comunes como si fueran tercos plebeyos.

Pero los grandes medios de comunicación no necesariamente representan la opinión de la mayor parte de la sociedad. La encuesta Gallupp de 2016 así lo demuestra. Según la encuesta, el 36% de los ciudadanos estadounidenses son conservadores, mientras que los progresistas representan algo más del 25% [20]. Es decir, si los medios de comunicación reflejaran con precisión las perspectivas de la mayoría de los ciudadanos, entonces el conjunto de medios de comunicación no tendría tendencia izquierdista.

La inclinación izquierdista de la prensa evidentemente no es el resultado de la voluntad popular. Más bien, proviene de que los actores entre las sombras están impulsando sus motivaciones políticas con la intención de mover todo el sector demográfico hacia la izquierda política. Esto también está explicado en la encuesta antes mencionada: los ciudadanos en su conjunto están cambiando su perspectivas, las cuales son cada vez más liberales y progresistas. En 1966, la brecha entre conservadores y progresistas era del 22%; en 2014 era del 14%; y en 2016 era del 11%. La proporción de conservadores se ha mantenido estable, pero muchos en el medio se han inclinado hacia la izquierda. Los grandes medios de comunicación tienen un rol indiscutible en esta transformación demográfica, la cual, a su vez, sustenta la tendencia ideológica de la prensa.

También hay algunas cuestiones al observar las afiliaciones políticas de los periodistas. En Estados Unidos, los demócratas están asociados con la izquierda mientras que los republicanos tienden hacia la derecha. Según una encuesta de 2014 realizada por el Washington Post, el 28,1% del personal de los medios de comunicación en Estados Unidos eran demócratas, en comparación con solo el 7,1% que se declaró republicano. [21]

La mayoría de las personas que trabajan en los grandes periódicos y estaciones de TV son izquierdistas, ya sean los dueños de estas organizaciones o los periodistas y comentaristas. Su tendencia es obvia. En la campaña electoral para la presidencia de EE. UU. de 2016, cincuenta y siete de los cien periódicos más grandes del país –que en total tienen una circulación de trece millones de copias– apoyaron abiertamente a la candidata demócrata. Solo dos entre los cien, con una circulación de 300.000 periódicos entre ambos, apoyaron al candidato republicano. [22]

¿Por qué los medios de comunicación se inclinan tanto hacia la izquierda? En los años 60, el país fue fuertemente influenciado por la ideología comunista, y los movimiento sociales de izquierda arrasaron con Estados Unidos. Los estudiantes radicales de esa época luego ingresaron a los medios de comunicación, la comunidad académica, la sociedad de clase alta, las agencias de gobierno y la esfera artística, asumiendo así el control del discurso público.

La mayoría de los profesores universitarios son izquierdistas, tal como se analizó en el Capítulo 12. Las facultades de periodismo y literatura, llenas de ideología de izquierda, han puesto a generaciones de graduados bajo su influencia. Los periodistas no reciben buenos salarios, y en cambio se basan en su sentido idealista de tener un propósito elevado para mantenerse en la profesión. Este idealismo se ha convertido en una herramienta para transformar a los medios de comunicación en una base de operaciones de la izquierda.

Junto con la prensa, la industria del cine también está bajo asedio. Hollywood se ha convertido en un bastión de propaganda izquierdista. Mediante el uso de sofisticadas técnicas de producción y narración, los productores izquierdistas promueven ideologías de izquierda, las cuales han llegado a todo el mundo. El tema principal de las películas de Hollywood generalmente parece estar difamando al capitalismo y enfatizando el conflicto de clases, al tiempo que elogia el comportamiento inmoral o el sentimiento antiestadounidense.

El autor Ben Shapiro entrevistó a muchas estrellas de cine y productores de Hollywood y escribió un libro titulado Propaganda en el horario central: La verdadera historia de Hollywood sobre cómo la izquierda se apropió de tu TV. De acuerdo con Shapiro, un famoso productor dijo que en esa profesión, el progresismo es 100% dominante, y que cualquiera que lo niegue está bromeando o mintiendo. Cuando se le preguntó si tener una postura política diferente podría estorbar la carrera de una persona en la industria del cine, respondió: “Absolutamente”.

Un famoso productor admitió abiertamente que Hollywood ha estado vendiendo opiniones políticas progresistas en sus programas. “Ahora mismo hay una sola perspectiva. Y es una perspectiva muy progresista” [23]. El productor de una serie de televisión sobre policías que resuelven crímenes admitió que muestra intencionalmente más blancos en el papel de criminales porque no “quería contribuir a estereotipos negativos”. [24]

Shapiro argumenta que el nepotismo de Hollywood es más ideológico que familiar: los amigos contratan a amigos con la misma ideología. Es impactante lo abierto que es Hollywood para admitir su discriminación contra los conservadores dentro de la industria. Los que hablan de tolerancia y diversidad no tienen tolerancia cuando se trata de respetar la diversidad ideológica. [25]   

4. El liberalismo moderno y el progresismo se adueñan de los medios de comunicación

Walter Williams, fundador de la educación de periodismo y de la primera escuela de periodismo del mundo en la Universidad de Missouri, creó el Credo del Periodista en 1914. Allí se define al periodismo como una profesión independiente que respeta a Dios y honra a la humanidad. Los periodistas deben ser impasibles ante la soberbia de una opinión o la sed de poder. Deben prestar atención a los detalles y ejercitar el autocontrol, la paciencia, la valentía y un constante respeto hacia sus lectores [26]. Sin embargo, después de la década de 1960, el progresismo se volvió prevalente. La promoción de ideas reemplazó a la objetividad. El liberalismo moderno y el progresismo reemplazaron a la imparcialidad.

En La élite mediática, el autor Samuel Robert Lichter escribió que los periodistas tienden a añadir sus propias opiniones y trasfondo educativo en sus artículos sobre temas controvertidos. La mayoría de las personas en las salas de prensa son progresistas, lo que ha inclinado la información de las noticias a favor de la política progresista. [27]

En su investigación sobre la evolución de doscientos años de periodismo estadounidense, Jim A. Kuypers concluyó que los grandes medios de comunicación de hoy son liberales y progresistas tanto en su estructura como en su cobertura de las noticias. Él cita a un editor liberal de un importante periódico diciendo: “Portamos el liberalismo demasiado seguido en nuestras mangas. No toleramos otros estilos de vida ni puntos de vista. No dudamos en decir que si quieres trabajar aquí, debes ser igual a nosotros, debes ser liberal y progresista”. [28]

En otra obra, Kuypers encontró que los grandes medios de comunicación se inclinan mucho hacia el liberalismo moderno en lo que respecta a cubrir temas como raza, reforma de beneficios, protección ambiental, control de armas, entre otros. [29]

La prensa izquierdista estableció su dominación en la ecología de la política estadounidense, y propaga su ideología al cubrir las noticias. En un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal en 2001, el experiodista de CBS Bernard Goldberg escribió: “Los presentadores de noticias de las grandes cadenas son tan tendenciosos que ‘ya ni saben lo qué es una tendencia progresista’”. [30]

La mayoría de las personas en las sociedades occidentales no tienen muchas dudas sobre la veracidad de las noticias creadas y transmitidas por los grandes medios de comunicación. Muchos dan por sentado que los artículos están escritos con objetividad y de manera integral, y que lo citado es un análisis serio de un experto basado en información de fuentes confiables. La prensa izquierdista se aprovecha de la confianza de su consumidor para inocularle su perspectiva ideológica.  

Aunque hoy en día las noticias falsas corren desenfrenadas, en realidad se trata de un fenómeno más bien inusual. Las sociedades libres de Occidente tradicionalmente han puesto énfasis en la necesidad de tener una prensa verídica, objetiva y justa. Por eso, la prensa izquierdista generalmente no difunde noticias falsas para engañar al público abiertamente. Sus métodos son más sutiles y complejos, como se describen abajo.

Cobertura selectiva. Todos los días ocurren decenas de miles de eventos relevantes alrededor del mundo. Pero qué eventos reciben atención o se disipan sigilosamente de la atención pública, está determinado casi completamente por lo que la prensa decide cubrir.

La prensa contemporánea ejerce un gran poder. Debido a la considerable influencia izquierdista entre las muchas organizaciones y personal de prensa, muchas ideas progresistas, tales como la supuesta justicia social, la igualdad y el feminismo se convirtieron en la cultura dominante, mientras que los crímenes del comunismo fueron encubiertos. Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes, dijo una vez: “La izquierda académica, sus medios de comunicación y sus seguidores de Hollywood se rehúsan a confrontar el horroroso historial de la interminable inhumanidad del marxismo”. [31]

La cobertura selectiva puede dividirse en tres categorías. Primero, los eventos son seleccionados solo o principalmente por su utilidad para ayudar a los lectores a aceptar la postura ideológica de la izquierda. Segundo, en vez de informar exhaustivamente sobre el contexto del evento, reportan solo sobre los aspectos que apoyan el punto de vista izquierdista. Por último, la prensa tiende a dar mayor participación a aquellos que se inclinan hacia la izquierda o cuyas declaraciones están de acuerdo con la izquierda, mientras que otras organizaciones e individuos son dejados de lado.

En Una Medición de la Parcialidad de la Prensa, Tim Groseclose escribió: “Por cada pecado de comisión, […] creemos que hay cientos, y tal vez miles, de pecados de omisión –casos en los que un periodista eligió hechos o historias que probablemente solo serán mencionados por un lado del espectro político”. [32]

Establecimiento de intereses. En los años 60, investigadores de los medios de comunicación plantearon la influyente teoría de que la función de los medios es determinar qué temas son apropiados para debatir. Bernard Cohn lo expresó bien: la prensa “podrá no tener éxito la mayor parte del tiempo en decirle a la gente qué pensar, pero tiene un éxito asombroso en decirle a los lectores en qué pensar” [33]. Es decir, la prensa puede determinar la importancia de los eventos en base al número de artículos y artículos de seguimiento que dedican a cierto evento, mientras que temas igual o más importantes pueden ser tratados de manera más resumida o no ser mencionados en absoluto.

El tema de los derechos de los transgénero, a pesar de que concierne a solo una porción muy pequeña de la población, se ha vuelto en punto focal de debate y es un ejemplo de cómo los medios de comunicación establecen con éxito los temas en base a los intereses que representan. Además, que el calentamiento global se haya convertido en un tema importante en el discurso público es el resultado de una conspiración de larga data entre los medios de comunicación y otras fuerzas políticas.

Recorte. Hay muchos temas que son demasiado grandes como para ignorarlos. Los medios de comunicación utilizan el método de recortarlos para imponer el relato. El movimiento de liberación sexual y el Estado benefactor de los años 60 tuvieron como resultado la desintegración de la familia, una mayor pobreza y un aumento de los crímenes. Sin embargo, los izquierdistas utilizan a los medios de comunicación y a Hollywood para describir la imagen de una madre soltera fuerte e independiente, y ocultan los verdaderos problemas sociales detrás de ese fenómeno. Algunos critican a la “supremacía blanca” y atribuyen el mal estado financiero y social de las minorías a la discriminación sistémica. La prevalencia de tales relatos es en su mayor parte el resultado de una colusión entre los medios de comunicación y ciertas fuerzas políticas.

El método de enmarcar los temas se puede observar principalmente en el fenómeno de que las historias preceden a los hechos. En una cobertura objetiva, el escritor resume los hechos y los convierte en una historia. Pero los periodistas y editores ahora suelen tener opiniones prejuiciosas sobre un tema, y al hacer la cobertura, moldean los hechos para que encaje con una historia que valide sus propios prejuicios.

Utilización de la corrección política para implementar la autocensura. La corrección política impregna los medios de comunicación. Sea que esté escrita en la guía de estilo o sea implícita, muchos medios de comunicación tienen normas de corrección política que afectan lo que sea reporta y lo que no, y cómo se lo informa. Debido a las leyes sobre “crímenes de odio” en ciertos países europeos, muchos medios de comunicación de esa región no se atreven a informar sobre los crímenes cometidos por inmigrantes, a pesar de que tales crímenes se han convertido en un grave problema social y amenazan la seguridad nacional de esos países. Los medios de comunicación estadounidenses también se autocensuran cuando se trata de informar sobre crímenes, y suelen omitir el estatus migratorio de los perpetradores.

Calificación de las fuentes conservadoras para neutralizar su influencia. A fin de crear la impresión de una cobertura imparcial, los medios de comunicación progresistas no tienen más opción que informar sobre las opiniones de los conservadores o las organizaciones conservadoras. Pero la prensa generalmente utiliza etiquetas como “conservador”, “derechista” o “derecha religiosa” al citar esas fuentes, y de esa manera implican sutilmente que sus opiniones son prejuiciosas o no son de fiar por el simple hecho de que son conservadoras. Al citar a progresistas o liberales modernos, la prensa suele utilizar títulos neutrales como “académico” o “experto”, sugiriendo así que sus opiniones son imparciales, objetivas, racionales y fiables.

Creación de un léxico para la corrección política. Los medios de comunicación occidentales, junto con grupos políticos y académicos de izquierda, han creado un vasto sistema de lenguaje políticamente correcto. Este ha sido aplicado con tanta frecuencia que ha echado raíces profundas en el inconsciente colectivo, influenciando así al público a un nivel subliminal.

Una vez que la prensa valida una opinión izquierdista, esto se manifestará en todos los aspectos de la sociedad. Un artículo de octubre de 2008 del New York Times, titulado “Las opiniones liberales dominan la escena”, comienza con esta frase: “Durante esta temporada de elecciones, el público de Nueva York podrá ver alrededor de una docena de obras teatrales abiertamente políticas, sobre Irak, la corrupción en Washington, el feminismo o la inmigración; lo que no verán es ninguna perspectiva conservadora”. [34]

Los colores políticos de los medios de comunicación también se ven reflejados en su cobertura del proceso democrático. Los candidatos progresistas tienen una cobertura positiva, mientras que los candidatos que apoyan las perspectivas tradicionales reciben más críticas. Tales coberturas y análisis de “expertos” tienen una gran influencia sobre la población de votantes. Groseclose descubrió que el 93% de los periodistas en Washington, D. C. votaron a los demócratas; solo el 7% votó a los republicanos. Según los cálculos de Groseclose, en una elección típica, la tendencia de la prensa ayuda a los candidatos demócratas en 8-10 puntos porcentuales. Por ejemplo, si la tendencia de la prensa no existiera, John McCain hubiera derrotado a Barack Obama en un 56% contra un 42%, en vez de perder 53 a 46. [35]

5. La industria del cine: Vanguardia versus tradición

Hollywood tiene una tremenda influencia en todo el mundo. Aunque las películas estadounidenses representan menos del 10% de todos los films que se producen en el mundo, las películas de Hollywood reciben el 70% de los espectadores mundiales de cine. No se puede negar que las películas de Hollywood dominan la industria del cine internacional [36]. Como símbolo internacional de la cultura estadounidense, Hollywood ha actuado como un transmisor y amplificador de los valores estadounidenses en todo el mundo –pero se ha convertido en un instrumento para exponer a toda la humanidad a valores distorsionados y antitradicionales.

Hoy en día es difícil para la mayoría de los americanos imaginarse que las familias de los años 30 y 40 no tenían que preocuparse por la influencia negativa de las películas en sus hijos. Pero la industria del cine en aquella época seguía estrictas normas morales.

En 1934, con un fuerte respaldo de las iglesias, la industria del cine presentó el Código para Regular la Realización de Películas con Sonido, Sincronizadas y Mudas, también conocido como el Código Hays. Su primer principio era que no debería producirse ninguna película que rebajara el estándar moral de los espectadores. Nunca se conducirá al espectador a tomar partido por el crimen, el mal o el pecado. El principio del Código Hays sobre el sexo era sostener el carácter sagrado de la familia y el matrimonio: las películas no deben implicar que las formas groseras de relaciones sexuales son normas aceptables. El adulterio, aunque a veces es necesario para la trama de la película, no debe ser justificado, ni presentado de manera atractiva, ni tratado de manera explícita.

Sin embargo, desde los años 50, la liberación sexual ha causado una conmoción cultural y moral. La llegada de la televisión a los hogares estadounidenses provocó una enorme presión de mercado y rivalidad entre productores de cine. Hollywood comenzó a ignorar cada vez más el Código Hays y tampoco tuvo autodisciplina. Por ejemplo, Lolita (1962), adaptada de la novela del mismo título, describe la relación adúltera entre un hombre y su hijastra menor de edad.

Lolita ganó un premio Oscar y un Globo de Oro, y aunque el film recibió críticas tanto positivas como negativas en esa época, hoy en día Lolita tiene una aprobación del 93% en las cuarenta y un reseñas que tiene en Rotten Tomatoes, un sitio web donde los usuarios califican películas y series de televisión estadounidenses. Esto refleja el cambio en la moral social de los tiempos recientes.

Los movimientos de contracultura de fines de los años 60 marcaron el colapso del orden y la moral tradicionales en las producciones de Hollywood. Varias películas icónicas que describen temas de rebelión reflejan el creciente dominio de algo malvado en la industria del cine estadounidense.

Como se ha mencionado en repetidas ocasiones en este libro, una táctica principal del espectro del comunismo es presentar un comportamiento criminal de una manera noble o recta. Bonnie y Clyde es una película de 1967 basada en la historia real de los ladrones del título, que vivieron en la época de la Gran Depresión. En la época de la Gran Depresión, muchas familias se quedaron sin hogar luego de que los bancos ejecutaran las hipotecas de sus casas. Los protagonistas del film expresan un enojo justificado ante este fenómeno, y son presentados como luchadores contra la injusticia social mientras roban bancos y cometen asesinatos.

El film, que presenta algunas de las primeras escenas de violencia explícita de Hollywood, sugiere un relato de justicia al estilo Robin Hood con respecto a dichos crímenes. La pareja de criminales está representada como un hombre apuesto y una mujer hermosa, y son retratados con un sentido de justicia inherente. Mientras tanto, los policías son presentados como si fueran títeres incompetentes en vez de protectores de la ley y el orden. Al final, las muertes de Bonnie y Clyde como resultado del accionar policial tienen un profundo impacto en el público adolescente. Ambos son beatificados como mártires, como si su hubieran sacrificado por una gran causa.

El tema de crimen y violencia que describe el film conmocionó a la sociedad estadounidense en general, y tuvo una gran resonancia entre los estudiantes rebeldes. El actor y la actriz que interpretaron a Bonnie y Clyde aparecieron en la portada de la revista Time. Los jóvenes comenzaron a copiar su estilo de vestimenta, su forma de hablar y su desdén por la tradición y las costumbres. Incluso trataron de imitar la forma de morir de la pareja [37]. Un líder radical de una organización estudiantil escribió un artículo comparando a Bonnie y Clyde con supuestos héroes como el líder guerrillero Che Guevara y Nguyễn Văn Trỗi, un terrorista del Vietcong [38]. Una organización estudiantil radical declaró: “No somos potenciales Bonnie y Clydes, somos Bonnie y Clydes” [39].

Además de embellecer el crimen, Bonnie y Clyde presentó un nivel de violencia y sexo sin precedentes. Sin embargo, el film fue de todos modos aclamado por la crítica, fue nominado a diez premios Oscar y ganó dos. Hollywood se había desviado de sus principios tradicionales.

El graduado, estrenada a fines de 1967, reflejó la ansiedad interior y los conflictos de los estudiantes universitarios de esa época. El film describe a un graduado universitario solitario en una encrucijada de la vida. Los valores tradicionales de la generación de su padre están presentados como si fueran aburridos e hipócritas. En vez de incorporarse a la sociedad estadounidense, acepta las insinuaciones de una mujer casada mayor que él y también se enamora de la hija de esta, quien descubre la aventura. En la boda de la hija con otro joven, el protagonista llega a la iglesia y se fuga con ella. El graduado presenta un revoltijo de rebelión adolescente, líbido descontrolada, incesto y demás temas que reflejan el ambiente confundido y antitradicional de los jóvenes rebeldes. La película tuvo un gran éxito y recaudó muy bien en la taquilla, tanto inmediatamente como en los años siguientes. Con siete nominaciones a los Oscar, de las que ganó una estatuilla, El graduado tuvo reconocimiento en todo Hollywood.

Películas como Bonnie y Clyde y El graduado dieron inicio a la nueva era de Hollywood. A fines de 1968, el Código Hays fue reemplazado con el sistema de calificación de películas moderno. Es decir, se podían distribuir films con todo tipo de contenido, siempre que estuvieran etiquetados con cierta calificación. Esto debilitó considerablemente la autodisciplina moral de la industria del entretenimiento y se desdibujaron los estándares de lo correcto y lo incorrecto. De esta manera, los artistas y los productores y el resto del equipo separaron la moral de sus creaciones, dando rienda suelta al contenido maligno.

El entretenimiento degenerado atrapaba al público con estímulos baratos, emocionantes y fáciles de conseguir. Mientras tanto, los productores cedieron a su codicia a medida que amasaban grandes ganancias.

Las películas son un medio especial con el poder de crear atmósferas absorbentes y personalidades realistas, y así llevar al público hacia el punto de vista del director. Las películas exitosas pueden sumergir al público en el mundo cinemático de tal manera que casi nada puede traerlos de vuelta a la realidad. Estas juegan un inmenso rol en moldear los sentimientos y perspectivas del público, y en manos de personas malignas, llevan a la gente a romper con la tradición.

Un conocido productor de cine dijo: “Los documentales convierten a los ya convertidos. Las películas de ficción convierten a los no convertidos” [40]. En otras palabras, los documentales fortalecen los valores que los espectadores ya tienen, mientras que las películas de ficción utilizan historias fascinantes para entregar un nuevo conjunto de valores a su público incauto. El productor y protagonista masculino de Bonnie y Clyde apoya el socialismo. Su drama histórico de 1981, Rojos, lo hizo ganar un Oscar y un Globo de Oro. En el punto más alto de la Guerra Fría, Rojos cambió el estereotipo del comunista radical a una persona amistosa y relajada. [41]

En otra de sus películas nominadas al Oscar, Bulworth, describe a un candidato presidencial socialista. Mediante su retrato, sugiere al público que el tema central de la política estadounidense es la clase, no la raza [42]. Este film fue un éxito tal que muchos lo instaron a presentar su candidatura a presidente de los Estados Unidos.

Muchas películas tuvieron un impacto inmediato. El día de su estreno, cerca del final de Bonnie y Clyde, se gritaron insultos hacia la policía desde las últimas filas [43]. Después de que se comenzara a usar el sistema de calificación, la primera película calificada como R (menores de 17 años deben ir acompañados de un adulto responsable), Easy Rider (Buscando mi destino), se convirtió en un éxito al instante y contribuyó a la popularidad de la drogadicción. El film sigue las aventuras de dos motociclistas hippies, de pelo largo y traficantes de cocaína, mientras se entregan a la música de rock, los alucinógenos, comunas hippies y burdeles. En la producción de la película se utilizaron drogas reales. Su estilo de vida de indulgencia antisocial, separada de los valores convencionales, se convirtió en el sueño de muchos jóvenes, y convirtió a las drogas en un símbolo de la contracultura. El director admitió: “El problema de la cocaína en Estados Unidos es realmente mi culpa. No había cocaína en las calles antes de Buscando mi destino. Después de Buscando mi destino, estaba por todos lados”. [44]

Desde la implementación del sistema de calificación de películas, Hollywood comenzó a producir en masa películas que mostraban de manera positiva diversos comportamientos degenerados, como la promiscuidad sexual, la violencia, drogas ilegales y el crimen organizado. Un estudio de investigación demostró que las películas calificadas como R acaparaban el 58% de los films de Hollywood producidos entre 1968 y 2005. [45]

El académico estadounidense Victor B. Cline analizó treinta y siete películas que se estrenaron en Salt Lake City en los años 70. Descubrió que el 58% de los films presentaban a la deshonestidad de manera heroica, o el héroe estaba justificado por las circunstancias, y que el 38% de las películas presentaban a la actividad criminal como algo conveniente o como un pasatiempo exitoso y emocionante sin consecuencias negativas. En el 59% de los films, el héroe asesina a una o más personas. El 72% de las heroínas eran retratadas como sexualmente promiscuas a cierto grado. De hecho, una sola película sugería relaciones sexuales normales entre un hombre y una mujer legalmente casados. Solo el 22% de los films presentaban a los protagonistas en un matrimonio que podría ser considerado saludable y razonablemente satisfactorio. [46]

Un argumento común contra la crítica a la violencia y el sexo en las películas es que tales cosas existen en la realidad y que los films solo reflejan la naturaleza de la realidad, y que no tienen un impacto negativo. Pero por las cifras antes mencionadas, se demuestra que eso es falso. Además, muchas películas producidas por izquierdistas de Hollywood naturalmente reflejan sus valores, y a su vez, cambian los valores de la sociedad. De acuerdo con Michael Medved, crítico de cine y exguionista de Hollywood, los revolucionarios sociales de pensamiento progresista en Hollywood están moldeando los valores de la sociedad al atacar la legitimidad de la familia, promover la perversión sexual y glorificar la fealdad. [47]

Otros argumentan que la profusión de contenido moralmente degenerado en la industria del cine se debe meramente al mercado. Pero cualquiera sea el caso, los objetivos diabólicos se están logrando a un grado estremecedor. La velocidad y el poder con el que ha sido usada la industria del cine para derribar la moral pública es impactante. Algunas películas idolatran a bestias o monstruos; aquellas que describen a hombres transformándose en bestias o incluso la zoofilia reciben la aprobación y los halagos de Hollywood. Esto es un reflejo real del punto al que el diablo ha puesto al mundo bajo su mando –la humanidad ha llegado al punto de adorar monstruos.

Estas películas antitradición indagan y reflexionan sobre temas sociales con una complejidad superficial, pero en realidad son excusas para crear un ambiente complejo y vívido en el cual sumergir al público. Una atmósfera cuidadosamente armada permite que el público piense que los estándares morales son circunstanciales. Las malas acciones que la sociedad convencional desaprueba siempre pueden ser racionalizadas de alguna manera, ser tratadas con simpatía o incluso ser mostradas de manera positiva. El mensaje final, implantado en el cerebro de los espectadores, es que no hay una división clara entre lo correcto y lo incorrecto o entre el bien y el mal, que las tradiciones son aburridas y represoras, y que la moral es relativa.

6. Televisión: Corrupción en cada hogar

La televisión se ha convertido en una parte omnipresente de la vida diaria. Ver televisión frecuentemente cambia la cosmovisión de la gente sin que se den cuenta. Una investigación realizada por Media Research Center demostró este punto. Por ejemplo, cuanta más televisión mira la gente, más probable es que esté menos comprometida con las virtudes tradicionales como la honestidad, la confiabilidad y la justicia, y que sus actitudes sean más indulgentes en asuntos relacionados con la moral sexual, como el sexo fuera del matrimonio, el aborto y la homosexualidad.

Si bien el porcentaje de personas que creen en Dios entre aquellos que ven poca o mucha televisión es casi igual –85% y 88% respectivamente–, cuanta más televisión se mira, más difícil es para la persona valorar los principios religiosos. Por ejemplo, cuando en un cuestionario se da a elegir entre “La gente debería siempre vivir bajo las enseñanzas y principios de Dios bajo toda circunstancia” o “La gente debería combinar su moral y valores personales con los códigos morales de Dios”, aquellos que ven más televisión tienden a elegir el segundo.

De estas cifras, puede concluirse en general que la televisión predispone a la gente al relativismo moral.

La televisión se ha convertido en una parte integral de la vida diaria desde los años 50. No solo las series de televisión y las películas tienen un efecto similar en moldear los valores de la gente, sino que los programas de debate, las comedias de situación (sitcoms) e incluso los documentales silenciosamente inculcan a su público todo tipo de ideas distorsionadas a través de una continua repetición día tras día.

Tomemos como ejemplo los programas de debate. A los estudios de televisión les interesa especialmente invitar personas cuyas opiniones o comportamiento contradicen los valores tradicionales o cuyas vidas están cargadas de conflicto, o invitan a “expertos” a discutir asuntos controvertidos sobre moralidad. Los invitados son incentivados a revelar “valientemente” los problemas “profundos” o “complejos” de su vidas personales. El conductor, los expertos o el público en el estudio dan diferentes “opciones” como soluciones a los problemas. Para asegurar la popularidad del programa, generalmente no se emite ningún juicio moral. De esta manera, muchos programas se convierten en un lugar para mostrar comportamientos y perspectivas corruptos y distorsionados. La gente gradualmente llegó a estar de acuerdo con que los valores que solía sostener no se aplican bajo algunas circunstancias especiales, lo que en efecto niega la existencia de los principios universales.

Muchos programas de televisión de horario central están llenos de contenido despreciable y desagradable que es difícil de ver. Algunos conductores de programas, incluyendo a las mujeres, se enorgullecen de decir palabrotas. Bastantes programas adoctrinan a la gente con gustos vulgares y contenido anticultura o antitradición a través del entretenimiento, mientras la audiencia está en un estado de relajación. A medida que pasa el tiempo, la gente ya no se siente alarmada en absoluto e incluso llega a reconocer y apreciar este material, minando así su pensamiento moral.

Las comedias de situación son utilizadas para normalizar valores y comportamientos desviados que en realidad no son comunes en la vida diaria de la gente, al transmitirlos reiteradamente en la televisión.

Ben Shapiro dio un ejemplo con una escena del episodio llamado “El del nacimiento”, que apareció en la popular serie de comedia estadounidense Friends. La exesposa lesbiana de Ross, Carol, está teniendo su bebé. Ross está comprensiblemente preocupado porque su hijo crecerá en una familia lesbiana. Mientras Ross se siente perturbado, Phoebe le dice: “Cuando yo crecí, sabes, mi papá se fue, mi mamá murió y mi padrastro fue a la cárcel, así que apenas tuve suficientes pedazos de padres como para hacer uno completo. Y aquí está este pequeño bebé que tiene como tres padres completos que lo quieren tanto, que se pelean por quién lo amará más. Y ni siquiera nació aún. Simplemente, simplemente es el bebé más afortunado del mundo”.

Ross inmediatamente se siente aliviado y calmado por su perspectiva. Como escribe Shapiro, el episodio retrata “lesbianas embarazadas y hogares de tres padres, no solo como algo normal, sino admirable”. [49]

La medicina moderna ha descubierto que el cerebro humano consiste de cinco tipos diferentes de ondas cerebrales. Dos de ellas son las ondas cerebrales que se encuentran en el estado despierto de conciencia: ondas alfa (α) y ondas beta (β). Cuando la gente está ocupada trabajando, sus ondas cerebrales dominantes son ondas β. Exhiben una habilidad acentuada de analizar y tienden a usar pensamiento lógico. Una persona que está en un debate exhibe predominantemente ondas β. En otras palabras, en el estado en que las ondas β son dominantes, la gente está más alerta y es menos ingenua. No obstante, cuando la gente está relajada y predominan las ondas α, sus emociones asumen el mando y su habilidad analítica se debilita. Cuando la gente mira televisión, no está preparada para pensar seriamente, sino que está relajada y es impresionable. Bajo tales circunstancias, la gente tiene a ser persuadida subliminalmente por los temas y opiniones representados en el programa de televisión.

Investigaciones demuestran que cerca de dos tercios de la programación de los medios de comunicación, incluidos los programas para niños, contienen escenas de violencia. También hay contenido sexual confuso por todos lados en los programas de TV y en las películas. Luego de las clases de educación sexual en las escuelas, la gente joven considera a los medios de comunicación como la segunda fuente más importante para aprender sobre actividad sexual.

Una copiosa cantidad de investigación muestra claramente que el contenido violento en los medios de comunicación insensibiliza a los jóvenes ante la violencia e incrementa las probabilidades de que cometan actos violentos más adelante en su vida. Los medios de comunicación han tenido una muy mala influencia en la juventud, incrementando la tendencia hacia la violencia, la actividad sexual en menores de edad y los embarazos adolescentes. Es dos veces más probable que las niñas que suelen ver programas que contienen representaciones de actividad sexual queden embarazadas en un período de tres años, en comparación con chicas que raramente ven esos programas. Los programas de televisión también incrementan los riesgos de abuso sexual y de involucrarse en comportamiento peligroso. [50]

Una avalancha de contenido pornográfico y sexual ataca directamente a los valores sociales y a la tradición. Como señaló un académico: “Los medios de comunicación son tan persuasivos y están tan llenos de sexo, que es difícil de resistir para cualquier niño, incluso para un crítico. […] Pienso que los medios de comunicación son nuestros verdaderos educadores sexuales” [51]. Debido a la influencia de los medios de comunicación, el sexo fuera del matrimonio, el adulterio y otros comportamientos han pasado a ser considerados parte de un estilo de vida normal –siempre que todas las partes estén de acuerdo, no hay nada de malo.

En el libro Propaganda en el horario central, Shapiro resumió cerca de cien series de TV influyentes de EE. UU. Descubrió que a medida que pasaba el tiempo, estos programas pasaban por todo el espectro de aceptar el progresismo, promover el ateísmo, menospreciar la fe, promover el sexo y la violencia, fomentar el feminismo, aceptar la homosexualidad y la transexualidad, rechazar la moral, rechazar las relaciones tradicionales entre marido y mujer o padre e hijo, promover fuertemente puntos de vista de izquierda y establecer como protagonistas a antihéroes despiadados desprovistos de empatía. Su evolución es un proceso de continua decadencia de los valores morales. Este tipo de vida antitradicional ha tenido una gran influencia sobre la mentalidad del público en general, en particular de los jóvenes. [52]

Muchos de los supuestos shows televisivos ‘musicales’ promueven abiertamente el eroticismo e incluso el comportamiento sexual perverso entre el público joven [53]. Desde que se implementó el sistema de calificación de películas, muchas películas pornográficas pueden venderse siempre que sean catalogadas con una “X”. A medida que se desarrolló la tecnología, estos programas indecentes pasaron de estar ocultos a ser de consumo general, y pueden ser obtenidos fácilmente en Internet, a través de canales de TV pagos y en hoteles.

Los programas de televisión comienzan a contaminar a la gente a edades muy tempranas. Los dibujos animados presentan personajes feos o grandes cantidades de violencia. Otros programas de niños están cargados de temas ocultos de progresismo y liberalismo moderno, como enseñar la homosexualidad como “diversidad cultural”. Usan frases como “Hay solo una persona en el mundo entero como tú” para fomentar el concepto de aceptar a todas las personas sin importar su comportamiento moral. [54]

Ciertamente, pocos productores de Hollywood tuvieron un plan formal para instilar en su público ideologías corruptas. Pero cuando los productores mismos están de acuerdo con conceptos de progresismo y liberalismo moderno, estas ideologías corruptas inevitablemente terminarán en los programas. El plan real es diabólico, y los que trabajan en los medios de comunicación que se apartan demasiado de lo divino se convierten en los peones de la maldad.

7. La prensa: Un campo de batalla clave en una guerra total

La filosofía comunista de lucha no escatima recursos y no respeta ningún límite moral a los fines de alcanzar sus objetivos políticos. En la campaña presidencial de EE. UU. de 2016, el candidato Donald Trump se opuso a la “corrección política” y declaró su defensa de medidas para llevar a EE. UU. de la extrema izquierda a la derecha: un retorno a los valores tradicionales, el Estado de derecho, recortes de impuestos para revitalizar la economía, una renovación de la reverencia y humildad de la gente frente a Dios, entre otros. Su franqueza hizo que los progresistas entraran en pánico. Armados con la prensa dominante, atacaron a Trump con todo su arsenal.

Durante la campaña presidencial, la prensa de izquierda usó varios métodos para demonizar y denigrar deliberadamente a Trump, mientras aislaba a sus seguidores, que fueron descritos como racistas, machistas, xenófobos antiinmigrantes y blancos sin educación. Es decir, la prensa intentó influenciar los resultados de las elecciones manipulando la opinión pública. Con la excepción de un pequeño número de medios de comunicación, casi el 95 por ciento de la prensa predijo reiteradamente que Trump definitivamente perdería. Contra todas las expectativas, Trump derrotó a su rival y fue elegido como presidente de Estados Unidos.

Bajo circunstancias normales, no importa cuán feroz sea la campaña, los diferentes partidos y grupos deberían regresar a sus actividades normales luego de terminadas las elecciones. Lo que es más importante, la prensa debería sostener el principio de justicia, poner los intereses nacionales en primer lugar y mantener el principio de neutralidad al informar. No obstante, después de las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, vimos que los medios de comunicación continuaron con su frenesí de campaña incluso arriesgando su imagen pública.

La mayoría de los medios de comunicación ignoran deliberadamente los logros de la administración de Trump, como la bolsa de valores a niveles récord, lo logros diplomáticos de EE. UU., y la casi total erradicación del Estado Islámico (ISIS). Con la tasa de desempleo en su punto más bajo en los últimos dieciocho años, la economía estadounidense está disfrutando de un resurgimiento. Lo que es más, la prensa está haciendo todo lo posible para incapacitar al gobierno de Trump, formulando acusaciones sin fundamento. Por ejemplo, la prensa suscitó una teoría conspirativa sobre una colusión entre Trump y Rusia, pero una investigación especial no descubrió evidencia alguna para respaldarla. Un informe del Congreso declaró sin ambigüedades que no hubo colusión entre Rusia y Trump. [55]

A los fines de atacar a Trump, la prensa también generó muchas noticias falsas. En diciembre de 2017, un gigante de las noticias por TV tuvo que suspender sin paga a dos destacados periodistas por cuatro semanas y editar su trabajo porque habían inventado informes falsos de que Trump había dado la orden a Michael Flynn de contactar a Rusia [56]. Finalmente, los dos reporteros fueron obligados a dejar la estación de televisión. Este equipo en particular había alcanzado logros destacados, ganando cuatro Premio Peabody y 17 Premios Emmy, pero las noticias falsas les trajeron vergüenza y desgracia.

Cuando el presidente Trump condenó a la infame pandilla MS-13, especialmente a los miembros que habían ingresado a Estados Unidos como inmigrantes ilegales, dijo: “No son gente. Son animales, y tenemos que ser muy, muy duros”. No obstante, los grandes medios de comunicación de EE. UU. inmediatamente lo sacaron de contexto, afirmando que Trump había dicho que los inmigrantes ilegales eran animales.

En junio de 2018, la foto de una niña hondureña llorando circuló ampliamente por los medios de comunicación y en Internet. La pequeña y su madre fueron detenidas por la Patrulla Fronteriza mientras intentaban ingresar ilegalmente a Estados Unidos. La prensa declaró que la niña había sido separada por la fuerza de su madre y aprovechó la oportunidad para criticar las políticas de Trump con respecto a la frontera y su postura de tolerancia cero hacia la inmigración ilegal. Luego, la revista Time combinó la foto de la niña con la foto de Trump en la portada de su revista, y agregó la leyenda “Bienvenida a Estados Unidos” para ridiculizar a Trump. Sin embargo, el padre de la niña luego dijo a la prensa que los funcionarios de frontera no la habían separado de su madre. [57]

De acuerdo con estudios realizados por Media Research Center, en los últimos dos años Trump fue el foco central de los noticieros vespertinos de las tres cadenas de televisión más importantes de EE. UU., ocupando un tercio del tiempo de aire total de las noticias de la noche. En 2017, el 90% de la cobertura sobre Trump fue negativa, mientras que la cobertura positiva fue de solo el 10%. En 2018, la cobertura negativa alcanzó el 91%. El informe concluyó: “Sin duda, ningún Presidente nunca ha sido objeto de una cobertura tan hostil, durante un periodo tan prolongado, como Trump […]”. [58]

Sin embargo, el público estadounidense es cada vez más consciente de las noticias falsas. En una encuesta realizada por la Universidad de Monmouth en abril de 2018, el porcentaje de estadounidenses que sentían que “los grandes medios de comunicación están informando noticias falsas” aumentó del 63% el año pasado al 77% [59]. En 2016, una encuesta de Gallup descubrió que la confianza de los estadounidenses en la prensa había caído a un nuevo piso, con solo el 32% de la gente con una gran o bastante confianza en la prensa, lo que representa ocho puntos porcentuales menos que el año anterior [60]. No es de sorprender que el dueño de un gran medio de comunicación lamentara que “las noticias falsas sean el cáncer de nuestro tiempo”. [61]

Al observar los resultados de las elecciones de EE. UU., se puede ver que la mitad de los estadounidenses apoya a Trump, pero la actitud que toma la prensa es literalmente la de un solo lado. Bajo estas circunstancias anormales, Trump es atacado y demonizado porque defiende fuertemente la restauración de la tradición y sus ideales no pueden coexistir con la ideología antitradicional de la izquierda. Si los ataques de la prensa a Trump son capaces de hacer que el público pierda la confianza en él, esto lograría su objetivo subyacente: evitar que la sociedad retorne a la tradición.

Sin embargo, lo más preocupante es que muchos medios de comunicación se han convertido en catalizadores para magnificar la retórica radical, provocar hostilidad y odio, y polarizar a la población, ampliando así aún más las grietas en la sociedad. La ética básica ha sido desechada y las consecuencias son ignoradas al punto de que se ha vuelto aceptable autodestruirse con el objetivo de causar la desaparición de un oponente. El país ha sido empujado hacia un estado de extremo caos y peligro.

Conclusión: Recuperar la responsabilidad de los medios de comunicación

Si decimos que el espectro del comunismo solo había infiltrado y controlado parcialmente diversas áreas del mundo en el siglo pasado, actualmente el espectro ya rige nuestro mundo –todos los aspectos del mundo humano han sido corrompidos. La inmensa influencia que tienen los medios de comunicación sobre la humanidad ha sido utilizada efectivamente para lavar el cerebro, engañar y corromper la moral humana, causando que la gente inconscientemente se desvíe de la tradición.

En países occidentales, muchos medios de comunicación progresistas o liberales se han convertido en herramientas para ocultar la verdad y engañar a la gente. Muchos han abandonado la ética profesional básica y en cambio recurren a todo tipo de ataques, abusos y difamaciones sin escrúpulos, sin importarles el impacto a la reputación o a la sociedad.

El espectro ha tenido éxito porque se ha aprovechado de las deficiencias humanas: la búsqueda de fama y ganancias, la ignorancia, la pereza, el egoísmo, la simpatía incorrecta, la competencia, etc. Algunos periodistas con aires de superioridad se rebelan contra las tradiciones bajo la fachada de saber la verdad. Algunos se adaptan al ya corrupto “a pedido del público” para tener más audiencia. Algunos se amoldan a los estándares bajos para impulsar sus carreras. Algunos inventan noticias falsas por envidia y hostilidad. Algunos creen en las noticias falsas debido a su ignorancia y pereza. Algunos se aprovechan de la bondad y la simpatía de otros que buscan la justicia social y así inclinan toda la sociedad hacia la izquierda, y recurren a tácticas inescrupulosas para lograr sus objetivos políticos y económicos.

La misión de los medios de comunicación es noble. Deben ser el apoyo mediante el cual la gente obtiene su información sobre los eventos públicos, y también son una fuerza importante para mantener un desarrollo sano de la sociedad. La objetividad e imparcialidad son los requisitos éticos básicos de los medios de comunicación y son la llave de la confianza que la gente tiene en ellos. Reclamar la misión de la prensa y restablecer la gloria del periodismo es la noble responsabilidad de las personas que trabajan en este campo.

Restaurar la misión de los medios de comunicación significa que la prensa debe buscar la verdad. La cobertura periodística sobre la verdad debe ser completa y tener a la honestidad como punto de partida. Al informar sobre cierto fenómeno social, muchos medios de comunicación presentan realidades parciales que suelen ser engañosas y pueden hacer más daño que las mentiras descaradas.

Parte de la misión de la prensa es promover la compasión. La compasión de la prensa no es un abuso de simpatía ni la corrección política. Su objetivo debe ser el bienestar duradero de la humanidad. La solución para la humanidad es no obtener beneficios económicos de corto plazo, no caer en la utopía inventada por los comunistas, sino seguir el camino tradicional establecido por los dioses, elevar sus estándares morales y regresar a su lugar original, el verdadero y maravilloso origen de la vida misma.

La prensa es buena si puede ayudar a la sociedad a valorar y defender la moral, ya que tanto el bien como el mal están presentes en la sociedad humana. La responsabilidad de los medios de comunicación es difundir la verdad, ensalzar la virtud y exponer y restringir al mal.

Al regresar a su misión, la prensa debe prestar más atención a los grandes eventos que afectan el futuro de la humanidad. El último siglo fue testigo de una gran confrontación entre el mundo libre y el bloque comunista. Aunque pareció ser una confrontación ideológica, de hecho fue una lucha a muerte entre lo recto y lo perverso, ya que el comunismo está arruinando la moral que mantiene en pie las civilizaciones de la humanidad. Sin embargo, después del colapso de los regímenes comunistas en Europa del Este, su espectro permanece, aún no derrotado.

En China, un país de antigua cultura, desde 1999 el Partido Comunista persigue a la disciplina espiritual Falun Dafa, la cual se basa en los principios universales de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Esta persecución ha afectado a millones de personas en todo el amplio territorio del país más poblado del mundo; ya han pasado casi dos décadas y se está llevando a cabo con un grado de brutalidad difícil de igualar. Es la mayor persecución a una fe en la historia contemporánea.

La persecución a Falun Dafa es una persecución contra los valores más importantes de la civilización humana y un monstruoso ataque a la libertad de creencia. Sin embargo, su cobertura en los medios de comunicación occidentales ha sido desproporcionadamente débil en relación a la magnitud y la gravedad de los hechos que están aconteciendo. La mayoría de los grandes medios de comunicación han sido influenciados por la presión política del Partido Comunista Chino, se han autocensurado y han permanecido en silencio sobre este asunto de tal gravedad. Algunos de ellos incluso han sido cómplices al ayudar al PCCh a difundir su engaño.

Al mismo tiempo, ha surgido una tendencia que se opone al comunismo y promueve el retorno a la tradición. En China, más de 300 millones de personas han renunciado al PCCh y a sus organizaciones afiliadas a través del movimiento “Tuidang” (Renunciar al Partido). Sin embargo, un fenómeno tan grande, que tiene un gran significado para el futuro de China y el mundo, raramente es mencionado en la prensa occidental.

Hoy, una época en la que el mundo atraviesa grandes cambios, la verdad y los valores tradicionales son más importantes que nunca. El mundo necesita medios de comunicación que puedan distinguir lo correcto de lo incorrecto, que hagan cosas buenas y mantengan la moral pública. Trascender los intereses particulares de individuos, empresas y partidos políticos a fin de presentar el mundo real ante la gente es el deber de cada profesional del periodismo.

Hoy, al enfrentar la decadencia moral en la profesión periodística, es imperativo que los lectores y espectadores distingan conscientemente entre lo correcto y lo incorrecto, y analicen racionalmente la información producida por los medios de comunicación. La gente debe juzgar los asuntos según la tradición moral y considerar los fenómenos sociales desde la perspectiva de los valores universales. Así, el público impulsará a los medios de comunicación a cumplir con su histórica misión. Esta también es la clave para que la humanidad mantenga a raya la influencia del espectro del comunismo y encuentre su camino hacia un futuro mejor.

Referencias

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[9] Matthew Vadum, “Journalistic Treachery,” Canada Free Press, July 1, 2015, https://canadafreepress.com/article/journalistic-treachery.

[10] Marco Carynnyk, “The New York Times and the Great Famine,” The Ukrainian Weekly No. 37, Vol. LI (September 11, 1983), accessed October 5, 2018, http://www.ukrweekly.com/old/archive/1983/378320.shtml.

[11] Robert Conquest, The Harvest of Sorrow: Soviet Collectivization and the Terror-famine (Oxford: Oxford University Press, 1986), 319.

[12] Quoted in Arnold Beichman, “Pulitzer-Winning Lies,” The Weekly Standard, June 12, 2003, https://www.weeklystandard.com/arnold-beichman/pulitzer-winning-lies.

[13] Ronald Radosh, Red Star over Hollywood: The Film Colony’s Long Romance with the Left (San Francisco: Encounter Books, 2005), 80.

[14] Ibid., 105.

[15] Edgar Snow, Random Notes on Red China, Translation by Xi Boquan, (Nanjing: Jiangsu People’s Publishing House, 1991), p. 1.

[16] Ruth Price, The Lives of Agnes Smedley (Oxford: Oxford University Press, 2004), 5–9.

[17] Lymari Morales, “Majority in U.S. Continues to Distrust the Media, Perceive Bias,” Gallup, September 22, 2011, https://news.gallup.com/poll/149624/majority-continue-distrust-media-perceive-bias.aspx.

[18] Tim Groseclose, Left Turn: How Liberal Media Bias Distorts the American Mind (New York: St. Martin’s Press, 2011).

[19] Ibid., “The Second-Order Problem of an Unbalanced Newsroom,” Chapter 10.

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[21] Chris Cillizza, “Just 7 Percent of Journalists Are Republicans. That’s Far Fewer than Even a Decade Ago,” The Washington Post, May 6, 2014,https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2014/05/06/just-7-percent-of-journalists-are-republicans-thats-far-less-than-even-a-decade-ago/?noredirect=on&utm_term=.3d0109901e1e.

[22] “2016 General Election Editorial Endorsements by Major Newspapers,” The American Presidency Project, http://www.presidency.ucsb.edu/data/2016_newspaper_endorsements.php.

[23] Ben Shapiro, “The Clique: How Television Stays Liberal,” Primetime Propaganda: The True Hollywood Story of How the Left Took Over Your TV (New York: Broadside Books, 2012).

[24] Ibid., “Making the Right Cry: How Television Drama Glorifies Liberalism.”

[25] Ibid., “The Clique: How Television Stays Liberal”

[26] Quoted in Jim A. Kuypers, Partisan Journalism: A History of Media Bias in the United States (Lanham: Rowman & Littlefield, 2014), 8.

[27] S. Robert Lichter, et. al., The Media Elite (Castle Rock, Colo.: Adler Publishing Co., 1986).

[28] Kuypers, Partisan Journalism, 2.

[29] Jim A. Kuypers, Press Bias and Politics: How the Media Frame Controversial Issues (Santa Barbara, Calif.: Greenwood Publishing Group, 2002).

[30] Quoted in Kuypers, Partisan Journalism, 4.

[31] Newt Gingrich, “China’s Embrace of Marxism Is Bad News for Its People,” Fox News, June 2, 2018, http://www.foxnews.com/opinion/2018/06/02/newt-gingrich-chinas-embrace-marxism-is-bad-news-for-its-people.html.

[32] Tim Groseclose and Jeff Milyo, “A Measure of Media Bias,” The Quarterly Journal of Economics, Vol. 120, No. 4 (November, 2005), 1205.

[33] Quoted in Maxwell E. McCombs and Donald L. Shaw, “The Agenda-Setting Function of Mass Media,” The Public Opinion Quarterly, Vol. 36, No. 2 (Summer, 1972), 177.

[34] Patricia Cohen, “Liberal Views Dominate Footlights,” New York Times, October 14, 2008, https://www.nytimes.com/2008/10/15/theater/15thea.html.

[35] Groseclose, Preface, Left Turn.

[36] Jonathan Derek Silver, Hollywood’s Dominance of the Movie Industry: How Did It Arise and How Has It Been Maintained?, doctoral dissertation, the Queensland University of Technology (2007), Section 1.4, https://eprints.qut.edu.au/16687/1/Jonathan_Derek_Silver_Thesis.pdf

[37] John Belton, American Cinema / American Culture, 2nd Edition (McGraw-Hill Publishing Company, 2005), Chapter 14.

[38] Todd Gitlin, The Whole World Is Watching: Mass Media in the Making and Unmaking of the New Left (Berkeley: University of California Press, 2003), 199.

[39] Steven J. Ross, Hollywood Left and Right: How Movie Stars Shaped American Politics (Oxford University Press, 2011), 322.

[40] Ibid., 338.

[41] Ibid., 338–39.

[42] Ibid., 352.

[43] Gitlin, The Whole World Is Watching, 199.

[44] Peter Biskind, Easy Riders, Raging Bulls: How the Sex-Drugs-and-Rock ‘N’ Roll Generation Saved Hollywood (New York: Simon and Schuster, 1999), 74.

[45] Ashley Haygood, The Climb of Controversial Film Content, master’s thesis in Communication at Liberty University, May 2007, accessed October 5, 2018, https://digitalcommons.liberty.edu/cgi/viewcontent.cgi?&httpsredir=1&article=1007&context=masters&sei-re.

[46] Victor B. Cline, “How the Mass Media Effects Our Values and Behavior,” Issues in Religion and Psychotherapy, Vol 1, No. 1. (October 1, 1975), https://scholarsarchive.byu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1004&context=irp.

[47] Michael Medved, Hollywood vs. America (New York: Harper Perennial, 1993), 3.

[48] “The Media Assault on American Values,” Media Research Center, accessed October 2, 2018, https://www.mrc.org/special-reports/media-assault-american-values.

[49] Shapiro, “Prologue: How Conservatives Lost the Television War,” Primetime Propaganda.

[50] “The Impact of Media Use and Screen Time on Children, Adolescents, and Families,” American College of Pediatricians, November 2016, https://www.acpeds.org/wordpress/wp-content/uploads/11.9.16-The-Impact-of-Media-Use-and-Screen-Time-on-Children-updated-with-ref-64.pdf.

[51] Congressional Record, Volume 141, Number 146 (September 19, 1995),https://www.gpo.gov/fdsys/pkg/CREC-1995-09-19/html/CREC-1995-09-19-pt1-PgS13810.htm.

[52] Shapiro, Primetime Propaganda.

[53] Libby Copeland, “MTV’s Provocative ‘Undressed’: Is It Rotten to the (Soft) Core?,” Los Angeles Times, February 12, 2001, http://articles.latimes.com/2001/feb/12/entertainment/ca-24264.

[54] Shapiro, “Robbing the Cradle: How Television Liberals Recruit Kids,” Primetime Propaganda.

[55] Erin Kelly, “Speaker Paul Ryan: ‘No Evidence of Collusion’ between Trump Campaign and Russians,” USA Today, June 7, 2018, https://www.usatoday.com/story/news/politics/2018/06/07/paul-ryan-no-evidence-collusion-between-trump-campaign-russians/681343002/.

[56] Julia Manchester, “Trump: ABC Should Have Fired ‘Fraudster’ Brian Ross,” The Hill, December 8, 2017, http://thehill.com/homenews/administration/364061-trump-abc-should-have-fired-fraudster-brian-ross.

[57] Samantha Schmidt and Kristine Phillips, “The Crying Honduran Girl on the Cover of Time Was Not Separated from Her Mother,” Washington Post, June 22, 2018, https://www.washingtonpost.com/news/morning-mix/wp/2018/06/22/the-crying-honduran-girl-on-the-cover-of-time-was-not-separated-from-her-mother-father-says/?noredirect=on&utm_term=.bd08dbdaf5bc.

[58] Rich Noyes, “TV vs. Trump in 2018: Lots of Russia, and 91% Negative Coverage (Again!),” NewsBusters, March 6, 2018, https://www.newsbusters.org/blogs/nb/rich-noyes/2018/03/06/tv-vs-trump-2018-lots-russia-and-91-negative-coverage.

[59] “‘Fake News’ Threat to Media; Editorial Decisions, Outside Actors at Fault,” Monmouth University Polling Institute, April 2, 2018, https://www.monmouth.edu/polling-institute/reports/monmouthpoll_us_040218/.

[60] Art Swift, “Americans’ Trust in Mass Media Sinks to New Low, Politics,” Gallup, September 14, 2016, https://news.gallup.com/poll/195542/americans-trust-mass-media-sinks-new-low.aspx.

[61] Polina Marinova, “New L.A. Times Owner Tells Readers: ‘Fake News Is the Cancer of Our Times,’” Fortune, June 18, 2018, http://fortune/2018/06/18/los-angeles-times-owner/

 
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