La subversión china en Estados Unidos es profunda y de largo alcance

Por Joshua Philipp - La Gran Época

Análisis

Durante décadas, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha estado subvirtiendo a Estados Unidos al infiltrarse, socavar e influir en sus instituciones principales.

Este asunto apenas está saliendo a la luz. El vicepresidente Mike Pence declaró el 4 de octubre: “Beijing está empleando un enfoque de ‘todo el gobierno’ para promover su influencia y beneficiar sus intereses”.

Agregó que el PCCh está trabajando para influir en las elecciones de Estados Unidos y en las políticas nacionales, y que “hoy en día, el Partido Comunista Chino está recompensando o coaccionando a empresas, estudios de cine, universidades, centros de estudios, académicos, periodistas y funcionarios locales, estatales y federales de Estados Unidos”.

Pence hace un gran trabajo dando una visión general del problema, y vale la pena ver su discurso si aún no lo ha hecho. Pero si echamos un vistazo a algunos ejemplos del problema, se vuelve mucho más real.

Censura y robo en las empresas estadounidenses

Con la subversión de los negocios, el PCCh está obligando a las empresas estadounidenses a cumplir con sus programas de censura interna.

El 25 de abril, la Administración China de Aviación Civil del PCCh envió una carta a 36 compañías aéreas extranjeras exigiendo que modificaran las descripciones de “Taiwán”, “Hong Kong” y “Macao” para ajustarse a la propaganda del PCCh. El 5 de mayo la Casa Blanca respondió a esta exigencia con el secretario de prensa diciendo: “Esto es un sinsentido orwelliano, y parte de una tendencia creciente del Partido Comunista Chino de imponer sus puntos de vista políticos a los ciudadanos y las empresas privadas estadounidenses”.

Muchas empresas también aceptan adaptarse a la censura del PCCh. Google y Facebook son ejemplos de ello, ya que aunque están bloqueados en China, hubo ocasiones en que ambos estuvieron de acuerdo en retirar contenido publicado a instancias del PCCh.

También se habló mucho sobre el robo económico chino. Sin embargo, ¿sabía usted que algunas empresas estadounidenses se ven obligadas a entregar a sabiendas su propiedad intelectual para acceder al mercado chino?

Una encuesta realizada por el gobierno de Estados Unidos en 2017 sobre la industria del chip integrado, reveló que 25 empresas se vieron obligadas a formar empresas mixtas con compañías chinas y a transferirles su tecnología. Estados Unidos perdió cerca de 1,2 billones de dólares por el robo de propiedad intelectual, principalmente del PCCh en los últimos tres años, según el periódico The Hill. Ese importe ni siquiera incluye la violación de patentes.

El PCCh incluso acudió a la fuente para este tipo de robo, y según John Jordan, ex oficial superior de inteligencia de la Marina de Estados Unidos, el Ministerio de Seguridad del Estado de China tiene agentes en Silicon Valley asignados para este propósito.

También hay espionaje a los clientes, y esto apunta a nivel de los chips de los dispositivos. Bloomberg afirmó recientemente que el PCCh estaba espiando a nivel de los chips en dispositivos de Amazon y Apple. Sin embargo, los ejemplos de espionaje a través de las amenazas de la cadena de suministro se remontan a mucho antes, e incluyen chips, firmware, apps infectadas, programas de intercambio de datos y otras vulnerabilidades.

La Gran Época ha estado informando sobre esto, desde al menos el año 2010.

Subversión en películas y entretenimiento

Como parte de su enfoque en la “guerra cultural”, el PCCh también subvirtió a Hollywood y a la industria del entretenimiento de Estados Unidos.

La Comisión de Revisión Económica y de Seguridad de Estados Unidos y China informó en octubre de 2015 que “China considera el cine como un componente de control social”, y que cuando se trata de regular el cine, “las preocupaciones del PCCh están por encima de todos los demás intereses”.

Las películas son analizadas por la Administración Estatal de Prensa, Publicaciones, Radio, Cine y Televisión del PCCh, la cual decide si pueden ser proyectadas en China, y los cineastas se están adaptando activamente a las políticas del régimen chino.

Algunos cineastas están accediendo a coproducir películas con la administración estatal, lo que les da más posibilidades de poder entrar en China, pero también garantiza que las películas estén sujetas a las leyes del PCCh sobre películas y censura.

Las leyes de la PCCh sobre películas incluyen los requisitos, entre otros, de que deben tener al menos una escena rodada en China, contratar en el elenco al menos a un actor chino y mostrar “elementos chinos positivos”.

Cualquier cosa que muestre los abusos de los derechos humanos, la pobreza, la vigilancia social totalitaria u otros temas graves del PCCh, no está permitida. Bajo la ley de censura del PCCh, Hollywood tampoco puede mostrar a Estados Unidos o al ejército estadounidense de manera positiva.

Esto es grave si se tiene en cuenta la proporción de la industria cinematográfica estadounidense que pertenece directamente a empresas chinas, por ejemplo, a través del Dalian Wanda Group, o que haya simplemente aceptado trabajar con el PCCh.

Influencia en las universidades y la educación de Estados Unidos

A través de financiamiento, asociaciones de investigación y otros programas conjuntos, el PCCh también logró subvertir a las universidades estadounidenses.

El sitio Foreign Policy informó en mayo: “En las universidades de todo Estados Unidos, la falta de fondos está dejando a los departamentos con pocas opciones más que recurrir a los grupos con los bolsillos más profundos, y China está dispuesta a ofrecer dinero, especialmente a través de su red mundial de Institutos Confucio”.

Sin embargo, este dinero tiene un precio, ya que el PCCh toma el pacto de Fausto como una apertura a la censura y a su influencia.

El sitio Foreign Policy, por ejemplo, señaló que el codirector del Instituto Confucio de la Universidad Estatal de Savannah, participó directamente en la censura de información sobre Taiwán.

También están las Asociaciones de Estudiantes y Académicos Chinos (CSSA por sus siglas en inglés), que a menudo son financiadas y dirigidas abiertamente por los consulados chinos. Las CSSA presionan a los estudiantes chinos y bloquean eventos en las universidades estadounidenses, ajustándose a los programas de censura del PCCh.

En un caso, en la Universidad de California de San Diego en 2017, la CSSA local trató de impedir que el Dalai Lama hablara al comenzar su charla.

El Centro Woodrow Wilson para Académicos Internacionales publicó un informe que documenta casos de funcionarios de la embajada china que tratan de violar sistemáticamente las libertades académicas de Estados Unidos.

Señala: “En las últimas dos décadas, diplomáticos de la República Popular China (RPC) asignados en los Estados Unidos violaron la libertad académica de profesores, estudiantes, administradores y personal de las universidades estadounidenses”.

El PCCh lo hizo al “quejarse a las universidades sobre eventos y oradores invitados; presionando y/u ofreciendo incentivos al profesorado cuyo trabajo involucra contenidos considerados delicados por las autoridades de la RPC” y otros métodos, destaca el informe.

A veces, la presión del PCCh incluye amenazas e intimidación de profesores.

Subversión del mundo político

En los centros de estudios, que tienen un papel en la definición de la política gubernamental, el PCCh realizó esfuerzos significativos para promover sus intereses, ya sea a través de la financiación, de asociaciones o de la influencia de los expertos involucrados.

Bill Gertz en The Washington Free Beacon informó el 24 de agosto, que una de las principales agencias de espionaje abiertas del PCCh, el Departamento del Frente Unido, está involucrada activamente en operaciones para influenciar a think tanks en Washington.

Menciona un informe de una comisión del Congreso, que afirma que el PCCh “emplea a decenas de miles de agentes” para promover sus políticas, e incluye “pagar a varios centros de estudio de Washington, con el objetivo de influir en sus acciones y que adopten posturas que apoyen las políticas de Beijing”.

El informe argumenta que el PCCh “trató de influir en el discurso académico sobre China y, en ciertos casos, infringió –y posiblemente violó penalmente– los derechos a la libertad de expresión y asociación, que se garantizan a los estadounidenses y que son protegidos por las leyes de Estados Unidos”.

Como ejemplo, Gertz señala que la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados Johns Hopkins recibe fondos de Tung Chee-hwa, vicepresidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, que dirige el Departamento del Frente Unido.

“El financiamiento para Johns Hopkins provino del grupo sin fines de lucro Tung en Hong Kong, la Fundación de Intercambio China-Estados Unidos, que es un agente chino registrado”, apunta.

Además, Gertz señala que China tiene vínculos con la Brookings Institution, el Atlantic Council, el Center for American Progress, el EastWest Institute, el Carter Center y el Carnegie Endowment for International Peace.

Cuando se trata de los propios expertos, el PCCh los presiona activamente para que se autocensuren. Los analistas que rompen la política de censura del PCCh, incluyendo las graves violaciones de los derechos humanos del régimen, corren el riesgo de ser incluidos en la lista negra de China.

Los principales medios de comunicación están incluso promoviendo activamente la propaganda del PCCh, disfrazadas de inserciones pagadas con la intención de que parezcan noticias legítimas del periódico estatal del PCCh, el China Daily.

En el pasado las inserciones pagadas defendieron las brutales violaciones de los derechos humanos del PCCh, y justificaron su represión contra la libertad religiosa. A veces, las inserciones pagadas corresponden a propósitos más grandes. Esto incluyó inserciones pagadas en The New York Times y otros medios de comunicación, junto con transmisiones pagadas por los medios de comunicación estatales del PCCh en Times Square, para defender la hostilidad militar del PCCh en el Mar Meridional de China.

Parte de esto se llevó a cabo a través de la agencia de noticias Xinhua, a la cual la administración Trump ordenó en septiembre, que se registrara como agente extranjero. Pensemos en esto: los agentes extranjeros interesados en formar la opinión pública de Estados Unidos están pagando a los principales medios de comunicación para que divulguen propaganda.

Esto no solo se relaciona con una política del gobierno del PCCh. También se vincula con su doctrina militar bajo su sistema de las ‘Tres Guerras’: guerra psicológica, guerra legal y guerra mediática.

El objetivo de las ‘Tres Guerras’ es alterar la forma en que la gente interpreta la información, crear bloqueos legales para defender las acciones del PCCh y controlar la exposición de la gente a la información a través de su influencia en los medios de comunicación.

“Las ‘Tres Guerras’ fueron inyectadas en una sección de directrices que ha sido consistente desde al menos la revisión de 1963, la cual dirige el Departamento de Trabajo Político”, según el sitio web War on the Rocks.

El medio de comunicación The Diplomat informó que bajo la doctrina de las Tres Guerras, el PCCh crea “mapas cognitivos” que luego “guían la dirección y el carácter de las operaciones de influencia adaptadas, incluyendo la conversión, la explotación o la subversión”.

Conjuntamente, el departamento de propaganda del PCCh “difunde continuas campañas de gestión de la percepción estratégica interna y externa a través de los medios de comunicación masivos y los canales del ciberespacio para promover temas específicos favorables para la imagen de China en el extranjero”.

Agentes extranjeros y control político

Además de todos estos sistemas para controlar la información, silenciar a los académicos, influir en la política, censurar los medios de comunicación y presionar a los estudiantes, el PCCh también tiene programas para influir más directamente en los círculos políticos de Estados Unidos.

Entre los grupos que están detrás de la subversión del PCCh en los círculos de élite, se encuentra el Comité de los 100. El columnista de La Gran Época Trevor Loudon dijo que el comité “envía regularmente delegaciones de periodistas estadounidenses a China y facilita reuniones con líderes gubernamentales y empresariales de alto nivel”.

Los consulados chinos también ejercen presión directa sobre los políticos estadounidenses, y La Gran Época documentó casos en los que representantes estadounidenses recibieron llamadas del PCCh, intentando presionarlos sobre sus posturas respecto a los abusos de los derechos humanos que comete el régimen chino.

Cognoscenti Group informó que “las operaciones de guerra política y de influencia china se dirigen activamente a gobiernos, organizaciones, grupos e individuos extranjeros para moldear sus percepciones y comportamiento”.

“Impulsadas por sus objetivos políticos, las operaciones de influencia china son una pieza central de la política exterior general y la estrategia militar de la RPC”, afirma.

El Washington Free Beacon informó que “China ha envuelto a muchos exfuncionarios de Estados Unidos como parte de sus esfuerzos de lobby y operaciones de influencia. Gertz dijo que China utilizó medidas coercitivas para que los estadounidenses sirvan a sus intereses”.

Gertz sostuvo en el artículo, que los esfuerzos del PCCh “cambiaron literalmente la dirección de la política exterior estadounidense hacia China”.

El Instituto Proyecto 2049 detalló las operaciones de guerra política del PCCh en un informe de octubre de 2013, el cual dice: “La guerra política es un componente crítico de la estrategia de seguridad y la política exterior china”.

Sobre el significado de esto, dice, “La guerra política busca influenciar las emociones, los motivos, el razonamiento objetivo y el comportamiento de gobiernos, organizaciones, grupos e individuos extranjeros de una manera favorable a los propios objetivos político-militares”.

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