Testigos temen que el régimen chino esté asesinando a uigures por sus órganos

Cuando alguien necesita un órgano, ese día, alguien muere por ello

Por Isabel Van Brugen - La Gran Época

Los uigures detenidos en campos secretos de “reeducación política” en Xinjiang, la región noroccidental de China, podrían estar siendo sometidos a la sustracción de sus órganos para el beneficio económico del Partido Comunista Chino (PCCh), declaró a La Gran Época un excirujano que fue forzado a llevar a cabo el procedimiento en 1995.

Al excirujano Dr. Enver Tohti, a quien su cirujano jefe le ordenó extirpar el hígado y los riñones de un prisionero aún vivo en Urumqi, Xinjiang, hace 23 años, le dijeron que con la operación cumpliría con su deber de “eliminar al enemigo del Estado”.

Al hablar con La Gran Época sobre la escalada de políticas represivas del PCCh hacia las minorías étnicas de Xinjiang, Tohti dijo que cree que “esta [sustracción de órganos] sigue ocurriendo”.

“El PCCh está robando sus órganos”, dijo, refiriéndose a las minorías étnicas de Xinjiang, en su mayoría uigures de habla turca.

Cuando se le preguntó por qué cree que este es el caso, Tohti explicó: “China puede entregar órganos a pedido. Cuando alguien necesita un órgano, ese día, alguien morirá”.

“Más de un millón” de prisioneros –en su mayor parte uigures– continúan detenidos en lo que fueron hasta el 9 de octubre, campos de internamiento extrajudiciales en Xinjiang, según cifras mencionadas por la Comisión Ejecutiva del Congreso de Estados Unidos sobre China y las Naciones Unidas.

Funcionarios del PCCh dicen que las detenciones masivas entre la población de Xinjiang son parte de las medidas del Estado para acabar con “tres fuerzas malvadas” de “extremismo religioso, separatismo y terrorismo” en el país. La mayoría de los uigures y otras minorías étnicas de la región practican el Islam. El PCCh explica que las “amenazas extremistas” hacen que su estricta vigilancia y la detención de uigures y otros grupos minoritarios en la región, sean justificables.

Después de negar la existencia de los centros durante meses, el 9 de octubre las autoridades de Xinjiang pasaron a legalizar oficialmente los campos de internamiento como los así llamados “centros de formación vocacional”, que se utilizarían para “educar y transformar” a los que se considera que están en riesgo de extremismo.

Los comentarios de Tohti llegaron al tiempo que una exdetenida uigur –una ciudadana de Kazajistán de 54 años que fue liberada en septiembre de un campo de Urumqi después de haber estado detenida durante 15 meses– dijera a La Gran Época que el PCCh está dividiendo a los detenidos en los campos en dos grupos: los que tienen familiares en el extranjero y los que no.

Los funcionarios del PCCh están haciendo esto para que puedan “intensificar su negocio de sustracción de órganos, para así matar a los que no tienen a nadie fuera del país, sin que nadie los interrogue o pregunte por ellos”, agregó. La mujer de 54 años habló desde Estambul con la condición de anonimato por temor a su seguridad.

Dijo que a los detenidos que no tienen familiares en el extranjero se les dan uniformes “con números en la espalda” y se les envía al hospital para someterlos a exámenes médicos.

Tohti añadió que tiene sentido que los funcionarios del PCCh separen a la gente en función de sus conexiones en el extranjero, tal vez como una forma de mantener la atención internacional fuera de los asuntos internos de China. “El PCCh sabría que si tocan a los que tienen familia en el extranjero, su familia podría contarle al mundo esos detalles, lo que los pondría en una situación complicada”, dijo Tohti.

Rigurosos exámenes de salud en Xinjiang

A partir de septiembre de 2016, los funcionarios chinos en Xinjiang llevaron a cabo una campaña denominada “Proyecto Popular General de Examen de Salud” o “Proyecto de exámenes físicos para todos”, que ofrecía exámenes médicos obligatorios gratuitos para los residentes de entre 12 y 65 años de edad. Los pacientes fueron forzados a someterse a exámenes del “corazón, ADN, orina y azúcar en sangre usando electrocardiogramas, rayos X y ultrasonidos”, reportó Radio Free Asia (RFA).

“Sospecho que estaban haciendo una compatibilidad de tejidos para construir una base de datos de órganos. Nadie se salvó, era obligatorio”, destacó Tohti. En 2017 se realizaron exámenes de salud similares en el 90 por ciento de la población del Tíbet, reportó Xinhua, la agencia estatal de China.

El pasado mes de diciembre, Dolkun Isa, presidente del Congreso Mundial de los Uigures, expresó su preocupación ante el Parlamento del Reino Unido por la recopilación masiva de datos biométricos.

“Esta información genética también facilita la sustracción de órganos, hace más fácil la comparación de los tipos de sangre y la compatibilidad de las posibles víctimas uigures”, dijo Isa.

Omir Bekli, nacido en Xinjiang y de 42 años de edad, ciudadano de Kazajistán desde 2006, fue llevado a un hospital para someterse a un riguroso chequeo médico antes de ser recluido en una prisión y luego en un campo de “reeducación” en Karamay durante seis meses en marzo del año pasado, donde fue sometido a fuertes torturas diariamente.

Omir Bekli, 42 años, exdetenido en Xinjiang, China. (Cortesía de Omir Bekli)

“Me llevaron a un hospital y me examinaron durante tres horas: me examinaron el ADN, la sangre, los pulmones, el corazón, el riñón […] todo, incluso los ojos. Estaba tan asustado porque todos en Xinjiang saben que el gobierno chino está muy involucrado en la sustracción de órganos –es un secreto a voces”.

“Tenía tanto miedo de que me mataran al instante para sacarme los órganos porque era un chequeo tan detallado y repentino, que era mi mayor temor en ese momento”, señaló Bekli a La Gran Época en una entrevista telefónica desde Estambul, Turquía.

A pesar de sus temores, Bekli cree que es más probable que los que no tienen familiares en el extranjero sean víctimas de la sustracción de sus órganos.

“Nadie sabría lo que hace el PCCh, no habría pruebas. Tal vez los chinos temen que si toman los órganos de los que tienen parientes fuera de China, su secreto podría quedar expuesto al mundo”, remarcó.

Las cifras oficiales no cierran

Decenas de miles de personas son víctimas cada año de la sustracción de sus órganos, según un informe escrito por David Kilgour, David Matas y Ethan Gutmann. La mayoría de las víctimas fueron practicantes de Falun Dafa, según el informe. Falun Dafa es una práctica de meditación de la Escuela Buda que ha sido ilegalmente prohibida y severamente reprimida por el régimen comunista chino desde 1999.

Aunque China prometió en 2015 dejar de sustraer órganos de prisioneros ejecutados y únicamente depender de las donaciones de órganos “voluntarias”, un informe de 2018 del Centro de Investigación de Trasplantes de Órganos de China (COTRC por sus sigla en inglés), con sede en Nueva York, reveló que “el número de donaciones voluntarias dista mucho de ser suficiente para abastecer el volumen de trasplantes a petición que se está realizando en la actualidad”. A pesar de la diferencia entre las donaciones de órganos y los trasplantes, China sigue negando las afirmaciones de que está utilizando a su población de presos no ejecutados para los trasplantes de órganos.

Según el informe, el país pasó de no tener un sistema de donación de órganos a establecer uno en marzo de 2010. A finales de 2017, el sistema contaba con 373.546 donantes registrados, que “habrían proporcionado menos de 29 donaciones”, según datos de Estados Unidos en base a la proporción de donaciones realizadas por donantes registrados.

Además del gran volumen de trasplantes, el COTRC informó que los formularios para un trasplante hepático en el Hospital Changzheng de Shanghai en 2006 indicaban tiempos de espera promedio de una semana, siendo el más corto de cuatro horas.

“Este es el secreto más oscuro de China en este momento. ¿Cómo pueden entregar órganos en cuatro horas? La única explicación lógica es que tienen muchos en un inventario”, enfatizó Tohti.

Vía rápida en el aeropuerto de Xinjiang para el transporte de órganos humanos (Cortesía de Omir Bekli)

“China necesita una excusa para matarlos [a los uigures]. Creo que esa es la razón por la que tanta gente está siendo asesinada sin haber hecho nada”.

¿Adónde van los cuerpos?

Los cuerpos de los uigures que mueren en los campos de “reeducación” nunca se entregan a sus familias, comentaron varias familias uigures a La Gran Época.

Un informe de RFA publicado en junio indicó que los funcionarios de Xinjiang estaban “construyendo rápidamente crematorios con personal de seguridad compuesto por docenas de personas”, y que el sitio web oficial del Cuerpo de Producción y Construcción de Xinjiang incluía hasta 1,520 millones de dólares en licitaciones para que los contratistas construyeran nueve “centros de gestión de entierros”.

Un mes antes, el sitio web oficial del gobierno de Urumqi publicó un anuncio de empleo para “50 agentes de seguridad con un estado de salud superior a la media, en forma física y mental, y excepcionalmente valientes, para trabajar en el crematorio ubicado en el distrito de Saybagh de la ciudad, por un salario de más de 8000 yuanes (1215 dólares) al mes”, informó la RFA.

Mientras Bekli estaba detenido el año pasado, fue testigo de la “urgente y seria” construcción, de lo que él creía que eran centros de cremación subterráneos, “día y noche”.

“El suelo estaba siendo excavado en lo profundo de la tierra con máquinas”, dijo.

“Hace años, cuando la gente moría en la cárcel, sus cuerpos eran devueltos a sus familias para que pudieran realizar rituales islámicos. Pero ahora hemos escuchado que muchas personas han muerto, pero ninguno de sus cuerpos ha sido devuelto”.

“¿Dónde están estos cuerpos? Si no son devueltos a la gente, si no están enterrados, ¿adónde van? Por supuesto que el PCCh está quemando los cuerpos en crematorios”, afirmó Bekli a La Gran Época.

No está claro si los crematorios son meramente para negar los rituales de muerte islámicos a aquellos que mueren en custodia, o si hay un propósito más preocupante.

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