Una corta historia comunista sobre el ‘macartismo’

Por Diana West

Una carta abierta a Brent Bozell, Tucker Carlson, senador John Cornyn, Jerome Corsi, Joseph diGenova, Hugh Hewitt, senador Mitch McConnell, Bill O’Reilly, presidente Donald Trump, Donald Trump Jr., y a todos los conservadores que aún condenan al ‘macartismo’.

¿Que tal si reconsideramos los orígenes del ‘macartismo’ y los entendemos por lo que son: las semillas mismas de nuestra destrucción por parte del marxismo y el desastre colectivo?

Para situarnos en escena, imagine ese periodo post Segunda Guerra Mundial, donde los estadounidenses estaban aún tratando de estimar la profundidad y toxicidad del “pantano” original, que comenzó a hacerse público luego de casi dos décadas de infiltración comunista incontrolada durante la mayor parte de los 30 y los 40. Justo después llega el senador Joseph McCarthy, de 41 años, con esa explosiva lista de casos de seguridad federal, la cual presentó al Senado de EE. UU., el 20 de febrero de 1950.

Nadie se dio cuenta en seguida, pero la llamada Era McCarthy había comenzado. Buenas noticias para los anticomunistas pero catastróficas para los comunistas involucrados en traición a la patria, particularmente dentro de la burocracia federal.

En 2014, M. Stanton Evans, el excelso experto en McCarthy, se propuso tabular una lista de sospechosos de McCarthy —proclamados mártires inocentes en los 50— que se ha verificado que eran comunistas y agentes soviéticos. Él se detuvo a los 50. También recopiló quiénes se habían acogido a la quinta enmienda —testigos que invocaron la quinta enmienda contra la autoincriminación, en vez de responder sobre sus actividades comunistas o de espionaje soviético— y son mucho más de 100 casos.

Los comunistas y agentes soviéticos tenían razón en temer a McCarthy.

El 5 de abril de 1950, el Daily Worker escribió: “Los comunistas están conscientes del daño que el grupo de McCarthy está haciendo”.

El 4 de mayo de 1950, Gus Hall, difunto presidente del Partido Comunista de EE. UU. (1959-2000) —y además candidato a presidente de John Brennan en 1976— escribió: “le pido a todos los miembros del Partido Comunista, y a todos los antifascistas, que se mantengan a la vanguardia en la lucha para librar a nuestro país del veneno fascista del macartismo”.

Nótese que ni el Daily Worker ni Gus Hall son íconos comunes de la derecha, pero extrañamente, los conservadores de hoy –incluso el presidente Trump– continúan rindiendo homenaje a su falsa definición de “macartismo”.

Campaña contra McCarthy

En 1945, Louis F. Budenz, un miembro del Comité Nacional del Partido Comunista y director editorial del Daily Worker, rompió con el comunismo, el partido y el Daily Worker, y regresó a la Iglesia Católica. Con su carga de conocimiento y experiencia, se convirtió en un inestimable testigo y guía sobre el movimiento comunista, tanto el abierto como el clandestino. Él escribió cinco libros esenciales sobre su vida y momentos. En su libro de 1966, “La invasión bolchevique a Occidente”, Budenz se adentra en los orígenes de la campaña contra el difunto McCarthy, quien, dicho sea de paso, tenía solo 48 años cuando murió en 1957.

Budez escribió: “La ‘batalla contra el macartismo’, como se conoce, fue preparada por los comunistas, y bajo su dirección y guía dominó completamente el pensamiento y la acción estadounidenses. La ‘batalla contra el macartismo’ se originó en el plenario o sesión especial de marzo de 1950 del Comité Nacional del Partido Comunista”.

Eso sería justo después de que McCarthy y su “lista” irrumpieran en la escena nacional.

Budenz continúa: “El nacimiento de la ‘batalla’ se informa para beneficio de los camaradas en la edición de mayo de 1950 de Asuntos Políticos [el órgano teórico del Partido Comunista]. Quien ordenó que comenzara la ‘batalla’ fue Gus Hall, luego fugitivo de la justicia que escapó a México luego de ser condenado por conspirar para derrocar al gobierno de EE. UU. En la sesión de marzo del comité nacional comunista, Hall abrió la campaña contra el ‘macartismo’ cuando declaró que ‘los McCarthys’ deben ser puestos ‘en la pila de basura subversiva antiestadounidense a la que pertenecen'”.

“Fueron las órdenes de este agente de Moscú y condenado proponente del derrocamiento violento del gobierno de Estados Unidos, las que ayudaron con el tiempo a controlar el pensamiento estadounidense”.

Incluyendo, lamentablemente, el pensamiento conservador.

En un artículo del 5 de noviembre de 1954 titulado “Entra el senador Joseph McCarthy; Moscú decreta quejas por los derechos”, Budenz se explaya sobre lo que pasó después: “Durante los tres años desde 1950 hasta 1953, leí atentamente cientos de copias del Daily Worker que avivaban las llamas del ataque a McCarthy”.

“Por mi experiencia en la conspiraciones, me di cuenta en 1950 que la histeria organizada de los rojos contra McCarthy y el macartismo pronto pasaría fácilmente a los órganos formadores de opinión no comunistas”.

“En un corto tiempo en comparación, luego de la orden de Gus Hall, lo que los comunistas ordenaron que se dijera sobre McCarthy estaba siendo repetido por destacadas figuras públicas, ciertos periódicos líderes y comentadores de radio y televisión. El mismo método ‘cinta de transmisión’ que había hecho que Estados Unidos traicionase a Polonia, China y otros países, estaba ahora funcionando con éxito para impedir que este país se defendiera a sí mismo”.

Esta es una rara reflexión, la cual expande el entendimiento de todos estos eventos históricos.

La bandera de las ‘libertades civiles’

Budenz continuó diciendo: “Moscú oficialmente echó leña al fuego. En octubre de 1952, Joseph Stalin dio una importante directiva a sus agentes en países no comunistas. Convocó a los comunistas en naciones ‘burguesas’ a ondear la bandera de las ‘libertades civiles burguesas’. Este llamamiento fue correspondientemente publicado aquí en Asuntos Políticos, el órgano teórico comunista oficial, y considerado como una declaración crucial”.

“La arrogancia y deshonestidad de este llamamiento eran obvias a todos los que lo leyeron”.

Por supuesto, ¡ya que no hay ‘libertades civiles’ en el imperio soviético!

Él continúa: “Lo más desafortunado es que muy pocos estadounidenses se molestaron en examinarlo, y eso es cierto incluso para la mayoría de nuestro líderes nacionales. El efecto de este pedido fue una histeria incluso mayor contra el ‘macartismo’ en la prensa comunista, y en consecuencia, entre los amigos y títeres de los comunistas. Todos siguieron la orden de atacar a McCarthy en nombre de las ‘libertades civiles'”.

En “La invasión bolchevique a Occidente”, Budenz también escribió:

“Para el 1 de junio de 1953, el Daily Worker pudo reportar en una editorial, ‘Nuestra cruzada toca profundamente’, que estaba haciendo un tremendo progreso en esta batalla. Muchas organizaciones conservadoras seguían la guía comunista, decía”.

“En el mismo mes—junio de 1953—Asuntos Políticos, el órgano teórico oficial del Partido Comunista, publicó un importante artículo, ‘La anatomía del macartismo’. En ese importante artículo con directivas, se declaraba que esta batalla no era contra un individuo solo sino contra todos los que buscaban declarar al Partido Comunista en Estados Unidos una ‘conspiración’. Tanto éxito tuvo esta campaña, que Estados Unidos hoy en día no puede hacer mucho contra la conspiración comunista en medio de ella”.

Esta misma directiva—en efecto, convertir al ‘macartismo’ en un arma universal contra todas las defensas anticomunistas—sería repetida, como en la diatriba del 17 de marzo de 1954 del Daily Worker “Erradicar el macartismo”, del expresidente del partido William Z. Foster, autor de “Hacia un Estados Unidos soviético”:

“Lo que se desea no es […] una carnada roja y un odio soviético más caballerosos que lo que han estado haciendo tantos en círculos de trabajadores y políticos. Esta línea solo alimenta al macartismo. Todo el programa de belicismo [léase anticomunismo] debe ser derribado y el país debe embarcarse en una política realista de coexistencia pacífica entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Esto por sí solo puede básicamente terminar con la amenaza del macartismo”.

“McCarthy debe ser echado de la vida pública estadounidense completamente”.

“En las próximas elecciones de noviembre, las fuerzas progresistas y de trabajadores deberían derrotar a cada macartito que aparece en cualquier boleta y elegir fuertes candidatos antimacartistas”.

Una cosa debería quedar ahora muy clara. Los órganos y agentes del comunismo sin Dios, ese credo de sangre, servidumbre y dolor, estaban obsesionados con este patriota estadounidense, McCarthy, y la gran tradición anticomunista que tan rápidamente personificó. Ellos sabían que él era una amenaza existencial a su guerra contra nuestra república constitucional.

Y Estados Unidos pestañeó.

El “macartismo”, y no la subversión comunista, fue derrotado.

Por eso hoy, desde todo el espectro político, los estadounidenses continúan acusando al malo y antiguo ‘macartismo’, sin darse cuenta que la orden llegó directo desde Moscú. Qué sonrisa tan grande y feliz debe tener Stalin, donde sea que esté ardiendo.

Diana West es una galardonada periodista y autora de dos libros: “Traición americana: El ataque secreto al carácter de nuestra nación”, y “La muerte de los mayores: Cómo el atraso en el desarrollo de Estados Unidos está derrumbando la civilización occidental”.

Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de La Gran Época.

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