Capítulo 12: Sabotaje a la educación (Parte 1)

Traducción en partes del libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”

Por La Gran Época

La Gran Época publica aquí entregas traducidas del inglés de un nuevo libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”, del equipo editorial de “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino”.

Tabla de contenidos

Introducción

1. El espectro del comunismo en universidades occidentales
a. La severa tendencia izquierdista de los profesores universitarios
b. La reforma del ámbito académico tradicional con la ideología comunista
c. La utilización de nuevos campos académicos para la infiltración ideológica
d. La promoción del radicalismo de izquierda
e. La negación de las grandes tradiciones de Estados Unidos
f. La lucha contra los clásicos de la civilización occidental
g. La monopolización de libros de texto y las humanidades
h. ‘Reeducación’ universitaria: Lavado de cerebro y corrupción moral

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Introducción

La educación juega un rol importante en fomentar el bienestar individual y la realización personal, mantener la estabilidad social y asegurar el futuro de una nación. Ninguna de las grandes civilizaciones en la historia de la humanidad ha restado importancia a la educación.

La meta de la educación es mantener los estándares morales de la humanidad y preservar la cultura que los dioses le concedieron. Es la forma mediante la cual se imparten el conocimiento y el trabajo, y una manera de fraternizar.

Tradicionalmente, quienes tienen una buena educación respetan al Cielo, creen en Dios y aspiran a seguir la virtud de la benevolencia. Ellos poseen un extenso conocimiento de la cultura tradicional y dominan uno o más oficios. Dedicados a sus vocaciones, creen en tratar a otros con bondad. Ellos son los pilares de la sociedad, las élites nacionales y los guardianes de la civilización. Su extraordinario carácter y comportamiento se ganan el favor divino y sus bendiciones.  

Para destruir a la humanidad, el espectro del comunismo apunta a cortar la conexión entre el hombre y los dioses. Por lo tanto, arruinar la educación tradicional es un paso indispensable. El comunismo adoptó diferentes estrategias para atacar y socavar a la educación, tanto en Oriente como en Occidente.

En países orientales que son sede de tradiciones culturales profundamente establecidas, el engaño no es suficiente para embaucar a todo el pueblo. Esto requirió del asesinato sistemático de las élites tradicionales para evitar físicamente que los portadores de la cultura impartan su patrimonio a la generación siguiente, mientras que al mismo tiempo se bombardea al resto de la población con una incesante propaganda.

La historia y las raíces de la cultura occidental son comparativamente simples, lo que le da al comunismo una tierra fértil para contaminar a la sociedad de manera encubierta mediante la subversión y el sabotaje de la educación occidental. De hecho, la corrupción de la juventud occidental es mucho más grave, comparativamente, que la de China.

Durante las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, la constante denigración del candidato conservador por parte de los medios de comunicación, junto con encuestas engañosas realizadas antes de la votación, hicieron que muchos –especialmente los estudiantes universitarios– quedaran conmocionados al anunciarse los resultados de las elecciones.

Luego de la victoria de Donald Trump, surgió un fenómeno ridículo en las universidades de Estados Unidos. Algunos estudiantes sentían tanto miedo, cansancio o trauma emocional por las elecciones que exigieron que se suspendieran las clases y se reprogramaran los exámenes. Con el fin de aliviar a los estudiantes de su estrés y ansiedad, algunas universidades prominentes organizaron varias actividades terapéuticas. Estas incluían jugar con plastilina o bloquecitos, colorear y soplar burbujas. Algunas incluso ofrecieron gatos y perros para que los estudiantes acariciaran y así tuvieran consuelo. Muchas universidades brindaron asistencia psicológica a los estudiantes, organizaron grupos de ayuda y establecieron servicios como “recuperación postelectoral” o “recursos y apoyo postelectoral”. [1]

La ridiculez de que un proceso democrático normal fuera más terrorífico que un desastre natural o un ataque terrorista demuestra el fracaso total del sistema educativo estadounidense. Estudiantes universitarios, que deberían ser maduros y racionales, se volvieron intolerantes e infantiles al enfrentar un cambio y adversidad.

El colapso total de la educación estadounidense es una de las cosas más preocupantes que le han ocurrido al país en las últimas décadas. Es una señal de que el comunismo tuvo éxito en su misión de infiltrarse y corromper la sociedad occidental.

Este capítulo se enfoca principalmente en Estados Unidos como un ejemplo para mostrar cómo el comunismo ha saboteado la educación en las sociedades libres. Los lectores pueden aplicar la misma lógica para deducir cómo se está socavando la educación de manera similar en otros países.

La infiltración comunista en la educación estadounidense se manifiesta en al menos cinco aspectos.

Promover directamente la ideología comunista entre los jóvenes. La ideología comunista se adueñó gradualmente del ámbito académico occidental infiltrándose en importantes campos de estudio tradicionales e inventando nuevas ciencias relacionadas con su influencia ideológica. Literatura, historia, filosofía, ciencias sociales, antropología, derecho, multimedia y otras especializaciones se vieron inundadas de varios derivados de la teoría marxista. La “corrección política” se convirtió en la pauta para censurar la libertad de pensamiento en las universidades.

Reducir la exposición de la generación joven a la cultura tradicional. La cultura tradicional, el pensamiento ortodoxo, la verdadera historia y la literatura clásica son calumniadas y marginalizadas de diferentes maneras.

Bajar los estándares académicos, comenzando desde el preescolar y la escuela primaria. Debido a que el nivel de enseñanza ha descendido gradualmente, los estudiantes de la nueva generación son cada vez menos alfabetizados y tienen menos capacidades para las matemáticas. Tienen menos conocimientos y su capacidad para pensar críticamente está atrofiada. Es difícil para estos estudiantes lidiar con cuestiones claves de la vida y la sociedad de una manera lógica y directa, y les es aún más difícil poder darse cuenta del engaño del comunismo.

Adoctrinar a estudiantes jóvenes con nociones desviadas. A medida que estos niños crecen, los conceptos que les inoculan se vuelven tan fuertes que es casi imposible que los puedan identificar y corregir.

Estimular el egoísmo, la codicia y la indulgencia de los estudiantes. Esto incluye condicionarlos para que se opongan a la autoridad y la tradición, inflar sus egos y su soberbia, reducir su capacidad de entender y tolerar opiniones diferentes, y ser negligentes con su crecimiento psicológico.

El comunismo ha logrado sus objetivos en casi todos esos cinco aspectos. La ideología de izquierda es la tendencia dominante en las universidades de EE. UU. Los académicos con ideas diferentes han sido marginados en sus puestos de enseñanza o tienen prohibido expresar sus perspectivas tradicionales.

Cuatro años de adoctrinamiento intensivo dejan a los graduados universitarios con una predisposición al liberalismo moderno y al progresismo. Son propensos a aceptar el ateísmo, la teoría de la evolución y el materialismo sin pensarlo dos veces. Se convierten en “copos de nieve” de mentes estrechas que carecen de sentido común y quieren un estilo de vida hedonista sin asumir la responsabilidad por sus actos. Les falta conocimiento, tienen una cosmovisión estrecha, saben poco o nada de la historia de Estados Unidos y del mundo, y se han convertido en el objetivo principal para el engaño del comunismo.

A los ojos del mundo, Estados Unidos sigue siendo uno de los países más importantes en cuanto a educación. Durante más de un siglo, Estados Unidos ha sido una superpotencia política, económica y militar. Los fondos que destina a la educación superan por mucho a la mayoría de los países. Después de la Segunda Guerra Mundial, la democracia estadounidense y su riqueza atrajeron a personas talentosas de todo el mundo. Su programa de graduados STEM y escuelas profesionales son las mejores del mundo.

Sin embargo, hay una crisis desplegándose desde adentro. La proporción de estudiantes extranjeros en los programas de graduados STEM excede por mucho a la de estudiantes estadounidenses, y el margen aumenta año tras año [2]. Esto refleja la erosión de la educación primaria, secundaria y terciaria en todo Estados Unidos. Se está haciendo descender el nivel de los estudiantes a propósito. Las consecuencias se ven ante los ojos, y aún hay más.

El agente desertor de la KGB Yuri Bezmenov, del que hablamos en el Capítulo 5, describió a principios de los 80 cómo la infiltración ideológica comunista en Estados Unidos estaba a punto de completarse: “Aun si empezáramos ahora, en este mismo minuto, si empezáramos a educar a [una] nueva generación de estadounidenses, aún nos tomará entre quince y veinte años para volcar la marea de la percepción ideológica de la realidad de vuelta a la normalidad”. [3]

Ha pasado un tercio de siglo desde la entrevista de Bezmenov. Durante este periodo, aun después de que fuéramos testigos de la caída de la Unión Soviética y otros regímenes socialistas en Europa Oriental, la infiltración comunista y su subversión de Occidente no se detuvieron en lo más mínimo. Los elementos comunistas en Occidente pusieron su mira en la educación como objetivo principal. Tomaron el control de las instituciones en todos sus eslabones, diseminaron su influencia en la educación de la familia y promovieron sus retorcidas teorías sobre la educación y la pedagogía.

Es necesario enfatizar que prácticamente todas las personas del mundo, especialmente quienes fueron a la universidad después de los 60, han estado expuestas a la influencia comunista. Las ciencias sociales y humanidades son las más afectadas. La mayoría de la gente en estos ámbitos ha sido adoctrinada sin darse cuenta, ya que solo unas pocas personas promueven intencionalmente la ideología comunista. Aquí exponemos los objetivos comunistas para que la gente pueda identificarlos y alejarse de ellos.

1. El espectro del comunismo en universidades occidentales

a. La severa tendencia izquierdista de los profesores universitarios

Una de las causas más importantes para que los estudiantes adopten la ideología socialista o comunista, o para que sean influenciados por ideologías radicales como el feminismo y el ambientalismo (del cual trataremos más adelante en este libro), es el hecho de que una gran proporción del profesorado de las universidades universitarias tienen tendencia de izquierda.

En un estudio de 2007 titulado “Perspectivas sociales y políticas de profesores estadounidenses”, entre los 1417 profesores universitarios encuestados, el 44,1% se consideró progresista, el 46,1% moderado y solo el 9,2% conservador. Entre ellos, la proporción de conservadores en tecnicaturas fue un poco más alto (19%) y la de progresistas fue un poco menor (37,1%). En Institutos de Arte, el 61% del cuerpo docente era progresista, mientras que los conservadores eran solo el 3,9%. El estudio también notó que los profesores que estaban cerca de jubilarse eran izquierdistas más incondicionales que los nuevos profesores. En el grupo de 50-64 años, el 17,2% se proclamó como activistas de izquierda. El estudio también señaló que la mayoría de los profesores apoyaban la homosexualidad y el derecho al aborto. [4]

Estudios posteriores a 2007 también confirman la tendencia izquierdista entre los profesores de universidades de Estados Unidos. Un estudio publicado en Econ Journal Watch en 2016 analizó el estatus de votación registrado de los profesores en los departamentos de historia y ciencias sociales de cuarenta universidades importantes de EE. UU. Entre los 7243 profesores sondeados, había 3623 demócratas y 314 republicanos, una relación de 11,5 a 1. Entre los cinco departamentos analizados, el departamento de historia era el más desparejo, con un ratio de 35 a 1. Comparemos esto con un sondeo similar de 1968: entre los profesores de historia de aquel momento, la proporción entre demócratas y republicanos era de 2,7 a 1. [5]

Otra encuesta de 2016 sobre el cuerpo docente de universidades encontró que la inclinación política del profesorado no era pareja, especialmente en New England. En base a datos de 2014, la encuesta halló que la proporción entre profesores progresistas y conservadores en institutos y universidades de todo el país era de 6 a 1. En New England, la tasa era de 28 a 1 [6]. Un estudio de 2016 del Pew Research Center encontró que el 31% de las personas que habían realizado posgrados tenían posturas progresistas, el 23% tendía hacia el progresismo, solo el 10% tenía una postura conservadora y el 17% tendía hacia lo conservador. El estudio descubrió que desde 1994, la cantidad de gente que había recibido un nivel educativo de posgrado y tenía ideas progresistas había aumentado considerablemente. [7]

Los académicos que asistieron a un seminario del American Enterprise Institute en 2016 dijeron que alrededor del 18% de los científicos sociales de Estados Unidos se describían como marxistas, y solo el 5% se consideraban conservadores. [8]

En una oportunidad, el senador Ted Cruz hizo un comentario sobre la Facultad de Derecho de una prestigiosa universidad a la que asistió. “Había más comunistas declarados [en la facultad] que republicanos”, dijo. “Si [les] pedías que votaran sobre si esta nación debería convertirse en una nación socialista, el 80% de la facultad votaría que sí, y el 10% pensaría que eso era muy conservador”. [9]

El comunismo comenzó a penetrar en la educación estadounidense en el mismo momento en que se arraigó en el país. Desde comienzos del siglo XX, muchos intelectuales estadounidenses han aceptado las ideas comunistas o sus variantes del socialismo fabiano. [10]

El movimiento de contracultura de los 60 produjo un gran número de estudiantes jóvenes antitradicionales. En sus años de formación, estas personas fueron muy influenciadas por el marxismo cultural y la teoría de la Escuela de Frankfurt. En 1973, después de que el presidente Nixon retirara a las tropas norteamericanas de la Guerra de Vietnam, los grupos de estudiantes asociados con el movimiento antiguerra comenzaron a extinguirse, ya que la principal razón de protesta ya no existía. Pero el radicalismo que se formó en estos grandes movimientos estudiantiles no desapareció.

Los estudiantes radicales continuaron con sus estudios en los campos de las ciencias sociales y culturales –periodismo, literatura, sociología, filosofía, educación, estudios culturales, etc. Después de graduarse, comenzaron sus carreras en instituciones que ejercen una gran influencia sobre la sociedad y la cultura, como universidades, medios de comunicación, agencias gubernamentales y organizaciones no gubernamentales. En esos tiempos, principalmente los guiaba la teoría de la “larga marcha por las instituciones” propuesta por el marxista italiano Antonio Gramsci. Esta “larga marcha” apuntaba a alterar las tradiciones más importantes de la civilización occidental.

Herbert Marcuse, filósofo de la Escuela de Frankfurt, era considerado un “padrino espiritual” por los estudiantes occidentales rebeldes. En 1974, afirmó que la Nueva Izquierda no había muerto, “y resucitará en las universidades” [11]. En efecto, la Nueva Izquierda no solo había logrado sobrevivir: su larga marcha por las instituciones fue enormemente exitosa. Tal como lo escribió un profesor radical:

“Luego de la Guerra de Vietnam, muchos de nosotros no queríamos simplemente arrastrarnos de vuelta a nuestros cubículos literarios; asumimos posiciones académicas. Cuando terminó la guerra, perdimos nuestra visibilidad, y por un tiempo pareció –para los poco observadores– que habíamos desaparecido. Ahora tenemos cargos permanentes, y el trabajo de reformar las universidades comenzó en serio”. [12]

El término “radicales con puestos permanentes” fue acuñado por Roger Kimball en su libro del mismo nombre (Tenured Radicals), publicado en 1989. El término hace referencia a los estudiantes radicales que habían sido activos en los movimientos antiguerra, de derechos civiles y feministas de los años 60 y que luego ingresaron a las universidades a enseñar y obtuvieron un puesto permanente en los años 80. Desde entonces, inculcaron a los estudiantes su sistema de valores políticos y crearon una nueva generación de radicales. Algunos de estos nuevos radicales se convirtieron en jefes de departamento y decanos. El propósito de su trabajo académico no es explorar la verdad, sino utilizar al ámbito académico como una herramienta para socavar la civilización occidental y sus tradiciones. Apuntan a subvertir la sociedad y al sistema político predominante produciendo más revolucionarios como ellos.

Una vez que obtienen la titularidad, los profesores pueden participar en varios comités y tienen un considerable peso para reclutar nuevos profesores, establecer estándares académicos, seleccionar temas para las tesis de grado y determinar la dirección de la investigación. Tienen una amplia oportunidad para usar su poder a fin de excluir candidatos que no concuerdan con su ideología. Por esta razón, los individuos con una mentalidad más tradicional, que enseñan e investigan según los conceptos tradicionales, son continuamente marginalizados. A medida que se jubilan los profesores de la generación más vieja, aquellos que los reemplazan son mayormente académicos de izquierda que han sido adoctrinados con ideas comunistas.

Gramsci, que acuñó “la larga marcha por las institutiones”, dividió a los intelectuales en dos campos: intelectuales tradicionales e intelectuales orgánicos. Los primeros son la columna vertebral para mantener la cultura tradicional y el orden social, mientras que los intelectuales orgánicos, que pertenecen a las clases o grupos emergentes, juegan un rol creativo en el proceso de luchar por la hegemonía en sus clases o grupos [13]. El “proletariado” utiliza intelectuales orgánicos en su camino para lograr la hegemonía cultural y, finalmente, política.

Muchos radicales con puestos permanentes se autodefinen como “intelectuales orgánicos” que se oponen al sistema actual. Al igual que Gramsci, siguen el axioma marxista: “Los filósofos solo interpretan el mundo de varias maneras. No obstante, el punto es cambiarlo”. [14]

De esta manera, para la Izquierda, la educación no es impartir la esencia del conocimiento y la civilización humana, sino preparar a los estudiantes para la política radical, el activismo social y la “justicia social”. Luego de graduarse y al unirse a la sociedad, dan rienda suelta a su insatisfacción con el sistema actual, rebelándose contra la cultura tradicional y abogando por la revolución destructiva.

b. La reforma del ámbito académico tradicional con la ideología comunista

El marxismo-leninismo es la ideología que sirve de guía para todos los asuntos en los países comunistas, mientras que en Occidente, la libertad académica es un foco principal. Aparte de los ubicuos estándares morales y normas académicas, no debería haber parcialidad a favor de ninguna tendencia intelectual en particular. Pero desde los años 1930, el socialismo, el comunismo, el marxismo y la Escuela de Frankfurt han ingresado a las universidades estadounidenses a la fuerza, alterando severamente las humanidades y las ciencias sociales.

El discurso revolucionario invade las humanidades en Estados Unidos

En su libro La revolución de las víctimas: El ascenso de los estudios de identidad y el cierre de la mente progresista, Bruce Bawer preguntó a Alan Charles Kors, un historiador de la Universidad de Pensilvania, cuáles eran las tres personas que según él tenían la mayor influencia en las humanidades en Estados Unidos. Inmediatamente, Kord nombró tres libros: Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci, La pedagogía del oprimido de Paulo Freire y Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon. [15]

Gramsci, el marxista italiano, no necesita ser presentado dado que su obra ha sido descrita en capítulos anteriores. Freire, un teórico de la educación brasileño, adoraba a Lenin, a Mao, a Castro y al Che Guevara. Su Pedagogía del oprimido, publicada en 1968 y reimpresa en inglés dos años después, se convirtió en lectura obligatoria en los institutos académicos de Estados Unidos.

Bawer citó al educador Sol Stern, que dijo que La pedagogía del oprimido no se preocupa por ningún problema educativo específico, sino que es “un tratado político utópico que llama a derrocar la hegemonía capitalista y a crear sociedades sin clases” [16]. La obra de Freire no hace más que repetir un cierto punto de vista, que es que solo hay dos tipos de personas en el mundo: el opresor y el oprimido. El oprimido debería, entonces, rechazar su educación, despertarse a sus circunstancias miserables y ser incitado a la rebelión.

Fanon nació en la Isla Martinica del Mar Caribeño y se unió a la guerra de Algeria contra el régimen colonial francés. Su obra, Los condenados de la Tierra, fue publicada en 1961, con un prefacio escrito por el existencialista y comunista francés Jean-Paul Sartre. Sartre resumió su teoría así: los colonizadores occidentales son la encarnación del mal; mientras que los no occidentales son inherentemente nobles por haber sido colonizados y explotados.

Fanon llamó a la gente en las colonias a sublevarse contra la clase colonial gobernante, utilizando la violencia como su punto de movilización. Dijo que al nivel de los individuos, la violencia es una fuerza limpiadora. “Libera al nativo de su complejo de inferioridad y de su desesperación e inacción: lo vuelve intrépido y restaura su respeto por sí mismo”. [17]

Uniéndose a las ideas de Fanon, Sartre escribió en el prefacio: “Porque en los primeros días de la revuelta debes matar: disparar a un europeo es matar dos pájaros de un tiro, destruir un opresor y un oprimido al mismo tiempo: allí yace un hombre muerto y un hombre libre; el sobreviviente, por primera vez, siente el suelo nacional bajo sus pies”. [18]

Las ideas de Gramsci, Freire y Fanon son relatos engañosos que persuaden a la gente a considerar la historia y la sociedad a través de la lente de la lucha de clases. Una vez que la chispa del odio de clases ingresa a sus corazones, los estudiantes aprenden a resentir y oponerse a la estructura y al funcionamiento normales de la sociedad, cuya inevitable solución es la rebelión y la revolución.

Qué teórico o escuela de pensamiento en particular tuvo mayor influencia en las humanidades y en las ciencias sociales en las universidades estadounidenses es un tema de debate. No obstante, lo que es claro es que el marxismo, la Escuela de Frankfurt, la teoría freudiana y el posmodernismo (que trabajaron junto al comunismo para destruir la cultura y la moral) han llegado a dominar este campo.

La teoría comunista se infiltra en el ámbito académico

Desde los años 60, la disciplina de investigación literaria en Estados Unidos ha experimentado un cambio fundamental de paradigma en sus varias subdisciplinas, tales como el inglés, el francés y la literatura comparada. Tradicionalmente, los críticos literarios apreciaban los valores estéticos y morales de las obras clásicas, y consideraban a la literatura como un importante recurso para ampliar los horizontes de los lectores, desarrollar su carácter moral y cultivar su gusto intelectual. En principio, la teoría literaria académica es secundaria a la literatura misma, y sirve para ayudar a su comprensión e interpretación.

En la comunidad académica emergieron varios tipos de nuevas teorías literarias durante el auge del movimiento contracultura de los años 60, las cuales estaban impregnadas de las tendencias populares en filosofía, psicología y cultura. La relación entre teoría y literatura quedó invertida, dado que las obras literarias se vieron reducidas a material para validar los métodos interpretativos modernos. [19]

¿Cuál es la esencia de estas teorías? Juntas, hacen un embrollo de las disciplinas académicas tradicionales, como la filosofía, la psicología, la sociología y el psicoanálisis, en su sesgada representación de la sociedad y la cultura. El teórico literario Jonathan Culler lo describió así: “La teoría suele ser una crítica pendenciera de las nociones del sentido común, y aún más, un intento de mostrar que lo que damos por sentado como ‘sentido común’ es de hecho una construcción histórica, una teoría particular que nos llegó a parecer tan natural que ni siquiera la consideramos una teoría”. [20]

En otras palabras, las teorías académicas modernas menosprecian, invierten y destruyen el entendimiento de lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, la belleza y la fealdad –que provienen de la familia tradicional, la fe religiosa y la ética– y lo reemplazan con un sistema siniestro desprovisto de valores positivos.

Si uno desprende su envoltorio académico laberíntico, estas supuestas teorías no son más que una mezcolanza de marxismo clásico, neomarxismo, la Escuela de Frankfurt, psicoanálisis, deconstruccionismo, posestructuralismo y posmodernismo. Juntos forman una alianza que apunta a destruir los cimientos de la civilización humana y sirve de camuflaje para que el comunismo se escabulla en el ámbito académico occidental. Desde los años 60, el comunismo hizo rápidos avances en áreas como la literatura, la historia y la filosofía, estableciendo su dominación en las humanidades y las ciencias sociales.

La “teoría”, como ya se ha discutido, es más o menos lo mismo que la “teoría crítica”. Sus transformaciones incluyen los recientemente surgidos estudios críticos del derecho, la raza, el género, la sociedad, la ciencia, la medicina, y demás. Su omnipresencia es una manifestación de la expansión exitosa del comunismo en los ámbitos académicos y educativos, donde utiliza pensamientos desviados para corromper a los jóvenes y guía el camino hacia la destrucción final de la humanidad.

La politización de la investigación literaria

Desde la perspectiva de un crítico literario marxista, la importancia de un texto literario no yace en su valor intrínseco, sino en cómo refleja que la ideología de la clase gobernante –por ejemplo, en términos de género o raza– se ha convertido en la clase dominante. Desde esta perspectiva, se dice que los clásicos de la literatura no tienen ningún valor intrínseco. Un prominente teórico literario marxista declaró descaradamente que la “perspectiva política” constituye “el horizonte absoluto de toda lectura y toda interpretación” [21]. Es decir que todas las obras literarias deberían ser consideradas alegorías políticas, y solo cuando se descubren los significados profundos de clase, raza, género u opresión sexual se puede considerar que uno tiene un entendimiento profundo o calificado.

La gente de países comunistas están familiarizados con este tipo de crítica literaria dogmática. El líder comunista chino Mao Zeong evaluó Sueño en el pabellón rojo, uno de los cuatro grandes clásicos de la literatura china, de esta manera: “Cuatro familias, una feroz lucha de clases y algunas docenas de vidas humanas”.

En países comunistas, el discurso literario no siempre está confinado a los debates civilizados y sofisticados de un mundo ideal. A veces puede mutar en un impulso para la lucha sangrienta.

En respuesta a la convocatoria de Mao Zedong a aprender de Hai Rui, el honesto y recto funcionario de la Dinastía Ming, el historiador Wu Han escribió la obra de teatro Hai Rui despedido de la oficina. El 10 de noviembre de 1965, Noticias de Wenhui de Shanghai publicó una crítica de la obra. El autor de la crítica fue Yao Wenyuan, y esta fue planeada por la cuarta esposa de Mao, Jiang Qing, y el teórico radical Zhang Chunqiao. El artículo decía que Hai Rui despedido de la oficina era una referencia a Peng Dehuai, un general del Ejército Popular de Liberación que fue purgado por oponerse a las “Tres banderas rojas” –las tres políticas del Partido Comunista de la Línea General para la Construcción Socialista, el Gran Salto Adelante y las Comunas Populares (estas tres políticas provocaron la Gran Hambruna China). La crítica a Hai Rui despedido de la oficina se convirtió en el detonador que activó la brutalidad de la Revolución Cultural.

El crudo método de los comunistas chinos para interpretar a todas las obras literarias en términos de lucha de clases se puede contrastar con la crítica literaria mucho más sutil que apareció en las universidades occidentales en las últimas décadas.

La crítica literaria neomarxista de Occidente es como un virus que se fortalece y se vuelve más mortífero al mutar continuamente. Se adapta a otras teorías para convertirse en su arma y así arrastra a las grandes obras de la cultura humana –desde los clásicos de Grecia y Roma a Dante, Shakespeare y las novelas victorianas– a un quirófano literario donde son descuartizadas y reconfiguradas. Aunque este tipo de comentario utiliza una jerga arcana para darle un lustre de sofistificación, los argumentos principales generalmente se reducen a acusaciones de prejuicios contra clases marginadas, mujeres y minorías étnicas.

Los críticos modernos catalogan a estas obras como parte de la superestructura de la clase gobernante, y afirman que tienen el efecto de atontar a las masas para que sean oprimidas, e impedirles que logren la conciencia de clase revolucionaria. Como dijo el académico inglés Roger Scruton: “Los métodos de la nueva teoría literaria son realmente armas de subversión: un intento por destruir la educación humana desde adentro, por romper la cadena de empatía que nos une a nuestra cultura”. [22]

La teoría marxista de la ideología

La “ideología” es un concepto central de las humanidades influenciadas por el marxismo. Marx veía a la moral, la religión y la metafísica colectivamente como ideología. Él creía que la ideología dominante en una sociedad de clases era la ideología de la clase gobernante y que sus valores no reflejaban la realidad como existía, sino a la inversa. [23]

El neomarxismo del siglo XX ha hecho de la destrucción de la cultura un paso necesario de la revolución y hace una extensa referencia a la ideología en su literatura. El marxista húngaro Georg Lukács definía la ideología como la “falsa conciencia”, en oposición a la “conciencia de clase” real. El marxista francés Louis Althusser propuso el concepto de “aparatos ideológicos del Estado”, que incluyen la religión, la educación, la familia, las leyes, la política, los sindicatos, la comunicación, la cultura, etc, que podrían trabajar en conjunto con un aparato estatal brutal.

Hay una astuta falacia dentro del concepto de ideología. Cada sociedad o sistema tiene sus defectos, los cuales deben ser tratados y corregidos. Sin embargo, Althusser y otros marxistas no se molestan en tratar problemas específicos. En cambio, rechazan el sistema completo sobre la base de que el sistema es una estructura establecida y mantenida por la clase gobernante para salvaguardar sus intereses.

Envenenar el pozo es un aspecto importante de la obsesión marxista sobre la ideología, y se puede observar en la complicada crítica ideológica de Althusser. En lugar de examinar los méritos fácticos de un argumento, el método ideológico se basa en acusar a los oponentes de tener motivos ulteriores o de tener un trasfondo erróneo. Tal como cuando nadie puede beber agua de un pozo envenenado, someter a una persona a rumores o a otras formas que afectan su reputación hacen que su opinión sea inaceptable para el público, sin importar lo razonable o lógica que pueda ser.

El concepto general de “aparatos ideológicos del Estado” de Althusser refleja el desprecio extremo del comunismo hacia la sociedad humana –nada es aceptable, excepto el rechazo y la destrucción completa. Es una manifestación del objetivo del espectro del comunismo de erradicar la cultura humana.

El concepto marxista de ideología se basa en proposiciones abstractas, generalizadas y superfluas que apuntan a purgar los valores morales tradicionales. Al expresar una aparente indignación moral, los marxistas enmascaran sus verdaderas intenciones y así han logrado engañar e influenciar a una gran cantidad de personas.

Marxismo posmoderno

Siguiendo los pasos de la década de 1960, un grupo de filósofos franceses crearon lo que pronto se convirtió en el arma ideológica más poderosa del marxismo y el comunismo en la comunidad académica estadounidense. Algunos de sus representantes son Jacques Derrida y Michel Foucault, y algunos datos recientes ilustran su influencia actual. En 2007, Foucault fue el autor más citado en humanidades, con 2521 citas. Derrida fue el tercero, con 1874 citas [24]. Han habido observaciones reveladoras sobre la relación entre el posmodernismo y el marxismo [25]. Por eso consideramos adecuado referirnos a ello como marxismo posmoderno.

El hecho de que el lenguaje posee capas de significados ambiguos y multifacéticos, y el hecho de que un texto puede tener diferentes interpretaciones es algo de conocimiento común desde los tiempos de los antiguos griegos y de la China preimperial, por lo menos.

La teoría de la deconstrucción de Derrida es un engaño complejo que combina el ateísmo y el relativismo, y lo que hace es exagerar la ambigüedad del lenguaje para descomponer textos, incluso cuando el significado es claro y bien definido.

A diferencia del ateísmo convencional, Derrida expresó su perspectiva en el lenguaje de los filósofos. Como resultado, sus puntos de vista no solo son destructivos para la idea de Dios, sino también para los conceptos de racionalidad, autoridad y significado asociados a las creencias tradicionales, ya que los teóricos alineados a Derrida deconstruyen estos términos. Habiendo engañado a mucha gente con su fachada de profundidad intelectual, la teoría de la deconstrucción corrió desenfrenada por las humanidades y se ubicó como una de las herramientas más potentes del comunismo para destruir la fe, la tradición y la cultura.

Michel Foucault llegó a unirse al Partido Comunista Francés. La esencia de su teoría gira en torno a la noción de que no hay una verdad, solo hay poder. Ya que el poder monopoliza el derecho a interpretar la verdad, todo lo que pretende ser verdad es hipócrita y algo en lo que no se puede confiar. En su libro Vigilar y castigar, Foucault plantea esta pregunta: “¿Es de sorprender que las prisiones parezcan fábricas, escuelas, barracas y hospitales, todos los cuales parecen prisiones?” [26]. Al equiparar instituciones indispensables para la sociedad con prisiones y convocar a la gente a derrocar dichas “prisiones”, Foucault pone de manifiesto la naturaleza antisocial de su teoría.

Equipados con las armas de la deconstrucción, la teoría de Foucault y otras teorías críticas, hay académicos que relativizan todo y así estigmatizan la moral y la tradición. Se regodean en axiomas como “toda interpretación es malinterpretación”, “no hay verdad, solo interpretaciones” o “no hay hechos, solo interpretaciones”. Han relativizado la comprensión de conceptos básicos como verdad, bondad, belleza, justicia, entre otros, y luego los han descartado como si fueran basura.

Los jóvenes que ingresan a las universidades para estudiar humanidades no se atreven a cuestionar la autoridad de sus instructores. Mantener la lucidez bajo el constante bombardeo ideológico que le sigue después es aún más difícil. Una vez orientados al estudio de la teoría marxista posmoderna, es difícil que cambien su forma de pensar. Esta es una de las razones por las que la ideología comunista ha logrado correr desenfrenada en las humanidades y las ciencias sociales.

c. La utilización de nuevos campos académicos para la infiltración ideológica

En una sociedad próspera, los estudios sobre la mujer o las investigaciones sobre diferentes razas reflejan una comunidad académica sana, pero luego del movimiento contracultura de los 60, algunos radicales aprovecharon estas nuevas disciplinas académicas para difundir sus ideas izquierdistas en las universidades e institutos de investigación. Por ejemplo, algunos académicos creen que el establecimiento de departamentos dedicados a los estudios afroamericanos no se debe a una demanda inherente de una división académica tal, sino al resultado de chantaje político. [27]

En 1968, una huelga de estudiantes obligó a cerrar el San Francisco State College. Bajo la presión de la Unión de Estudiantes Negros, el instituto estableció el Departamento de Estudios Africanos, el primero de su tipo en Estados Unidos. La idea de establecer el departamento fue principalmente para alentar a los estudiantes negros, y con él emergió una nueva ciencia afroamericana. Los logros de los científicos negros tenían un lugar destacado y los materiales de estudio estaban adaptados para que incluyeran más menciones de afroamericanos. Matemática, literatura, historia, filosofía y otras materias pasaron por modificaciones similares.

En octubre de 1968, veinte miembros de la Unión de Estudiantes Negros nuevamente causaron que se cerrara el campus de la Universidad de California–Santa Bárbara al ocupar el centro de computación. Un año después, la escuela estableció el Departamento de Estudios Afroamericanos y el Centro de Investigación Afroamericano.

En abril de 1969, más de cien estudiantes negros de la Universidad de Cornell ocuparon el edificio administrativo de la institución mientras blandían escopetas y paquetes de municiones para exigir el establecimiento de un departamento de investigación afroamericano únicamente con personal de raza negra. Cuando un maestro se les acercó para detenerlos, un líder estudiantil amenazó con que a la Universidad de Cornell “le quedaban tres horas de vida”. La Universidad de Cornell finalmente cedió ante los estudiantes negros y estableció el tercer departamento de estudios afroamericanos en Estados Unidos. [28]

Shelby Steele, quien luego se convirtió en investigador senior en el Instituto Hoover de la Universidad de Stanford, fue en su momento uno de los partidarios de establecer departamentos de investigación afroamericanos en las universidades. Decía que los líderes de las universidades sentían tanta “culpa blanca” que accederían a cualquier pedido de los representantes de las uniones de estudiantes negros [29]. Al mismo tiempo, en las universidades estadounidense se introdujeron estudios sobre mujeres, estudios sobre Latinoamérica, estudios sobre homosexualidad, etc, y ahora son algo común.

La premisa básica de los estudios sobre mujeres es que las diferencias entre los géneros no son el resultado de diferencias biológicas sino que son construcciones sociales. Debido a la supuesta supresión prolongada de las mujeres por parte de los hombres y el patriarcado, la misión de los estudios sobre la mujer es provocar la conciencia social femenina, producir un cambio social general e incitar la revolución, según esta perspectiva.

Una profesora feminista de la Universidad de California–Santa Cruz se crió en una famosa familia comunista. Ella mostraba orgullosa sus credenciales de comunista y activista lesbiana. Desde los 80, había estado enseñando feminismo y consideraba a su orientación sexual como un estilo de vida que servía para despertar la conciencia política. Su inspiración para convertirse en profesora fue que un comunista le había dicho que esa era su misión. En una declaración pública, dijo que “enseñar se ha convertido en una forma de activismo político para mí”. Fundó el Departamento de Estudios Feministas en la Universidad de California–Santa Cruz [30]. En uno de sus planes de estudio, escribió que la homosexualidad femenina es “la forma más alta de feminismo”. [31]

La Universidad de Missouri ha diseñado sus asignaturas para que sus estudiantes consideren los temas del feminismo, la literatura, el género y la paz desde la posición izquierdista. Por ejemplo, una asignatura llamada Género Proscrito considera a los géneros como “categorías artificiales producidas por una cultura en particular”, en vez de ser algo producido por la naturaleza. Solo se inculca un solo punto de vista en los estudiantes: el relato de la opresión basada en el género y la discriminación contra identidades de géneros múltiples. [32]

Tal como se trató en el Capítulo 5, el movimiento antiguerra en el mundo occidental luego de la Segunda Guerra Mundial estuvo fuertemente influenciado por infiltrados comunistas. En las últimas décadas ha aparecido una nueva asignatura en las universidades estadounidenses: Estudios de la Paz. Los académicos David Horowitz y Jacob Laksin estudiaron más de 250 organizaciones con alguna conexión al nuevo campo académico. Ellos llegaron a la conclusión de que la naturaleza de estas organizaciones es política, no académica, y que su objetivo es reclutar a estudiantes para la Izquierda antiguerra. [33]

Citando el popular libro de texto Estudio de Paz y Conflictos, Horowitz y Laksin expusieron las motivaciones ideológicas de dicho campo académico. El libro utiliza argumentos marxistas para explicar los problemas de pobreza y hambre. El autor condena a los hacendados y a los productores agrícolas porque dice que cientos de millones de personas han muerto de hambre debido a su codicia. Aunque aparentemente el punto es contra la violencia, hay una forma de violencia a la que el autor no se opone, y de hecho, elogia: la violencia cometida durante la revolución del proletariado.

Un pasaje de Estudio de Paz y Conflictos dice: “Aunque Cuba esté lejos de ser un paraíso en la Tierra, y aún no se practican ampliamente ciertos derechos individuales y libertades civiles, el caso de Cuba indica que las revoluciones violentas a veces pueden tener como resultado una mejora general en las condiciones de vida de mucha gente”. El libro no menciona en ningún momento la dictadura de Fidel Castro ni los catastróficos resultados de la Revolución Cubana.

Dado que fue escrito después de los atentados del 11 de septiembre, Estudio de Paz y Conflictos también trata los problemas del terrorismo. Sorprendentemente, sus autores parecen tener tanta simpatía hacia los terroristas que el término “terrorista” está puesto entre comillas. Ellos defienden su postura de esta manera: “Poner ‘terrorista’ entre comillas puede ser chocante para algunos lectores a los que tal designación puede parecer obvia. Sin embargo, lo hacemos no para minimizar el horror de tales actos sino para enfatizar el valor de calificar la indignación justificada mediante el reconocimiento de que generalmente el que es ‘terrorista’ para una persona es un ‘luchador por la libertad’ para otra”. [34]

El ámbito académico debería ser objetivo y evitar tener motivaciones políticas. Estos nuevos campos académicos han adoptado una postura ideológica: los profesores de los estudios sobre mujeres deben adoptar el feminismo, mientras que los profesores involucrados en el estudio de la raza negra deben creer que las dificultades políticas, económicas y culturales de los afroamericanos son el resultado de la discriminación por parte de los blancos. Su existencia no es explorar la verdad, sino promover un relato ideológico.

Estas nuevas asignaturas son un subproducto de la revolución cultural americana. Luego de establecerse en las universidades, han exigido un mayor presupuesto y han reclutado a más estudiantes, que luego fortalecen aún más a estas asignaturas. Estos nuevos campos académicos ya están profundamente arraigados en las universidades.

Estos nuevos campos académicos fueron creados por personas con malas intenciones actuando bajo la influencia de la ideología comunista. Su objetivo es fomentar y expandir los conflictos entre diferentes grupos e incitar el odio, en la preparación para la revolución violenta. Tienen poca relación con la gente (ya sean afroamericanos, mujeres u otros) que dicen representar.

d. La promoción del radicalismo de izquierda

En su libro Salón de clases de Partido único: Cómo profesores radicales en las mejores universidades de Estados Unidos adoctrinan a los estudiantes y socavan nuestra democracia, David Horowitz y Jacob Laksin enumeran unos 150 asignaturas izquierdistas ofrecidas por 12 universidades. Estas asignaturas enmascaran su intenciones políticas con lenguaje culto, pero algunas ignoran incluso principios académicos básicos, lo que las hace parecerse mucho a los cursos políticos obligatorios de los países comunistas.

La Universidad de California–Santa Cruz ofrece un seminario llamado Teoría y Práctica de Resistencia y Movimientos Sociales. La descripción del curso es la siguiente: “El objetivo de este seminario es aprender a organizar una revolución. Aprenderemos qué han hecho y qué están haciendo comunidades del pasado y el presente para resistir, desafiar y vencer a sistemas de poder, que incluyen (pero no se limitan a) el capitalismo mundial, la opresión del Estado y el racismo”. [35]

Bill Ayers, con el título de Profesor Distinguido de la Universidad de Illinois de Chicago, es un radical de los 60 y líder de Weather Underground, originalmente llamada Weatherman (“hombre del clima”), la cual era una facción de Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS). En 1969, Weatherman se volvió clandestina y se convirtió en la primera organización terrorista nacional de Estados Unidos. Se dedicaba a organizar a estudiantes radicales, los cuales participaban en actividades terroristas diseñadas para enardecer los conflictos raciales.

El grupo Weatherman perpetró la colocación de bombas en el Capitolio, el Cuartel General de la Policía de Nueva York, el Pentágono y oficinas de la Guardia Nacional. Tal como indica la famosa cita de Ayers: “Mata a los ricos. Destruye sus automóviles y apartamentos. Lleva la revolución a tu casa, mata a tus padres” [36]. Las publicaciones académicas de Ayers son consistentes con su currículum. En sus escritos sostiene que debemos superar nuestros “prejuicios” con respecto a los delincuentes juveniles violentos. [37]

Una red de progresistas de izquierda logró evitar que el FBI arrestara a Ayers. Resurgió en 1980 y evadió la ley para evitar la justicia penal. Se convirtió en profesor para la Universidad de Illinois-Chicago luego de estudiar educación de la primera infancia. Sus opiniones políticas se mantienen igual y no ha mostrado arrepentimiento por sus ataques terroristas. Ayers se fue convirtiendo en profesor asociado, luego en profesor, hasta finalmente llegar a su actual cargo como Profesor Distinguido. También recibió el título de Académico Senior de la Universidad, el honor más alto de la institución.

Cada título recibido por Ayers fue el resultado de una decisión conjunta de sus colegas en el departamento. Esto en sí mismo refleja el reconocimiento tácito y el apoyo a su pasado terrorista por parte de la universidad.

e. La negación de las grandes tradiciones de Estados Unidos

Un grupo de estudiantes involucrados en política en la Universidad Tecnológica de Texas realizó una encuesta en el campus en 2014 en la que hacían tres preguntas: “¿Quién ganó la Guerra Civil?”, “¿Quién es nuestro vicepresidente?” y “¿De quiénes nos independizamos?”. Muchos estudiantes no tenían la menor idea sobre las respuestas, aunque deberían ser parte de la cultura general. Aunque ignoraban estos hechos básicos sobre la política e historia de su propio país, los estudiantes mostraron ser muy conocedores de los detalles de las celebridades y sus romances. [38]

En 2008, el Instituto de Estudios Interuniversitarios (ISI) hizo una encuesta al azar entre 2508 estadounidenses y encontró que solo la mitad de ellos podía nombrar a los tres poderes del gobierno [39]. Al responder treinta y tres preguntas sobre conocimiento cívico, el 71% de los encuestados recibió una calificación promedio del 49%, o sea, desaprobaron. [40]

Aprender la historia de Estados Unidos no se trata solamente del proceso de entender cómo se estableció la nación, sino también un proceso de entender sobre qué tipo de valores se construyó la nación y qué implica preservar dichas tradiciones. Solo entonces el pueblo atesora lo que tiene, protege el legado nacional y lo transmite a la generación siguiente.

Olvidar la historia es lo mismo que destruir la tradición. La gente que no conoce sus deberes cívicos hace posible que se forme un gobierno totalitario. Uno no puede evitar preguntarse qué pasó con la educación cívica y de historia en Estados Unidos. Las respuestas yacen en los libros de texto que usan los estudiantes y sus maestros.

El marxista Howard Zinn es el autor de un popular libro de historia titulado La otra historia de los Estados Unidos. El libro se basa en la premisa de que todas las acciones heroicas y episodios inspiradores de la historia estadounidense son mentiras descaradas, y que la verdadera historia de EE. UU. es un oscuro viaje de supresión, privación y genocidio. [41]

Un profesor de economía de una universidad de Boston cree que los terroristas enemigos de Estados Unidos son los verdaderos luchadores por la libertad, y que Estados Unidos es el verdadero mal. En un artículo publicado en 2004, igualó a los terroristas que realizaron los ataques del 11 de septiembre con los rebeldes estadounidenses que, en 1775, hicieron los primeros disparos en Lexington y comenzaron la Guerra de la Independencia. [42]

f. La lucha contra los clásicos de la civilización occidental

En 1988, estudiantes y profesores radicales de la Universidad de Stanford protestaron por una asignatura de la universidad llamada Civilización Occidental. Cantaban: “¡Fuera la civilización occidental!”. Stanford cedió ante las exigencias de los manifestantes y reemplazó Civilización Occidental con una asignatura llamada Culturas, Ideas, Valores (CIV), con obvias características multiculturales. Aunque la nueva clase no quitó algunos de los clásicos culturales como Homero, Platón, San Agustín, Dante Alighieri o Shakespeare, sí requería que cada semestre se incluyeran obras de varias mujeres, grupos minoritarios y otros grupos considerados oprimidos.

El entonces Secretario de Educación de EE. UU., William Bennett, condenó el cambio como un cambio de currícula por intimidación. A pesar de esto, muchas universidades importantes hicieron lo mismo, y universidades de menor categoría siguieron los pasos para no quedarse atrás. En pocos años, la educación de las humanidades en las universidades estadounidenses experimentó una gran transformación.

En su libro Educación intolerante, el pensador conservador Dinesh D’Souza utilizó el libro Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia para explicar la dirección ideológica de la nueva asignatura CIV de la Universidad de Stanford. Este libro indaga en las experiencias vividas por una joven indígena, Rigoberta Menchú, de Guatemala. Luego del asesinato sin sentido de sus padres en una masacre, ella decidió seguir el camino de la revuelta, en el cual se fue radicalizando cada vez más.

Rigoberta se identificó con el Movimiento Indígena Estadounidense en Sudamérica para luchar por su derecho a la autodeterminación, oponiéndose a la cultura latina europeizada. Primero se volvió feminista, luego socialista, y al final se volvió marxista. Cerca del final de su libro, comenzó a participar en la asamblea del Frente Popular en París para discutir temas como adolescentes burgueses y bombas molotov. Un capítulo del libro se titula “Rigoberta renuncia al matrimonio y a la maternidad”. [43]

La motivación ‘políticamente correcta’ para expulsar a los clásicos de la universidades estadounidenses llevó a varios resultados perjudiciales, algunos de los cuales describiremos más abajo:

Primero, la escritura de baja calidad con contenido superficial que contiene discursos revolucionarios o que pueden considerarse literatura de víctima, destierra las obras clásicas y su profundidad eterna.

Segundo, hacer comparaciones entre estos tipos de literatura y los clásicos, aparentemente les da un lugar entre los clásicos e incrementa su influencia en las mentes de los estudiantes. Ubicar a los clásicos al mismo nivel que estas obras promedio trivializa y relativiza los clásicos.

Tercero, el hilo conductor detrás de los clásicos ahora son interpretados a través de la teoría crítica, los estudios culturales, la política de identidad y la corrección política. Los académicos investigan con entusiasmo el racismo y el machismo ocultos en las obras de Shakespeare, las tendencias homosexuales entre los personajes, y demás, distorsionando e insultando a las obras clásicas.

Cuarto, los estudiantes a los que se les inculcó este tipo de actitud mental consideran que los personajes nobles, los grandes logros y las lecciones morales representadas en los clásicos son difíciles de creer y, en cambio, desarrollan el instinto de verlos de manera negativa y cínica.

En la educación literaria tradicional, los temas principales expresados en los clásicos tratan mayormente sobre el amor universal, la justicia, la lealtad, la valentía, el espíritu de sacrificio y otros valores morales. La enseñanza de la historia gira en torno a grandes eventos concernientes al establecimiento y desarrollo de la nación y sus valores fundamentales.

Dado que casi todos los clásicos de la literatura occidental fueron escritos por hombres europeos blancos, los izquierdistas alzan las banderas del multiculturalismo y el feminismo para insistir con que la gente lea literatura escrita por mujeres, personas de color, y así. En cuanto a la enseñanza de la historia, la educación moderna propicia la descripción del camino histórico de un país como un proceso completamente oscuro, lleno de esclavitud y explotación de mujeres y otros grupos minoritarios. El objetivo ya no es recordar el legado tradicional, sino instigar un sentimiento de culpa hacia las mujeres y las minorías.

La gente solo tiene una cantidad limitada de tiempo que puede usar para leer. Cuando la educación está diseñada a propósito para enfatizar obras políticamente correctas, se reduce el tiempo que la gente puede invertir en leer los clásicos. El resultado es que generaciones de estudiantes están desconectadas de los orígenes de su cultura, especialmente del sistema de valores que se origina en la fe religiosa y es legado a través de la cultura. La cultura de cada raza se origina en lo divino. Puede ser diversa, pero no debe ser mezclada. Mezclar una cultura significa la destrucción de los nexos entre la raza a la que pertenece la cultura y las divinidades que la crearon.

g. La monopolización de libros de texto y las humanidades

El economista Paul Samuelson describió el poder de los libros de texto: “No me importa quién escriba las leyes de una nación –o redacte sus avanzados tratados– si es que puedo escribir sus libros de texto de economía” [44]. Los libros de texto, que tienen una gran circulación y gran autoridad, pueden ejercer una enorme influencia en los estudiantes. Quien escriba los libros de texto tiene las claves para moldear las impresionables mentes de los jóvenes.

Después de que académicos y profesores radicales obtuvieron puestos permanentes y reputación, lograron el control de las oficinas y comités de publicación de las universidades. Usaron sus poderes para cargar los materiales de enseñanza con su ideología e inculcársela a sus estudiantes a la fuerza. En algunas áreas académicas, los libros de texto y los de lectura obligatoria elegidos por los profesores contienen más obras de marxismo que de cualquier otra escuela de pensamiento. El libro ya mencionado La otra historia de Estados Unidos por Howard Zinn es lectura obligatoria para muchas carreras de historia, economía, literatura y estudios de la mujer.

Una vez que los izquierdistas consiguen ser muchos, pueden usar el mecanismo de revisión por pares en la comunidad académica de EE. UU. a los fines de suprimir a las personas con opiniones diferentes. Un ensayo que desafía la ideología de izquierda está condenado a ser rechazado por los izquierdistas y sus colegas.

Muchas publicaciones del ámbito de las humanidades son guiadas por la teoría crítica y están llenas de jerga técnica poco clara, pero el objetivo principal es rechazar a lo divino, rechazar la cultura tradicional e incitar revoluciones para subvertir el actual orden social, político y económico. Hay una categoría de beca que apunta a probar que toda moral y estándar tradicional, inclusive el proceso científico, es una construcción social cuyo propósito es salvaguardar el poder de la clase dominante mediante la imposición de sus normas a la sociedad entera.

En 1996, el profesor de física de la Universidad de Nueva York Alan Sokal publicó un ensayo en Social Text, el periódico de estudios culturales de la Universidad de Duke. Su ensayo se titulaba Transgrediendo los límites: hacia la hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica. Con 109 notas al pie y referencias a 219 fuentes, el ensayo sostiene que la “gravedad cuántica” fue inventada por la sociedad y el lenguaje. [45]

El mismo día en que se publicó ese ensayo, Sokal publicó una declaración en otra revista, Lingua Franca, afirmando que aquel ensayo era una broma. Dijo que había enviado el ensayo a Social Text como un experimento de un físico en materia de estudios culturales. [46]

Durante una entrevista con el programa de radio All Things Considered, Sokal dijo que se había inspirado en el libro de 1994 Higher Superstition (Superstición más alta). El autor del libro dijo que algunas publicaciones de humanidades publican cualquier cosa, siempre que contenga “el pensamiento izquierdista apropiado” y citas de pensadores de izquierda conocidos. Sokal probó esto al llenar su ensayo con ideologías de izquierda, citas sin sentido y completas tonterías. [47]

Sokal luego escribió: “Los resultados de mi pequeño experimento demostraron, como mínimo, que algunos sectores de moda de la izquierda académica estadounidense se han vuelto intelectualmente perezosos. A los editores de Social Text les gustó mi artículo porque les gustó su conclusión: que ‘el contenido y la metodología de la ciencia posmoderna proveen un poderoso apoyo intelectual al proyecto político progresista”. Aparentemente no sintieron la necesidad de analizar la calidad de la evidencia, la contundencia de los argumentos, o incluso la relevancia de los argumentos para la supuesta conclusión” [48]. El enfoque satírico de Sokal resaltó la carencia de principios o credibilidad académica en las áreas de teoría crítica y estudios culturales.

Al observar los títulos de las publicaciones en las reuniones anuales de las asociaciones académicas de gran escala de EE. UU., las últimas décadas de penetración comunista en las ciencias sociales resultan fáciles de ver. La Asociación de Lenguaje Moderno es la más grande de tales sociedades, con veinticinco mil miembros, entre los cuales la mayoría son profesores y académicos en las áreas de investigación y educación de lenguaje moderno. Más de diez mil personas asisten a la conferencia anual de la asociación.

Una gran cantidad de ensayos publicados en el sitio web de la asociación utilizan el marco ideológico del marxismo, la Escuela de Frankfurt, el deconstruccionismo, el posestructuralismo y otras teorías desviadas. Otros utilizan el feminismo, la investigación gay, la política de identidad y otras tendencias radicales. Organizaciones similares, entre ellas la Asociación Sociológica Americana, reflejan básicamente lo mismo, aunque a diversos grados.

Las universidades estadounidenses tienen una tradición de educación en humanidades, y algunas de las asignaturas de humanidades son obligatorias sin importar las carreras elegidas por los estudiantes. Hoy en día, las asignaturas obligatorias son mayormente enseñadas por profesores en las áreas de literatura, historia, filosofía y ciencias sociales. El académico estadounidense Thomas Sowell señaló que, como lo implica el término, las asignaturas obligatorias dejan a los estudiantes sin alternativa en cuanto a los profesores, los cuales generalmente utilizan sus aulas como oportunidades para difundir sus ideologías de izquierda, incluso usando las calificaciones como un incentivo para hacer que los estudiantes acepten sus puntos de vista. Los estudiantes que se atreven a desafiar los pareceres de un profesor son castigados con calificaciones más bajas [49]. Las perspectivas marxistas de estos profesores de humanidades y ciencias sociales no solo corrompen a los estudiantes en sus campos académicos, sino que afectan a casi todo el cuerpo estudiantil.

Los estudiantes universitarios desean ser respetados como adultos, pero tanto su conocimiento como su experiencia práctica son limitados. En el ambiente relativamente cerrado de la universidad, pocos de ellos sospechan que sus respetados profesores se aprovechan de su inocencia y confianza para inocularles una serie de ideologías y valores completamente errados y dañinos. Los padres pagan costosas matrículas para que sus hijos dominen el conocimiento y las habilidades que utilizarán como base para encontrar su lugar en la sociedad. ¿Cómo podrían imaginar que a sus hijos en realidad les están robando sus valiosos años, y en cambio están siendo transformados en seguidores de ideologías radicales que les afectarán por el resto de sus vidas?

Generación tras generación de jóvenes ingresaron en este sistema de educación fuertemente infiltrado por el espectro del comunismo. Estudian libros de texto escritos por izquierdistas e internalizan sus teorías desviadas, apresurando el declive de la cultura, la moral y la humanidad.

h. ‘Reeducación’ universitaria: Lavado de cerebro y corrupción moral

Con el crecimiento de la ideología marxista en las universidades, la política del campus a partir de los 80 se ha enfocado cada vez más en evitar los comentarios “ofensivos”, especialmente en lo que respecta a ofender a mujeres y minorías étnicas. Según el académico estadounidense Donald Alexander Downs, entre 1987 y 1992, unas trescientas universidades de EE. UU. implementaron políticas para la regulación de la libertad de expresión, creando un sistema paralegal de prohibición para impedir lenguaje considerado ofensivo respecto a grupos o temas sensibles. [50]

Quienes apoyan tales prohibiciones pueden tener buenas intenciones, pero sus acciones tienen un resultado ridículo, a medida que cada vez más cantidad de personas exigen por cualquier razón el derecho a no sentirse ofendidas. De hecho, según la ley, ese derecho no existe, pero la prominencia del marxismo cultural permite que cualquiera alegue una asociación con grupos oprimidos, citando razones como cultura, ancestros, color de piel, género, orientación sexual, etc. Las autoridades de las universidades han otorgado constantemente un tratamiento privilegiado a quienes dicen ser víctimas.

Según la lógica marxista, los oprimidos están moralmente en lo correcto en toda circunstancia, y muchas personas no se atreven a cuestionar la autenticidad de lo que estos dicen. Esta lógica absurda se basa en un criterio retorcido para juzgar qué es moral. A medida que se intensifican las identidades y sentimientos de grupo (en el leninismo y estalinismo esto se llama tener un alto nivel de conciencia de clase), la gente abandona inconscientemente los estándares tradicionales del bien y el mal, y los reemplaza con el ‘pensamiento de grupo’. Esto se manifiesta más claramente en los Estados comunistas totalitarios, donde el proletariado “oprimido” obtuvo la justificación de asesinar a los terratenientes y capitalistas “opresores”.

La tendencia de denunciar arbitrariamente lenguaje ofensivo o discriminatorio comenzó con académicos del marxismo cultural que inventaron una serie de conceptos nuevos para expandir la definición de discriminación. Entre ellos están las ideas de “microagresiones”, “advertencias de disparadores”, “espacios seguros”, etc. Los directivos de las universidades crearon las correspondientes políticas y asignaturas obligatorias, como por ejemplo, capacitación en sensibilidad y capacitación en diversidad.

La microagresión se refiere a una ofensa implícita no verbal con la que uno se topa en la vida diaria, y los supuestos agresores quizás no se dan cuenta en lo absoluto de sus consecuencias. Este tipo de ofensa involuntaria o ignorancia es catalogada de “insensible” (el leninismo y el estalinismo lo considerarían una baja conciencia de clase). La capacitación en sensibilidad se ha convertido en un aspecto importante en la aclimatación de los nuevos estudiantes universitarios. Se les dice a los estudiantes qué cosas no se pueden decir y qué tipo de vestimenta no se puede usar, de lo contrario estarían cometiendo una microagresión y violando las regulaciones de la universidad.

En algunas universidades, no se puede decir la frase “Bienvenidos a Estados Unidos” porque podría constituir una discriminación y es considerada una microagresión: podría ofender a grupos étnicos que históricamente han sufrido un trato injusto en Estados Unidos, como los nativos americanos, africanos, japoneses y chinos. Esa frase podría hacerles recordar la humillante historia que sufrieron sus ancestros.

En la larga lista de declaraciones consideradas microagresiones por la Universidad de California están las siguientes:”Estados Unidos es un crisol” (discriminación racial), “Estados Unidos es una tierra llena de oportunidades” y “Hombres y mujeres tienen la misma probabilidad de tener éxito” (negar la desigualdad de género o de etnias) [51]. Las microagresiones son causales para aplicar sanciones administrativas, dado que impiden el establecimiento de “espacios seguros”.

Una típica microagresión ocurrió en en el campus Indianápolis de la Universidad de Indiana-Purdue (IUPUI). Un estudiante blanco violó la Ordenanza de Acoso Racial porque leyó un libro titulado Notre Dame vs. El Klan: Cómo los irlandeses en lucha derrotaron al Ku Kux Klan. Sin embargo, las fotografías del KKK en la portada del libro ofendieron a uno de sus compañeros, que era un encargado de la residencia estudiantil. La oficina de corrección de la universidad consideró que el estudiante había violado las reglas de discriminación racial. Más tarde, luego de la resistencia del estudiante y de la ayuda de otros grupos, la IUPUI determinó que era inocente. [52]

La naturaleza de la capacitación en sensibilidad y de la capacitación en diversidad es comparable con los programas de reeducación que tuvieron lugar en la ex Unión Soviética y que ocurren en China. El propósito de la reeducación es reforzar los conceptos de clase: los “burgueses” y la “clase terrateniente” (semejante a hombres blancos) deben reconocer su pecado original como miembros de clases opresoras, y los grupos supuestamente oprimidos deben entender la cultura “burguesa” de manera “correcta”. Se los presiona para que se quiten su “opresión internalizada” de manera que puedan reconocer sus condiciones opresivas. Esto es similar a cómo la educación feminista enseña a las mujeres a considerar la feminidad tradicional como una construcción del patriarcado.

Siguiendo el análisis marxista de clases, lo personal es político: se considera incorrecto entender un problema desde el punto de vista del opresor designado. Por lo tanto, para reformar la cosmovisión y seguir completamente el programa marxista, las palabras y acciones que niegan la opresión de clase o la lucha de clases son severamente castigadas. La capacitación en sensibilidad se lleva a cabo para revelar completamente la “injusticia social” y así reorientar el punto de vista de los grupos “oprimidos” (mujeres, minorías étnicas, homosexuales, y así).

Por ejemplo, en 2013, la Northwestern University requirió que todos los estudiantes realizaran un curso sobre diversidad antes de graduarse. Según las instrucciones de la institución, después de completar el curso, los estudiantes podrían “expandir su capacidad de pensar críticamente” (aprender a clasificar la clase), “reconocer su posición en un sistema injusto” (reconocer su componente de clase) y repensar sus “propios poderes y privilegios” (colocarse en el lugar de la clase ‘oprimida’). [53]

Otro ejemplo típico es el programa de reeducación ideológica que comenzó en 2007 en la Universidad de Delaware. Considerado un “tratamiento” para las actitudes y creencias incorrectas, este programa fue obligatorio para siete mil estudiantes. Su objetivo declarado era hacer que los estudiantes aceptaran ciertas perspectivas definidas con respecto a temas de política, raza, género y medio ambiente.

Los estudiantes que se desempeñaban como residentes a cargo en la universidad tuvieron que realizar cuestionarios individuales a los estudiantes, y hacerles preguntas sobre con qué razas y géneros tendrían citas, con el objetivo de que los estudiantes fueran más abiertos a tener citas fuera de sus grupos. Cuando un residente a cargo le preguntó a una estudiante cuándo había descubierto su identidad de género (en oposición a su sexo biológico), la estudiante dijo que no era un asunto del residente. El residente la denunció ante los directivos de la universidad. [54]

Este adoctrinamiento político en masa no solo mezcla los estándares para discernir los valores morales, sino que también reforzó el egoísmo y el individualismo. Los estudiantes jóvenes aprenden que pueden utilizar los sentimientos altamente politizados de un grupo (política de la identidad) para satisfacer sus propios deseos individuales. Con solo declararse perteneciente a cierto grupo que supuestamente es oprimido, uno puede acusar y amenazar a otros, o usar dicha identidad para su beneficio personal. Cuando las opiniones de otras personas no concuerdan con las de ellos, pueden considerarlas una ofensa y denunciarlos ante la universidad, la cual restringirá el derecho a la libertad de expresión de esas personas. Si a alguien no le gustan las ideas que se imprimen en un periódico estudiantil conservador, algunos considerarán que es apropiado quemar las publicaciones.

Si uno se ofende o no, es un sentimiento subjetivo, pero hoy en día, incluso los sentimientos pasan como evidencia objetiva. Ha llegado al punto en que los profesores universitarios deben andarse con rodeos. Recientemente, estudiantes de muchas universidades comenzaron a exigir que antes de enseñar cierto contenido, los profesores primero tengan que emitir “un aviso de advertencia” de que algunos temas de discusión o materiales de lectura podrían causar reacciones emocionales negativas. En los últimos años, incluso obras como El mercader de Venecia de Shakespeare y Las metamorfosis del poeta romano Ovidio acabaron en la lista de literatura que requieren avisos de advertencia. Algunas universidades incluso recomiendan evitar lo más posible las obras que se considera podrían desencadenar ciertas emociones en los estudiantes. [55]

Muchos estudiantes que crecen en este tipo de ambiente tienen egos susceptibles y tratan de evitar sentirse ofendidos al máximo. La identidad de grupo (es decir, otra versión de la “conciencia de clase” que predica el comunismo) promovida en las universidades deja a los estudiantes ignorantes ante el pensamiento independiente y la responsabilidad personal. Al igual que los estudiantes radicales de los 60 que ahora son sus profesores, estos estudiantes están en contra de la tradición. Se entregan a una promiscuidad sexual confundida, el abuso del alcohol y la drogadicción. Su habla está llena de groserías. Sin embargo, debajo de su desprecio por las convenciones del mundo yacen corazones y almas frágiles, incapaces de soportar el más mínimo golpe o contratiempo, sin mencionar asumir una responsabilidad real.

La educación tradicional fomenta el autocontrol, el pensamiento independiente, el sentido de la responsabilidad y el respeto hacia los demás. El espectro del comunismo solo quiere que la próxima generación abandone completamente su comportamiento moral y se convierta en sus esbirros para dominar el mundo.

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Referencias

[1] Robby Soave, “Elite Campuses Offer Students Coloring Books, Puppies to Get Over Trump,” Daily Beast,

https://www.thedailybeast.com/elite-campuses-offer-students-coloring-books-puppies-to-get-over-trump.

[2] Elizabeth Redden, “Foreign Students and Graduate STEM Enrollment,” Inside Higher Ed, October 11, 2017, https://www.insidehighered.com/quicktakes/2017/10/11/foreign-students-and-graduate-stem-enrollment.

[3] G. Edward Griffin, Deception Was My Job: A Conversation with Yuri Bezmenov, Former Propagandist for the KGB, (American Media, 1984).

[4] Scott Jaschik, “Professors and Politics: What the Research Says,” Inside Higher Ed, February 27, 2017, https://www.insidehighered.com/news/2017/02/27/research-confirms-professors-lean-left-questions-assumptions-about-what-means.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] “The Close-Minded Campus? The Stifling of Ideas in American Universities,” American Enterprise Institute website, June 8, 2016, https://www.aei.org/events/the-close-minded-campus-the-stifling-of-ideas-in-american-universities/.

[9] Fred Schwartz and David Noebel, You Can Still Trust the Communists… to Be Communists (Socialists and Progressives too) (Manitou Springs, Colo.: Christian Anti-Communism Crusade, 2010), 2–3.

[10] Zygmund Dobbs, “American Fabianism,” Keynes at Harvard: Economic Deception as a Political Credo. (Veritas Foundation, 1960), Chapter III.

[11] Robin S. Eubanks, Credentialed to Destroy: How and Why Education Became a Weapon (2013), 26.

[12] Walter Williams, More Liberty Means Less Government: Our Founders Knew This Well (Stanford: Hoover Institution Press, 1999), 126.

[13] David Macey, “Organic Intellectual,” The Penguin Dictionary of Critical Theory (London: Penguin Books, 2000), 282.

[14] Karl Marx, “Theses On Feuerbach” (Marx/Engels Selected Works, Volume One), 13–15.

[15] Bruce Bawer, The Victims’ Revolution: The Rise of Identity Studies and the Closing of the Liberal Mind (New York: Broadside Books, 2012), Chapter 1.

[16] Ibid.

[17] Franz Fanon, The Wretched of the Earth, trans. Constance Farrington (New York: Grove Press, 1963), 92.

[18] Jean Paul Sartre, “Preface,” The Wretched of the Earth, by Franz Fanon, 22.

[19] Roger Kimball, Tenured Radicals: How Politics Has Corrupted Our Higher Education, revised edition (Chicago: Ivan R. Dee, 1998), 25–29.

[20] Jonathan Culler, Literary Theory: A Very Short Introduction (Oxford: Oxford University Press, 1997), 4.

[21] Fredrick Jameson, The Political Unconscious: Narrative as a Socially Symbolic Act (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1981), Chapter 1.

[22] Roger Kimball, “An Update, 1998,” Tenured Radicals: How Politics Has Corrupted Our Higher Education, 3rd Edition (Chicago: Ivan R. Dee, 2008), xviii.

[23] Karl Marx, “The German Ideology” (Progress Publishers, 1968).

[24] “Most Cited Authors of Books in the Humanities, 2007,” Times Higher Educationhttps://www.uky.edu/~eushe2/Bandura/BanduraTopHumanities.pdf.

[25] Joshua Phillip, “Jordan Peterson Exposes the Postmodernist Agenda,” The Epoch Times, June 21, 2017, https://www.theepochtimes.com/jordan-peterson-explains-how-communism-came-under-the-guise-of-identity-politics_2259668.html.

[26] Roger Kimball, “The Perversion of Foucault,” The New Criterion, March 1993, https://www.newcriterion.com/issues/1993/3/the-perversions-of-m-foucault.

[27] David Horowitz and Jacob Laksin, One Party Classroom (New York: Crown Forum, 2009), 51.

[28] Ibid., 51–52.

[29] Bawer, The Victims’ Revolution: The Rise of Identity Studies and the Closing of the Liberal Mind, Chapter 3.

[30] Horowitz and Laksin, One Party Classroom, 3.

[31] David Horowitz, The Professors: The 101 Most Dangerous Academics in America (Washington D.C.: Regnery Publishing, Inc., 2013), 84–5.

[32] Horowitz and Laksin, One Party Classroom, 212.

[33] David Horowitz, Indoctrinate U.: The Left’s War against Academic Freedom (New York: Encounter Books, 2009), Chapter 4.

[34] Ibid.

[35] Horowitz and Laksin, One Party Classroom, 1–2

[36] Quoted from http://www.azquotes.com/author/691-Bill_Ayers.

[37] Horowitz, The Professors: The 101 Most Dangerous Academics in America, 102.

[38] “Who Won the Civil War? Tough Question,” National Public Radio, November 18, 2014, https://www.npr.org/sections/theprotojournalist/2014/11/18/364675234/who-won-the-civil-war-tough-question.

[39] “Summary of Our Fading Heritage: Americans Fail a Basic Test on Their History and Institutions,” Intercollegiate Studies Institute Website, https://www.americancivicliteracy.org/2008/summary_summary.html.

[40] “Study: Americans Don’t Know Much About History,” July 17, 2009, https://www.nbclosangeles.com/news/local/Study-Americans-Dont-Know-About-Much-About-History.html.

[41] Howard Zinn, A People’s History of the United States (New York: Harper Collins, 2003).

[42] Horowitz, The Professors: The 101 Most Dangerous Academics in America, 74.

[43] Dinesh D’ Souza, Illiberal Education: The Politics of Race and Sex on Campus (New York: The Free Press, 1991), 71.

[44] Paul Samuelson, “Foreword,” in The Principles of Economics Course, eds. Phillips Saunders and William B. Walstad (New York: McGraw-Hill College, 1990).

[45] Alan D. Sokal, “Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity,” Social Text No. 46/47 (Spring–Summer, 1996), 217–252.

[46] Alan D. Sokal, “A Physicist Experiments with Cultural Studies,” Lingua Franca (June 5, 1996). Available at http://www.physics.nyu.edu/faculty/sokal/lingua_franca_v4/lingua_franca_v4.html.

[47] Alan D. Sokal, “Parody,” “All Things Considered,” National Public Radio, May 15, 1996, https://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=1043441.

[48] Alan D. Sokal, “Revelation: A Physicist Experiments with Cultural Studies,” in Sokal Hoax: The Sham That Shook the Academy, ed. The Editors of Lingua Franca (Lincoln, NE: University of Nebraska Press, 2000), 52.

[49] Thomas Sowell, Inside American Education: The Decline, The Deception, The Dogma (New York: The Free Press, 1993), 212–213.

[50] Donald Alexander Downs, Restoring Free Speech and Liberty on Campus (Oakland, CA: Independent Institute, 2004), 51.

[51] Eugene Volokh, “UC Teaching Faculty Members Not to Criticize Race-Based Affirmative Action, Call America ‘Melting Pot,’ and More,” The Washington Post, June 16, 2015, https://www.washingtonpost.com/news/volokh-conspiracy/wp/2015/06/16/uc-teaching-faculty-members-not-to-criticize-race-based-affirmative-action-call-america-melting-pot-and-more/?utm_term=.c9a452fdb00f.

[52] “Victory at IUPUI: Student-Employee Found Guilty of Racial Harassment for Reading a Book Now Cleared of All Charges,” Foundation for Individual Rights in Educationhttps://www.thefire.org/victory-at-iupui-student-employee-found-guilty-of-racial-harassment-for-reading-a-book-now-cleared-of-all-charges/.

[53] “Colleges Become Re-Education Camps in Age of Diversity,” Investor’s Business Daily https://www.investors.com/politics/editorials/students-indoctrinated-in-leftist-politics/.

[54] Greg Lukianoff, “University of Delaware: Students Required to Undergo Ideological Reeducation,” Foundation for Individual Rights in Educationhttps://www.thefire.org/cases/university-of-delaware-students-required-to-undergo-ideological-reeducation/.

[55] Alison Flood, “US Students Request ‘Trigger Warnings’ on Literature,” The Guardian, May 19, 2014, https://www.theguardian.com/books/2014/may/19/us-students-request-trigger-warnings-in-literature.

 
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