‘La creación de Adán’ y el reino interior

Alcanzando lo interno: Qué le ofrece al corazón el arte tradicional

Por Eric Bess

“La creación de Adán” de Michelangelo Buonarroti, es una pequeña parte del fresco en la Capilla Sixtina, una imagen icónica de la que suelen aparecer referencias en la televisión y la literatura. Un episodio de Westworld en HBO se refirió a la pintura en relación al significado de la conciencia. El personaje de Westworld, el Dr. Robert Ford interpretado por Anthony Hopkins, usa “La creación de Adán” para darle a entender a una de sus creaciones androides humanoides “que la conciencia es el verdadero regalo que un creador puede dar a su creación“.

¿Es esta interpretación satisfactoria o le falta algo? ¿Sugiere Michelangelo que Dios no es nada más que conciencia? ¿O que la conciencia es el lazo entre los seres humanos y Dios? ¿O está simplemente representando su entendimiento de una historia bíblica?

En su artículo “Una interpretación de la ‘Creación de Adán’ de Michelangelo basada en la neuroanatomía”, el Dr. Frank Lynn Meshberger sugiere que representar a Dios como conciencia es una interpretación plausible de “La creación de Adán”. Él afirma que los sonetos de Michelangelo y su estudio de la anatomía son evidencia de esta interpretación.

Los sonetos de Michelangelo sugieren que la creación se forma primero en el intelecto antes de que las manos tomen parte y, usando el conocimiento que obtuvo al diseccionar cadáveres, él pintó una representación de un corte transversal del cerebro para enmarcar la fuente de la creación: Dios. O sea, si uno mira la porción de la pintura que representa a Dios, a quienes lo están asistiendo y a la tela con forma de elipse detrás de él, se puede ver la forma del corte transversal de un cerebro. Esta es una interpretación que tiene a lo inmaterial, o sea, la mente y el espíritu, influenciando a lo material, o sea, el cuerpo.

¿Es esta una interpretación convincente de la obra de Miguel Ángel? No hay forma de estar seguros sobre las intenciones de Michelangelo a no ser que él lo diga. De hecho, el Dr. Michael Salcman, un neurocirujano, sugiere que “nuestros sistemas visuales […] llenan los detalles y crean significado, cuando quizá no haya habido patrón o significado intencional”. El ser humano es capaz de ver representaciones de cosas en las formas abstractas, como cuando vemos figuras en las nubes. No obstante, especular sobre los posibles significados tiene una curiosa forma de producir significado.

Antes de acercarme a la interpretación de “La creación de Adán”—de que Dios es conciencia—yo tenía solo una: Dios está creando a Adán según el entendimiento de Michelangelo sobre la doctrina católica. Sin embargo, estar expuesto a otras interpretaciones refrescó la mía. Miguel Ángel era un católico devoto y Jesús sí dice que “el reino de Dios está dentro vuestro“. Quizá Michelangelo tomó esta cita literalmente durante el tiempo en que diseccionaba cadáveres, o quizá simplemente está usando su arte para representar lo inmaterial.

Sea cual haya sido la intención de Michelangelo, yo ahora experimento el fresco de manera diferente. Ahora veo la desnudez de Adán. Nacemos en este mundo desnudos y morimos dejándolo todo. Adán no tiene nada más que el suelo donde se recuesta, su cuerpo y su mano extendida hacia Dios. Adán parece existir como intermediario entre lo divino y lo mundano. ¿Pero qué lo permite? ¿Qué le permite a Dios estar tan cerca de tocar la mano extendida de Adán? ¿Podría ser su desnudez?

Para mí, esta desnudez representa una ausencia de egoísmo. Él no es dueño de nada y parece no tener deseo por nada. Incluso su mano extendida está floja y sin entusiasmo, mientras se reclina en una posición relajada y cómoda. No obstante, esto no es indicativo de cómo se siente sobre Dios, ya que su cara está llena de adoración al contemplar lo divino. Parece, en cambio, que su estado de calmo altruismo es el prerrequisito para que Dios se acerque a lo que Él ha creado.

El fresco mismo se titula “La creación de Adán”. Dios crea a Adán de una forma tal que le place a Dios. A mí me parece que un altruismo calmo y un estado de carencia de deseo es lo que le place a Dios.

Sin embargo, uno podría decir que el brazo de Adán está relajado solo porque el brazo estirado de Dios está en el proceso de darle vida a Adán, y el brazo de Adán aún no está lleno de la energía vital. Que él esté en el proceso de cobrar vida explica su pose relajada y su falta de entusiasmo. Su expresión, en vez de adoración, es una de añoranza y deseo de que Dios complete la tarea de darle vida, lo cual parece contradecir mis sugerencias previas.

Incluso si esta interpretación fuera el caso, incluso si Adán tiene deseo de vivir, esta añoranza y deseo están solo dirigidos a Dios y a nada más. De cualquier forma, la adoración—o el deseo— presente en la expresión de Adán es un prerrequisito o un resultado de Dios dándole vida.

No obstante, quizá Dios ya haya completado su tarea: Adán ya tiene vida. Adán no está entrando a la vida sino reaccionando al don de la vida. Él se ha reclinado, y hay una distancia entre sus manos y la adoración en su cara, como si Adán estuviera mostrando gratitud por el don de la vida. Esto me indica que Michelangelo ha representado intencionalmente a Adán en una pose viva pero reclinada, relajada y sin egoísmo en presencia de Dios, como una expresión de su gratitud por los dones de Dios.

No estoy totalmente convencido de que Michelangelo implementara secretamente la imagen de un corte transversal de un cerebro donde se ubica Dios, pero si lo hizo, me gustaría pensar que lo hizo por la misma razón: que solo cuando estamos en un estado mental relajado y altruista nos alcanza lo divino. El estado de nuestras mentes es lo que nos permite experimentar lo divino durante nuestra corta estadía en la Tierra.

Quizá no sepa las intenciones de Michelangelo en cuanto a este fresco, pero sí aprecio que unos 500 años más tarde, todavía nos intrigue. Quizá mi investigación y reflexión interna sobre esta pintura sea parte de mi viaje hacia el reino interior.

El arte tiene una habilidad increíble para señalar lo que no se puede ver para que nos preguntemos, “¿Qué significa esto para mí y para todos los que lo ven?”; “¿Cómo influenció el pasado y cómo podría influenciar el futuro?”; “¿Qué sugiere sobre la experiencia humana?” Estas son algunas de las preguntas que voy a explorar en mi serie Alcanzando el interior: Lo que el arte tradicional ofrece al corazón.

Eric Bess es una artista que practica el representacionismo. Él cursa un doctorado en el Instituto de Estudios Doctorales en Artes Visuales (IDSVA).

 
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