El socialismo democrático es justamente eso: socialismo

Hacer que todo sea gratis provocaría largas filas, altos impuestos e hiperinflación.

Por Jeffrey Trucker

Estamos siendo inundados por nuevos discursos abogando por el “socialismo democrático”. Esto se debe al aclamado éxito político de unos pocos autoproclamados socialistas, que tienta a los expertos de alto nivel a pensar que ahora es su momento.

La palabra socialismo ya no es tóxica, observan ellos con esperanza. Ya no es necesario enterrar los verdaderos planes con eufemismos como “democracia económica”, “economía participativa”, “empoderamiento de los trabajadores” o “justicia social”. Llevemos esto al límite, llamémoslo socialismo, y finalmente superemos nuestro exaltado apego a los mercados y al capitalismo como base para la organización económica.

He leído muchos de estos, siempre con la esperanza de escuchar un argumento que no sea obviamente falso o de ver un plan para saber exactamente cómo se va a realizar esta fantasía. Siempre es una decepción.

Estos artículos tienen la sensación de ser sueños, no realidad. No hay nada malo en soñar. El problema es cuando haces de la sociedad tu molde para tratar de hacer realidad tu fantasía.

Lo que también es fascinante de estos intentos –y esto ha sido cierto desde que Vladimir Lenin proporcionó el bosquejo más breve posible sobre cómo funcionaría precisamente el socialismo– es que los escritores rara vez hablan de lo que su socialismo significaría para la expansión del poder del gobierno.

Lenin habló improvisadamente, como si el problema económico se resolviera fácilmente.

“Toda la sociedad se habrá convertido en una sola oficina y una sola fábrica, con igualdad de trabajo y de salario”, afirmó. Ese era todo su plan.

Entonces, ellos también hablan como si el socialismo ocurriera sin un martillo que lo pusiera en su lugar a los golpes. Solo necesitan deshacerse del “poder” capitalista, y el resto se hará solo.

El último intento

Este es un caso, cortesía de Corey Robin, profesor de ciencias políticas del Brooklyn College:

“El argumento socialista contra el capitalismo no es que nos hace pobres. Es que nos no hace libres. Cuando mi bienestar depende de tu capricho, cuando las necesidades básicas de la vida obligan a la sumisión al mercado y al sometimiento en el trabajo, vivimos no en libertad sino en dominación. Los socialistas quieren acabar con esa dominación: liberarnos de las reglas del jefe, de la necesidad de sonreír por el bien de una venta, de la obligación de vender por el bien de la supervivencia”.

Espera. Él realmente acaba de decir que uno de los grandes méritos del socialismo es que no necesitarías sonreír cuando vendes algo.

Una sociedad donde nada cuesta nada y nadie necesita sonreír, esa es la visión. Eso ciertamente explica el largo historial de miseria y tristeza causado por las experiencias pasadas del socialismo. Toda esa gente sin sonrisas… ellos fueron liberados del ethos capitalista de tener que complacer a otros.

Y él continúa. El objetivo es “sistema universal único de prestación médica, universidad gratuita, más sindicatos y salarios más altos”, y el socialismo es la manera de lograrlo. Dice: “Estas son medidas de emancipación, liberando a hombres y mujeres de la tiranía del mercado y de la autocracia en el trabajo”. “El socialista”, como ves, “cree que hacer que las cosas sean gratis libera a las personas”.

¿Qué quieren decir con “gratuito”?

Observa el juego retórico entre los significados de “libre”: libre como la palabra y libre como la cerveza. Son absolutamente diferentes.

La primera se refiere al derecho humano a ejercer la voluntad. La segunda es una referencia a un sistema de precios. Puedo ofrecerte una cerveza gratis, pero eso no significa que nadie pague por ella.

Si realmente hay una manera de crear abundancia infinita escribiendo sobre ello, eso sería genial. Nadie podría negarse.

Tomaré un Tesla, unas vacaciones en China, un armario lleno de ropa y todo el pescado fresco que pueda comer para siempre. Gracias.

Lamentablemente, este sueño comete un simple error: niega la existencia y la persistencia de la escasez. Es decir, niega que producir y distribuir sea un problema. Si lo niegas, no es de extrañar que no consideres a la economía como una disciplina de las ciencias sociales.

Los economistas utilizan el término “escasez” de una manera particular. No significa que algo falta, aunque la posibilidad de que falten cosas es una característica de la escasez. Pero un bien o un servicio puede seguir siendo escaso aunque exista en abundancia.

Entonces, por ejemplo, el hecho de que las tiendas estén repletas de comestibles, o solo porque las empresas de internet te pidan que descargues sus aplicaciones, no significa que vivamos en una era de post-escasez. No hay tal cosa como la post-escasez en esta vida.

Los precios resuelven problemas

Mientras haya una competencia por el control sobre algo, se trata de un bien escaso. Digamos que estás compartiendo una pizza con tus amigos. Cada vez que tomas una porción, aparece otra en su lugar. La pizza se está reproduciendo mágicamente. En algún momento, una vez que hayas notado este fenómeno, tu comportamiento comienza a cambiar. No hay más rivalidad por las porciones. Tu control sobre una porción no prohíbe el control de otros. En este caso, la pizza ha dejado de ser escasa. En efecto, puedes tener “socialismo de la pizza”.

Luego está el mundo en el que la pizza no aparece por arte de magia. La escasez forma parte de la naturaleza de un bien. Si puedes imaginarte a la gente en algún tipo de discusión sobre quién puede controlarla o consumirla, es escasa. Luchar por la propiedad intelectual no cuenta porque lo que realmente implica es luchar por si alguien puede usar sus escasos recursos (unidades de computadora, cuerdas de guitarra, etc.) para reproducir patrones (software, canciones, etc.).

Incluso los bienes abundantes pueden ser escasos. Piensa en una búsqueda de huevos de Pascua con 100.000 huevos en el jardín. Los niños igualmente correrán y lucharán por recogerlos. Después de la búsqueda los intercambiarán. Y todavía se deleitarán en tener más que otros. Los huevos siguen teniendo las características de la escasez.

No hay propiedad colectiva de los bienes escasos

Este es el punto clave. Mientras algo sea escaso, no puede ser gratis, ilimitado y colectivo. Sea lo que sea, se lo utilizará en exceso, se agotará y finalmente desaparecerá después de la lucha final por el último pedazo, similar a lo que ocurrió en Venezuela y a lo que ha ocurrido en todos los experimentos socialistas de la historia.

Es decir, no se puede tener el socialismo en un bien o servicio escaso. En su lugar, debe ser distribuido. Las cosas pueden ser distribuidas por decisión arbitraria avalada por la fuerza, o pueden ser distribuidas a través de acuerdos, intercambios y obsequios. La forma forzada es en lo que siempre se convierte el socialismo. Esto es por una simple razón: el socialismo no se ocupa de la realidad de la escasez y de la forma en que el sistema de propiedad y precios basado en el mercado lo resolvió sin violencia.

¿Qué no es escaso?

¿Qué no tiene la característica de la escasez? Piensa en cualquier bien o servicio sobre el cual no haya competencia por controlarlo y consumirlo. Puedes consumirlo y también todos los demás, hasta el infinito. La última palabra es clave. Para que un bien no sea escaso, no puede haber límites en su reproducibilidad.

¿Puede ser el aire? No siempre, como bien sabes si alguna vez quedaste atascado entre pisos en un elevador lleno de gente. ¿Qué hay del agua? No, hay una razón para que el mercado de agua embotellada sea tan grande. Estas son iguales a todas las cosas en el mundo físico: sujetas a límites y por lo tanto deben ser distribuidas.

Por otro lado, digamos que escuchas una canción pegadiza. Puedes tomar la melodía, cantarla todo el día y compartirla con tus amigos. Hacer esto no le quita nada al original. De la misma manera, se puede mirar una imagen, recordarla y reproducirla.

Lo mismo sucede con las ideas de este artículo. Puedes llevártelas. No puedo detenerte a menos que ataque o amenace tu escaso cuerpo o que alguien más (como el gobierno) lo haga en mi nombre. La idea de todos estos bienes no es escasa, por lo que no necesitan tener un precio o ser propiedad.

¿Cómo es que todavía terminas pagando por descargar libros y comprar música? La razón no se debe exclusivamente a los derechos de autor, sino también a que lo que estás pagando no es un bien, sino más bien un servicio escaso: todo lo que se asocia con el acceso a los servidores.

No hay Cielo en la Tierra

Dejando todo esto a un lado, en general los socialistas no parecen entender el primer punto: para los bienes físicos y los servicios humanos, no hay un Cielo imaginario en la Tierra con abundancia ilimitada. Todo lo que podemos hacer es luchar para hacer que haya más de todo disponible para la mayor cantidad de personas posible y fomentar el comercio para aprovechar la división del trabajo. Esto se llama mercado, y se basa en la noción de propiedad privada en todas las cosas escasas, incluidos los bienes de capital –la misma cosa que los socialistas quieren acabar.

El socialismo parece ser la ideología no falsificable más persistente del planeta. Los socialistas son como personas que juran que la gravedad no existe y siguen saltando sobre los dos pies, esperando subir a las nubes en cualquier momento. Nunca sucede, pero la fe de que no hay gravedad permanece inamovible.

No es un pensamiento serio ir por ahí simplemente exigiendo que todo sea gratis. Esa demanda no resuelve ningún problema que haya ocupado el mundo de la economía durante mil años. Intenta implementarlo, y todos van a tener que pagar por ello –a través de largas filas, altos impuestos imposibles, hiperinflación, privación material– y no a través de una elección propia.

Jeffrey Tucker es director editorial del Instituto Americano de Investigación Económica. Es autor de cinco libros, entre ellos “Colectivismo del ala derecha: La otra amenaza a la libertad”. Este artículo fue publicado por primera vez en AIER.org.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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