Capítulo 9: La trampa económica comunista (Parte 2)

Traducción en partes del libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”

Por La Gran Época

La Gran Época publica aquí entregas traducidas del inglés de un nuevo libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”, del equipo editorial de “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino”.

Tabla de contenidos

4. Propiedad pública y economía planificada: Sistemas de esclavitud
a. Propiedad pública: un yugo totalitario
b. Planeamiento económico: destinado al fracaso

5. La Teoría de la Explotación marxista: Una falaz inversión del bien y el mal

6. Odio y envidia: El origen del igualitarismo absoluto
a. La promoción del igualitarismo económico: un trampolín al comunismo
b. El comunismo utiliza a los sindicatos para afectar a las sociedades libres

7. Los ‘ideales’ comunistas: tentar al hombre para que se dirija hacia su propia destrucción

Conclusión: Solo mediante la moral se puede conseguir la paz y la prosperidad

***

4. Propiedad pública y economía planificada: Sistemas de esclavitud

Dios creó al hombre, lo dotó de sabiduría y fuerza, y estableció que en su vida cosecharía los frutos de su trabajo, a fin de tener lo suficiente para salvaguardar su vida. Tal como dice la Declaración de Independencia de Estados Unidos: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. [1]

Naturalmente, estos derechos incluyen el poder de poseer y distribuir su propiedad y bienes.

En contraste, Marx declaró en el Manifiesto Comunista: “En este sentido, la teoría de los comunistas puede resumirse en una única frase: la abolición de la propiedad privada” [2]. Esta es una referencia a la propiedad pública, para la cual la economía planificada es un aspecto obligatorio. La esencia de este sistema viola los principios celestiales, va en contra de la naturaleza humana y es una forma de esclavitud.

a. Propiedad pública: un yugo totalitario

El pionero anticomunista estadounidense Fred Schwartz contó la siguiente broma en su libro Usted puede confiar en los comunistas (para que se comporten como tales) sobre dos entrevistas realizadas por una persona que primero visitó una planta automotriz soviética y luego una estadounidense [3]:

“¿Quién es el dueño de esta fábrica?”

“Nosotros”, respondieron.

“¿Quién es el dueño de la tierra sobre la cual está construida?”

“Nosotros”.

“¿Quién es el dueño de los productos una vez fabricados?”

“Nosotros”.

Afuera, en la esquina de un gran parque, había tres automóviles destartalados. El visitante preguntó, “¿Quiénes son los dueños de aquellos autos?”

Ellos respondieron: “Nosotros, pero uno de ellos lo utiliza el gerente de la fábrica, otro lo utiliza el comisario político y el otro lo utiliza la policía secreta”.

El mismo investigador fue a una fábrica de Estados Unidos y le preguntó a los trabajadores, “¿Quién es el dueño de esta fábrica?”

“Henry Ford”, respondieron.

“¿Quién es el dueño de la tierra sobre la cual está construida?”

“Henry Ford”.

“¿Quién es el dueño de los productos una vez fabricados?”

“Henry Ford”.

Afuera de la fábrica había un vasto parque lleno de todo tipo y variedad de modernos automóviles americanos. Él preguntó, “¿Quiénes son los dueños de aquellos autos?”

Ellos respondieron, “Oh, nosotros”.

Esta historia es un retrato vívido de las consecuencias y diferencias entre los sistemas de propiedad privada y pública. Bajo el sistema de propiedad pública, los recursos y las ganancias del trabajo están nacionalizados. Los mecanismos que motivan el entusiasmo, el esfuerzo y la innovación individual están ausentes, al igual que el sentido de responsabilidad que transmite el derecho a la propiedad personal. En las palabras, la propiedad pública significa que la riqueza de un país es compartida por todos los ciudadanos, pero en la práctica, significa que la clase privilegiada monopoliza los recursos y primero cuida de sí misma.

El factor fundamental para el crecimiento económico de una nación es su pueblo. La propiedad pública estrangula la vitalidad y la motivación del pueblo para ser productivo. Afecta el ánimo, promueve la ineficiencia y causa desperdicio. Desde las granjas colectivas soviéticas a las comunas populares de China –incluyendo la fallida colectivización en Camboya y Corea del Norte– el sistema de propiedad pública lleva hambre a donde sea que vaya. Decenas de millones de personas en China murieron en una hambruna creada por el hombre.

La propiedad privada concuerda con el principio de que el hombre trabaja para ganarse el pan. Por el contrario, la propiedad colectiva viola este principio. En la naturaleza humana hay bondad y maldad. La propiedad privada le permite al hombre desarrollar su naturaleza bondadosa y promueve el trabajo y el ahorro. Por su lado, la propiedad colectiva incentiva la maldad de la naturaleza humana, promoviendo la envidia y la pereza.

Friedrich Hayek escribió que el crecimiento de la civilización se apoya en las tradiciones sociales que colocan a la propiedad privada en el centro. Tales tradiciones generaron el sistema capitalista moderno y el crecimiento económico que lo acompaña. Este es un orden orgánico y autógeno que no requiere del gobierno para funcionar. Sin embargo, los movimientos comunistas y socialistas buscan ejercer el control sobre este orden formado espontáneamente –y es lo que Hayek llama su “arrogancia fatal”. [4]

Si la propiedad privada y la libertad son inseparables, entonces el mismo principio aplica a la propiedad colectiva, que está unida a un poder dictatorial y a la supresión. El sistema de propiedad colectiva nacionaliza los recursos, degrada la productividad económica y convierte a la gente en los sirvientes y esclavos del país. Todas las personas deben obedecer los comandos del partido central, y cualquier idea o voz que no sea consistente con la del régimen puede ser silenciada mediante castigos económicos. Así el pueblo queda indefenso ante la intervención del Estado.

Por lo tanto, la eliminación de la propiedad privada y el establecimiento de la propiedad colectiva inevitablemente producen resultados totalitarios. El colectivismo es un yugo colocado en el cuello del hombre por el Estado totalitario. La libertad es usurpada –incluyendo la libertad de ser buena persona– y todos son forzados a seguir los comandos morales del régimen comunista.

Algunas personas han dicho que el poder no debe ser privatizado y que la riqueza no debe ser colectivizada, de lo contrario, la humanidad enfrentará un desastre. Eso es muy cierto.

b. Planeamiento económico: destinado al fracaso

Bajo una economía planificada, toda la producción de la sociedad, la asignación de recursos y la distribución de productos se basa en un plan establecido por el Estado. Esto es completamente diferente del planeamiento orgánico de empresas e individuos.

La economía planificada tiene defectos naturales y evidentes. Primero, requiere la recolección de una gran cantidad de datos para poder hacer planes razonables para la producción. Para un país, especialmente un país moderno con una gran población, la cantidad de información relevante es incalculablemente grande. Por ejemplo, el Buró de Precios de los Productos Básicos de la ex Unión Soviética tuvo que fijar los precios de 24 millones de productos diferentes [5]. Tales cálculos son imposibles.

La complejidad y variabilidad de la sociedad y las personas no puede resolverse mediante una economía planificada unificada [6]. Aun con el uso del big data y la inteligencia artificial de los tiempos modernos, no es posible introducir los pensamientos humanos como variables, y por lo tanto el sistema siempre estará incompleto.

El economista Ludwig von Mises trató la relación entre socialismo y el mercado en su artículo “Cálculo económico en la mancomunidad socialista” [7]. Von Mises señala que sin un mercado verdadero, una sociedad socialista no es capaz de hacer cálculos económicos razonables. Por lo tanto, la distribución de los recursos no puede ser racionalizada y la economía planificada fallará.

Segundo, la economía planificada requiere el control coercitivo de los recursos por parte del Estado. Esto en definitiva requiere un poder absoluto, cupos e imposiciones. Además, una economía de poder responde ante todo a la política, en vez de a las necesidades de la gente. Cuando los requisitos del mundo real no se conforman con los planes del Estado, entonces el poder estatal pisotea las tendencias económicas naturales, causando una mala distribución masiva del capital y todos los problemas relacionados a esto. La economía planificada utiliza el poder y la sabiduría limitados de un gobierno para jugar a ser Dios. Es algo condenado al fracaso.

La planificación económica y la política de gran presión son inseparables. Debido a que es inevitable que los planes nacionales tengan fallas, cuando surgen los problemas, los planes enfrentan desafíos tanto dentro como fuera del gobierno. Quienes ostentan el poder entonces sienten que se está desafiando su autoridad y contraatacan con presión política y purgas. Mao Zedong, por ejemplo, ignoró las leyes de la economía e impuso el Gran Salto Adelante, lo que resultó en una hambruna de tres años que causó decenas de millones de muertes. Esto le planteó aún más desafíos, y es una de las razones principales por las que luego lanzó la Revolución Cultural.

Los desastrosos efectos de la economía planificada y la propiedad colectiva han quedado expuestos por completo en las actuales condiciones de las empresas estatales chinas. En los últimos años, un gran número de empresas estatales chinas han detenido o disminuido su producción, han sufrido pérdidas cada año o se han vuelto insolventes. Estas dependen de los subsidios del gobierno y de importantes créditos bancarios para mantener sus operaciones. En esencia se han convertido en parásitos de la economía nacional y muchas son conocidas como “empresas zombie”. [8]

Entre las 150.000 empresas estatales en China, con la excepción de monopolios estatales en los lucrativos sectores del petróleo y las telecomunicaciones, otras empresas estatales reportan ganancias mínimas y sufren grandes pérdidas, destruyendo repetidamente el capital. Hacia fines de 2015, el total de sus activos representaban el 176% del PBI, las deudas representaban el 127% y las ganancias representaban solo el 3,4%. Algunos economistas creen que las empresas zombie básicamente han convertido a la economía china en su rehén. [9]

Mientras tanto, la planificación económica priva a las personas de su libertad y obliga al Estado a ocuparse de ellas. La esencia del proyecto se trata de convertir a la gente en esclavos y máquinas. Todos los aspectos de la vida de las personas están bajo el control del Estado, el cual encierra a la gente en una prisión invisible, pretende abolir el libre albedrío y altera los parámetros de la vida humana establecidos por Dios. Esta es otra manifestación más de la revuelta del espectro del comunismo contra Dios y la ley natural.

5. La Teoría de la Explotación marxista: Una falaz inversión del bien y el mal

Marx dijo que solo el trabajo crea valor. Si el dueño de una empresa invierte 10 millones de dólares este año, y los ingresos de la empresa son de 11 millones de dólares, entonces este millón de ganancia fue creado por los empleados. Según la teoría de Marx, el capital –las vidrieras, los productos y otros medios de producción– no crean valor, sino que solo se transfiere a una parte del costo de los bienes. El valor creado por los empleados de la empresa (11 millones de dólares) es mayor que el de los costos de la empresa (incluyendo los salarios de los empleados, que sería el costo de su trabajo). En la teoría marxista, la ganancia, un millón de dólares, es una “plusvalía” creada por los empleados de la cual se apropia el capitalista injustamente.

Por lo tanto, Marx afirmaba que había encontrado el secreto sobre cómo hacen dinero los capitalistas y creía que ese era el pecado original de los burgueses: la explotación. La inversión capitalista para el establecimiento de fábricas y empresas es algo que obviamente se hace para obtener una ganancia, así que según Marx, el proletariado se verá inevitablemente explotado. Este pecado original de explotación es inherente al sistema capitalista, el cual pertenece a toda la burguesía. Así fue que Marx llegó a la conclusión de que para eliminar este pecado había que destruir a toda la sociedad capitalista, es decir, hay que eliminar a los burgueses y confiscar sus bienes, mientras la vanguardia del partido colectiviza la propiedad e instituye el comunismo.

Lo absurdo de la teoría de la explotación de Marx se refleja principalmente en dos aspectos. Primero, él divide a la gente en dos clases opositoras: los burgueses con capital y el proletariado sin capital. De hecho, desde el surgimiento de las sociedades industrializadas, la movilidad social se ha incrementado rápidamente. Por ejemplo, la movilidad social en la época de Marx (principios del 1800 hasta la década de 1850) era similar a la de la década de 1970 tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos [10]. El cambio de clases es un proceso dinámico. Un supuesto miembro del proletariado ya no pertenece al proletariado si compra acciones de una compañía. Si la asignación a una clase puede cambiar tan fácilmente, intentos como este por dividir a la gente en grupos no tienen otro propósito más que incitar el odio de clases.

Por otro lado, mediante un juego minuciosamente diseñado de “teorías”, el marxismo engaña a la gente para reemplazar los estándares morales tradicionales con sus estándares falsos que trastocan lo correcto y lo incorrecto. En la perspectiva marxista, no se juzga si una persona es buena o mala en base a su moral y sus acciones, sino por su lugar en la jerarquía (inversa) del capital. Aquellos que pertenecen a la clase capitalista son culpables de explotar al proletariado (la clase trabajadora), y dado que el proletariado es la clase oprimida y explotada, sus miembros naturalmente están en la instancia moral suprema. Sin importar cómo traten a los capitalistas, pueden mantener la frente en alto. Esto ha convertido al hecho de poseer una propiedad en un crimen, ha tergiversado el robo de patrimonio en justicia y ha legalizado y justificado la expropiación violenta. Esta inversión de lo correcto y lo incorrecto, del bien y el mal, ha incentivado la perversidad.  

En China, la ex Unión Soviética y los Estados comunistas de Europa del Este, los Partidos Comunistas han robado tierras, linchado a terratenientes y robado sus fábricas a los capitalistas. Lo que es peor, el Partido incluso ha asesinado a los “enemigos de clase”, provocado incendios, confiscado patrimonios de generaciones, destruido la naturaleza humana y ha emprendido una campaña cabal de terrorismo de Estado contra el pueblo. Toda esa maldad fue el resultado de estas teorías. Mientras tanto, los estándares morales tradicionales y la creencia en los dioses, santos y otros eruditos y figuras públicas fueron catalogados como parte de la “clase explotadora” y así fueron atacados y derribados.

Las teorías de Marx han sido ampliamente criticadas en los círculos económicos y filosóficos [11]. A continuación presentamos unos pocos ejemplos que ilustran lo absurda que es la teoría de la explotación de Marx.

Marx argumenta que el trabajo genera valor, y que el valor está determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Esta teoría es ridícula. El valor de un producto no es parte de sus propiedades intrínsecas. La mayoría de las veces, la gente añade un elemento subjetivo a cada producto –especialmente la oferta y la demanda. Muchos economistas han explorado el proceso de valoración, y a diferencia del estrecho monismo de Marx, la mayoría de los economistas creen que en la creación del valor participan numerosos factores, incluyendo la tierra, el capital, el trabajo, la ciencia y la tecnología, la gestión, el riesgo de inversión, etc. Las actividades económicas son un sistema complejo que involucran diferentes eslabones en la cadena de producción. Diferentes factores de producción tienen ciertos requisitos de gestión, y diferentes personas tienen diferentes roles, todos los cuales son indispensables para toda la cadena y contribuyen a la creación del “valor residual”.

Por ejemplo, un capitalista planea gastar un millón de dólares para contratar a dos ingenieros para que diseñen y produzcan un nuevo juguete. También contrata a un publicista para que promueva el nuevo juguete. Dos años después, el nuevo juguete se hace popular y obtiene cincuenta millones de dólares en ganancias. ¿Fue el trabajo de los ingenieros y del publicista el que creó el valor residual de cincuenta millones de dólares? Por supuesto que no. La razón de que el nuevo juguete gane millones es porque la gente quiso comprarlo. La comprensión del mercado por parte del capitalista, su capacidad de organizar y gestionar, y su valentía para arriesgarse también contribuyeron al valor del juguete.

Supongamos que la creatividad del juguete provenga de uno de los ingenieros, entonces, ¿acaso el valor residual de cincuenta millones de dólares proviene del hecho de que el capitalista explotó la creatividad del ingeniero sin dar nada a cambio? Por supuesto que no. Si el ingeniero creyera que su ingenio no estaba siendo debidamente recompensado, podría encontrar otra empresa que le pague más.

En un libre mercado, eventualmente se logra un equilibrio entre habilidad y ambición por un lado, y capital por otro. Los capitalistas que quieren ganancias irracionales perderán ante la competencia o no podrán captar talentos. Además, ya que el retorno del capital invertido retrasa los gastos u otra aplicación de dicho capital, las ganancias también se deben a los esfuerzos del inversor. Por lo tanto, es normal que a cambio se obtenga una suma adicional. El principio no es diferente a prestar dinero con intereses.

También hay muchos factores “accidentales” involucrados en la decisión del valor de un producto. Tales factores accidentales solo se pueden explicar de manera razonable mediante un marco de referencia basado en creencias y cultura tradicionales.

En ciertas situaciones, la creación y destrucción de valor puede no tener ninguna relación con el trabajo. Un diamante que actualmente vale diez millones de dólares podría no haber valido nada hace cinco mil años porque nadie lo quería. Un terreno infértil heredado de un abuelo podría valer cien veces más gracias a la prosperidad de una ciudad cercana o al descubrimiento de metales de tierras raras bajo tierra. En estos casos, el incremento del valor no implica trabajo. Una riqueza tan grande e inesperada se llama simplemente fortuna. Tanto las culturas occidentales como las orientales reconocen que la fortuna es una bendición de Dios al hombre.

A fin de demostrar la “racionalidad” y “necesidad” de la propiedad pública, Marx elaboró la teoría de la explotación basada en la plusvalía, la cual convirtió a las actividades económicas que la gente emprende como parte normal de la vida en un comportamiento negativo e inmoral. Su teoría derramó odio y desprecio al orden económico existente como parte de su intento por socavarlo y derribarlo.

Los capitalistas y los trabajadores, los terratenientes y los campesinos, forman de hecho una comunidad con intereses en común. Su relación debería ser de cooperación e interdependencia; cada uno apoya al otro para sobrevivir. Marx convirtió deliberadamente a la contradicción entre ellos en algo absoluto, extremo y exagerado hasta el absurdo, como si tuvieran una relación hostil de vida o muerte. De hecho, entre los capitalistas hay personas buenas y malas, del mismo modo que entre los trabajadores. En el intercambio económico, lo que debería ser denunciado y sancionado no son los capitalistas ni los trabajadores como tales, sino cualquier persona que atenta contra las actividades económicas normales. La base para juzgar debería ser la cualidad moral y el comportamiento, no el patrimonio.

La gente puede cambiar su estatus económico y social mediante sus propios esfuerzos. Los trabajadores pueden convertirse en inversionistas mediante la acumulación de capital. Los inversionistas pueden convertirse en trabajadores si las inversiones no salen bien. La sociedad cambia constantemente y fluye como un río. El rol de los trabajadores y los inversionistas en la sociedad moderna suele cambiar. Mucha gente también puede tener ambos roles, colocando al dinero que ganan en una capacidad de producción a futuro, creando así empleos, aumentando la riqueza social y beneficiando al público en general. Incluso el fundador de un movimiento de sindicatos de Estados Unidos dijo: “El peor crimen contra los trabajadores es una empresa que no genera ganancias”. [12]

La absurda “teoría de la plusvalía” le coloca la etiqueta de “explotación” a las actividades normales de terratenientes y capitalistas. Esta ha incitado un odio incalculable, ha trastocado el pensamiento, ha promovido la lucha y ha destruido la vida de millones.

6. Odio y envidia: El origen del igualitarismo absoluto

El comunismo promueve el igualitarismo absoluto. En la superficie esto puede sonar grandilocuente, haciendo que muchos crean ciegamente en su rectitud. Sin embargo, también suscita el odio y la envidia. Una consecuencia del igualitarismo es que la gente no puede tolerar el éxito ajeno, que otros tengan más dinero, que tengan una mejor vida, un trabajo más fácil o condiciones de vida con más lujos. En esta interpretación, todos deben ser iguales: yo debo tener lo que tú tienes, y yo puedo conseguir lo que tú consigues. En un universo tal, todos son iguales y el mundo es igual.

El igualitarismo absoluto se refleja en al menos dos formas. Primero, cuando la gente todavía no es igual, se siente insatisfecha con su estatus económico, lo cual es una vía rápida para que los malvados inciten la envidia y el odio. La gente comienza a codiciar lo que tienen los otros e incluso buscan obtenerlo con medios violentos o inapropiados. En casos extremos, destruyen la propiedad ajena y llegan a matar para volverse ricos. La peor manifestación de estas tendencias es la revolución violenta.

A fin de provocar insatisfacción, Marx divide a la sociedad en dos clases opuestas: quienes poseen los medios de producción y quienes no. En el campo, esto se convierte en el terrateniente y el campesino; en la ciudad es el capitalista y el trabajador. El resultado es la incitación al odio de clases y el uso de quienes supuestamente se ven privados de un derecho para llevar a cabo la revolución violenta. Los terratenientes son ricos y los campesinos son pobres, ¡tomen su riqueza! ¿Por qué son ricos los terratenientes? Todos deberían ser ricos. Así fue que el Partido Comunista Chino convocó a los campesinos a participar en la “reforma de la tierra”, es decir, atacar a los terratenientes y dividir la tierra. Si los terratenientes se rehúsan, hay que asesinarlos. El Partido Comunista primero incitó a vándalos para causar problemas, luego alentó a los campesinos a sublevarse y atacar a la clase terrateniente. Así rodaron las cabezas de millones de terratenientes.

Segundo, el igualitarismo absoluto también se manifiesta dentro de grupos que básicamente han alcanzado el grado de “igualdad”: si hay beneficios, todos obtienen lo mismo. Cualquiera que se diferencie es censurado. Todos son tratados de la misma manera sin importar si uno trabaja más, trabaja menos o no trabaja.

La gente parece similar en la superficie, pero la personalidad, el intelecto, la fuerza física, la moral, la ocupación, el rol, la educación, las condiciones de vida, el grado al que pueden soportar las penalidades y perseverar, el espíritu innovador, etc, son diferentes en cada persona, y lo que cada uno contribuye a la sociedad también es diferente. Entonces, ¿por qué todos deberían tener el mismo resultado? En este sentido, la desigualdad es en realidad la verdadera igualdad, mientras que la igualdad que persigue el comunismo es la verdadera desigualdad y la verdadera injusticia. Los antiguos chinos decían que el principio del Cielo es recompensar a quienes trabajan duro, y que el Cielo recompensará a cada uno de acuerdo al esfuerzo que cada uno haga. El igualitarismo absoluto es imposible de alcanzar en el mundo real.

Con el igualitarismo absoluto, uno obtiene siempre el mismo resultado, ya sea que haga las cosas bien o mal, sea que uno trabaje duro o sea perezoso. Bajo la cubierta del igualitarismo, los perezosos se benefician, mientras que quienes trabajan duro y tienen talento son penalizados, e incluso otros los resienten y los miran con odio. Todos disminuyen su ritmo para igualar la velocidad del más lento. En realidad, esto causa que todos se vuelvan perezosos, que esperen que alguien más contribuya algo para así aprovecharse y sumarse a ello, obteniendo algo a cambio de nada o tomando de alguien algo que no tienen, lo que da como resultado una decadencia moral generalizada.

El odio y la envidia que motivan al igualitarismo absoluto son las raíces venenosas de la perspectiva económica del comunismo. En la naturaleza humana hay bien y mal. Las creencias occidentales hacen referencia a los siete pecados capitales, mientras que la cultura oriental enseña que el hombre tiene tanto la naturaleza Buda como la naturaleza demonio. La naturaleza Buda se manifiesta como bondad, la capacidad de aguantar penalidades y tener consideración hacia los demás. La naturaleza demonio se manifiesta como egoísmo, pereza, envidia, malicia, robo, odio, ira, lujuria, tiranía, desprecio por la vida, incitar la discordia y causar problemas, inventar y difundir rumores, obtener algo a cambio de nada, etc. La perspectiva económica adoptada por el comunismo estimula deliberadamente la naturaleza demoníaca, amplificando así la envidia, codicia, pereza y otros factores malignos de la gente y haciendo que las personas pierdan su humanidad y abandonen los valores tradicionales sostenidos durante miles de años. Amplifica lo peor de la naturaleza humana y convierte a las personas en revolucionarios comunistas.

En la Teoría de los sentimientos morales, Adam Smith dijo que la moral es la base para la prosperidad de la humanidad. Observar estas reglas generales de la moral “es un requisito para la mismísima existencia de la sociedad humana, la cual podría desmoronarse por completo si la humanidad en general no estuviera conmovida con veneración hacia tales importantes reglas de conducta”. [13]

Lawrence Kudlow, director del Consejo Nacional Económico de EE. UU., cree que la prosperidad económica debe existir a la par de la moral. Él escribió que si Estados Unidos puede acatar el “principio más importante” –cumplir con los valores morales sobre los que se fundó Estados Unidos– el desarrollo de EE. UU. será ilimitado. [14]

Las consecuencias negativas causadas por el igualitarismo absoluto en países de todo el mundo no son una sorpresa. El igualitarismo comunista utiliza la autoridad del Estado para saquear la propiedad privada y el patrimonio que pertenece a otros. Por un lado, esto fortalece la autoridad y el poder de la ideología comunista, y por el otro, convence a la gente de que obtener algo a cambio de nada es su derecho. Así es precisamente cómo el comunismo engaña a la gente.

a. La promoción del igualitarismo económico: un trampolín al comunismo

Bajo la influencia del igualitarismo absoluto, hay fuertes voces pidiendo “justicia social” en Occidente, además de leyes para el salario mínimo, discriminación positiva, igual paga para igual trabajo, y demás demandas. Detrás de esas demandas hay un deseo por la igualdad de resultados; detrás de ellas hay elementos de comunismo. Si no se presta atención a estos asuntos, el hombre puede fácilmente caer en la trampa.

Desde la perspectiva comunista, no importa si estos grupos vulnerables obtienen la igualdad o si su estatus social mejora. Ellos son meramente los peones para incitar el resentimiento. Si los comunistas obtienen lo que exigen, entonces simplemente pedirán igualdad en otras cosas, sin fin. Si no consiguen lo que exigen, librarán una guerra sobre la opinión pública, incitarán el resentimiento, reforzarán las nociones de la gente sobre la justicia de la igualdad, y convertirán a esas nociones en una de sus plataformas principales para influir a la opinión pública.

Debido a que el comunismo incita el resentimiento en varias áreas y a través de muchos medios diferentes, una vez que todo el resentimiento explota al mismo tiempo, el resultado será el desorden social y hasta quizás una revolución. Los comunistas siempre encontrarán grupos vulnerables y exigirán igualdad financiera para ellos, repitiendo el proceso hasta que se alcance la igualdad absoluta. Estas exigencias de supuesta justicia social se vuelven el trampolín para el camino hacia el comunismo. Los países libres de Occidente se han visto erosionados por la ideología comunista, esta es simplemente la realidad.

En realidad, la implementación de estas políticas suele dar como resultado lo opuesto a lo que se pretendía. Quienes se suponía iban a ser protegidos por las políticas son en cambio discriminados y atacados. Tomemos por ejemplo la ley del salario mínimo. En la superficie, su objetivo es proteger los derechos de los trabajadores, pero su efecto es que muchas fábricas dejan de contratar gente porque deja de ser conveniente económicamente. Como resultado, aún más trabajadores pierden sus empleos.

Las habilidades no son algo que se obtienen de una sola vez. Hay un proceso continuo de progreso y mejoramiento de la habilidad, la capacidad y la ética laboral. El resultado de aplicar el salario mínimo es que la gente no es capacitada ni forma relaciones en empleos donde se les paga menos para luego hacer su camino hacia empleos mejor pagos. El principio de que todos son iguales también viola la teoría económica y como resultado produce una excesiva intervención del gobierno en la economía.

La gente también usa la excusa de “igual paga por igual trabajo” para exigir una revolución social. Citan estadísticas y dicen que el sueldo promedio de los hombres de raza negra es menor al sueldo promedio de los hombres blancos, que el sueldo promedio de las mujeres es menos que el sueldo promedio de los hombres, y que estas discrepancias son el resultado del racismo y del machismo. En realidad, tales comparaciones no son adecuadas.

Al comparar manzanas con manzanas, los resultados que se obtienen son diferentes. Algunas investigaciones hallaron que en las familias negras en las que tanto el hombre como la mujer tienen títulos universitarios o superiores, el ingreso es de hecho superior al de familias blancas en situaciones similares [15]. Es simplemente debido a que este tipo de familias entre los negros son relativamente menos, que aparecen discrepancias entre los ingresos promedios de las razas. Hacer comparaciones significativas y precisas debería ser el sentido común, pero cuando los elementos comunistas están incitando la discordia y la lucha, pareciera que la gente sufre de una pérdida selectiva de visión.

Al comunismo no le importa el bienestar de los grupos vulnerables. Lo que le interesa son simplemente los lemas que arrastran a la gente por el camino hacia el comunismo, es decir, hacia la destrucción.

b. El comunismo utiliza a los sindicatos para afectar a las sociedades libres

La pérdida de empleos en las fábricas de Estados Unidos es un fenómeno conocido. Pero muchas personas no se dan cuenta de que los sindicatos son uno de los principales culpables de ello. Los sindicatos dicen ayudar a que la clase trabajadora obtenga beneficios, pero en realidad hacen lo opuesto. ¿Cómo? Esto se hace evidente al revisar la historia de los sindicatos y la transformación de su misión.

En sus comienzos, los sindicatos fueron fundados por miembros de la clase trabajadora con pocas o nulas habilidades, con el propósito de negociar con los directivos. Hasta cierto grado, un sindicato es capaz de negociar y resolver conflictos entre trabajadores y capitalistas. Pero los elementos comunistas se apoderaron del sindicato y lo convirtieron en una herramienta para promover los movimientos comunistas y sus políticas.

Friedrich Engels escribió sobre el tema: “Se acerca rápidamente el momento en que la clase trabajadora habrá entendido que la lucha por salarios altos y menos horas, y toda la acción de los Sindicatos como se está llevando a cabo ahora, no es el fin en sí mismo, sino un medio, un medio muy necesario y efectivo, pero tan solo uno de varios medios hacia un fin más alto: la abolición total del sistema de salarios”. [16]

Lenin creía que la formación y legalización de los sindicatos era un medio importante para que la clase trabajadora quitara a la clase capitalista su rol de liderazgo en la revolución democrática. Al mismo tiempo, creía que los sindicatos se convertirían en un pilar del Partido Comunista y una fuerza principal en la lucha de clases. En su discurso, Lenin propuso que los sindicatos se convirtieran en “una escuela de comunismo” y en un lazo entre el Partido Comunista y las masas. La tarea diaria del sindicato era convencer a las masas y llevarlas a la transición de capitalismo a comunismo. “Los sindicatos son un ‘reservorio’ de poder del Estado”. [17]

Entre mediados y fines del siglo XIX, fuerzas comunistas y de izquierda utilizaron a los sindicatos para incitar a que los trabajadores emprendieran huelgas a gran escala, que hicieran fuertes reclamos sobre el capital, e incluso que tomaran medidas violentas para destruir maquinarias y fábricas. Los sindicatos se convirtieron en un arma poderosa para que el comunismo combatiera al capitalismo y emprendiera la lucha política, creando caos en el mundo para conseguir sus objetivos.

En octubre de 1905, más de 1,7 millones de trabajadores en Rusia participaron de una huelga política nacional y paralizaron la economía del país. Durante ese periodo se formó el Sóviet de Petrogrado, una organización sindical aún más agresiva. Lenin lo calificó como el surgimiento de un gobierno revolucionario y creía que se convertiría en el centro político de Rusia. En otras palabras, el régimen soviético que se formó durante la Revolución de Octubre de 1917 se originó de un sindicato. [18]

Los sindicatos en países occidentales y desarrollados también están terriblemente infiltrados y son utilizados por elementos comunistas. Es de suponer que los trabajadores y los capitalistas sean simbióticos, pero los comunistas intentan provocar, expandir e intensificar el conflicto entre ellos. Una de sus herramientas más importantes son los sindicatos. Los sindicatos se utilizan para que el proceso de negociación entre directivos y trabajadores escale al nivel de una lucha de clases. Justifican e intensifican el lado conflictivo de la relación y lo utilizan para legitimar su propia existencia. A partir de ese entonces, los sindicatos inflaman la insatisfacción de los trabajadores, culpan a los capitalistas de todos los problemas y provocan conflictos entre ambos. Esta ha sido una de las claves para la supervivencia de los sindicatos.

Los sindicatos son capaces de hacer que los trabajadores obtengan cierta ventaja en pequeñas cosas por un corto periodo, pero desde el punto de vista económico a largo plazo, la mayor víctima de los movimientos sindicales liderados por los comunistas es la clase trabajadora. Esto es porque cuando las empresas capitalistas se derrumban, los que más pierden son los trabajadores, que pierden sus empleos y su sustento. En la superficie, los sindicatos luchan por los intereses de los trabajadores, pero de hecho están afectando la competitividad industrial. Hay dos razones para esto.

Primero, bajo el pretexto de proteger los derechos e intereses de los trabajadores, los sindicatos hacen que sea difícil para las empresas despedir a los empleados que no hacen bien su trabajo y producen poco. Esto incentiva una cultura de pereza. Esto no solo es injusto para los empleados que son diligentes en su trabajo, sino que los hace menos activos. El factor más importante para el crecimiento de una empresa son sus trabajadores, pero con el sindicato amparando a los empleados que no rinden bien, las empresas pierden su competitividad.

Segundo, con el pretexto de proteger las prestaciones sociales de los empleados (incluyendo pensiones, seguro médico, etc), los sindicatos aumentan constantemente los costos de las empresas. Al final, esto obliga a las empresas a reducir su inversión en investigación y desarrollo, y también a reducir su competitividad. También da como resultado que las empresas tengan que aumentar los precios de los productos, lo cual también afecta los intereses del consumidor. Estudios demuestran que esta es la razón por la que empresas sin sindicatos, como Toyota y Honda, son capaces de producir automóviles de gran calidad a bajo costo, y por qué las fábricas automotrices con sindicatos en Detroit, Estados Unidos, se volvieron menos competitivas. [19]

Tal como dijo Edwin Feulner, fundador de Heritage Foundation en Estados Unidos, sobre los sindicatos: “Estos funcionan como una cruz que debe cargar la empresa –la hacen menos flexible, menos capaz de reaccionar sabiamente a las demandas de un mercado cambiante”. [20]

Todo esto empeora con los monopolios de los sindicatos en el mercado laboral. Esto entonces ejerce una nociva influencia sobre las decisiones de las empresas y da como resultado numerosas exigencias irracionales, algunas incluso perjudiciales. Las empresas que no cumplen con estas exigencias de los sindicatos se vuelven objetos de lucha, incluyendo huelgas y protestas, lo que deshabilita aún más al negocio.

El Sindicato de Trabajadores Automotrices (UAW) es el sindicato que representa a los trabajadores de la industria automotriz en Detroit. Para el UAW las huelgas eran algo rutinario. Antes de la crisis financiera de 2008, el sindicato demandó USD 70 por hora en salario y beneficios. Como consecuencia, la industria automotriz de EE. UU. estuvo al borde de la bancarrota. [21]

La pérdida de oportunidades de empleo en las fábricas de EE. UU. es de público conocimiento, pero muchos no saben que los sindicatos son una de las fuerzas impulsoras principales para la pérdida de empleos. Los trabajos sindicalizados en fábricas cayeron un 75% entre 1977 y 2008, mientras que el empleo no sindicalizado en fábricas aumentó un 6% en ese periodo, de acuerdo con Heritage Foundation. La situación fuera del sector fabril es similar. Tomemos por ejemplo la industria de la construcción. “A diferencia del sector manufacturero, la industria de la construcción ha crecido considerablemente desde fines de los 70. Sin embargo, dicho crecimiento se ha dado exclusivamente en empleos no sindicalizados, los cuales se incrementaron en un 159% desde 1977”. [22]

Además, los sindicatos son las herramientas empleadas por los elementos comunistas para promover el igualitarismo en las empresas. Heritage Foundation señala que los sindicatos exigen que las empresas paguen salarios según la antigüedad del servicio del empleado (equivalente a los años de servicio en países socialistas) sin considerar la contribución del empleado a la empresa o su desempeño. Esto tiene el previsible efecto de reducir los salarios de los trabajadores más productivos y de incrementar los salarios de los menos competentes”. [23]

La idea aquí es la misma que la del igualitarismo absoluto del comunismo: la redistribución efectiva de la riqueza entre los empleados de la empresa. La interferencia en la toma de decisiones interna de las empresas y el monopolio del mercado laboral es una erosión del libre mercado.

La promoción agresiva que hacen los sindicatos sobre lo que ellos describen como el beneficio de los trabajadores termina favoreciendo a algunos trabajadores sobre otros y pone un freno a empresas en particular y a la economía en general. Una encuesta realizada en 2005 mostró que “la mayoría de los hogares con sindicatos desaprueban los sindicatos estadounidenses” y que “la razón principal de su desaprobación nunca se habla abiertamente en la prensa sindical ni se menciona en convenciones sindicales”. [24]

En todos los aspectos, los trabajadores que verdaderamente trabajan duro se han convertido en víctimas, y el comunismo se ha convertido en el ganador principal. Básicamente, el espectro del comunismo utiliza a los sindicatos para destruir la economía libre capitalista, subvertir el sistema capitalista y socavar la vida normal de las personas de manera gradual y progresiva.

Los sindicatos infiltrados por el comunismo y guiados por el movimiento progresista han evolucionado hasta convertirse en un grupo de intereses especiales, similar a una gran corporación con fines de lucro. Sus líderes tienen enormes intereses personales en la corporación y la corrupción es abundante. [25]

En países democráticos, en su mayor parte los sindicatos se han convertido en una herramienta para que los izquierdistas luchen contra el capitalismo. Exigen tercamente la “justicia social” y la “igualdad”, creando así una enorme carga de prestaciones sociales sobre la sociedad y la industria, y convirtiéndose en un obstáculo para la reforma y para todo intento por mejorar la eficiencia de las industrias manufactureras, de servicios y de educación, además de la administración del gobierno. Cuando el momento no es adecuado, se esconden. Pero cuando las condiciones son favorables, aparecen y movilizan un movimiento social para promover sus fines. Así es que los sindicatos se han convertido en una herramienta que el espectro del comunismo utiliza para dividir las sociedades libres.

7. Los ‘ideales’ comunistas: tentar al hombre para que se dirija hacia su propia destrucción

A pesar de que la teoría comunista está llena de agujeros y contradicciones, muchos aún son engañados por esta. Esto es porque Marx describió al comunismo como un paraíso que toda la gente del mundo podría disfrutar. Estas son la fantasía y el espejismo principales. Su descripción incluye “abundancia material abrumadora”, estándares morales muy superiores y “de cada quien según su capacidad, a cada quien según su necesidad”. No habría propiedad privada, no habría brechas entre ricos y pobres, no habría una clase dominante, no habría explotación, habría libertad e igualdad para todos, y cada persona podría desarrollar sus talentos particulares. La vida sería maravillosa.

Este conjunto de argumentos engañosos sedujo a muchos para que lucharan por ellos. Muchos occidentales nunca han pasado por la trágica experiencia de vivir en un Estado comunista totalitario. Así es que mantienen la falsa esperanza de un paraíso comunista, y así es que echan leña al fuego promoviendo ideas comunistas y socialistas.

De hecho, todas las ideas planteadas por Marx son simplemente espejismos.

El marxismo dice que una sociedad comunista disfrutaría de una superabundancia de bienes materiales. Sin embargo, los deseos y búsquedas del ser humano no tienen fin. Con la restricción de un limitado conocimiento humano, limitadas horas de trabajo y limitados recursos, es inevitable que haya escasez y privación. Este es el punto de partida más básico para todos los estudios económicos. Sin estas restricciones, la gente no tiene que ponerse a explorar qué tipo de método de producción es más eficiente, ya que la supuesta superabundancia proveerá a todos y puede ser despilfarrada a voluntad.

El marxismo dice que los estándares morales mejorarían mucho en una sociedad comunista. Sin embargo, el bien y el mal coexisten en cada persona, y mejorar los estándares morales requiere la guía de creencias y valores ortodoxos, además de esfuerzos personales en la autocultivación.

El marxismo enseña el ateísmo y la lucha de clases, lo cual aumenta el lado malvado del hombre. No se le permite a la gente tener libertad de creencia, y la religión es solo una herramienta política del Partido Comunista. Aún más, con el comunismo, las instituciones religiosas son utilizadas para salvaguardar la tiranía, engañar al mundo, rechazar a Dios, oponerse a Dios y alejar a la gente aún más de Dios. Sin una creencia recta en Dios y sin autodisciplina, la moral solo puede ir cuesta abajo. Además, todos los líderes comunistas han sido tiranos –arrogantes, lascivos y completamente faltos de ética. Esperar que sus seguidores tengan tantas mejoras en sus estándares morales es algo contrario a la razón.

El marxismo también proclama la igualdad para todos. Pero tal como fue planteado antes, el socialismo inevitablemente lleva al totalitarismo. El poder es la base para la distribución de los recursos, sin embargo, la distribución del poder en un Estado totalitario es la más injusta. Por lo tanto, la distribución de recursos bajo el totalitarismo también será la más injusta. En todos los países donde rige o ha regido el socialismo, la gente ve que se forma un estrato privilegiado, además de brechas extremas entre ricos y pobres y la supresión del pueblo por parte del Estado.

El marxismo engaña a la gente con la promesa “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad” [26]. Sin embargo, las economías socialistas están atadas al poder. La gente en general no tiene libertades básicas, ni hablar de poder actuar a voluntad según su propia capacidad. Dado que los deseos humanos nunca se acaban, aun la persona más rica de la Tierra no podrá tener todo lo que quiera, sin mencionar una persona promedio. Para empezar, es imposible lograr una superabundancia de bienes, dada la escasez natural de recursos, sin mencionar su distribución a quien los necesite.

El comunismo también engaña a la gente prometiéndole que cada miembro de la sociedad podrá poner en práctica sus capacidades por completo. El marxismo dice que la división del trabajo crea hostilidades. Pero de hecho, la división del trabajo es necesaria para cualquier sociedad. Adam Smith explica en La riqueza de las naciones que la división del trabajo puede aumentar mucho la productividad y promover la prosperidad. Las diferencias creadas por la división del trabajo no necesariamente son conflictos, ni producen hostilidad o despersonalización. Personas de todos los ámbitos pueden elevar su moral, contribuir a la sociedad y brindar felicidad a la humanidad.

La perspectiva económica comunista es antimoral. Su daño ya se ha visto en países socialistas y comunistas. Las diversas formas de economía comunista disfrazada que aparecen en Occidente también han causado daño a la sociedad. El comunismo inevitablemente causa una tiranía totalitaria, pobreza y hambre. Expande incesantemente la maldad en la naturaleza humana y destruye la moral humana. Es la peor contracorriente y la más perversa de la historia humana.

Al observar la historia de más de un siglo de comunismo, la dura realidad ha demostrado una y otra vez que se trata de una historia de incitación al odio, asesinatos en masa y perversión. Todos los países comunistas totalitarios sufren las matanzas más crueles, y la gente en esos países tienen la menor cantidad de libertad y derechos humanos. Los recursos se ven agotados por propósitos militares. La gente sufre el robo de sus pertenencias a manos de la clase privilegiada de ricos en el poder, mientras que la mayoría debe trabajar en la pobreza.

El movimiento comunista no solo priva a la gente de sus propias vidas sino que también conduce a una enorme destrucción de valores y culturas tradicionales. En la China comunista en particular, los estándares morales ya han caído a un grado horroroso, mucho más de lo que uno se puede imaginar. Sustraer los órganos de personas vivas, de personas buenas que practican la autocultivación, se ha convertido en una industria estatal. Los comunistas han convertido a la gente en monstruos. El personal médico, que se supone debe atender a los enfermos, se ha convertido en asesinos demoníacos. La perversidad del PCCh ha llegado a todo el mundo. Los países que se supone están defendiendo los derechos humanos han sido tentados con incentivos económicos para que hagan la vista gorda.

En el último siglo, los comunistas han utilizado las enseñanzas comunistas originales para atraer al público general del proletariado, intelectuales y jóvenes. Después del colapso de los regímenes comunistas de Europa del Este, el remanente de regímenes comunistas ya no asumen las imágenes de regímenes comunistas violentos, sino que en cambio absorben el sistema económico capitalista y se convierten en regímenes que promueven los impuestos altos, una gran cantidad de asistencia social y la redistribución de la riqueza. Dicen que están elevando los estándares de vida y que todos disfrutarán de “los buenos días” del socialismo. Así continúan con el engaño.

El comunismo tienta al ser humano en la búsqueda de bondad mientras al mismo tiempo prácticamente lo convierte en un fanático religioso de la ideología comunista. Utiliza la búsqueda de bondad como su bandera para alejar a la gente de Dios. Contamina la mente de las personas, refuerza la naturaleza demoníaca de la gente y los lleva a cometer todo tipo de crímenes. La gente se entrega a los placeres materiales mientras hace a un lado creencias más elevadas y nobles relacionadas al verdadero propósito de la vida. El comunismo hace que la gente sangre y sude. A cambio, la gente es envenenada y asesinada. Si la gente del mundo no despierta ahora, las consecuencias que enfrentarán serán aún más horripilantes.

Conclusión: Solo mediante la moral se puede conseguir la paz y la prosperidad

Buscar la felicidad es parte de la naturaleza humana. Una economía próspera puede traer felicidad, pero la economía no existe aislada de todo lo demás. Cuando el camino del desarrollo económico se desvía de la ética y la moral, puede acontecer una crisis económica. Una sociedad que meramente tiene una buena situación económica no solo es incapaz de provocar alegría y felicidad, sino que la prosperidad no durará mucho. A medida que se desploma la base ética y moral, un resultado desastroso se acerca más y más.

En 2010, el Diario del Pueblo reportó que a pesar del desarrollo económico, el Índice de Felicidad Nacional Bruta había estado disminuyendo cada año en China. La segunda economía del mundo está plagada de corrupción, contaminación ambiental e incidentes de salubridad alimentaria, haciendo que el pueblo chino se sienta extremadamente inseguro sobre su vida. En este caso, la riqueza se ha incrementado pero la moral y la felicidad han disminuido.

Esto refleja el fallo fatal del comunismo: los seres humanos no se componen únicamente de carne, sino que son mucho más mente y espíritu. Antes de que el hombre llegara al mundo, Dios trazó el camino que debería tomar la vida humana. Los chinos dicen: “cada mordisco y cada sorbo están predestinados”, algo similar a cuando los occidentales de fe agradecen a Dios antes de comer. La gente que cree en Dios entiende que la riqueza es una bendición que les otorga Dios. Tienen un corazón humilde y agradecido, y por lo tanto están satisfechos y felices.

En el Titanic viajaba el millonario John Jacob Astor IV, cuya fortuna podría haber construido treinta Titanics. Sin embargo, cuando el barco se hundía y él se enfrentó a la muerte, eligió lo que creyó moralmente correcto y protegió a mujeres y niños: les dio su lugar en el bote salvavidas a dos niños aterrados [27]. De manera similar, Isidor Straus, uno de los dueños de la tienda departamental Macy’s, dijo: “No me iré antes que otros hombres”. Su esposa también se rehusó a subirse al bote salvavidas, y le ofreció su lugar a la Srta. Ellen Bird, su nueva criada. Ella decidió pasar sus últimos momentos junto a su marido. [28]

Estas personas de gran riqueza decidieron poner a los valores tradicionales y a su fe por encima de la oportunidad de salvar sus patrimonios y sus vidas. Su elección de la moral y la justicia manifiesta lo radiante que puede ser la civilización humana y la naturaleza del ser humano: un carácter noble vale más que la vida misma, que a su vez es más valiosa que los bienes materiales.

El Sr. Li Hongzhi, fundador de Falun Dafa, escribió en “Riqueza y virtud”:

La doctrina de gobernantes y oficiales debe ser traer riqueza al pueblo, pero promocionar la adoración al dinero es la peor política que uno podría adoptar. El ser rico sin virtud daña a todos los seres vivientes, mientras que ser rico y virtuoso es lo que todas las personas anhelan. Por esta razón, uno no puede ser rico sin practicar la virtud.

El ‘de’ (virtud) de uno fue acumulado en sus existencias anteriores. El convertirse en un rey, un oficial de alto rango, la riqueza y la nobleza de uno vienen todos del ‘de’. Si uno no tiene ‘de’, no podrá obtener nada. Si uno pierde ‘de’, perderá todo. Por eso, aquellos que se esfuerzan por el poder y desean ganar fortuna deben primero acumular ‘de’. Por medio de sufrir penalidades y hacer hechos buenos, uno puede acumular toda clase de ‘de’. Para lograr esto, uno debe comprender el principio de causa y efecto. Entendiendo esto, los gobernantes y el pueblo podrán ejercer autodominio en sus corazones, y riqueza y paz entonces prevalecerán bajo el Cielo. [29]

Si la humanidad mantiene los valores antes mencionados con respecto a la riqueza y la vida, los desafíos económicos originados por la codicia, la pereza y la envidia de los seres humanos se verán reducidos considerablemente. Una vez que la humanidad suprima sus deseos egoístas, la ideología del comunismo ya no podrá tentar al corazón humano. Así, Dios bendecirá a una humanidad con altos estándares morales. Por consiguiente, tendremos la economía ideal para la humanidad: riqueza para el mundo, calma en nuestros corazones y paz en la sociedad.

El espectro del comunismo hizo planes intrincados para destruir a la humanidad. Sus planes económicos son solo una parte de la historia. Para liberarnos del control de los “ideales” comunistas, debemos desentrañar la conspiración, identificar los mensajes fraudulentos y dejar de tener esperanzas en esta ideología en ruinas. También necesitamos restaurar los valores tradicionales y recuperar la moral y la virtud. Así, la humanidad será capaz de acoger una prosperidad y felicidad perpetuas y alcanzar la verdadera paz. La civilización humana luego resplandecerá con un nuevo vigor.

Referencias

[1] “United States Declaration of Independence,” http://www.ushistory.org/declaration/document/.

[2] Karl Marx and Friedrich Engels, “Manifesto of the Communist Party,” Marx/Engels Selected Works, Vol. One (Moscow: Progress Publishers, 1969)

[3] Fred Schwartz and David A. Noebel, You Can Trust the Communists… to Be Communists (Socialists and Progressives too) (Manitou Springs, CO: Christian Anti-Communism Crusade, 2010), 43–45.

[4] Friedrich Hayek, The Fatal Conceit: The Errors of Socialism (Routledge, August. 2013).

[5] Thomas Sowell, Intellectuals and Society, Revised and Expanded Edition (New York: Basic Books, 2012), Chapter 2.

[6] F. A. Hayek. “The Use of Knowledge in Society,” The American Economic Review, Vol. 35, No. 4. (September 1945), 519–530.

[7] Ludwig von Mises. “Economic Calculation in the Socialist Commonwealth.” Mises Institute. Accessed July 26, 2018. https://mises.org/library/economic-calculation-socialist-commonwealth.

[8] Shi Shan. “Quagmire in the Reform of China’s State-Owned Enterprises,” Radio Free Asia, September 22, 2015, https://www.rfa.org/mandarin/yataibaodao/jingmao/xql-09222015103826.html.

[9] Linette Lopez, “Zombie Companies Are Holding China’s Economy Hostage,” Business Insider, May 24, 2016, https://www.businessinsider.com/chinas-economy-is-being-held-hostage-2016-5.

[10] Jason Long, “The Surprising Social Mobility of Victorian Britain,” European Review of Economic History, Volume 17, Issue 1, February 1, 2013, 1–23, https://doi.org/10.1093/ereh/hes020.

[11] John Kenneth Galbraith, The Good Society: The Humane Agenda (Boston, MA: Houghton Mifflin Co., 1996), 59–60; Karl Popper, The Open Society and Its Enemies (Routledge, 2012).

[12] Michael Rothschild, Bionomics: Economy as Business Ecosystem (Washington, D.C.: BeardBooks, 1990), 115.

[13] Adam Smith, The Theory of Moral Sentiments (Philadelphia: Anthony Finley, J. Maxwell Printer, 1817).

[14] Lawrence Kudlow, American Abundance: The New Economic and Moral Prosperity (New York: Harper Collins Publishers, 1997).

[15] Thomas Sowell, Economic Facts and Fallacies (New York: Basic Books, 2008), 174.

[16] Friedrich Engels, “1881: Trades Unions,” Marxists.org, May 20, 1881, https://www.marxists.org/archive/marx/works/1881/05/28.htm.

[17] Vladimir Lenin, n.d., “The Trade Unions, The Present Situation and Trotsky’s Mistakes,” Accessed July 8, 2018, https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1920/dec/30.htm.

[18] Lü Jiamin, “A History of Leninist Theory on Unions.” Liaoning People’s Press (1987).

[19] James Sherk, “What Unions Do: How Labor Unions Affect Jobs and the Economy,” Heritage Foundation Website, May 21, 2009,https://www.heritage.org/jobs-and-labor/report/what-unions-do-how-labor-unions-affect-jobs-and-the-economy.

[20] Edwin J. Feulner, “Taking Down Twinkies,” Heritage Foundation Website, November 19, 2012, https://www.heritage.org/jobs-and-labor/commentary/taking-down-twinkies.

[21] James Sherk, “What Unions Do: How Labor Unions Affect Jobs and the Economy,” Heritage Foundation Website, May 21, 2009,https://www.heritage.org/jobs-and-labor/report/what-unions-do-how-labor-unions-affect-jobs-and-the-economy.

[22] Ibid.

[23] Sherk (2009) Ibid.

[24] Steve Inskeep, “Solidarity for Sale: Corruption in Labor Unions,” National Public Radio, February 6, 2007, https://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=5181842.

[25] Ibid.

[26] Karl Marx, “Critique of the Gotha Programme,” https://www.marxists.org/archive/marx/works/1875/gotha/ch01.htm.

[27] Children on the Titanic (a documentary, 2014).

[28] Isidor Straus, Autobiography of Isidor Straus (The Straus Historical Society, 2011), 168–176.

[29] Li Hongzhi, “Riqueza y Virtud”, Escrituras esenciales para mayor avance, 27 de enero de 1995, http://es.minghui.org/s/docs/jjyz_02.htm.

 
ARTÍCULOS RECOMENDADOS