Historias inspiradoras

Pasó de un sufrimiento interminable a una vida feliz y saludable

Esta es la verdadera historia de una mujer cuya vida estuvo plagada de una docena de enfermedades paralizantes durante muchos años. En un sufrimiento sin fin, se sentía como una carga pesada para su esposo y su pequeño hijo, y finalmente hasta pensó en el suicidio. La forma en que se recuperó de estas enfermedades en un breve lapso de tiempo se considera un milagro médico. Así es como lo hizo.

Pasó de un sufrimiento interminable a una vida feliz y saludable
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Mirando esta foto mía, con una sonrisa tan grande en la cara, es difícil de creer que hubo un día en que tuve tantas enfermedades que sólo podía estar acostada impotente en la cama, incapaz de cuidar de mí misma.

Mi nombre es Alice Liu, una feliz madre de tres hijos. Actualmente, me estoy preparando para ayudar a establecer una escuela de idiomas y talento en Vancouver. A pesar de mi agenda apretada todos los días, también sirvo como líder de un equipo tradicional de tambores chinos y a menudo viajo a diferentes ciudades para participar en todo tipo de desfiles y eventos.

Estoy compartiendo mi historia aquí con la esperanza de que pueda inspirar a otros que sufren enfermedades graves, y quizás ayudarles a encontrar una salida.

Una joven perdida por el dolor y la enfermedad

Solía practicar atletismo cuando era joven y también me gustaba mucho estudiar. Sin embargo, todo parecía cambiar a medida que crecía. Mi vida, en especial, empeoró en la escuela secundaria, cuando experimenté una enorme presión por preparar los exámenes de ingreso a la universidad.

Empecé a enfermarme fácilmente y a sufrir muchas enfermedades. Con el transcurrir de los años, estos incluyeron problemas cardíacos, dolores de estómago severos y neuralgia del trigémino, por nombrar algunos. Con la neuralgia incluso un ligero toque en mi rostro me causaba un dolor intenso, como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

En mi último año de secundaria, a pesar de que pasé el examen de ingreso a la universidad, no pude acudir a ella debido a mi mala salud, lo que me hizo sentir muy deprimida. Aun así, no me desanimé. Continué aprendiendo en casa por mí cuenta y superé varios exámenes de ingreso a otras universidades. Sin embargo, no pude asistir debido a mis problemas de salud. Al final, me vi obligada a rendirme.

Más tarde, fui a trabajar a una fábrica en la ciudad de Xianyang, en China, y después me casé. Pero mi salud nunca mejoró. Por el contrario, desarrollé más enfermedades, incluyendo erosión cervical, mastitis, migrañas y depresión severa. Lo que es peor, estas enfermedades formaban un círculo vicioso cada mes. Unos días antes de la menstruación, me agarraba un resfrío y el estómago me dolía. El dolor luego condujo a la neuralgia del trigémino y a problemas cardíacos. Llegó a ser parte normal de mi vida ser hospitalizada por unos días cada mes. Los doctores me conocían bien ya que los visitaba con frecuencia.

La peor parte era que parecía que siempre estaba empeorando. Después de una serie de pruebas, me informaron que mi condición se había vuelto muy seria, con una alta probabilidad de que pudiera también tener cáncer cervical.

Al tener apenas treinta y tantos años, me sentía como una anciana, con un cuerpo roto y problemas de salud interminables. La pérdida de mi salud y vitalidad también me hizo sentir una pérdida de identidad y de mi feminidad.

Cuando observaba a chicas de mi edad hacer cosas normales como ir de compras o salir por la noche, estaba llena de tristeza y celos porque no podía hacer esas cosas. No podía salir por las tardes ni siquiera ir al cine, ya que un coma inesperado podía ocurrir en cualquier momento.

Me estaba volviendo loca. Todo lo que podía hacer era quedarme en casa y estar preparada solo para el dolor y el sufrimiento. “Hogar” ya no era un símbolo de felicidad para mí, sino una celda de prisión. Observé a los pájaros afuera de mi ventana y envidié su libertad. Mi juventud se estaba perdiendo por el dolor y la enfermedad. A veces, incluso consideraba el suicidio.

Hacia un punto de inflexión

Para entonces, mi esposo estaba trabajando en una ciudad lejana y me dejaron sola en casa para que yo cuidara de mí misma. Después de que nuestro hijo Nan nació en 1989, mi salud se deterioró y esto hizo que mi pequeño se independizara poco a poco desde muy joven. Tuvo que cocinar fideos instantáneos por sí mismo cuando tenía sólo cuatro o cinco años y a menudo tenía que cuidar de mí.

Recuerdo que un día tuve un dolor de estómago muy fuerte y no podía salir de la cama. Con una voz muy débil, le pedí a Nan que me trajera agua tibia y medicamentos. Nan intentó treparse a una banqueta pero todavía no podía alcanzar el termo que yo había colocado arriba en un estante. Se dio vuelta con lágrimas y frustración y dijo: “Mamá, no puedo alcanzarlo”. Le dije que buscara ayuda de los vecinos, pero regresó muy decepcionado, diciéndome: “Mamá, no hay nadie” Mi corazón se rompió por ver las dificultades y la tristeza que tenía que soportar; era tan joven, pero ya estaba agobiada por la vida.

A mis treinta y tantos años, ya no podía trabajar más y tuve que quedarme en casa, viviendo de una pobre pensión de doscientos dólares al mes. Los días parecían prolongarse interminablemente; cada día parecía un año. Perdí la esperanza en el futuro y me deprimía cada vez más.

En este punto demasiado bajo de mi vida, la gente que me rodeaba era comprensiva y me sugirió que hiciera algunos ejercicios de qigong, y un amigo de mi esposo me contó sobre un ejercicio y una práctica de meditación llamada Falun Gong (también conocida como Falun Dafa). Sin embargo, no lo tomé en serio. Al estar profundamente influenciada por el ateísmo promovido en la China comunista, pensé que el qigong y la espiritualidad eran sólo superstición.

En 1996, para empeorar las cosas, desarrollé neoplasma de mama y rápidamente se volvió más grave. El médico del hospital oncológico de Shanxi dijo que eventualmente se convertiría en cáncer y sugirió que me someta a una mastectomía bilateral. Como mujer joven, no podía imaginarme perder mis pechos. Estaba desesperada y decidí darle una oportunidad al qigong. Volví a ver el amigo de mi esposo y le pedí que me enseñara Falun Dafa. Este sería un punto de inflexión en mi vida.

Un milagro médico

Después de que empecé a practicar Falun Gong, experimenté cambios rápidos y obvios en mi salud. Encontré alivio del dolor en sólo un par de meses y los bultos duros en mis senos se volvieron suaves a los 6 meses. Pronto, los bultos se encogieron cada vez más y finalmente desaparecieron. Todos mis otros sufrimientos desaparecieron también.

Regresé al hospital y le pedí al médico que me hiciera un examen para ver si estaba realmente curada. Mirando los resultados del análisis, su rostro adquirió una expresión perpleja. “Es imposible”, dijo. “En el mundo entero nunca se informó de una cura para esta enfermedad. Por favor, dígame qué médico fue a ver. Me gustaría conocerlo”

Le dije que no fui a ningún otro médico y que el cambio vino por una práctica de cultivación tradicional para la mente y el cuerpo que había empezado a ejercitar. Su expresión cambió y se emocionó un poco. Él dijo: “Eso creo. Conozco algunos parientes cuyas enfermedades desaparecieron después de que comenzaron a practicar ejercicios de qigong. ¿Puede decirme el nombre del ejercicio, por favor?”

Alice Liu con su hija en Vancouver | Cortesía Alice Liu

Después de saber que era Falun Gong, mi médico me dijo que intentaría aprenderlo. También me pidió que regresara al hospital para exámenes de seguimiento después de tres meses, seis meses y nueve meses. Hice lo que él me ordenó. Después del tercer examen, me dijo felizmente que todo iba bien y que no había necesidad de preocuparse por la reaparición de las enfermedades. De hecho, algunos médicos y enfermeras del hospital incluso comenzaron a aprender Falun Dafa -disciplina espiritual de la Escuela Buda- después de escuchar mi increíble recuperación.

Mi familia se mudó a Singapur en 1999. Como me había recuperado completamente de todas mis enfermedades y estaba saludable de nuevo, pude dar a luz a un segundo hijo y luego a una hija. Nos mudamos a Canadá en 2008 y desde entonces hemos estado viviendo una vida feliz aquí.

Alice Liu con su hijo en Vancouver | Cortesía Alice Liu

Después de empezar a practicar Falun Gong, por primera vez en mi vida llegué a conocer lo que es vivir una vida saludable libre de ansiedad y enfermedad, y sentirme llena de energía y alegría. Hay tantos beneficios que obtuve que podría continuar por días. Además de los beneficios físicos, también me sentí profundamente inspirada por leer el libro Zhuan Falun y seguir los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia enseñados en el libro. A través de mi cultivación de Falun Gong, mi carácter mejoró y me convertí en una persona tranquila y compasiva. Dejé de quejarme por las dificultades de la vida y ahora pienso en los otros y en cómo ayudar a los demás.

Alice Liu tocando con una banda tradicional de tambores chinos en Vancouver | Cortesía Alice Liu


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