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A los 34 años se entera de que tiene autismo, mira como este diagnóstico ‘salvó’ su vida

A los 34 años se entera de que tiene autismo, mira como este diagnóstico ‘salvó’ su vida
Chomi Delgado / Tomado de Verne El País
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Esta mujer tiene 34 años y hace tan solo unos meses le diagnosticaron autismo, pero asegura que conocer el diagnóstico fue la salvación tanto para ella como para su familia. Dice que la gente debería conocer más cosas del autismo, en especial los profesores en las escuelas. 

Chomi Delgado, no quiso utilizar su nombre verdadero para contar su historia ya que no tiene muy claro cómo reaccionaría la gente de su entorno si se enterase de su autismo, afirmó al contar su historia a Verne.

Sin embargo, decidió que era importante hacerlo para que las personas puedan saber sobre el autismo y para que los docentes puedan aplicar medidas en la escuela cuando se encuentran con niños con éste trastorno.

(Imagen ilustrativa / El Español)

La gente suele ser despiadada con las otras personas, y ahora se burlan de cualquier cosa: que si es muy alto, si es muy bajo, si tiene mucho pelo, si no tiene pelo, si es listo o si es tonto. Cuando diagnosticaron a Chomi con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), lo primero que pensó fue: “¡Uf! Por si no me habían rechazado poco en mi vida, encima ahora me llamarán autista…”.

Sin embargo, el diagnóstico fue un alivio para ella y su familia, porque tiene más paciencia consigo misma y los demás tienen más paciencia con ella, toma la medicación adecuada y sabe como manejarse en ciertas circunstancias, aunque los síntomas pueden ser muy variados.

Chomi recuerda que en sus años de escuela, aparentemente tenía las mismas habilidades que sus compañeros, pero no podía hacer ciertas cosas como los demás. Por ejemplo, era incapaz, de atar sus zapatos adecuadamente, y cuando la pusieron en frente de la clase a atarle los zapatos a un muñeco, ella no pudo hacerlo y la maestra la castigó por eso; solo aprendió a hacer algo parecido a un moño que es lo que usa hasta la actualidad.

(Imagen ilustrativa / Makía)

Cuando analiza en retrospectiva, se da cuenta de que en realidad las cosas que son inventadas por el hombre, para ella representan grandes desafíos, como por ejemplo, el valor del tiempo o del dinero.

“Mi mente no clasifica los momentos del día con las horas inventadas por el ser humano. Es como si retuviera una memoria ancestral, primitiva, común a la que tienen los animales, con un planteamiento libre, flexible y arbitrario de la división temporal. Cuando he vivido sola, he llegado a perder completamente la noción del tiempo”, dice Chomi.

“Al final el problema no es que no podamos hacer algo (eso se aprende). El problema radica en el miedo a que la gente nos señale, porque cositas pequeñas que a la gente le pasan casi desapercibidas, para mí suponen agravios terribles. Ahora sé que lo que me pasa se llama hipersensibilidad”, ella comenta.

La persistencia de la memoria, pintura de Salvador Dalí

Chomi asegura que cuando en la escuela no sabes hacer algo, eres lento o dejas en evidencia al docente, lo único que hacen los profesores es castigar a los alumnos. Recuerda que en el colegio no era la única rechazada de la clase, pero asegura que no conoce ningún otro caso en el que dos compañeros (un chico y una chica) prohibieran al resto que le dirigieran la palabra y comenta que “para los profesores este tipo de actitudes o bien pasan desapercibidas o bien las entienden como algo normal”.

Entonces, ¿Cuál es la solución más adecuada?

“Los maestros deberían tener un poco más de formación y adaptarse a las necesidades concretas de sus alumnos. Por ejemplo, los niños con autismo pueden ser más lentos en sus respuestas y en sus gestos, o se comunican mejor haciendo dibujos o señas, o pueden repetir palabras y frases que escuchan, o usar palabras fuera de lugar… También creo que los padres deberían enseñar a sus hijos a respetar a los niños que se comportan de esa manera”, propone Chomi. 

Chomi ha logrado desenvolverse en el mundo al desarrollar lo que ella llama “dos sistemas operativos”: el M1 que es con el que ella nació y el M2 que es el de los demás, el aprendido. Ella segura que no los ha fundido porque sabe muy bien la diferencia entre ambos, pero que aprecia mucho los recuerdos que guarda en el M1; que son aquellas cosas que para ellas son maravillosas, pero para los demás son perfectamente simples, como la primera vez que escribió su nombre o la primera vez que escuchó las palabras, recuerda todo con absoluto detalle. Como cuando se aprendió los números por primera vez y los asociaba con relaciones personales entre ellos, como formas, colores, frutas.

(Imagen ilustratica / Psyciencia)

Cuenta que su falta de amigos la ha suplido con la imaginación, que es la última cosa que se pierde cuando se construye más un M2 y se va perdiendo la plasticidad del M1. Asegura que todavía tiene que seguir aprendiendo y que siempre se equivoca con la gente.

“Las personas con autismo solemos tener más problemas en la interacción, a la hora de interpretar los gestos, las palabras y las intenciones de los demás”, dice Chomi. “No puedo confiar en la gente, de modo que para no enloquecer, o para no quedarme encerrada en casa, me dejo manipular, ridiculizar y marginar hasta que me canso”, agrega.

“Hace unos días, al despedirse de mí, me dijo el psiquiatra: “Te hace falta un poco de pillería de la que les sobra a los demás”. El tío es buenísimo y siempre son acertadas sus palabras, pero en este caso me vi obligada a corregirle: Tal vez sea a ellos a los que les hace falta un poco de la inocencia que me sobra a mí”.

No pudo por menos que darme la razón, y cualquiera que conozca a alguien como yo entenderá a qué nos referimos”, cuenta ella.

(Imagen ilustrativa /hablando de homeopatía)

Chomi afirma que aunque ahora mantiene la situación más controlada a veces se siente abrumada, pero que de todas formas al contar su historia quiere que la gente comprenda mejor a las personas con autismo. Ella dice que las cosas cotidianas, las reguladas socialmente les asombran mucho, precisamente porque esas normas sociales se han creado de forma unilateral, como las tijeras, donde las “tijeras normales”, son las diseñadas para los diestros, lo cual convierte automáticamente a los zurdos en anormales, en vez de ser considerados una minoría.

“El día en que pueda firmar con mi nombre, entonces sí que habremos dado un paso importante. Me gustaría decir: Soy yo, con mis cordones desatados; soy yo, con mis momentos de desconexión; soy yo, cuando no entiendo una broma absurda; soy yo, a pesar de no saber qué hora del día es; soy yo, ¡qué feliz me hace ser yo!”, Chomi Delgado.

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