Se burlaron de su peso mientras corría una maratón. Llegó a la meta y dio un mensaje conmovedor

Se necesita mucha fuerza y resistencia para correr una maratón, incluso para corredores experimentados. No es una experiencia que se pueda entender completamente hasta que uno mismo la hace. Así que se necesita mucho valor para permanecer al costaddo, sin siquiera correr, y criticar a la gente que está haciendo el esfuerzo.

Suena ridículo, pero en medio de una maratón, una corredora fue interceptada por un desconocido total para quejarse sobre su físico. La tomó desprevenida mientras corría, pero ahora se está recuperando de su crítica al compartir la historia de cómo llegó a ser una corredora -una historia de superar las probabilidades, a pesar de las dificultades y burlas.

(Andrew Burton/Getty Images)

Latoya Shauntay Snell ha estado corriendo durante cuatro años, y participó de ocho maratones, incluyendo carreras de alto nivel como la Maratón de Nueva York y la Maratón de Chicago.

Aunque admite que es “una orgullosa corredora aficionada de la retaguardia”, está orgullosa de lo lejos que ha llegado con los años y se toma su entrenamiento tan en serio como las élites.

Sinceramente, Latoya no tiene el típico físico delgado y ligero que generalmente se espera que tenga un corredor. Ella se describe a sí misma como de “talla grande”, pero esto nunca se interpone en su camino para completar una carrera cuando tiene el foco puesto en ello.

Desafortunadamente, no todos la ven como una corredora profesional.

Corriendo la Maratón de Nueva York, Latoya estaba a punto de alcanzar el kilómetro 37, pero su paso fue interrumpido por un espectador grosero que le gritó un comentario hiriente:

“Le va a tomar a tu trasero gordo toda la vida, ¿eh?”.

Latoya estaba furiosa, y se detuvo en medio de la carrera para enfrentarse al hombre, pero se dio cuenta de que su argumento era inútil, y no hizo más que perder su tiempo y darle lo que él quería.

“Había perdido minutos y mucha energía necesaria para un hombre que se enorgullecía de burlarse de mi tamaño”, escribió Latoya en un artículo para The Root.

“Como un mero espectador, veía mi cuerpo de 1,60 metros y 99 kilos como una broma”.

Poco sabía aquel hombre, que Latoya estaba en mejor forma que nunca, después de haber pasado por una vigorosa transformación física, una que estaba motivada solo por ese tipo de comentarios mezquinos sobre su peso.

Hace años, Latoya pesaba más de 120 kilos, algo que los extraños no dudarían en señalar.

“Incluso si estuviera comiendo medio sándwich y una sopa pequeña, recibiría regaños sin provocarlos sobre mis hábitos alimenticios poco saludables”, recordó. “¡Imagina atreverte a disfrutar de un dulce en público!”.

Pensando en perder algunas kilos, Latoya comenzó a correr como un pasatiempo, pero rápidamente se dio cuenta de que no era solo un ejercicio para perder peso, sino algo que le encantaba hacer.

“Mi nuevo deporte me ayudó a encontrar la libertad y la fuerza a través del pavimento, pero también me enseñó que el número de la balanza no dictaba ni gobernaba mi felicidad”.

Así que se concentró menos en perder peso y más en entrenar para ser la mejor corredora que podía ser. Y a medida que sus resultados mejoraron, también mejoró su autoestima.

“En los años transcurridos desde entonces, mi confianza se ha vuelto tan fuerte como mi resistencia”, escribió.

Perseveró, incluso en los momentos más difíciles de su vida.

Pocos meses antes de correr la Maratón de Nueva York, Latoya experimentó una tragedia que casi la hizo abandonar: sufrió un aborto espontáneo y perdió a los gemelos que estaba esperando.

“Había contemplado abandonar un deporte al que a menudo me refería como ‘oxígeno’ porque aún estaba afligida”, recordó.

Pero terminó corriendo la maratón a pesar de todo, y si eso no la detuvo, un comentario mezquino de un espectador no iba a hacerla renunciar.

A pesar de lo dicho por él, llegó a la meta unos minutos después de las siete horas. Y una vez que lo hizo, ya no sintió ninguna ira.

“No necesitaba albergar ira o agresión”, explicó. “Ese hombre no fue el primero, y probablemente no será el último en hacer un comentario insensible sobre mi peso”.

“Soy gorda. De cifras completas. Gruesa. Tamaño grande. Poderosa. Capaz. Empoderada. Fenomenal. Y al final, mi verdadera revancha ese día vino del poder de mis piernas gruesas arrastrándome desde la isla Staten de Nueva York, a través de cinco distritos y terminando bajo una llovizna en Manhattan”.

“Soy poderosa porque creo que lo soy. Y no le debo a nadie una explicación de lo que me mueve”.

 
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