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Pescador desaparece en medio de la noche. Su compañero está perplejo hasta entiende lo que sucede

Pescador desaparece en medio de la noche. Su compañero está perplejo hasta entiende lo que sucede
(CBS/Captura de pantalla)
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El 24 de julio de 2013 comenzó como cualquier otro día para John Aldridge y Anthony Sosinski, viejos amigos y compañeros pescadores. Estaban ocupados pescando cangrejos y langostas en la costa de Montauk, Long Island.

Mas tarde, Anthony se durmió, pero el barco estaba en piloto automático. Se suponía que John iba a despertar a Anthony a las 11:30 p. m. para que se prepararan para la pesca, pero decidió dejar dormir a su amigo. Alrededor de las 2 de la madrugada, John sabía que era hora de llenar los tanques que albergarían la pesca del día siguiente. Pero había algo bloqueando su camino.

Una nevera de 56 Kilos estaba encima de la escotilla. Así que, John intentó moverla. Usó un gancho metálico largo para tirar de la empuñadura fijada al refrigerador, pero se rompió.

Tropezó hacia atrás desde la parte trasera abierta del barco hacia el agua.

(CBS/Captura de pantalla)

Estaban a 64 Kilómetros de la costa y John no tenía chaleco salvavidas. Anthony dormía bajo cubierta y no podía oír los gritos de su amigo. Se vio obligado a mirar mientras su barco, Anna Mary, se alejaba.

“Podía ver el barco, pero luego bajé en la ola y no podía ver el barco”, le dijo John a CBS Sunday Morning. “Entonces me subí a la cresta y es como si lo vieras, ¡y luego desaparece!”…

“¡Hasta acá llegué! ¡Hoy es el día en que voy a morir!”.

Anthony (izquierda) y John (CBS/Captura de pantalla)

Afortunadamente, John descubrió una forma de mantenerse a flote: el par de botas en sus pies.

“Estaba de espaldas… tratando de mantenerme a flote y mis piernas se abrieron paso hacia la superficie y simplemente hizo clic. Oh sí, Tuve una señal ahí mismo”.

Pensando en sus pies, John vació sus botas para formar un bolsillo de aire y las puso bajo sus brazos. Con su problema de flotación resuelto, por el momento, parecía que las cosas iban un poco mejor. Sin embargo, sus esperanzas se desvanecían cuando notó algo en la distancia.

“Cuatro metros y medio de distancia y veo que dos aletas de tiburón se acercan y yo digo: ‘¡Espera, esto es irreal!'”.

(CBS/Captura de pantalla)

Todo lo que pudo hacer, en ese momento, fue convencerse a sí mismo de respirar tranquilamente y fingir que los tiburones no estaban allí. Sorprendentemente, esto terminó funcionando para él. Los tiburones se alejaron nadando sin prestarle atención.

Cuatro horas después, John pensó que nadie sabía que estaba desaparecido. Entonces, Anthony se despertó y empezó a mirar alrededor del barco.

“Estaba incrédulo, directamente incrédulo”, dijo Anthony, “¡Pensaba que no podía no estar aquí!”.

Se puso en contacto con la estación de la Prefectura en New Haven, Connecticut, inmediatamente y comenzaron su búsqueda. Dada la información que tenían en ese momento, utilizaron un programa de computadora para rastrear todas las posibles ubicaciones donde John podría estar. Pero no tenían ni idea de cuándo John se había caído, ¿fue antes de las 11:30 cuando se suponía que iba a despertar a Anthony o fue más tarde?

El área calculada era el tamaño de Rhode Island.

El Comandante de la Prefectura Jonathan Theel creyó que no podrían encontrarlo a tiempo. Sin embargo, Anthony seguía siendo optimista.

(CBS/Captura de pantalla)

“Nunca pensé que estaba muerto. Ahora mismo está vivo y lo estamos buscando”, dijo Anthony.

Entonces, Anthony hizo un gran adelanto: había descubierto el mango del refrigerador roto sobre el Anna Mary. Llamó para informar esto, diciendo que no tenía sentido. Se dio cuenta de que John estaba tratando de rellenar los tanques, pero pensó que era un poco extraño, considerando la parte del agua en la que estaban cuando despertó.

El tanque se llenaba generalmente cuando el agua debajo de ellos alcanzaba 40 brazas (o 73 metros) de profundidad. Esto les permitió calcular con mayor precisión el momento y el lugar en que John debió caer por la borda y reducir significativamente el área de búsqueda del equipo de rescate. Finalmente, esta información fue crucial.

Mientras tanto, John se fijaba metas para sí mismo. Se decía a sí mismo: “Tengo que vivir hasta la mañana”.

Desde luego, cuando salió el sol, John aún aguantaba. Mejor aún, había notado una boya en la distancia. Así que nadó cerca de ella y se aferró a la vida. Unos pocos helicópteros volaron por encima, pero estaban demasiado lejos y no notaron que John salpicaba y gritaba. Sin embargo, 40 minutos después, otro helicóptero pasó volando, éste mucho más cerca del agua.

“Se vuelve sobre mí y ya lo sé. “¡Oh Dios mío!” ¡Voy a ser salvado!”,  John exclamó.

El nadador de la prefectura Bob Hovey bajó a las aguas y asistió a John.

Los rescatadores quedaron muy impresionados de que hubiera logrado sobrevivir durante tanto tiempo.

Bob Hovey (izquierda) y John luego del rescate (CBS/Captura de pantalla)

“El piloto retiró el visor, me miró y me dijo: ‘Hombre, tienes ganas de vivir'”, explicó John. También recordó haber oído a su piloto decir: “No encontramos gente viva, encontramos cuerpos”.

La prefectura de New Haven ha pasado a utilizar la historia de John como herramienta de enseñanza. Mientras tanto, John y Anthony repasan la situación con admiración.

Anna Mary ahora alberga una colección de “tesoros” de la experiencia cercana a la muerte de John, incluyendo el mango que rompió el refrigerador y las botas que le salvaron la vida.

Captura de pantalla de YouTube.

Cuando se le preguntó cómo sobrevivió a la angustiosa experiencia, John dijo: “El pensamiento positivo me salvó la vida. Si no tuviera pensamientos positivos y esas botas, no lo habría logrado”.

La aventura por la borda de John se ha plasmado en un libro llamado A Speck in The Sea. Él y Anthony también han llegado a un acuerdo cinematográfico, aunque todavía está temprano en desarrollo.


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