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Esta creyente es rescatada del infierno

Esta creyente es rescatada del infierno
Después de años de persecución en China continental, Li Wei Xun está disfrutando de su libertad como refugiada de la ONU en los Estados Unidos. (Cortesía de Compassion Magazine)
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Una mañana a finales de 1999, los trabajadores de la Fábrica de Máquinas Pesadas de Shengyang recibieron una sorpresa. En lugar de transmitir los anuncios habituales, los altavoces de la compañía exclamaban: “¡Traidor!”; “¡Mal!”. El objeto de su mensaje era la gerente de ventas junior Li Weixun. Los obreros que la conocían no podían creer lo que estaban escuchando.

Para aquellos trabajadores de la fábrica de Shenyang que tenían la edad suficiente para recordar, el día fue un triste retroceso a las décadas del 60 y 70, bajo la denomina Revolución Cultural. Sólo unos pocos meses antes, Weixun, o Xiaofu como la conocen sus amigos, fue considerada por todos como ciudadana modelo.

“Mao Zedong dijo que debemos servir al pueblo. Yo era una niña obediente, así que escuché, seguí al Partido Comunista Chino (PCCh). Quería ser una buena persona”, dice desde su apartamento en la ciudad de Nueva York. Llegó a Estados Unidos en septiembre de 2005, siendo refugiada protegida por la ONU.

Después de la muerte de Mao, ella obtuvo un título universitario, se casó con su amor de la infancia, y dio a luz a un hija, Yiping. Ella tomó el trabajo en ventas y comercialización. Era miembro del Partido Comunista hasta esa mañana de 1999, cuando los altavoces anunciaron que había sido expulsada de la fábrica y purgada de las filas del Partido.

Pero Xiaofu no estaba allí para escuchar esas acusaciones.

La policía la tenía detenida en una celda oscura y subterránea donde golpeaban severamente mientras le ponían videos de propaganda para ‘lavarle el cerebro’ durante todo el día. La policía le exigió que firmara un pequeño pedazo de papel, después de lo cual todo ese maltrato desaparecería.

¿Cómo había ofendido Xiaofu al sistema que había abrazado anteriormente?

En 1996, Xiaofu descubrió Falun Dafa, también conocido como Falun Gong, una disciplina espiritual de la Escuela Buda que se había difundido exponencialmente por todo el territorio chino durante los años ´90. Esta práctica, que consta de ejercicios suaves y meditación, cambió su vida. Una enfermedad que la había plagado durante años se había ido, y se sentía renovada. Millones de chinos experimentaban algo similar.

“Ella cambió mucho. Se estaba deshaciendo de un montón de cargas pesadas [y] … estaba mirando al mundo de una manera totalmente diferente. Había más amor en la familia”, dice su hija Yiping, quien más tarde comenzó a practicar Falun Dafa.

Sin embargo, todo cambió el 20 de julio de 1999.

“Fui al sitio de práctica como siempre, sólo para comprobar que no se nos permitía practicar más. Muchos policías llegaron al lugar para decir que estaba prohibida. Mi primera respuesta fue la incredulidad. Es una buena práctica, ¿cómo puedes prohibirnos?”, recuerda Xiaofu.

En cuestión de horas, cientos de miles de practicantes de todo el país se dirigían a sus gobiernos locales para apelar la decisión gubernamental del entonces dictador chino Jiang Zemin. Xiaofu y Yiping estaban entre ellos.

Madre e hija fueron arrestadas y llevadas a un estadio grande. Se les mostró videos calumniando a Falun Gong y la policía exigió que firmaran un documento que certificaba que dejarían de practicar. Se negaron y fueron puestas en libertad con una “advertencia”.

Dos meses más tarde, Xiaofu fue arrestada de nuevo después de ir a apelar al gobierno nacional en Beijing. La policía la escoltó en custodia de vuelta a su ciudad natal. Poco después de este arresto, los altavoces de la fábrica de máquinas pesadas de Shengyang la atacaron en su ausencia.

A pesar de las palizas y las tácticas de lavado de cerebro, Xiaofu continuó negándose a renunciar a Falun Gong. Estuvo cuatro meses encarcelada hasta que su familia pagó 20.000 yuanes (USD $ 2500) extorsionando a la policía para lograr su liberación.

Entonces Xiaofu decidió exponer lo que le había sucedido a ella y a otros practicantes, algunos de los cuales habían conocido destinos aún más crueles.

Se volvió activa distribuyendo materiales impresos que exponían las mentiras de la propaganda de odio estatal que saturaba en los medios de comunicación chinos. Era su obligación moral, insiste.

Oficiales de la Oficina 610, el organismo creado por el régimen comunista para destruir a Falun Gong, le tendieron una trampa en su casa en mayo del 2000, pero los amigos la alertaron a tiempo. Se fue, esperando que pudiera ser para siempre. Cada vez que llamaba, Yiping recuerda, estaba demasiado asustada para mencionar su nombre, para que no fuera localizada.

A mediados de enero de 2002, casi dos años después que dejó a su familia, la Oficina 610 halló un sitio de materiales que albergaba folletos que exponían las atrocidades cometidas contra los practicantes de Falun Dafa.

Xiaofu era uno de los practicantes involucrados. Fue interrogada y torturada durante 96 horas, dejándola parcialmente paralizada desde la cintura. A mediados de febrero, todavía en detención, sus brazos estaban hinchados y eran de color negro y azul.

A principios de marzo, totalmente paralizada desde la cintura hacia abajo, fue enviada al hospital. A mediados de ese mes, ella era catatónica, y los médicos la consideraban enferma terminal. Entonces fue liberada para ir con su familia; la policía los obligó a pagar otros 50.000 yuanes (USD $ 6500). Aún así, la policía la mantenía bajo constante vigilancia.

Increíblemente, durante los siguientes 20 días, Xiaofu comenzó a recuperarse, teniendo cuidado de no alertar a los guardias de su mayor fuerza y movilidad. Ella atribuye este milagro a concentrarse en las enseñanzas de Falun Gong (Verdad-Benevolencia-Tolerancia), y a hacer los ejercicios diariamente.

Poco a poco la policía bajó la guardia. Con la ayuda de su hermano mayor, Xiaofu escapó.

Los miembros de la familia fueron interrogados, golpeados y sometidos a arresto domiciliario como castigo.

“Cuando una persona se enfrenta con una opción entre una familia y creencias espirituales, es como una opción entre perder su brazo izquierdo o perder su brazo derecho”, dice, con lágrimas en los ojos.

Ninguno de los miembros de la familia de Xiaofu ha escapado a la persecución, ni siquiera los no practicantes.

Nueve de ellos fueron arrestados o forzados a abandonar sus hogares para evitar la policía.

Funcionarios del partido de la fábrica de la máquina presionaron al marido de Xiofu, que trabajó allí también, para que se divorciara. Pero al final, el amor prevaleció, no pudo hacerlo.

Yiping, negándose a firmar la condición exigida para renunciar a su Fe, pudo ir a la escuela de ingeniería solamente debido a la relación personal de su padre con el decano de la universidad. Yiping practicaba en secreto. Durante dos años, una de sus compañeras de dormitorio la espió.

Dadas sus circunstancias, y la presión sobre su familia, Xiaofu decidió que salir de China era la mejor opción.

“En la clandestinidad, realmente no podía visitar a los miembros de mi familia en sus hogares. Estaban preocupados por mi seguridad. Otros practicantes también me dijeron que de esa manera podría verme expuesta a la persecución”, dice.

El hermano mayor de Xiaofu obtuvo pasaportes para su hermana y varios documentos. El 8 de agosto de 2002, recibió una llamada telefónica aterradora: Alguien había expuesto la operación. Al día siguiente, voló a Bangkok, a salvo. Sin embargo, su hermano fue condenado a ocho años por “interrumpir la aplicación de las leyes”.

En Tailandia, las Naciones Unidas (ONU) aceptaron a Xiaofu como refugiada y comenzó el proceso de encontrar un hogar permanente.

Casi tres años más tarde, después de graduarse de la universidad y ahora bajo el radar de la Oficina 610, Yiping se unió a su madre. Su reunión fue de corta duración. Dos meses después de la llegada de Yiping, Xiaofu recibió papeles para reasentarse en Estados Unidos. Yiping, también refugiada de la ONU, todavía está en Bangkok con la esperanza de tener una estancia más duradera.

Mientras estuvo en Tailandia y en Estados Unidos, Xiaofu ha trabajado incansablemente para exponer la crueldad de la campaña actual del Partido Comunista Chino para destruir a Falun Gong. De hecho, este artículo es parte de sus esfuerzos.

“No te rindas”, es el mensaje de Xiaofu a los practicantes perseguidos.

Este artículo apareció por primera vez en Compassion Magazine.


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