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La Quinta Sinfonía de Beethoven

La Quinta Sinfonía de Beethoven
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‘¡Es el destino toca a la puerta!”, dijo el director de orquesta Anton Schindler al escuchar la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven.  Esta magnífica composición surge solemne e intensa con solo las cuatro notas del inicio, haciendo correr luego aquel mensaje celestial que pareciera desencadenar en el cuerpo y espíritu una energía restauradora.

El músico, amigo de Beethoven, hizo el comentario del destino en algún momento luego de estuchar la obra titulada Sinfonia n. 5 en do menor op. 67, cuya primera ejecución fue en Viena el 22 de diciembre de 1808.

El espectacular Primer movimiento – Alegre con brio, es definido como un monumento a la música, por la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma, y es sin duda uno de los más recordados y apreciados por el publico oyente.

A continuación el maestro Daniel Berenboin dirige la Orquesta Sinfónica West Eastern Divan, en su presentación de la Quinta Sinfonía de Beethoven en el Royal Albert Hall en 2012.

“El arte de Beethoven alcanza alturas vertiginosas al sacar de un elemento de pocas notas una serie de maravillosas variaciones y de contrastes que se comunican con el oyente con inmediatez y vigor inalcanzables”, escribe a su vez Giacomo Manzoni, en una de sus guías para los oyentes.

La Orquesta Filarmónica Campana de Italia, al describir el Primer movimiento de la Quinta Sinfonía, lo relaciona con un dicho del dramaturgo y filósofo alemán Friedrich Schiller: “lo patético es estético solo si es sublime“.

“Ninguna partitura había jamás organizado antes el principio del contraste, del “patetico” schilleriano con tal integración entre la articulación rítmica y la invención temática: todo parte de una idea formada por cuatro notas (“He aquí el destino que llama a la puerta“, como diría Beethoven al pobre Schindler) las cuales invaden todo el espacio disponible rítmicamente, borrando toda distinción entre el diseño y el ornamento”, comenta la orquesta. 

La llegada del destino, el dueño del karma acumulado en la vida, o quizás vida tras vida, inevitablemente viene a cobrar su cuenta. “Lapidario” e “implacable”, señala una cita de la revista Amadeus.

En el siguiente vídeo del Primer Movimiento de la Quinta Sinfonía de Beethoven, el maestro italiano Riccardo Muti dirige la Orquesta Sinfónica de Filadelfia.

 

Luego Beethoven escribe el Segundo movimiento – Andante con moto (La bemol mayor), con delicadeza, pero alternada a la gran solemnidad relacionada a las cuatro notas que se siguen siempre revelando. No hay escape al destino.

En el Tercer movimiento – Scherzo, el compositor toma el camino de regreso, para recuperar el primer y divino mensaje.

Para el Cuarto movimiento -Alegre (Do mayor), Beethoven reafirma el motivo central de su música con gloria, regalando al oyente un apoteósico final.

Ésta quizás fue la más innovadora de sus sinfonías. Beethoven la dedicó al Principe Joseph Max von Lobkowitz y al Conde Andreas Razumovsky.

El prodigioso músico, nacido en Bonn el 17 de diciembre de 1770 y muerto en Viena el 26 de marzo de 1827, compuso también el no menos famoso Himno a la alegría, que forma la parte final de su Novena y última Sinfonía.

Entre las partituras de Beethoven se encuentran siete conciertos, más de treinta sonatas, otras tantas variaciones, muchas singulares composiciones para pianoforte y música de cámara.

A este repertorio se agrega la ópera lírica Fidelio, las misas, oratorios, cantatas y muchas otras melodías que lo recuerdan sin duda alguna como uno de los más grandes compositores de todos los tiempos.


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