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La virtud del buen gobernante según Cicerón

La virtud del buen gobernante según Cicerón
(Junseong Ma / EyeEm)
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En la historia, cuando mencionamos a Roma, surge el amor por la patria, las virtudes de la fuerza y la determinación, la capacidad de acción, la austeridad y la frugalidad, el sentido de honor por un lado, y los excesos y disputas crueles por el poder por el otro.

Estos son los temas desarrollados en La República de Cicerón. Más puntualmente, el tema del mejor gobierno posible y el perfecto ciudadano, y sobre las condiciones que debe reunir el gobernante ideal. Es una época de crisis de la República romana, convulsionada y cuyo fin se acerca.

En ese contexto, surge la figura de Escipión Emiliano, que parece encarnar la virtud del buen gobernante. En una reunión de personajes notables, con motivo de la celebración de las Fiestas Latinas, en su finca de recreo en las afueras de Roma, relata un sueño que dice haber tenido veinte años antes.

En el sueño, aparece su abuelo adoptivo, el primer Africano, quien le dice: “Tranquilízate y aleja de ti el temor, Escipión, y graba en tu mente lo que te voy a contar”.

“¿Ves aquella ciudad que obligué a someterse al pueblo romano y que ahora reanuda antiguas guerras sin poder mantener la calma?”. Y desde un luminoso y claro lugar, elevado y plagado de estrellas, mostraba Cartago.

“Tú acabas de tomar parte, siendo poco más que un simple soldado, en su asedio, pero de aquí a dos años la arrasarás como cónsul y lograrás, gracias a tu propio esfuerzo, este sobrenombre que de momento sólo posees por haberlo heredado de mí. Asimismo, una vez que hayas destruido Cartago, celebrarás el triunfo, serás censor y viajarás como legado a Egipto, Siria, Asia y Grecia, y después de esto serás elegido cónsul por segunda vez, estando ausente, y llevarás a cabo una guerra sin cuartel en la que devastarás Numancia. Sin embargo, cuando seas conducido en el carro triunfal al Capitolio, encontrarás un Estado perturbado por los designios de un nieto mío”.

“Al llegar a este punto, Africano, será preciso que muestres a la patria el esplendor de tu alma, de tu inteligencia y de tu prudencia… La ciudad entera se dirigirá a ti y a tu nombre; en ti fijará sus miradas el senado, en ti todos los hombres de bien, en ti todos los aliados, en ti los latinos; tú serás el único en quien se apoyará la salvación de la ciudad. En pocas palabras: será necesario que, en calidad de dictador, restablezcas el Estado, siempre y cuando rehuyas las manos impías de tus parientes”.

“Pero, a fin de que te esfuerces con mayor afán en la defensa del Estado, ten en cuenta esto: todos aquellos que han salvado la patria y han contribuido a engrandecerla tienen, sin duda, un lugar determinado en el cielo, donde pueden gozar felices de una vida eterna. A decir verdad, nada de lo que se hace en la Tierra le es más querido a aquel dios soberano que gobierna el mundo entero que las colectividades y agrupaciones humanas que están unidas por el derecho y que reciben el nombre de ciudades. Sus gobernantes y protectores, que han salido de aquí , regresan aquí”.

La visión del sueño incluye un encuentro con su padre Paulo, ya que “los que se libraron del cuerpo, como si se tratase de una prisión están vivos”.

Escipión pregunta, ya que la verdadera vida es aquella y no la de la Tierra: “¿Por qué no me apresuro a venir aquí con vosotros?”.

“A menos que el dios cuyo templo es todo lo que contemplas te libere de la prisión de tu cuerpo, no tienes acceso a este lugar. Puesto que los hombres fueron creados con las condiciones de que fuesen los guardianes de este globo que ves que se halla en el centro de este templo y que se llama Tierra, y les fue otorgada un alma que procedía de aquellos fuegos eternos que llamáis constelaciones y estrellas”.

“No es posible, entonces evitar aquello que el dios nos asignó”.

“Pero tú, Escipión, como tu abuelo aquí presente, como yo que te engendré, cultiva la justicia y la piedad, que, si son valiosas en lo que respecta a parientes y amigos, son indispensables en lo que concierne a la patria. Este modo de vida es el camino hacia el cielo y hacia esta reunión de aquellos que ya han dejado de vivir y que, liberados del cuerpo, habitan en este lugar que ves –era un espacio circular que brillaba con luminosísimo resplandor entre las llamas-, que vosotros llamáis Vía Láctea tal como aprendisteis de los griegos”.

“De allí yo contemplaba el universo, y me parecía espléndido y maravilloso… El tamaño de las estrellas superaba con creces el del globo terráqueo”.

“Es más, la propia Tierra me pareció tan pequeña que me avergonzaba el hecho de que nuestro imperio no ocupara, por así decir, más que un punto en ella”.

El sueño de Escipión aparece como el capítulo sexto de La República de Cicerón, aunque después tomara vuelo propio en toda la cultura greco-latina.

Cicerón reconoce expresamente la influencia griega, llamándose asimismo, “compañero de Platón”, tomando los temas de la justicia y de la ciudad-estado como temas centrales, así como la cosmovisión griega de la armonía de las esferas  y la música celeste. La virtud socrática como norte y guía de las relaciones humanas.


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