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La industria aeroespacial comercial toma vuelo

La economía aeroespacial privada tiene gran potencial aunque enfrenta graves obstáculos

La industria aeroespacial comercial toma vuelo
Cohete. (SpaceEX)
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La industria espacial comercial ha tenido una mala racha. La dramática explosión del cohete Falcon 9 de SpaceX este 28 de junio -lanzado para entregar suministros a la Estación Espacial Internacional (ISS)- aumentó a tres las naves espaciales privadas destruidas en un año.

En octubre pasado, el cohete espacial orbital Antares explotó segundos después de despegar, estallando en llamas en el centro de lanzamiento. Tres días más tarde, un vuelo de prueba de la Nave Espacial Dos de Virgin Galactic explotó sobre el desierto de Mojave, muriendo las dos personas a bordo.

El Falcon 9 de SpaceX, contratado por la NASA, llevaba una cápsula de reabastecimiento Dragón con 5.000 libras de suministros y experimentos científicos para la tripulación de la ISS, además del primer adaptador internacional de acoplamiento para permitir a futuros vehículos con tripulación comercial acoplarse a la estación.

CEO Space

Elon Musk, CEO de SpaceX, en Hawthorne, California, el 29 de mayo de 2014. (Kevork Djansezian/Getty Images)

Y a su regreso esta nave traería a la Tierra 1.400 libras de hardware, experimentos científicos y basura de la estación espacial. SpaceX tiene el único vehículo de reabastecimiento que transporta mercancías desde y hacia la Tierra.

Es una pérdida importante no sólo para SpaceX, la NASA y la ISS, sino también para los estudiantes y las empresas privadas con materiales de investigación a bordo, además de los clientes de los satélites comerciales que SpaceX tiene en espera de próximos lanzamientos. Todos ellos van a tener que esperar y sufrir las pérdidas comerciales hasta que SpaceX pueda identificar el problema, arreglarlo y poner en operación de nuevo la nave.

Tales son los riesgos de las aventuras espaciales. Es como a la industria le gusta decir: el vuelo espacial es difícil.

Pero también implica algo más: si el vuelo espacial puede ser difícil ¿es más difícil para las empresas privadas hacerlo posible?

Micah Walter-Range, director de investigación y análisis en la Fundación Espacial -una organización no lucrativa dedicada a la sensibilización de los esfuerzos relacionados con el espacio- dice que todo lo que sucede es parte del proceso. Ya sea bajo la supervisión de la NASA o no, habrá misiones fracasadas y retrocesos. Por otra parte, agregó, los participantes del juego comercial son resilientes.

El prototipo del nanosatélite PhoneSat 2.5 de la NASA contiene sólo un smartphone estándar. La innovación haría cada vez más accesible la tecnología satelital. (Dominic Hart/NASA Ames Research Center)

El prototipo del nanosatélite PhoneSat 2.5 de la NASA contiene sólo un smartphone estándar. La innovación haría cada vez más accesible la tecnología satelital. (Dominic Hart/NASA Ames Research Center)

“Las empresas saben cómo hacer el análisis de errores. … Ellos saben cómo recuperarse de esto”, dijo Walter-Range.

En efecto, SpaceX fracasó ya tres veces y casi fue a la quiebra antes de lograr su primer lanzamiento exitoso en 2008, destruyendo en el camino un satélite de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y algunos experimentos de la NASA. Estos fracasos podrían haber sido el final de SpaceX, pero su visionario fundador Elon Musk sigue adelante sin cesar después de este último revés.

SpaceX ya cuenta en su haber con seis misiones exitosas de reabastecimiento de la ISS y, con base en esa trayectoria, la NASA reafirmó su confianza para continuar su asociación.

“SpaceX demostró capacidades extraordinarias… y sabemos que pueden replicar ese éxito”, dijo el administrador de la NASA Charles Bolden en un comunicado de prensa después del fallido lanzamiento.

Bolden también dejó en claro que “el programa de carga comercial fue diseñado para dar cabida a la pérdida de vehículos de carga”.

El profesor Howard McCurdy, experto en historia espacial de la American University, cree firmemente que el sector privado puede hacer un mejor trabajo que la NASA para reducir costos hasta que el número de lanzamientos aumente. Las empresas privadas son simplemente mejores en la gestión de negocios que las agencias gubernamentales.

“La NASA no es buena en el manejo de líneas aéreas. Son muy buenos en la innovación”, dijo.

Así que la lógica actual es que el papel de la NASA sea ayudar a cimentar la industria (aeroespacial), como lo hizo con la industria aérea, mediante la concesión de contratos para lanzamientos y misiones de reabastecimiento, compartiendo la carga financiera mientras el sector privado madura.

(Dane Crocker/La Gran Ëpoca)

(Dane Crocker/La Gran Época)

Así que el espacio no es muy diferente de la apertura de otras nuevas fronteras.

Todas las expediciones europeas tempranas eran para la gloria de la corona y del país. Y después de algún tiempo los gobiernos proporcionaban capital inicial a los empresarios que estaban listos para tomar los riesgos y aprovechar el potencial de la nueva oportunidad. Los primeros viajes comerciales fueron costosos ensayos llenos de fracasos y decepciones con grandes recompensas.

Y lo mismo sucede con la última frontera. Inicialmente sólo era competencia de gobiernos, específicamente de Estados Unidos y de la Unión Soviética; hoy en día las empresas privadas están tomando un rol principal en la industria espacial.

Grandes actores de la aeronáutica espacial comercial

La edición 2015 de la Fundación Espacial, “El Informe del Espacio: La guía autorizada de la actividad espacial global”, revela que el gasto de los actores no estatales superaron con creces el de los actores estatales el año pasado.

En el 2014 la industria espacial valía 330 mil millones de dólares. De esta cifra, el presupuesto espacial del gobierno estadounidense representó sólo el 13 por ciento (42,96 mil millones de dólares), el de otros estados un 11 por ciento (36,21 mil millones). El 76 por ciento restante, 250,83 mil millones de dólares, correspondió a la actividad espacial comercial del sector privado.

Hay más de dos docenas de empresas capaces de hacer vuelos espaciales y cerca de 21 empresas preparadas para hacer lanzamientos. Centenares de empresas de todo el mundo participan en la fabricación de satélites, construcción de estaciones en tierra y suministro de equipos relacionados con el espacio que permanecen en la Tierra.

El símbolo para los negocios del espacio es, sin duda, el ex CEO de PayPal, Elon Musk, pero también hay otros grandes nombres en juego.

Musk fundó SpaceX en el 2002 y Tesla en el 2003. En tan sólo ocho años pudo presumir de tener la primera empresa privada para poner una nave espacial en órbita y aterrizar de nuevo en la Tierra. Musk tiene otros grandes planes que incluyen la creación de cohetes y cápsulas reutilizables, proporcionar Internet por vía satelital al mundo y encontrar un nuevo hogar para los humanos en Marte.

La United Launch Alliance -Boeing en sociedad con Lockheed Martin- conduce la mayoría de los lanzamientos militares estadounidenses. Boeing es la segunda empresa, junto con SpaceX, que la NASA contrató para desarrollar taxis espaciales que transporten astronautas estadounidenses a la Estación Espacial.

Orbital ATK, formada por la fusión de Orbital Sciences Corporation con Alliant Techsystems Inc. en febrero, es la otra empresa privada que con SpaceX abastecen a la ISS.

Blue Origin, creada por Jeff Bezos de Amazon y Virgin Galactic, propiedad del excéntrico magnate británico Sir Richard Branson, se centra sobre todo en hacer realidad el turismo espacial asequible.

Haciendo accesible el Espacio para todos

Las empresas de renombre que invierten fortunas para hacer viable la comercialización del espacio dieron lugar a un cambio sutil que es posible no haya sido percibido por la mayor parte de la gente: la empresa privada ha hecho casi universalmente accesible el espacio.

Esto no significa que cualquier persona pueda ser turista espacial (aún no), pero todos podemos participar y beneficiarnos de la industria espacial comercial cada vez que usamos un GPS, buscamos un viaje por Uber o al ver la televisión vía satélite, eso es (tener) el espacio comercial en nuestras manos.

“No se requiere el financiamiento del gobierno, no se necesitan súper laboratorios de alta tecnología, se pueden usar componentes comerciales para construir satélites”, dijo sobre este cambio Walter-Range, de la Fundación Espacial.

Y agregó: “Al ser la tecnología mucho más accesible veremos cómo la gente se vuelve más creativa al usarla para eso”.

La tecnología satelital es el principal impulsor de este cambio y también es el mayor motor individual de los ingresos de la economía espacial privada, que valía 203 mil millones de dólares en 2014. A finales del año pasado, 1.261 satélites de gran tamaño estaban en órbita representando a 57 países, según la Asociación de la Industria Satelital.

Una innovación particularmente interesante ha sido el desarrollo a bajo costo de los satélites miniatura llamados nanosatélites que pesan menos de 22 libras (10 kg), y el subgrupo de nanos conocidos como satélites cubo, o CubeSats, de tan sólo 4 pulgadas (10 cm) por lado y 2 libras (1 kg) de peso.

Un “kit” de CubeSat puede costar desde 10.000 dólares, y una unidad completamente lista para el lanzamiento alrededor de 100.000 dólares, en comparación con los casi 670 millones de dólares que cuesta un satélite de tamaño normal.

Los CubeSats no son tan poderosos como un satélite de tamaño normal, pues la idea no es enviar sólo uno sino un “enjambre” de ellos, cuyo beneficio es que con más unidades se logra una mayor cobertura de la Tierra por día y observaciones más frecuentes de la misma zona. Por otra parte, se les considera casi desechables en cuanto a costos y casi insignificantes en espacio de carga.

Dos empresas, SpaceX en colaboración con Google, y OneWeb, que inició con inversores como Virgin Galactic, Airbus, Intelsat y Coca-Cola, están compitiendo para ofrecer Internet de banda ancha por satélite a todos los rincones del mundo. OneWeb dijo que lanzará una constelación de más de 600 satélites pequeños, mientras que los planes de Musk incluyen 4.000 satélites.

La NASA ha estado experimentando con lo que llama PhoneSats, que esencialmente son cajas con smartphones Android Google. Más allá de la plataforma smartphone son considerados ideales para los sistemas satelitales porque tienen procesadores rápidos, sistemas operativos versátiles, sensores miniatura, interfaces de cámaras de alta resolución y receptores GPS.

Si los teléfonos inteligentes son lo suficientemente potentes como para comunicarse desde el espacio y pueden soportar la radiación a largo plazo, el espacio se hace mucho más accesible. Las pruebas hasta ahora han ido bien.

El Laboratorio Nacional de Estados Unidos a bordo de la Estación Espacial también está disponible para los intereses del sector privado, así como para proyectos de estudiantes de secundaria.

La NASA entregó en 2011 la gestión del laboratorio al Centro para el Avance de la Ciencia en el Espacio (CASIS). Aunque el CASIS cuenta con financiamiento de la NASA, también tiene que generar ingresos por arrendamiento de experimentos de astronautas en el espacio y el tiempo con el sector privado y otros interesados. Por ejemplo, Novartis envió ratones al espacio para estudiar los efectos de la micro gravedad en el desarrollo muscular y la atrofia.

Según Patrick O’Neill, gerente de comunicaciones del CASIS, más del 50 por ciento de las investigaciones que se realizan en el laboratorio son a pedido de empresas privadas, desde compañías de Fortune 500 hasta nuevas empresas.

“Estamos viendo una fuerte alza hacia la comercialización”, dijo O’Neill, quien agregó: “Mi esperanza es que en los próximos meses y años veamos aún más”.

El desafío de los vuelos tripulados

Probablemente el mayor obstáculo que enfrenta la industria espacial comercial es alcanzar la seguridad, hacer vuelos espaciales tripulados confiables.

Desde 2011, cuando la NASA retiró el transbordador espacial, Estados Unidos depende del programa espacial ruso para transportar a los astronautas estadounidenses hacia y desde el espacio. Cada asiento en una nave rusa Soyuz le costó a la NASA 76 millones de dólares el año pasado, con un aumento de 6 millones por asiento desde 2013.

Sunita Williams fue seleccionada el 9 de julio para formar parte de la primera tripulación de astronautas estadounidenses que transportó al espacio una nave espacial comercial. (NASA),

Sunita Williams fue seleccionada el 9 de julio para formar parte de la primera tripulación de astronautas estadounidenses que transportó al espacio una nave espacial comercial. (NASA),

El enorme costo, junto con el aumento de las tensiones entre Estados Unidos y Rusia, sobre todo en Ucrania, ha puesto presión adicional sobre la NASA para actuar lo más rápido posible hacia asegurar su propia capacidad para transportar tripulación.

Este trabajo ha sido contratado al sector privado. En 2014, la NASA otorgó el contrato del Programa de Tripulación Comercial (CCP) a Boeing por 4.200 millones de dólares y a SpaceX por 2.600 millones de dólares para desarrollar artefactos que permitan llevar astronautas hacia y desde el espacio con 58 millones de dólares por asiento.

Ambas compañías tienen previsto realizar pruebas de vuelo tripuladas en el 2017, si logran cumplir sus metas.

La NASA dijo oficialmente que el fracaso de Falcon 9 no afectará el calendario del CCP.

“Las lecciones aprendidas con este evento pueden proporcionar información sobre una falla o errores que hubiesen sido descubiertos hasta mucho más avanzado el calendario”, dijo la NASA en su sitio web.

Cohete espacial. (Jens Almroth/La Gran Época)

Cohete espacial. (Jens Almroth/La Gran Época)

Al afirmar el 9 de julio que los planes del CCP se mantienen en curso, menos de dos semanas después del accidente del cohete Falcon 9, el administrador de la NASA Charlie Bolden anunció que cuatro astronautas se entrenarán para volar en los artefactos de SpaceX y Boeing. En una entrada de blog, Bolden anunció poder lanzar astronautas en suelo americano en naves espaciales de propiedad norteamericana, con la participación de más de 350 empresas estadounidenses contratadas.

“Cada dólar que invertimos en la tripulación comercial es un dólar que invertimos en nosotros mismos y no a favor de la economía rusa”, escribió Bolden, lo que subraya que bajo presión la NASA está por repatriar los viajes espaciales.

Sin embargo, la reciente serie de pérdidas trae a casa el extremo desafío de esta misión. El lanzamiento de seres humanos al espacio es mucho más difícil que el lanzamiento de satélites.

“Los seres humanos tienen necesidades más complejas, tales como aire respirable, comida, mantener el calor, mantenerse frescos y la protección del medio ambiente espacial. Los seres humanos también deben ser capaces de regresar a salvo a la Tierra de su viaje al espacio”, afirma “El Informe del Espacio 2015”.

El profesor McCurdy considera que la tasa de fracaso no tripulado actual sigue siendo demasiado alta.

“Tenemos medio siglo de vuelo orbital, no deberíamos tener fallos como este. … Los riesgos no deben ser de las cifras que estamos viendo”, dijo McCurdy.

Desde el 2010 ha habido 443 intentos de lanzamiento orbital en todo el mundo, de los cuales 24 han fracasado, dando una tasa de fracaso de poco más de 1 en 18. Cuatro de los fracasos fueron de artefactos americanos, por lo que la tasa de fracaso en Estados Unidos es de 1 en 111.

Para el CCP, la NASA ha establecido el requisito de Pérdida de Tripulación en no más de 1 por cada 1.000, lo que haría que los artefactos tengan “aproximadamente un mayor rango de seguridad para el ascenso y la entrada que el transbordador espacial”, según los Requisitos del Sistema de Certificación del Transporte Comercial de Tripulación de la NASA.

A pesar de los recientes reveses, McCurdy sigue apostando por la industria privada para poder lograrlo, sobre todo por el número de empresas que ahora participan en el negocio espacial.

“La belleza del sistema es que si tienes tantos participantes… y uno de ellos acierta, tienes al siguiente Microsoft, o al siguiente Intel”, dijo McCurdy.


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