La Atlántida existió en el litoral atlántico ibérico, sugiere estudio reciente

El tiempo y el lugar en que existiera la Atlántida referida por el sabio Platón hace unos 24 siglos en fragmentos de sus Diálogos -las fuentes escritas más antiguas disponibles-, son debatidos una vez más, en esta ocasión en el más reciente estudio sobre la grandiosa civilización, el “imperio grande y maravilloso” mencionado en la antigüedad, que sucumbiría ante sus excesos sin, al parecer, dejar huellas claras y contundentes de su presencia.

Descubriendo “La Atlántida Histórica”

Desde los textos de Platón, donde se le registra por vez primera, hasta los escritos posteriores -históricos y científicos-, un nuevo estudio examina y argumenta la existencia de la Atlántida bajo una perspectiva amplia a la que llama una “tercera vía” -que no se ubica “ni entre las argumentaciones más atrevidas (sobrenaturales) ni entre las más conservadoras”, sobre lo escrito al respecto.

¿Existió La Atlántida en realidad? Y si existió ¿dónde y cuándo cobró vida? Son algunas de las preguntas que se hacen los interesados en esta remota y fascinante civilización. Mientras Rainer Kühne y otros investigadores propusieron en 2004 que se encontraría en la Marisma de Hinojos cerca de Cádiz, en este estudio el autor buscó contextualizar y localizar la que llama Atlántida histórica, sugiriendo un sitio distinto.

El principal metal y más preciado en Atlántida, el llamado oricalco o cobre de montaña, utilizado para registrar las leyes y normas de esta civilización en la columna del templo de Poseidón ¿podría estar relacionado con los prolíficos yacimientos de pirita al occidente del Mediterráneo, y a Tartessos?

Una Edad del Bronce en el occidente mediterráneo por el 9,000 aC “es un disparate”, apunta Mario Mas Fenollar, autor del estudio recientemente publicado: El descubrimiento de la Atlántida histórica. Aclaraciones al bronce antiguo en el suroeste de la península ibérica.

Aunque los restos arqueológicos de Tartessos coincidan con las descripciones atlánticas, como otros estudios también han indicado, estarían desfasados de los relatos griegos por miles de años, mientras que el desarrollo metalúrgico de este foco occidental asociado al yacimiento de Millares habría estado influenciado por los contactos al este del mediterráneo, según las evidencias con que cuenta la historia y que ofrecen otras fuentes de investigación para conocer el pasado.

Enfrentando el dilema temporal, el estudio ubica a La Atlántida en la desembocadura del Guadalquivir (descartando el parque natural de Doñana que otros estudios sugieren), en una marisma alrededor del Golfo Tartésico, extinto por el aluvión del río. Existiría hacia el 3,000 aC, a inicios del período Calcolítico, para desaparecer hacia el 2,250 aC o siglos después, a causa de “un evento erosivo rápido y de elevada intensidad” -con incremento y retroceso recurrente del nivel del mar, unos 2 metros según estudios geológicos-, y no debido a un cataclismo sísmico, aunque sin descartar que sucediera después.

Estas fechas serían congruentes para explicar el desarrollo de la navegación en el Mediterráneo en la expansión comercial de los atlantes hacia el este, hacia el milenio III aC, como para acceder y tratar de dominar a Egipto y Grecia en sus guerras fatales. La cultura atlante se extendería en el valle del Guadalquivir, mientras el Bronce sería posterior, al este en El Agar y al oeste en Ferradeiras (Portugal).

Dónde buscar sus vestigios

En el mar de suposiciones y escritos relativos a la existencia y posible ubicación de La Atlántida, la idea de que existió en las actuales costas de España es reforzada en este estudio.

Pero también advierte su autor: encontrar vestigios físicos de esta Atlántida histórica en tal lugar se dificultaría con la alteración geológica del paisaje por la desembocadura del río Guadalquivir y la intensa presencia humana a lo largo de los últimos cinco mil años.

De existir, tales vestigios serían inaccesibles al encontrarse bajo los sedimentos del río, pero sería más factible realizar exploraciones en Lebrija que, estima el autor, fue un puerto y testigo de la Atlántida histórica. Nabrisa, como se le conociera en la antigüedad, en el núcleo de Tartessos, participaría en su consolidación y expansión hacia el Bronce Final.

La Atlántida que relató Platón

Sabemos de La Atlántida por las versiones de Platón procedentes del siglo IV aC, y por quienes las han seguido en la búsqueda de su existencia en el tiempo y de su localización geográfica. Y no deja de suscitar gran interés y controversia desde hace siglos, incluso el mismo Sócrates mencionado en Timeo pregunta sobre las hazañas de esta ciudad “no como una simple ficción”.

Platón mencionó a la Atlántida en sus diálogos Critias y Timeo, como una sociedad con tal gobierno basado en la justicia y la virtud que, por sus descripciones, poseía una avanzada civilización desarrollada en una gran isla principal que estaría entre una serie de muchas otras islas en el mar que lleva su nombre, lugar por el que podría ligar a los actuales continentes de América con Europa y África. El tamaño y ubicación de la isla Atlántida también se debate.

Según los relatos procedentes de 9 milenios antes –Platón los conoció en su infancia por su abuelo, amigo del sabio legislador ateniense Solón y éste a su vez de sabios sacerdotes egipcios, los atlantes, sus habitantes, vivían en una gran planicie rodeada de montañas que se extendían hasta el mar circundante, el mar Atlántico.

Su gran señor, Poseidón, dios griego de los mares, asignó a cada uno de sus diez hijos –su madre Clito fue hija de uno de los primeros habitantes del lugar- una parte de La Atlántida como reino. Al hijo mayor, Atlas o Atlante, le otorgó el reino con la montaña rodeada de círculos de agua y el predominio sobre los demás reinos, pródigos en recursos para su existencia (minerales, bosques, fauna) que fueron la base del bienestar y las grandes realizaciones como la acrópolis, el templo de Poseidón, los palacios, los canales circulares de agua, puentes, puertos, murallas, guardias, jardines y bosques.

Con el dominio expansionista insaciable sobre algunas regiones de África y Europa, empezaría la decadencia de la Atlántida, que culminó cuando los atlantes fueron derrotados por los atenienses en sus guerras expansivas hacia Grecia y Egipto.

Según los relatos en Critias, cuando los reyes de La Atlántida abandonaron su naturaleza divina, es decir, reinar con justicia y virtud, ayudarse en problemas y cooperar para proteger a los atlantes, a cambio del poder, la soberbia y la dominación de otros pueblos, Zeus, “el dios de dioses” convocó a otros dioses “en su mansión más importante”, “instalada en el centro del universo”, para decidir el castigo que los hiciese “más ordenados y alcanzaran la prudencia”.

En Timeo se menciona que después del triunfo de los atenienses sobre los atlantes sucedieron “un violento terremoto y un diluvio extraordinario”, el ejército ateniense quedó hundido en la tierra y la isla de Atlántida desapareció hundida en el mar, dejando intransitable e inescrutable este sector debido a la arcilla de poca profundidad generada por el hundimiento de la isla.

Estos devastadores eventos han sido interpretados como el castigo divino que acabaría con La Atlántida. Grandes civilizaciones y eventos destructivos de este tipo habrían sucedido muchas veces antes y volverían a acontecer muchas veces más, anticiparía el sabio sacerdote anciano que le relatase a Solón, La Atlántida.

Si los estudios llegasen a proveer evidencias concluyentes de su existencia, nuestra actual civilización tal vez podría tomar referencia de los severos eventos de esta gran civilización, reflexionar para corregir si hubiese tiempo, y proceder en consecuencia…

 
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