Sociedad china

Una típica madre china, pero increíblemente extraordinaria

Una típica madre china, pero increíblemente extraordinaria
Jennifer al centro con sus hermanas, madre y padre. (cortesía de Jennifer Zeng)
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Hubo un tiempo en que odié a mi madre cuando era niña.

Sin importar qué tan bien me comportaba o cuántos premios ganaba en la escuela, nunca parecía importarle mis logros o apreciarme. A veces incluso me preguntaba si se sentiría triste si yo muriera.

Cuando finalmente llegó el momento de partir a la universidad, me sentí muy feliz. Escogí una escuela a miles de kilómetros de distancia.

Me enamoré de la universidad. Cuando mi relación con mi novio se hizo más seria, parecía que no había nada que pudiera ocultarle. Se sorprendió mucho cuando se enteró de mi mentalidad “extrema” hacia mi madre, y me enojé bastante de que no estuviera de mi lado.

Sin embargo, la amplia mentalidad de mi novio gradualmente derritió el resentimiento en mi corazón, ya que siempre trató de convencerme que no había padres en el mundo que no amaran a sus hijos.

Los sacrificios de los padres

Mas tarde, nos casamos y tuvimos una adorable hija. Comencé a recordar muchas de las charlas con mi madre, las cuales me molestaban cuando era niña, tales como “uno nunca entenderá los sacrificios de sus padres hasta que tenga hijos” o “no importa qué tan lejos viaje un hijo, ella estará siempre en la mente de su madre”, y así.

Jennifer y su madre cuando Jennifer tenía un año (cortesiía de Jennifer Zeng)

Jennifer y su madre cuando apenas tenía un año. (Cortesía de Jennifer Zeng)

Una vez mi hija tuvo neumonía y fiebre alta, y sentí como si una gran piedra presionara justo sobre mi corazón. Casi no podía respirar. Corrí con ella al hospital en la mitad de la noche.

Luego, de pronto recordé una historia que mi madre me contó. Mi madre tenía que trabajar en una área en lo remoto de las montañas, donde las condiciones médicas eran extremadamente pobres. Cuando tenía un año, un día contraje de repente  sarampión y fiebre alta. Mi madre tenía mucho miedo, me sostuvo en sus brazos y caminó docenas de kilómetros de camino montañoso en la oscuridad hasta que llegó a la ciudad antes del amanecer, para que me trataran.

Mientras crecía mi hija, el significado detrás de la oración “uno nunca entenderá los sacrificios de sus padres hasta que tenga hijos” se me hizo más claro y tangible. Un día me di cuenta que la razón por la que mi madre había sido tan fría y estricta conmigo era porque no quería que me sintiera demasiado bien conmigo misma y me volviera arrogante, ya que recibía muchos elogios de todos lados.

Con arrepentimiento, cuando me di cuenta, ya estaba viviendo a miles de kilómetros de distancia de mi madre y tenía pocas chances de complacer a mis padres.

Un gran amor maternal

No fue sino hasta que fui liberada del Campo Femenino de Trabajo de Beijing, luego de permanecer detenida allí por un año por practicar Falun gong, que entendí realmente cuan grande puede ser el amor de una madre.

Jennifer Zeng practica la meditación de Falun Gong en 1998 en un parque en la ciudad de Shenzhen, China. (cortesía de Jennifer Zeng)

Jennifer Zeng practica la meditación de Falun Gong en 1998 en un parque en la ciudad de Shenzhen, China. (Cortesía de Jennifer Zeng)

Cuando volví en secreto a mi pueblo a visitar a mis padres poco después de salir, me enteré que cuando estuve en prisión, mi hermana también había sido despedida y detenida por practicar Falun Gong. Luego tuvo que vivir escondida por estar en la lista nacional de personas buscadas.

No me podía imaginar qué tan duro debió ser todo esto para mi madre, que siempre había estado tan orgullosa de sus tres hijas. En el ambiente especial de China, donde todos tienen la mente lavada por el régimen comunista, y donde los familiares de practicantes de Falun Gong también son perseguidos, muchos han escogido ponerse del lado de los poderosos y presionar a los familiares que practican Falun Gong.

Hasta ese entonces, nadie sabía qué tan grandiosa era mi madre. Ella no se quejaba, no nos culpaba a ninguna de nosotras, ni tampoco mostraba temor o alarma.

Cuando mi hermana, quien vivía oculta y trabajaba en un pequeño bar en otra ciudad a unos 150 km, contactó a mi madre, ella tomó inmediatamente un autobús de larga distancia para ir a visitarla. Luego de ver que mi hermana no tenía un cuarto propio y que tenía que dormir en el suelo en el bar luego de que los clientes se iban a mitad de la noche, y ni siquiera tenía un lugar donde guardar su ropa, mi madre decidió ayudarla. Viajaba varias veces por semana entre dos ciudades en autobús para llevarle ropa limpia a mi hermana y traer la ropa sucia para lavar.

Para que los informantes que vivían en el piso de abajo no descubrieran su paradero, mi madre siempre se las ingeniaba para hacer el viaje en el mismo día y llevar el mínimo equipaje para que nadie sospechara que ella iba a viajar a otra ciudad. Tenía que trasladarse ida y vuelta unos 300 kilómetros en el mismo día.

Además de tomar el autobús de larga distancia, también tenía que hacer varias veces transferencias en ambas ciudades. Aún más importante era ser muy cuidadosa de no ser descubierta o seguida por la policía, de otro modo, mi hermana podía quedar de inmediato expuesta al peligro. ¿Quién se imaginaría que una mujer jubilada de 60 y tantos años pudiera actuar tan inteligente y ágilmente y engañar incluso a espías e informantes profesionales?

Arrestada

Cuando volví a casa luego de ser liberada del campo de trabajo, mi madre y hermana habían estado “viviendo” de esta manera por meses.

Jennifer Zeng con su madre a principios de 1999, en la última foto que tomó con su familia antes que comenzara la persecución a Falun Gong. (cortesía de Jennifer Zeng)

Jennifer Zeng con su madre a principios de 1999, en la última foto que tomó con su familia antes que comenzara la persecución a Falun Gong. (Cortesía de Jennifer Zeng)

Decidí ayudar a mi hermana a encontrar un lugar seguro y un mejor escondite. Pero cuando estuvo todo hecho y arreglado, y cuando tomé el tren como habíamos planeado para encontrar a mi hermana, ella no estaba allí.

Sin saber qué hacer, tuve que bajar del tren en la siguiente estación a unos 60 kilómetros y luego tomar un taxi de regreso a la casa de mis padres. ¿Cómo me iba a ir sin saber qué le había pasado a mi hermana?

Ya era temprano en la mañana cuando llegué. Ni bien entré vi mucho equipaje desparramado por el suelo; y mi madre con el pelo desarreglado, tratando de acomodar todo.

Cuando me vio regresar me dijo con el semblante en blanco: “tu hermana fue arrestada ayer. Esto es todo de su equipaje que tu cuñado pudo tomar del centro de detención y aquí está el recibo de las cosas confiscadas por la policía”.

Mi padre me corrió de la puerta y gritó “¡Vete! ¡Escapa! ¡No te quedes allí parada a esperar que la policía se entere con quién iba a viajar tu hermana!”

Me quedé allí parada, confundida. Miré la cara de mi madre y de pronto descubrí que se veía mucho más vieja luego de sólo un año de estar separadas. Mucho de su cabello se había vuelto gris y sus ojos estaban huecos y muy secos, como si luego de ver tanta fealdad en su vida, nada podía hacerla llorar otra vez.

Apreté los dientes, me di vuelta y me marché rápidamente. Sin poder mantenerme a salvo yo misma, ya no podía ayudar a mi hermana. Sabía que mi madre la continuaría ayudando y que iba a ir al centro de detención a visitarla, y llevarle las necesidades básicas que necesite.

Abrazos y protección

El amor maternal, el incondicional amor maternal, que nunca impone juicios y el que se levanta por encima de todos los teatros políticos del absurdo, por siempre apoyará y acompañará a mi hermana, y por siempre me apoyará y me acompañará también.

Más tarde me las arreglé para escapar de China y vivir en el extranjero. Por más de una década nunca pude volver, ya que la persecución aún continúa. Mi madre voló sola dos veces, cruzando el océano para visitarme.

Cuando mis amigos le pidieron que se quedara conmigo y no regresara, siempre se negaba amablemente y yo sabía por qué. Mi padre era muy anciano y su salud no le permitía viajar en avión para visitarme. ¿Cómo podía mi madre quedarse y dejar a mi padre solo en China?

La última vez que despedí mi madre en el aeropuerto, cuando nos tuvimos que decir adiós frente a inmigración, vi que los ojos de mi madre, mi siempre fuerte madre, se enrojecieron de pronto. Se dio vuelta abruptamente y rápidamente se alejó, para que no pudiera ver rodar sus lágrimas.

Mientras permanecía allí parada, la espalda de mi madre en su suéter rojo iba desapareciendo de a poco entre la multitud. Por algún motivo, una frase emergió en mi mente: “una madre al estilo chino”. Sí, ella era una típica madre; y a la vez extremadamente extraordinaria madre, al estilo chino.

Aunque vivíamos en una era de paz, ella tenía que sufrir una y otra vez, separaciones amargas, innecesarias y sin fundamento que se sentían como la muerte misma. Aún así nunca se quejó. Y siempre intentaba lo mejor que podía abrir sus brazos, brazos que se estaban volviendo viejos y duros, para abrazar y ofrecer protección a todos sus seres queridos.

Hace poco se celebró el día de la madre. Escribo este artículo con mi rostro bañado en lágrimas. Quiero dedicarlo a mi madre, aunque dudo, ya que no quiero que sepa que alguna vez tuve esa clase de mentalidad extrema hacía ella cuando era niña.

Mamá está envejeciendo, y no la quiero hacer sufrir.

Jennifer Zeng es la autora de “Atestiguando la historia: La lucha de una mujer china por la libertad y Falun Gong”. Antes de ser perseguida en China por su fe, Zeng era investigadora y consultora del Centro de Investigación y Desarrollo del Consejo del Estado, el Gabinete Ministerial. Su historia se muestra en el documental galardonado “Free China: the Courage to Believe” (China Libre: El coraje de creer), coproducida por New Tang Dinasty Television y World2Be Productions. Zeng tiene un blog y página de Facebook.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no representan necesariamente la postura de La Gran Época.


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