Sobre las tácticas del Partido Comunista Chino para robar tecnología militar occidental: Parte 1 de 2

Por Zhang Ting

Desde que el Partido Comunista Chino (PCCh) se hizo cargo del país en 1949, el régimen chino estuvo robando constantemente tecnología militar de otros países. En los últimos años, el robo parece haberse convertido en una estrategia nacional para incrementar su capacidad militar y se está convirtiendo en un problema cada vez más preocupante.

Este mes de enero, varias fuentes de noticias informaron que en un video promocional oficial publicado por el grupo estatal chino Hongdu Aviation Industry Group, un avión Falcón L-15 realizó un vuelo de prueba (en el Centro Vuelos de Prueba de China) transportando una nueva bomba guiada de fabricación nacional bajo una nueva ala prototipo. El nombre del tipo de bomba “TL-20/CK-G” estaba escripto en el artefacto explosivo. Observadores fuera de China notaron inmediatamente las sorprendentes similitudes entre el TL-20 de fabricación china y el GBU-53/B, la última bomba de segunda generación utilizada por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

En marzo de 2017, el avión de combate J-20 de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación del Pueblo entró oficialmente en servicio. Hace unos años, China y Estados Unidos se enfrentaron en una “guerra de palabras” sobre si el J-20 era una imitación del F-35 estadounidense, porque los dos modelos compartían muchas similitudes. En 2014, un ciudadano chino se declaró culpable de conspirar junto a fuentes chinas para robar información de diseño y tecnologías de fabricación del F-35 y otros aviones de caza estadounidenses.

El 30 de julio de 2017, aviones de caza chinos J-20 vuelan en formación durante un desfile militar en la base de entrenamiento de Zhurihe, en la región septentrional de Mongolia Interior de China. (STR/AFP/Getty Images)

Observadores externos notaron que tan pronto como el vehículo aéreo no tripulado (UAV por sus siglas en inglés) de EE.UU., más comúnmente conocido como drone, entró en servicio de combate, la armada china inmediatamente reveló su propio modelo UAV al mundo, en un show aéreo en 2006 sin la intención de ocultar el hecho de que su modelo se parecía mucho al drone estadounidense. Con el paso del tiempo, Occidente se mantuvo cada vez más vigilante sobre el robo de tecnología sensible por parte del PCCh para poder incrementar la capacidad operativa de sus fuerzas armadas.

Documento oficial destaca plan para robar tecnología

Las industrias de alta tecnología, como la inteligencia artificial (IA), desempeñan un papel cada vez más vital en el desarrollo militar. La tecnología capaz de filtrar datos de inteligencia y desarrollar vehículos terrestres no tripulados y UAV podrá aumentar considerablemente la capacidad de combate de la fuerza militar. A lo largo de lo años, el PCCh tuvo como objetivo de largo alcance tener a su disposición esta tecnología.

El pasado mes de julio, el Consejo de Estado de China publicó una notificación titulado “Plan para desarrollar una nueva generación de inteligencia artificial”. En el documento se indicaba claramente que la IA se estaba convirtiendo en un nuevo punto focal de la competencia internacional. El desarrollo de la IA debe ser tratado como “el punto álgido de la estrategia nacional” y China debe “tomar la iniciativa” para “elaborar planes de forma sistemática”, señalaba la notificación.

El PCCh también admitió que estaba rezagado con respecto a los países desarrollados y que estaba carente de “logros originales claves” en áreas como algoritmos básicos, materiales e instalaciones clave, chips de gama alta y software. El país asiático también tiene una grave escasez de talento en IA del más alto nivel, afirmaba el documento.

Ante esta situación, el PCCh esbozó estrategias para “adquirir” tecnologías sensibles del extranjero: 1) animar a las empresas nacionales de IA de China a “salir de casa” y adquirir empresas extranjeras, invertir en acciones extranjeras y capital de riesgo y establecer centros de I+D en el extranjero; 2) atraer a empresas extranjeras de IA e institutos de investigación científica para establecer centros de I+D en China; 3) poner en marcha políticas especiales para atraer a profesionales de alto nivel de IA, como el “Plan de los Mil Talentos” para reclutar a profesionales chinos y extranjeros de primera línea del extranjero; 4) proporcionar apoyo a las empresas chinas de IA para que se asocien con las principales universidades extranjeras, institutos de investigación científica y laboratorios que trabajan en IA.

Los países occidentales descubrieron que estas cuatro estrategias brindaron a China la oportunidad de robarles tecnologías. Este artículo y la próxima publicación de la segunda parte, desarrollarán cada estrategia con más detalle.

Estrategia 1: El régimen chino apoya a las empresas nacionales en la compra a gran escala de empresas extranjeras de alta tecnología

El PCCh probó por primera vez el sabor de la victoria después de adquirir una empresa británica de alta tecnología en 2008. Posteriormente, el acuerdo ayudó al PCCh a lograr un avance decisivo en el desarrollo de su portaviones.

Durante muchos años, la investigación en la fabricación de una nueva generación de sistema electromagnético de lanzamiento de aviones (EMALS por sus siglas en inglés) fue una prioridad tanto para Estados Unidos como para China. Estados Unidos fue el primero en tener éxito, incorporándolo en el USS Gerald R. Ford, el buque líder de los superportaviones de la Armada de los Estados Unidos.

Marinos de la Marina de los EE. UU. a bordo del portaviones estadounidense Gerald R. Ford (CVN 78) en Newport News, Virginia, el 8 de abril de 2017. (Jefe Especialista en Comunicación Masiva Christopher Delano/Armada de los Estados Unidos a través de Getty Images)

Según los medios de comunicación estatales chinos, el año pasado el principal avión del país, el J-15, embarcado en el portaviones chino Liaoning, inició vuelos de prueba para efectuar el lanzamiento desde una catapulta utilizando la tecnología EMALS. Uno de los componentes clave para fabricar EMALS es un chip semiconductor llamado “Transistor bipolar de puerta aislada” (IGBT por sus siglas en inglés).

El South China Morning Post informó el 19 de noviembre de 2017 que el PCCh fue capaz de lograr un avance fundamental después de adquirir la compañía británica Dynex Semiconductor, que proporcionó la tecnología para fabricar los chips IGBT.

Aviones caza J-15 chinos en la cubierta del portaviones Liaoning durante los ejercicios militares en el Mar del Sur de China, el 2 de enero de 2017. (STR/AFP/Getty Images)

En 2008, la empresa estatal china Zhuzhou CRRC Times Electric Co. Ltd. compró el 75 por ciento de las acciones de Dynex Semiconductor. Esto ocurrió en medio de una crisis económica mundial. Una fuente interna del actual gobierno británico, que prefirió permanecer en el anonimato, señaló al periódico La Gran Época que el entonces primer ministro Gordon Brown no impidió la venta porque su gobierno en ese momento no consideraba la transacción como una amenaza a la seguridad nacional.

Pero al año siguiente, el gobierno del Reino Unido incluyó los chips IGBT en su Lista Estratégica de Control de Exportaciones, que son productos que requieren de una licencia especial para ser exportadas.

Varias fuentes de medios de comunicación chinos informaron que el PCCh ya construyó una fábrica IGBT de amplia escala en la ciudad de Zhuzhou, provincia de Hunan.

En una audiencia del Congreso en el Comité de Inversión Extranjera celebrada el 9 de enero de 2018, Dennis Blair, copresidente de la Comisión de Robo de Propiedad Intelectual de Estados Unidos, una organización independiente, habló sobre las actuales amenazas de China a la tecnología militar estadounidense. En lugar de centrarse en las tecnologías secundarias, como lo hizo en el pasado, el régimen chino ahora se está centrando en las tecnologías más avanzadas del más alto nivel. Su principal canal para robar tecnologías militares estadounidense es a través de la inversión en Estados Unidos o a través de los aliados estadounidenses.

En un editorial publicado el 15 de agosto de 2017 en el Financial Times, el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, escribió que “los chinos buscan activamente a las empresas estadounidenses pioneras en las tecnologías de las que China carece. Luego se enfocan cuidadosamente en esas empresas para adquirir su experiencia”. Wilbur Ross agregó que el régimen chino también apunta a las nuevas empresas estadounidenses con “avances científicos” para hacer inversiones significativas, no por la “tasa de retorno, sino por la captura de nuevas tecnologías que los chinos usan para otros fines”.

El secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, habla con personal del departamento en Washington, D.C., el 1 de marzo de 2017. (Aaron P. Bernstein/Getty Images)

Un informe publicado en diciembre de 2016 por el Mercator Institute for China Studies, un grupo de expertos con sede en Alemania, señaló que casi todas las grandes empresas estadounidenses de semiconductores recibieron ofertas de inversión de interesados que representaban al régimen chino.

Hay una larga lista de ejemplos en los que las empresas estatales chinas compraron empresas extranjeras para promover los propósitos del régimen. Aquí enumeramos sólo algunas:

En los últimos seis años, la empresa estatal Aviation Industry Corporation of China (AVIC por sus siglas en inglés), la empresa matriz de Chengdu Aircraft Industry Group, que es la empresa de I+D que diseñó y fabricó los aviones de última generación J-20, adquirió muchas empresas estadounidenses que fabricaban aviones, sus piezas y componentes. En 2011, AVIC adquirió el fabricante norteamericano Cirrus Aircraft a través de una empresa subsidiaria, dándole la oportunidad de participar en actividades de investigación y desarrollo en los renombrados Oak Ridge National Laboratories en Tennessee, operados por el Departamento de Energía de los Estados Unidos.

A principios de noviembre de 2016, Canyon Bridge Capital Partners LLC, una empresa respaldada por China, anunció su intención de comprar la empresa estadounidense de semiconductores Lattice Semiconductor Corp. por 1.300 millones de dólares. Sin embargo, el único inversor de Canyon Bridge, China Venture Capital Fund Corporation, tiene vínculos con el régimen comunista chino. El presidente Donald Trump bloqueó la toma de posesión en septiembre de 2017, haciendo caso del asesoramiento de los funcionarios de defensa estadounidense de que el acuerdo podía representar una amenaza para la seguridad nacional.

Poco después del acuerdo fallido, Canyon Bridge anunció que compraría Imagination Technologies, una empresa británica especializada en diseño de chips. El acuerdo fue aprobado por un tribunal británico en noviembre.

Estrategia 2: Atraer a empresas de alta tecnología para que inviertan en China

En el mismo editorial de Financial Times, Wilbur Ross arremetió contra las autoridades de Beijing por presionar a las empresas estadounidenses que operan en China a entregar tecnología patentada a cambio del acceso al mercado chino. Con frecuencia, las compañías estadounidenses se ven obligadas a formar empresas conjuntas con empresas nacionales chinas, limitadas a la propiedad del 50 por ciento o menos, y obligadas a transferir su tecnología “como parte de los contratos de venta de productos”, escribió Wilbur Ross.

Muchas de esas empresas están relacionadas con la tecnología. En febrero de 2017, GlobalFoundries, fabricante de chips con sede en California, anunció un proyecto de 10.000 millones de dólares para construir una planta de chips en Chengdu, provincia de Sichuan.

El New York Times informó en agosto de 2017 que las autoridades de la provincia de Guizhou proporcionarán tierras y financiamiento a una empresa conjunta que se formó con el fabricante de chips estadounidense Qualcomm, llamada Huaxintong Semiconductor. A su vez, Qualcomm proporcionará la tecnología, 140 millones de dólares en financiamiento inicial, y aceptará transferir una mayor parte de su fabricación de alta gama a su contraparte china.

El director ejecutivo de Qualcomm, Steve Mollenkopf, asiste a una conferencia de prensa en Beijing, China, el 24 de julio de 2014. (ChinaFotoPress a través de Getty Images)

El régimen chino anunció planes para gastar cerca de 100.000 millones de dólares para llevar fábricas de chips e instalaciones de investigación a China, según el NY Times.

Al transferir tecnología patentada propia, las empresas estadounidenses corren el riesgo de perder su ventaja competitiva y entregar los progresos avanzados que Estados Unidos podría aplicar en sus fuerzas armadas.

El robo de propiedad intelectual (PI), del que China es el mayor infractor, ocasionó importantes pérdidas financieras para la economía estadounidense. El robo de secretos comerciales cuesta a los Estados Unidos entre 180.000 y 540.000 millones de dólares anuales, según la Comisión de Propiedad Intelectual, un grupo independiente de expertos que investiga el robo de la propiedad intelectual estadounidense.

Estados Unidos empezó a reaccionar recientemente. Trump  firmó un memorándum para permitir que los representantes comerciales investiguen el robo de la propiedad intelectual en China, mientras que Estados Unidos, la UE y Japón planean presentar una queja ante la OMC (Organización Mundial del Comercio) por las transferencias de tecnología forzadas y otras políticas de China que consideran injustas para las empresas extranjeras, según un informe del periódico japonés Yomiuri Shimbun.

 

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