Derechos Humanos

Nuevo documental muestra el costo oculto de fabricar un iPhone

Nuevo documental muestra el costo oculto de fabricar un iPhone
Shang Jiaojiao, de 17 años de edad, comenzó a trabajar en una fábrica para ayudar a sus padres. Después de limpiar muchas pantallas electrónicas con n-hexano, sufrió un severo daño en su sistema nervioso y ya no pudo caminar. (Cortesía de Human Rights Watch)
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NUEVA YORK – Igual que millones de hombres y mujeres de la China rural, Yi Yeting viajó hasta las ciudades costeras para tener mejores oportunidades de empleo. En Shenzhen- una metrópolis del sudeste que limita con Hong Kong- Yi encontró trabajo en una gran fábrica estatal.

Dos años después de trabajar allí, cuando solo tenía 24 años de edad, los médicos le dijeron a Yi que tenía leucemia como resultado de una larga exposición al benceno, un químico tóxico de olor dulce que en Estados Unidos y otros países desarrollados está estrictamente regulado. En China, Yi lo estuvo respirando todos los días.

Yi y otras víctimas chinas de las cadenas de suministro mundiales para productos que van desde contenedores de carga hasta los iPhones de Apple son el foco de “Complicit”, un nuevo documental de las directoras Heather White y Lynn Zhang. Además de presentar los testimonios de decenas de víctimas e informes periodísticos de medios de comunicación chinos y extranjeros, el film también incluye filmaciones realizadas por activistas encubiertos.

“Complicit” se estrenó el 12 de junio en Estados Unidos durante el Festival de Cine de Human Rights Watch en un Lincoln Center colmado. La escena que abre el film –el agobiante funeral de un joven trabajador de una fábrica– sirvió de recordatorio a varios espectadores de que ellos también tuvieron su rol en la tragedia que se estaba mostrando.

“Me sentí culpable después de ver el film, con un teléfono en mi bolso”, dijo Jhoe Garay, que estuvo en el estreno. “No sabía nada sobre la gente que moría debido a los teléfonos o los iPads”.

Procesión en el funeral de Yi Long, un joven trabajador de una fábrica. (Cortesía de Human Rights Watch)

Procesión en el funeral de Yi Long, un joven trabajador de una fábrica. (Cortesía de Human Rights Watch)

Tal como el film señala, el 90% de los productos electrónicos para el consumidor se producen en China. Muchas de las fábricas como Foxconn, el mayor fabricante de electrónicos del mundo y uno de los proveedores de Apple, emplean trabajadores migrantes que dejaron sus pueblos natales para encontrar empleos mejores pagos. Las estadísticas oficiales contaron más de 280 millones de trabajadores migrantes en 2016, muchos de ellos adolescentes.

Hambrientos de más ganancias, los contratistas chinos de las marcas mundiales obligan a sus empleados a utilizar solventes químicos tóxicos como el benceno y el n-hexano porque son más baratos o más eficientes que las alternativas más seguras.

Esta práctica antiética de las fábricas ha provocado muchas historias trágicas, algunas de las cuales están documentadas en “Complicit”.

En 2009, Ming Kunpeng contrajo leucemia después de pasar dos años untando benceno a componentes electrónicos en una fábrica cuyo dueño en ese entonces era la empresa holandesa ASM International. Un vocero de ASM negó que Ming hubiera estado expuesto a benceno, pero la empresa luego le ofreció un acuerdo único a la familia de Ming luego de largos reclamos.

La salud de Ming se deterioró y al no querer agobiar a su familia con los altos costos médicos, se suicidó saltando del techo del hospital donde estaba siendo tratado. Tenía 27 años.

Pero la tragedia a veces provoca una verdadera inspiración, como el film lo demuestra con el caso de Yi Yeting, el trabajador migrante en Shenzhen.

A pesar de estar luchando contra la leucemia desde 2005 y los altos costos médicos relacionados, Yi se hizo tiempo para ser voluntario de una ONG de Hong Kong que ayuda a decenas de víctimas de enfermedades ocupacionales y de lesiones relacionadas con el trabajo para que obtengan una compensación y que las empresas como Foxconn tomen medidas.

“Todavía lloro al ver el film porque siento una conexión con esas personas”, dijo la directora Heather White en una entrevista. White- quien antes encabezaba una ONG social- pasó toda su carrera investigando en China las violaciones laborales de las fábricas. Hacer este film fue “un increíble proceso personal”, dijo.

Luego de la proyección hubo un panel de debate con White y Todd Larsen, el codirector ejecutivo de Green America, que promueve prácticas ecológicamente sustentables para los consumidores y las corporaciones.

El panel resaltó que mientras los fabricantes de electrónicos de todo el mundo violan las prácticas laborales, la corrupción arraigada del gobierno y los abusos corporativos han empeorado la situación en China. Allí las autoridades aceptan sobornos de las fábricas para reprimir a los activistas y acallar a las ONG en vez de combatir las malas prácticas laborales.

Debido a su activismo, Yi Yeting ha estado bajo vigilancia, ha sido desalojado de su apartamento y se le ha prohibido salir del país. Aunque logró asistir al estreno europeo de “Complicit” en Ginebra, al regresar a China las autoridades lo interrogaron durante horas.

Pero Yi puede ser considerado un afortunado. Un trabajador que iba a participar en el documental desapareció camino al trabajo. Antes había estado organizando a otros trabajadores de un vecindario cercano a la fábrica de Foxconn, donde se había descubierto una gran cantidad de víctimas de leucemia.

“Nunca más supimos de él”, dijo Heather White durante el panel de debate. “Su familia nunca lo encontró”.

“China es un caso más extremo debido a su gobierno represivo autoritario y el hecho de que los trabajadores no tienen ninguna posibilidad de ser escuchados”, agregó.

White pidió a los consumidores que ejerzan presión sobre las marcas mundiales firmando peticiones, escribiendo cartas o llamando a los teléfonos de atención al cliente de las empresas para expresar su preocupación por las condiciones de los trabajadores. Empresas como Apple y Samsung son “capaces de influenciar directamente en la calidad de las condiciones laborales, al menos en sus propias fábricas”, dijo.

“Para mí, nosotros los consumidores en la tierra de la abundancia estamos fundamentalmente conectados con esas personas que fabrican nuestros productos”, dijo la espectadora Jody R. Weiss después del estreno del film.

“Es como si fuéramos un solo corazón, si ellos sufren, nosotros sufrimos”.


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