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Después de 17 años de persecución brutal, una víctima continúa pidiendo justicia

Después de 17 años de persecución brutal, una víctima continúa pidiendo justicia
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NUEVA YORK – A pesar de ser tarde, el sol aun estaba fuerte el domingo, cuando Qin Peng sostuvo una bandera recordando a todos sus compañeros que no sobrevivieron. Parado frente al Consulado Chino en Nueva York junto a otras 100 personas, su mensaje era simple: “Vinimos a pedir al Gobierno Chino que termine la persecución a Falun Dafa”.

El 20 de julio tiene un significado especial para los practicantes de Falun Dafa (también conocido como Falun Gong), una disciplina espiritual que combina ejercicios suaves y meditación, y enseña los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Han pasado casi 18 años desde que el Partido Comunista Chino declaró que la práctica debía ser eliminada, destruyendo millones de vidas en el proceso.

Qin, de 41 años, conoció Falun Dafa en 1995, luego de pasar mucho tiempo buscando un método para “mejorar el espíritu”, según sus propias palabras. Sintió que Falun Dafa le permitió justamente lograr eso. “Incluso el gobierno [chino] alentaba a la gente a practicar”, dijo. Para 1999, los medios de comunicación chinos publicitaban que unas 100 millones de personas practicaban Falun Dafa.

Pero entonces, el 20 de julio de 1999, el líder del Partido Comunista en ese tiempo, Jiang Zemin, cambió la retórica. Al ver que los seguidores de la práctica superaban la cantidad de miembros del Partido casi 2 a 1, dijo que Falun Dafa competía con el Partido por el control ideológico y debía ser erradicado rápidamente.

Todos los medios de comunicación a lo largo de China siguieron la línea del partido, publicando miles de artículos y reportes difamando Falun Dafa. Al mismo tiempo, olas masivas de arrestos comenzaron a llenar el sistema de prisiones y campos de trabajo forzado. Y así, la noche del Año Nuevo de 2001, la policía vino al apartamento de Qin. Fue arrestado por practicar Falun Dafa.

Pasó los cinco años siguientes en cárceles y campos de trabajo forzado, sufriendo múltiples formas de tortura, incluidas golpizas severas, descargas eléctricas y privación del sueño.

En mayo de 2014, pudo ir a Estados Unidos con una visa turística. “Tal vez tenga que aplicar para [asilo político]”, dijo con una gentil sonrisa.

Por muy impactante que suene, la historia de Qin no es un caso aislado. A lo largo de los años vio a muchos de sus amigos ser golpeados hasta la muerte. Recordó a Xin Zhao, una profesora en la Universidad de Tecnología y Negocios de Beijing. Ella fue arrestada por practicar los ejercicios de Falun Dafa en un parque de Beijing. Medio año después murió.

La muerte de Xin está detallada en Minghui.org, el cual es manejado por practicantes de Falun Dafa en el extranjero. Este sitio web enumera más de 3.000 relatos de asesinatos por la persecución. Varias investigaciones por abogados en el extranjero estiman que al menos 40.000 practicantes fueron asesinados, y que sus órganos fueron sustraídos y vendidos para trasplante.

Qin recordó cuando allá por el 2001, la policía lo arrestó, lo obligó a subirse a un auto y le vendó los ojos, él gritó: “¡Falun Dafa es bueno!”. Quince años después y a miles de kilómetros de distancia, parece que su convicción no ha cambiado ni un poquito.


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