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Con la base china en Neuquén, “Sudamérica ya no es una zona de paz”

Reflexiones sobre el impacto en la región luego del establecimiento de la base paramilitar china en la Patagonia argentina.

Con la base china en Neuquén, “Sudamérica ya no es una zona de paz”
La base espacial paramilitar de China en Neuquén comenzará a operar en unos meses. (Foto: diario Río Negro)
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A pocos meses de que comience a funcionar la estación espacial china en la provincia de Neuquén, en la Patagonia argentina, las controversias no han amainado. Y en base a las últimas estrategias militares publicada por el Ejército Popular de Liberación en su último Libro Blanco, la función de dicha base y sus implicancias para Argentina y la región cobran una relevancia que trasciende sus fronteras.

La Gran Época conversó con el ingeniero aeronáutico Ricardo Runza, quien ha sido asesor de temas de defensa para varios gobiernos argentinos, sobre los posibles usos de la base china y la postura geopolítica que implica su instalación para América Latina. Como se ha planteado anteriormente, el solo hecho de que el acuerdo se haya firmado con la empresa China Satellite Launch and Tracking Control General (CLTC), la cual depende directamente del Departamento General de Armamentos del Ejército Popular de Liberación, descarta la versión de que se trata de una estación puramente civil, ya que en definitiva, el acuerdo se firmó con el ejército chino. Ante esto, Runza fue categórico: “El Cono Sur ha dejado de ser una zona de paz”.

El contexto de la guerra espacial

Para llegar a la conclusión del experto en defensa, hace falta conocer el rol que está cumpliendo el espacio en cuanto a los conflictos de intereses entre las principales potencias del mundo.

“En el espacio hay dos ámbitos importantes: el ámbito de la actividad militar, que es la presencia de cierto poder militar en el espacio, para asegurarse la presencia en el espacio; pero también –de lo que se habla poco pero es lo más importante– está toda la actividad económica alrededor del espacio. Actualmente, lo más importante que se está desarrollando en el espacio desde el punto de vista económico es la red de satélites de posicionamiento global, que sirve para automatizar todo el tránsito terrestre, marítimo y aéreo; y para tener la automatización se necesita el sistema de posicionamiento global de alta precisión”, explica Runza. Este sistema de alta precisión tiene un margen de error de 2 cm, en comparación con los 200 metros aproximadamente del GPS normal, y también es fundamental para la actual tecnología militar de ejércitos desarrollados como el de EE. UU., tanto para sistema de armas y equipamiento de soldados, como también para vigilancia y espionaje.

La tecnología de China actualmente no le permite alcanzar los 20.000 km de altitud que se requieren para alcanzar ese tipo de satélites, pero Runza estima que para el año que viene, podrá hacerlo. Es aquí que la base paramilitar en Neuquén cobra relevancia por el eventual papel que juegue en un conflicto de intereses con respecto a estos satélites de posicionamiento global.

“La antena que se ve en la base de Neuquén es una antena que da lugar a comando y control para viajes al espacio profundo. Pero la antena también tiene la posibilidad de servir para fines militares, de comando y control de satélites, en una gama de satélites que circulan por determinadas órbitas que pasan por el hemisferio occidental, es decir, todo lo que es América en conjunto. Y probablemente sirva para estar interconectados con una serie de otras estaciones que tiene China –que tiene varias– en una red que permita, por ejemplo, servir como un nexo de información, para triangulación de información, para comando y control del sistema ASAT (anti-satélite)”, explica.

Intereses en la Luna

La explicación que da el régimen chino a través de su embajada en Buenos Aires es que la base en Neuquén tendrá el objetivo de explorar la Luna para un eventual viaje en 2017. Pero los expertos en defensa saben que el sistema Tierra-Luna es un objetivo principal en la carrera espacial por su posición ventajosa en caso de una guerra espacial.

“Para mí la verdadera intención de China es establecer una base militar en la Luna, y creo que pronto se va a desatar una nueva carrera espacial de orden militar”, afirma Runza. “Militarmente creo que unos de los objetivos chinos sería establecer algún sistema de armas espacial que posicione mejor a China frente a Rusia, EE. UU. y los europeos, siguiendo lo que se desprende de su Libro Blanco 2015 y los documentos oficiales chinos que son de público conocimiento”, agrega.

Consecuencias para América del Sur

Todos estos factores confluyen para que Runza llegue a la conclusión de que la región sudamericana ya no es una zona de paz.

“Deja de ser una zona de paz porque ya hay concretamente una base paramilitar china en el Cono Sur, que va a tener un papel muy importante en una futura guerra espacial, especialmente entre China y EE. UU.; y hay tensiones que se están dando en este momento”, indica. “El futuro para toda Sudamérica es un futuro en el que no va a quedar exenta de una participación. Ese es el principal impacto. Pero los gobiernos de la región no lo entienden”.

El experto señala que los países del Cono Sur no tienen un concepto de unidad para plantarse ante el mundo, no hay estrategias ni planes a largo plazo, y eso hace a estos países vulnerables a los intereses de las potencias que sí tienen estrategias, y esto se ha visto muy claramente en el avance chino en la región.

“China hace más o menos 20 años que viene haciendo intentos en Sudamérica para ser cabecera de playa, lo ha hecho con mucha venta de armamento en distintos países. Ha desplegado una estrategia muy agresiva en todos los campos. Y eso se debe a que Sudamérica es una gran proveedora de recursos estratégicos para China; desde el litio boliviano hasta hierro, acero; por supuesto todo lo que es agroalimenticio: desde la famosa soja brasileña, argentina y paraguaya, hasta lo que se te ocurra. Es decir que para China, el Atlántico Sur es un elemento de alta prioridad estratégica, y en un futuro muy cercano, China no solo va a querer establecer estas primeras bases pioneras paramilitares, sino que vamos a estar viendo presiones para instalar bases militares concretas, bases navales para controlar una flota china en el Atlántico sur”, dice Runza.

Para el experto, urge que los países de la región cambien su forma de percibir al resto del mundo y la lucha de intereses entre países. “El concepto de guerra no está claramente entendido por la dirigencia política. En Sudamérica se piensa que una guerra es un combate militar, pero no es eso, es un combate de inteligencias que tienen intereses contrapuestos y que se mueven en distintos campos de batalla. Cuando hay intereses en pugna, los modos estratégicos de lograr esos intereses son variados. Por ejemplo, China se enfrenta a EE. UU., y ese enfrentamiento se da en distintos campos, puede ser el económico por ejemplo, pero no es una guerra como se piensa aquí de soldaditos peleando. Y esto no es entendido, aquí hay una mirada muy militarista, muy primitiva”, agrega.

“No hay ni sistemas de armas, ni diseños de fuerzas ni estructura alguna que piense a la comunidad internacional como un ámbito al cual hay que hacer un aporte. Entonces se habla de alianzas estratégicas con China pero en realidad no hay estrategia, porque no se piensa a largo plazo. Y frente a esas circunstancias, países con objetivos claros aprovechan las circunstancias para sus intereses, y uno de esos países es China”, concluye.

Ricardo Runza es ingeniero aeronáutico, Master en Dirección de Empresas y Magíster en Defensa Nacional. Consultor de empresas y agencias gubernamentales. Ha sido asesor del Ministerio de Defensa y de la Jefatura de Gabinete de Ministros de la República Argentina. Es co-autor del Libro “Hacia la Modernización del Sistema de Defensa Argentino”.


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