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Las grietas en la economía china

Luego del Congreso Nacional, China está hablando en serio de reforma, lo que inquieta a los mercados.

Las grietas en la economía china
(Diario Hoy)
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Análisis de noticias

La cifra final de crecimiento del PIB publicada por el Partido Comunista Chino (PCCh) luego de su reciente Congreso Nacional fue, por supuesto, perfecta y adaptada a las expectativas. La economía china creció un 6,8 por ciento en el tercer cuatrimestre, lo que proveyó de un buen telón de fondo para el congreso de octubre. No obstante, ahora que terminó el congreso, y que Xi Jinping fortaleció su poder de mando, el régimen se está poniendo serio en cuanto a la reforma, lo que inquieta los mercados financieros.

El Índice Bursátil Compuesto de Shanghái perdió un 3,2 por ciento en cuestión de días como resultado de las regulaciones anunciadas el 17 de noviembre por el recientemente creado Comité de Estabilidad y Desarrollo Financiero, un ‘súperregulador’ bajo la directa supervisión del Consejo de Estado, el gabinete de China. Estas regulaciones apuntan a reducir la cantidad de dinero que el sistema bancario paralelo puede inyectar en la economía sin la supervisión y el control de las autoridades centrales.

“Inclusive los funcionarios chinos están reconociendo el problema y dando pasos para abordarlo -lo que es un notable cambio teniendo en cuenta que el gobierno es reticente a admitir cualquier debilidad en la economía china”, escribió la empresa de investigación Geopolitical Futures en una nota a los clientes.

Estos activos del sistema bancario paralelo valen alrededor de U$S 7,58 billones, según quién haga las cuentas. El dinero alimentó la recuperación de la economía china -luego de una relentización en 2016- al canalizar el crédito en el floreciente sector de bienes raíces, mientras que los bancos regulares llegaron a su límite de actividad crediticia.

Y a pesar del hecho de que apenas constituyen un quinto del sistema bancario chino, un ajuste desordenado de estos activos podría causar caos, señala Victor Shih, profesor asociado de la Universidad de California – San Diego.

“Pese al modesto tamaño del sistema financiero paralelo en relación al sector bancario, con 50 billones [de yuanes], un ajuste alarmista de activos en el mundo bancario paralelo puede traer serios problemas a China”, escribió en un informe para el Instituto Mercator de Estudios de China.

A pesar de que los flujos de la banca paralela continuaron creciendo a partir del Congreso Nacional, el mercado de bienes raíces ya comenzó a enfriarse como resultado de las regulaciones lanzadas a lo largo de 2017, que específicamente apuntan a la propiedad. La venta de viviendas aumentó un 17 por ciento en el primer cuatrimestre, pero cayó un 2 por ciento en el tercer cuatrimestre.

“Las nuevas restricciones a la reventa de propiedades y el debilitamiento del apoyo de la reurbanización de barrios pobres continuarán influyendo en la venta de viviendas. Esto implica una mayor caída del crecimiento de las inversiones residenciales”, escribió la empresa de investigación TS Lombard en un informe.

El crédito bancario paralelo está mayormente compuesto de préstamos de bienes raíces, ya sea en forma de hipoteca o préstamos a desarrolladores inmobiliarios. Si estos préstamos van por mal camino debido a que el mercado decae, ello producirá una onda expansiva en el sistema de préstamos, lo que eventualmente llegaría a otras partes de la economía, como ocurrió en EE.UU. con los préstamos de alto riesgo.

Si se corta la nueva financiación para dar vuelta los préstamos incobrables -lo que es una práctica común en China- debido a las regulaciones, eso sería un golpe severo.

“No obstante, el desafío es que limitar los fondos disponibles a la industria de bienes raíces también puede llevar a una crisis. La difícil tarea de China es entonces disminuir la cantidad de deuda fuera de balance mientras previene una recesión en bienes raíces que podría amenazar la economía”, señala el informe de Geopolitical Futures.

Agitando los mercados

Así que, aunque todo iba viento en popa antes del Congreso Nacional, ahora las regulaciones están agitando los mercados de bienes raíces y de administración de activos, especialmente debido a que Xi siempre ha hablado de reducir el dinero y el crédito en la economía, pero nunca antes había tomado acción.

El portavoz del Partido Comunista, el Diario del Pueblo, publicó algunos artículos de opinión a lo largo de 2016 que indicaban que el régimen hablaba en serio de reforma. “La reforma se decidió luego de una cuidadosa deliberación sobre la situación económica de China”, señaló el periódico citando a una persona de autoridad, que se cree ampliamente es el mismo Xi.

Una economía desacelerada y la enfatización de los mercados cambiarios extranjeros en 2016 obligaron al régimen a crear otra burbuja inmobiliaria para asegurar que el cónclave político vaya viento en popa en octubre. Ahora que el poder de Xi es más fuerte, los rápidos anuncios de reforma hacen parecer que no perderá más tiempo en abordar el problema de la deuda.

Y los mercados lo están tomando en serio, dado que el mercado de valores no es el único que se liquidó. Los bienes raíces también están recibiendo un golpe y ahora todo, desde los bonos corporativos hasta los estatales, así como la fuerte moneda china, están tambaleando. Es el comienzo de 2016 otra vez, excepto que a los mercados globales no parece afectarles la situación de China.

El dólar estadounidense ha estado cayendo durante la mayor parte del 2017, pero repuntó casi un 4 por ciento contra el yuan poco tiempo antes del congreso. En agosto de 2015, una jugada sorpresa de la misma magnitud, apodada la “minidevaluación“, envió a los mercados globales en picada por el resto del año hasta comienzos de 2016.

Los bonos corporativos chinos también se han estado vendiendo por más de un año, y los bonos de mejor categoría cuentan con un interés de alrededor de 3 a 5,3 por ciento en los últimos 12 meses. Solo en noviembre se vio un pico de los intereses de un 0,33 por ciento, según un informe de Bloomberg.

Muchos observadores han estado esperando que estalle la enorme burbuja de deuda corporativa china, que constituye el 165 por ciento del PIB. Pero, de forma similar a la burbuja de deuda del gobierno de Japón, nunca sucedió.

E incluso a pesar de que la deuda estatal de China solo constituye el 48 por ciento del PIB -mucho menos que el ratio de EE. UU., de 106 por ciento-, los bonos estatales también se han vendido rápidamente con intereses en pagarés a cinco años que llegan al 4 por ciento, el más alto en años.

A pesar de que el ciclo de reducción de endeudamiento puede haber comenzado con el crédito bancario paralelo -la punta del iceberg- es el gobierno el que en última instancia acabará con las deudas incobrables si el régimen quiere evitar una crisis similar a la que tuvo lugar en Estados Unidos en 2008. Los gobiernos centrales y los bancos centrales se hicieron cargo de gran parte de la deuda incobrable y de los bancos paralelos, y esto probablemente también sucederá en China, lo que incrementará la deuda estatal en relación al PIB a mucho más que el 100 por ciento.

Así que los comerciantes están vendiendo los bonos estatales con la expectativa de un nuevo suministro que llegará al mercado, así como el hecho de que muchos inversionistas vendieron los bonos líquidos para cubrir el déficit de inversiones sin liquidez, tales como los productos de la banca paralela.

“Los analistas de burbujas anteriores también subestiman la extensión en la que el Partido Comunista Chino controla casi todos los aspectos del sistema financiero a través de comités del partido en cada institución financiera de China. Este control disminuye la posibilidad de ventas motivadas por el pánico, que a menudo son el gatillo de las crisis”, escribió Shih.

Así que a pesar de que esta vez el régimen parece hablar en serio sobre reforma y a pesar de que están apareciendo las primeras grietas en el mercado, la crisis de China tal vez nunca llegue. El patrón sería similar al ajuste de Japón a principios de los años ´90. No obstante, en el futuro el país tendrá que vivir con un crecimiento de PIB menor al 6 por ciento.


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