Rebiya Kadeer: La mujer musulmana que defiende a su etnia en China

WASHINGTON— Rebiya Kadeer, madre de 11 hijos y una de las enemigas públicas más importantes del Partido Comunista Chino, esperaba un taxi en el centro del Distrito de Columbia.

Mientras conversaban sobre sus asuntos del día, los apresurados vehículos soplaban el aire húmedo de agosto a Kadeer y a Omer Kanat, su consejero, un exiliado investigador uigur.

Kadeer dice, “Ocupados, ocupados, ocupados”, cuando sube al taxi que los llevaría a una reunión con la Comisión Ejecutiva del Congreso sobre China. El día anterior ella se había reunido con autoridades del Departamento de Estado.

Kadeer es la más destacada disidente que habla por los Uigures, un pueblo del centro de Asia, parientes distantes de los Turcos. Son una minoría musulmana, habitantes de la China del noroeste, una región que los uigures llama Turquestán del Este y que el Partido Comunista Chino (PCCh) llama Xinjiang, que también significa la nueva frontera.

El régimen chino anexó y después colonizó Xinjiang en 1949, una región principalmente desértica del noroeste de China que tiene momias, picos cargados de nieve y ciudades enterradas en arena.

El tamaño de Xinjiang es cuatro veces el de California; con una región rica en petróleo  del tamaño de Francia. Sus tierras también son ricas en minerales y gas natural.

China ha invertido billones en la región y sus recursos naturales juegan un rol importante en el crecimiento económico de China.

Pero los uigures no ven mucho del dinero de su boom económico. Y en general, los occidentales tampoco han sabido mucho de su infortunio.

Comparados con los tibetanos, los uigures son un grupo relativamente poco conocido, aunque comparten una frontera y dificultades parecidas, con el régimen chino.

Entre 1964 y 1996 el régimen chino llevó a cabo más de 40 pruebas de bombas nucleares al aire libre en Xinjiang, según Scientific America. Los expertos en radiación estiman que al menos 194.000 personas murieron por la exposición a la radiación.

Desde las ejecuciones a disidentes políticos a la destrucción de mezquitas y la disminución del lenguaje uigur enseñado en las escuelas uigures, las aflicciones de los musulmanes en China hace tiempo que pasan inadvertidas en las esferas internacionales. Eso, hasta que Kadeer apareció.

Kadeer, una mujer con características muy amplias, con largas trenzas tradicionales más allá de las caderas, no parece poderosa.

Con 68 años Kadeer, de estructura delgada y ojos negros, brillantes e inquisitivos, aún parece de alguna manera una niña.

Superficialmente uno no podría decir que ella es una bisabuela sobreviviente tras dos años de confinamiento solitario en China. Aunque ha sido golpeada y humillada y casi muere de una cruenta enfermedad estomacal durante cinco años en prisión, aún queda en su personalidad una cualidad de sal en la tierra.

Durante un largo trayecto en auto, se ríe al darse cuenta que mientras hablaba, su consejero se había quedado dormido.

Incluso cuando va tarde a una reunión, insiste en que todos los invitados que visitan su hogar deben sentarse y probar uno de sus sabrosos platos uigures como el tradicional cordero frito con zanahoria y arroz.

Pero, el Partido Comunista chino le teme y con razón.

Kadeer ha dedicado sus últimos 50 años de vida a la causa uigur. La economía china se está sacudiendo y las reglas del Partido se ven vulnerables. Este podría ser un momento crucial que Kadeer podría capitalizar para llegar a un acuerdo.

Después de todo, llegar a un acuerdo con los uigures sería del mejor interés para el régimen chino. La economía china ha estado desacelerándose; para su desarrollo futuro, Xinjiang es un lugar crítico. Las revueltas y agitaciones no son atractivas para los inversionistas.

Un destello

Aunque la hipótesis de la Revolución Cultural fue terminar con la burguesía, fue precisamente durante la Revolución Cultural que Kadeer se dio cuenta cuánto poder podía tener el dinero. E irónicamente, cuánto bien podría hacer.

Al darse cuenta de esto, fue cuando vio al escritor Zunun Kadir desnudo y sangrando durante una “sesión de represión”, una tortura y humillación pública establecida para determinar que Kadir era “enemigo del pueblo”.

El alambre del cartel que decía “Contrarrevolucionario – Debe ser aplastado” estaba cortando su cuello.

Ella le pasó al joven a , discretamente, 50 yuanes que sacó de su bolsillo, ganados vendiendo zapatos para niños que ella cocía de restos de tela de pana y plástico.

De inmediato él liberó al escritor, con la excusa de que no querían matarlo porque “tenían más motivos para castigarlo”.

La mujer china más rica

A medida que las revueltas en China aumentaron en los 90, Kadeer, quien en ese momento era la séptima persona más rica en China, llamó la atención del PCCh.

El PCCh le pidió que fuera una “consejera” especial del gobierno en temas relacionados con Xinjiang. Inocentemente, pensó que podía ayudar así a su pueblo.

Fue designada delegada en la Conferencia Consultativa Política del Pueblo Chino, un cuerpo consejero oficial establecido por el PCCh, y del Congreso Nacional del Pueblo, que es el sello de la legislatura del PCCh.

En 1995, el líder del PCCh y presidente del estado de entonces, Jiang Zemin, le pidió que representara a los Uigures en la Conferencia Mundial de la Mujer de las Naciones Unidas, en Beijing.

Mientras Hillary Clinton daba su discurso en el podio, Kadeer estaba sentada en la audiencia rodeada de tres traductores quienes no estaban ahí realmente para traducir.

Cada vez que Kadeer intentaba hablar en la conferencia con un representante internacional, sus intérpretes vomitaban propaganda del Partido.

Kadeer pensó en las nueve mujeres tibetanas que había visto afuera de la conferencia, amordazadas con pañuelos de seda, recordando a la prensa extranjera que China estaba silenciando las voces de sus minorías.

Pensó en cómo estaban de organizados los tibetanos y que tenían al Dalai Lama que los defendía fuera de China.

Los uigures no tenían a nadie. En ese momento Kadeer decidió que ella necesitaba llenar ese vacío para Turquestán del Este.

Un discurso prohibido

Kadeer escribió un discurso pre aprobado para el Congreso Nacional del Pueblo. Pero no era el que ella planeaba dar.

Estaba nerviosa. Camino al podio, accidentalmente tropezó sobre un jarro de té en una de las mesas.

Tres mil representantes del congreso la miraron. Habló durante 27 minutos sobre los empobrecidos campesinos, la falta de un sistema educacional y el violento trato del gobierno a los prisioneros políticos.

Habló sobre cómo no se les permite a los campesinos trabajar en fábricas u otras líneas laborales. Sin embargo, los campesinos no reciben compensación cuando el régimen chino extrae recursos naturales de sus tierras.

También, el régimen emplea a trabajadores chinos en lugar de uigires. Habló sobre cómo el yugo de los impuestos estaba sofocando a la gente de negocios uigur. Tienen que pagar montos excesivos a los intermediarios chinos, y se les prohíbe negociar con otros uigures.

Después del encuentro, Li Peng, el entonces primer ministro de China, le dijo que había dado “un muy buen discurso, pero que primero debía conversar tales problemas con ellos de manera privada”.

Tres meses después, fue despojada de todo título y responsabilidad.

Resiliencia

El pasaporte de Kadeer fue confiscado, como el de sus hijos y hermanos. El régimen le prohibió viajar sin permiso entre ciudades de distritos.

A pesar de esas advertencias, ella no cedió.

Con permiso de las autoridades, comenzó el Movimiento de las Mil Madres, que empoderaba a las mujeres uigires a comenzar sus negocios.

PIE DE FOTO: Una joven Rebiya Kadeer en Xinjiang. (Cortesía de Rebiya Kadeer)
PIE DE FOTO: Una joven Rebiya Kadeer en Xinjiang. (Cortesía de Rebiya Kadeer)

Pero cometió el error de usar la palabra “internacional” en uno de sus discursos. El PCCh temía que ganara influencia internacional y reforzó su vigilancia. Hombres en trajes oscuros la seguían.

Antes de que fuera demasiado tarde, Kadeer se las arregló para mandar a Estados Unidos a su segundo esposo y a sus cuatro hijos menores.

Kekenus Sidik, su hija menor, recuerda cuando a los 7 años de edad dejó China.

“Ni siquiera sabía que ella no vendría con nosotros hasta que estuvimos en el avión y ella no estaba allí”, comentó Sidik.

Kadeer ni se imaginaba que al año siguiente iría a prisión por planear pasar recortes de periódicos al Congreso de EE.UU., sobre una masacre en Xinjiang. Recibió cargos por “filtrar información de seguridad nacional”, aunque esa información había sido publicada en periódicos chinos.

Cuando tenía 14 años, Sidik vio nuevamente a su madre.

La liberación

Los esfuerzos combinados de organizaciones tales como Amnistía Internacional y Freedom House, permitieron que Kadeer recibiera el premio Rafto para los derechos humanos mientras se encontraba en prisión, y esto atrajo mucha atención internacional.

En 2005, cuando fue liberada por asuntos médicos, Condoleezza Rice, la ex secretaria de estado de EE.UU. aseguró la liberación de Kadeer.

Tan pronto Kadeer llegó a Washington D.C., su primer instinto fue continuar con su activismo.

“Estoy viva porque el mundo está mirando”, dijo Kadeer. “Hay miles de uigures que mueren porque nadie sabe que están muriendo”.

Sintió que no podía permitirse desperdiciar tiempo porque el horroroso trato del régimen a los uigires no se limitaba a las pruebas nucleares. Desde 1991, la industria médica china ha estado extrayendo órganos vitales a prisioneros uigures con vida, escribió el periodista investigativo, Ethan Gutmann en su libro “La Masacre: asesinatos en masa, sustracción de órganos, y la solución secreta de China a su problema con los disidentes”.

El régimen chino también ha impuesto políticas que apuntan a erradicar sistemáticamente la cultura uigur. Las escuelas en Xinjiang están incrementando la adopción del chino como lenguaje primario de instrucción. Muchas escuelas urbanas sólo enseñan en chino.

“Muchos de los jóvenes, uigures con educación universitaria con quienes he hablado, temen genuinamente que en un futuro no tan lejano, los uigures serán mono lingües en chino y sabrán muy poco sobre la historia de Uigur o del Islam”, dijo Timothy Grose, profesor asistente de Estudios Chinos en el Instituto de Tecnología Rose-Hulman, especializado en investigación de Uigur.

Pero al principio, justo después de su liberación, fue difícil para Kadeer continuar con su energía anterior. Estaba mentalmente inestable después de su encarcelamiento, sobre todo después de la incomunicación.

En las memorias de Kadeer “Dragon Fighter: One Woman’s Epic Struggle for Peace With China”,(Dragón Luchador: La lucha épica de una mujer por la Paz con China) escribió acerca de cómo, durante algún tiempo, se sentaba en su cocina en Virginia y revivía conversaciones pasadas.

“Es irrelevante para mí si usted me ve como culpable o prisionera. No importa si usted me golpea o me mata”, se gritaba a sí misma una y otra vez. “No voy a aceptar sus órdenes. ¡No lo haré!”
Manteniéndose sagaz.

Diez años más tarde, Kadeer se ha recuperado y su mente está aguda, tan aguda como lo fue cuando cambió su negocio de lavado de ropa, donde lavaba a mano en un apartamento de mala calidad, en un imperio comercial multimillonario.

PIE DE FOTO: Rebiya Kadeer, presidente del Congreso Mundial Uigur, en su casa en Virginia, 20 de agosto. (Samira Bouaou/La Gran Época)
Rebiya Kadeer, presidente del Congreso Mundial Uigur, en su casa en Virginia, 20 de agosto. (Samira Bouaou/La Gran Época)

“La gente no entiende cuán capaz es ella” argumentó Dru Gladney, profesor de antropología de la Universidad Pomona quien ha escrito libros sobre la minoría musulmana de China. “Ella es una mujer musulmana moderada, inteligente, exitosa en los negocios no sólo en China sino también en EE.UU.”.

En estos días, analiza la situación mundial de los refugiados uigures y la confiscación de pasaportes uigures del PCCh, en eventos y reuniones con el Departamento y Comisión Estatal sobre China.

Sorprendentemente, Kadeer logró obtener fondos de la Fundación Nacional para la Democracia y de donantes privados para las dos organizaciones que dirige, la Asociación Americana Uigur y el Congreso Mundial Uigur, en un momento en que es muy difícil recibir apoyo financiero para los grupos musulmanes.

En un intento de poner nerviosa a Kadeer, en 2006 el régimen chino encarceló a cuatro de sus hijos. (Fueron puestos en libertad poco a poco. El último de ellos el pasado mes de mayo).

Después de la detención inicial de sus hijos, Kadeer dio una firme entrevista a Radio Free Asia, declarando que ella no renunciaría a su activismo.

Después de que el micrófono fue apagado, se echó a llorar.

En un documental sobre ella llamado “Las 10 condiciones del amor”, comentó “Si paro ahora liberarán a mis cuatro hijos, pero eliminarán mi tierra y mi gente. Entonces mi felicidad se convertirá en la sangre de mi pueblo”.

¿La ‘Osama bin Laden de China‘” o la ‘Dalai Lama de Xinjiang’?

Desde la liberación de Kadeer de China, los esfuerzos de los uigures ‘para contar su historia’ se han vuelto más organizados y efectivos, dando conferencias en todo el mundo y reuniéndose con autoridades de gobierno, no sólo en Estados Unidos sino también en Europa y Australia.

A menudo Kadeer es llamada como la “Dalai Lama de Xinjiang”, que no es del todo exacto, ya que, a diferencia del Dalai Lama, no es una líder religiosa de los uigures. El régimen chino la llama la “Osama bin Laden de China”.

Cuando Estados Unidos cambió su enfoque de política exterior en la lucha antiterrorista después del 9/11, China aprovechó la oportunidad para formar una alianza con el presidente George W. Bush, insinuando que los uigures estaban conectados a los grupos terroristas globales.

Existe un pequeño grupo de uigures llamado Movimiento Islámico del Turkestán Oriental quienes  reaccionan violentamente a las políticas del régimen chino.

Esta es una de las razones por las que los uigures no han recibido tanta simpatía de Occidente como los tibetanos, a pesar de que la afirmación de terrorismo no está demostrada.

PIE DE FOTO: Rebiya Kadeer, presidenta del Congreso Mundial Uigur con Su Santidad el Dalai Lama, en una fotografía en su casa. (Samira Bouaou / La Gran Época)
Rebiya Kadeer, presidenta del Congreso Mundial Uigur con Su Santidad el Dalai Lama, en una fotografía en su casa. (Samira Bouaou / La Gran Época)

“Ellos están principalmente interesados en la liberación de Turkestán Oriental, metas no globales yihadistas”, dijo Gladney, señalando que las prácticas de al-Qaeda, tales como terroristas suicidas, impuesto a la infraestructura, o un sofisticado gran armamento, no aparecen en los violentos ataques uigures.

“Algunos de los incidentes, en aumento en los últimos cinco años, demostraon que no están muy bien organizados”, dijo él. “Hay actos de violencia esporádicos, a pequeña escala, usando cuchillos, tal vez unas pocas armas de fuego, tal vez un jeep, pero no son una organización que sugiera que están siendo manipulados por organizaciones terroristas globales”.

Desde entonces Bush ha reconocido que los uigures no están conectados a los yihadistas.

Kadeer se reunió en privado con el presidente George W. Bush en una conferencia sobre la democracia y la seguridad en 2007 en Praga, donde éste elogió a Kadeer como “mucho más valiosa que las armas del ejército [de China] o el petróleo bajo tierra”, según un comunicado de prensa de la Casa Blanca.

La Asociación Uigur Americana en Washington DC, pasa mucho tiempo investigando y desacreditando los rumores que afirman que tragedias fortuitas, como la catastrófica explosión e incendio a principios de este mes en Tianjin, o el atentado contra un santuario budista en Bangkok el 18 de agosto, son obras de terroristas uigures.

“Al PCCh le gustaría que los uigures se convirtieran en terroristas para obtener licencia para matar”, señaló Kadeer. “Pero no seremos violentos. No les daremos lo que quieren”.

Para los hijos de Kadeer que todavía viven en Xinjiang, muchos de ellos están en una situación desesperada. Están viviendo bajo arresto domiciliario y son excluidos de empleos. Asimismo, no se les permite recibir el apoyo financiero de Kadeer.

Kanat, director de la Fundación Internacional de Derechos Humanos Uigures y Democracia, dijo que el régimen trataría a ese apoyo como “equivalente a alguien que en los EE.UU. recibiera dinero de al-Qaeda”.
Un largo camino

Kadeer y Kanat descansan en una cafeteria después de una reunión. Ordenan té con leche aunque sea una tarde bochornosa. “Es un día hermoso” con Michael Bublé sonando en el equipo de música, pero los pensamientos de Kadeer están profundamente atados a Turquestán del Este.

PIE DE FOTO: Rebiya Kadeer, presidenta del Congreso Mundial Uigur, cuando se dirigía a su oficina en Washington el 20 de agosto (Samira Bouaou / La Gran Época)
Rebiya Kadeer, presidenta del Congreso Mundial Uigur, cuando se dirigía a su oficina en Washington el 20 de agosto (Samira Bouaou / La Gran Época)

Aunque Kadeer fue dos veces nominada al Premio Nobel de la Paz, sabe que no ha completado el trabajo de su vida.

“No puedo descansar hasta que mi gente sea liberada”, dijo en mandarín. “Si no trabajo me siento cansada”.

En adelante, su trabajo es difícil porque hay una división entre los uigures.

“A algunos uigures les gustaría que ella hablara por la independencia”, dijo Gladney. “Hasta ahora, el Congreso Mundial Uigur adoptó una plataforma como los tibetanos -una de derechos humanos y de una mayor autonomía. No alcanza para la independencia”.

Kadeer no se preocupa y se centra en lo que puede hacer en la actualidad.

Cada vez que una oportunidad aparece, viaja en un santiamén. “A veces ni sé que ha ido hasta que llama desde otro país”, dijo su hija Sidik.

Con frecuencia Kadeer viaja y habla con los medios de todo el mundo, desde Australia hasta Alemania, o Japón, donde en 2012 fue re elegida presidente del Congreso Mundial Uigir.

Peor aún, otra dificultad que enfrenta Kadeer es la naturaleza siempre cambiante de las relaciones EEUU-China.

El presidente Bush recibió a Kadeer en la Casa Blanca. Pero la administración del gobierno de Obama, que invitó al Dalai Lama, no invitó a Kadeer.

PIE DE FOTO: Rebiya Kadeer, presidente del Congreso Mundial Uigir, en su oficina en Washington el 20 de agosto, 2015. (Samira Bouaou/La Gran Época)
Rebiya Kadeer, presidente del Congreso Mundial Uigir, en su oficina en Washington el 20 de agosto, 2015. (Samira Bouaou/La Gran Época)

Según S. Frederick Starr, presidente del Instituto de Asia Central y del Cáucaso, quien ha asistido a reuniones con Kadeer, ella se ha ganado el respeto de las autoridades de Washington.

“Sin embargo, el desinterés del Departamento de Estado… desgraciadamente ha limitado el impacto de la Señora Kadeer”, agregó Starr.

Otro obstáculo es que la Asociación Americana Uigur está trabajando con un personal limitado de seis personas.

Kanat fue hospitalizado por dolor al corazón el sábado 23 de agosto. Continuó haciendo llamados de trabajo desde el hospital y regresó a la oficina el miércoles siguiente.

“Somos muy pocas personas, pero tenemos muchos problemas con el gobierno chino”, explicó Kanat.

Aún está el tema de que los uigures no son tan famosos como los tibetanos.

A yarn artwork Rebiya Kadeer made while she was in prison in Xinjiang hangs on the wall of her office in Washington, on Aug. 20, 2015. (Samira Bouaou/La Gran Época)
Una obra de arte de hilado que Rebiya Kadeer hizo mientras estaba en prisión en Xinjiang cuelga en la pared de su oficina en Washington, el 20 de agosto de 2015. (Samira Bouaou/La Gran Época)

Kadeer pasa desapercibida la mayoría de las veces cuando camina por las calles del D.C. y come en sus restaurantes. Si el Dalai Lama estuviese en esos lugares públicos, sería un escenario diferente.

Pero Kadeer no se desanima por eso. Nunca lo ha estado.

Cuando Kadeer era un ama de casa musulmana sin educación, su comunidad decía que su vida había terminado cuando su primer marido, con quien tuvo seis hijos, se fue. Sin embargo, después del divorcio se convirtió en una magnate de los negocios.

Entonces, ¿qué detendría a Kadeer de creer que ella podría brindar la libertad a los uigures?

Espera volver a una Turkestán Oriental autónoma en los próximos 10 años. A pesar de que ha vivido en Estados Unidos durante una década, todavía mantiene un pasaporte chino.

 
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