China, Derechos Humanos, Sustracción de órganos en China

Ex prisionero de campo de trabajo forzado conoce a mujer que encontró su carta pidiendo ayuda

Ex prisionero de campo de trabajo forzado conoce a mujer que encontró su carta pidiendo ayuda
Sun Yi en el Aeropuerto Internacional de la capital Beijing. (Proporcionado por Sun Yi)
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Sun Yi estaba ansioso. La neblina contaminada de una mañana de diciembre en Beijing se mezcló con su inquietud y aprensión cuando se acercó al chequeo de pasaporte para la salida del aeropuerto. Sabía que las probabilidades estaban en su contra. En cualquier momento el funcionario de frontera podría destruir su pasaporte, junto con su oportunidad de libertad. Llegó el momento y presentó su pasaporte.

Después de 15 años de vigilancia, trabajo esclavo y tortura, estaba libre.

La historia de Sun se parece a otras innumerables en China. Graduado de un Instituto de Tecnología en Dalian ciudad norteña de Taiyuan, Se convirtió repentinamente en un enemigo del estado cuando el régimen comunista persiguió su práctica espiritual y de meditación, Falun Dafa, para eliminarla.

Falun Dafa (también llamada Falun Gong), una práctica de ejercicios suaves y enseñanzas basadas en verdad, benevolencia y tolerancia, experimentó una rápida y creciente popularidad en la China de los años noventa. Sin embargo, cuando el régimen determinó que más de 70 millones practicaban Falun Dafa en 1999, más que los miembros del Partido Comunista, el entonces líder del partido, Jiang Zemin, ordenó “erradicar” a Falun Gong.

Sun era sólo uno de los millones despojados de sus empleos, arrojados a las cárceles y a campos de trabajo además de ser brutalmente torturados en los esfuerzos para obligarlos a renunciar a la práctica. Desde 2001, fue arrestado por lo menos seis veces y pasó cuatro años en prisión, incluyendo dos años y medio en el famoso campo de trabajo forzado Masanjia en la ciudad noreste de Shenyang.

Él Podría ser considerado entre los más afortunados, habiendo evitado convertirse en una víctima de la sustracción ilegal de órganos llevada a cabo sistemáticamente en las prisiones chinas. Y en un giro bastante inusual del destino, su voz se oyó en Damasco, Oregón.

Mensaje en una lápida

Fue antes de Halloween del año 2012 cuando Julie Keith desenterró un olvidado “Creepy 12 Piece Cemetery Kit” en su garaje en Damasco.

Cuando abrí algunas de las lápidas de icopor, apareció una nota. Abrí la nota y fue de esta persona pidiendo ayuda en el campo de trabajo forzado en China”, dijo.

Esa persona era Sun Yi.

“Si ocasionalmente compra este producto, por favor envíe esta carta a la Organización Mundial de Derechos Humanos”, decía la nota manuscrita en inglés que pudo manejar mientras estaba encarcelado en Masanjia. “Miles de personas aquí quienes están bajo persecución [sic] del régimen del Partido Comunista Chino le agradecerán y recordarán para siempre”.

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“No estaba segura de qué hacer con eso”, dijo Keith. Cuando buscó en Google a Masanjia, quedó horrorizada ante las historias de brutal tortura y esclavitud que salían de ese lugar. Ella publicó la foto de la nota en Facebook y, con ayuda y estímulo de amigos y colegas, captó la atención de los medios de comunicación.

La historia despegó y fue tomada por el Oregonian, La Gran Época, el New York Times y CNN.

Pero no hizo que la vida de Sun fuera más fácil.

Escapar

Ya había sido liberado del campo de trabajo, pero su exposición de la persecución seguramente le atraería la represalia de las autoridades. Se las arregló para mantener un perfil bajo por unos pocos años, pero en abril de 2016 la vigilancia estatal lo capturó.

“Los practicantes de Falun Gong que han estado en estrecho contacto conmigo han sido arrestados”, dijo.

Sabía que las autoridades lo esperaban. No pude volver a casa.

Se vio obligado a quedarse sin hogar para evitar ser detenido de nuevo.

“De hecho, desde hace nueve años, he sido desplazado muchas veces [debido a la persecución]”, dijo.

Su esposa estaba constantemente preocupada por él, pero, para evitar la vigilancia, apenas podía hacer contacto con ella. No era posible utilizar los teléfonos. A veces le pasaba un vago mensaje en línea.

“No podíamos hablar y comunicar nuestros sentimientos como las parejas normales”, dijo.

Sun Yi en Beijing. (Proporcionado por Sun Yi)

Sun Yi en Beijing. (Proporcionado por Sun Yi)

Luego, el 29 de noviembre de 2016, fue detenido mientras se preparaba para asistir a la audiencia de otro practicante de Falun Gong en la Corte Tongzhou de Beijing. Sin embargo, cuatro días después, fue puesto en libertad “por razones físicas”.

Fue entonces cuando decidió abandonar el país. Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo.

“Si está en su lista negra, se le puede prohibir salir de China”, dijo. A menudo, la gente ha logrado escabullirse a través de las brechas burocráticas. Sin embargo, el riesgo es grande, uno no puede saber con seguridad hasta que uno entrega el pasaporte al oficial de fronteras antes de abordar un avión.

Pero Sun se escabulló. Y el 7 de marzo, en Yakarta, conoció a Julie Keith, como un hombre libre.

Sun Yi en Beijing. (Proporcionado por Sun Yi)

Sun Yi en Beijing. (Proporcionado por Sun Yi)

“He escapado con éxito de la jaula que es China”, dijo. “Pero estoy pensando en los practicantes de Falun Gong que han sido sentenciados, están a punto de ser sentenciados o aún están encarcelados”.

Los campos de trabajo forzado fueron oficialmente abolidos en China en 2013, pero observadores de derechos humanos señalaron que el régimen todavía utiliza cárceles, centros de detención, centros de salud mental y “cárceles negras” no oficiales para los mismos propósitos.


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