China, Derechos Humanos

“No puedo describir el dolor que sufrí”: la historia de Yu Zhenjie

“No puedo describir el dolor que sufrí”: la historia de Yu Zhenjie
Yu Zhenjie practicando meditación, el quinto ejercicio de Falun Dafa. De no poder caminar debido a las torturas, ahora puede meditar, cruzando sus piernas doblemente sin problema. Foto: La Gran Época
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Mirar el rostro amable y compasivo de Zhenjie nos puede transportar a un reino de paz y esperanza. Sin embargo, al mirar profundamente sus ojos, puede vislumbrarse al menos un poco de todo el sufrimiento al que fue sometida.

Cuando relata sus experiencias en campos de trabajo forzados de China, donde fue encarcelada por su creencia espiritual, recién en ese momento se puede tomar verdadera dimensión de todo su calvario, aunque quizás no del todo.

La Sra. Yu Zhenjie es una contadora que trabajaba en una fiscalía de la provincia de Heilongjiang, en el nordeste de China.

En los años noventa, ella y su familia comenzaron a practicar Falun Dafa–también conocida como Falun Gong- y se vieron sumamente beneficiados con esta disciplina de la Escuela Buda, no solamente en el aspecto físico y mental, sino en el plano espiritual: se volvieron personas bondadosas, respetuosas y tolerantes hacia los demás.

Sin embargo todo cambió cuando en julio de 1999, en China, el ex cabecilla chino, Jiang Zemin, lanzó una brutal persecución hacia los 100 millones de practicantes de Falun Dafa.

“A partir de entonces, sufrí una brutal persecución y perdí todo lo que tenía: un buen trabajo y una familia feliz”, dijo Zhenjie en una entrevista con La Gran Época.

Zhenjie fue secuestrada y torturada brutalmente en varias oportunidades por el aparato represivo chino. Pero afortunadamente –gracias a su fortaleza espiritual- sobrevivió y pudo escapar a Tailandia y luego a Estados Unidos donde obtuvo el estatus de refugiada.

Su historia

A inicios de la persecución, en 1999, Zhenjie fue a apelar a Beijing y fue detenida por primera vez. Por miedo a que tomen represalias contra su familia, no quiso dar su nombre.

En la comisaría le contó la verdad de lo que estaba pasando a un policía y este la apartó del resto, justo antes de que le hagan chequeos médicos. La llevó al jardín, le dijo que él había leído el libro de Falun Dafa, que sabía que los practicantes eran buenas personas y que quería ayudarla.

Así fue como el policía le señaló un edificio atrás del lugar donde estaba detenida y dijo: “Ese lugar está lleno, lleno, de practicantes de Falun Dafa, es toda gente buena, pero desde ‘arriba’ los llevan a un lugar terrible para hacerlos desaparecer para siempre”.

“Por favor, yo quiero ayudarla, por favor, dé su nombre” dijo ansiosamente el policía con un rostro sincero y conmovido, detalla Zhenjie, quien accedió a dar sus datos personales.

Fue por este policía que Zhenjie no corrió la misma suerte que muchos de sus compañeros: formar parte de un banco de órganos vivos que comercializa el Estado chino en forma sistemática.

El 22 de junio se publicó un informe sin precedentes realizado por un pequeño equipo de incansables investigadores que documentaron en detalle el ecosistema de cientos de hospitales chinos y centros de trasplantes que han estado operando discretamente en China desde alrededor del año 2000.

En conjunto, estos centros tienen la capacidad de haber realizado entre 1,5 y 2,5 millones de trasplantes en los últimos 16 años, según el informe. Los autores sospechan que las cifras reales de trasplantes se ubican entre los 60.000 y los 100.000 por año desde el 2000.

Representación de la sustracción de órganos en China a practicantes de Falun Gong realizada por practicantes de Canadá en 2008

Representación de la sustracción de órganos en China a practicantes de Falun Gong realizada por practicantes de Canadá en 2008.

Los más susceptibles de ser usados para este fin son los prisioneros de conciencia (tibetanos, cristianos y principalmente practicantes de Falun Dafa) porque tienen órganos saludables y además los que no se identifican, ya que al ser “NN” nadie reclamará su cuerpo.

Sin embargo, a pesar de acceder a dar su nombre y por eso no ser derivada a ese funesto edificio, Zhenjie fue sometida a todo tipo de torturas para forzarla a renunciar a su creencia.

Torturas

Zhenjie fue torturada de diversas maneras, por ejemplo con bastones eléctricos en su cara, “hasta que la carne quedaba quemada y salía humo”, dice.

Además, la obligaron a permanecer atada bajo un frío extremo y la torturaron bajo formas extremadamente crueles. “No puedo describir el dolor que sufrí, cada segundo fue como un año”, señala. “En ese momento quería morirme”.

Cuando estaba atada a la cama le cubrieron los ojos con una venda. “Tus ojos son muy benevolentes, no los puedo ver para hacer esto que tengo que hacer”, le dijo el policía.

Luego tomó un tubo plástico y se lo metió por la nariz para llegar al estómago; como era difícil de entrar, lo sacó y lo puso en varias ocasiones. La alimentaron de manera forzada, al punto que le arrancaron sus dientes delanteros. Posteriormente la llevaron a una sala y la colgaron de las manos.

“Durante mi encarcelamiento me inyectaron drogas tóxicas de manera forzada que alteraron mi estado de consciencia y afectaron mi memoria. También me extrajeron sangre a la fuerza sin darme explicaciones”.

En 2001, fue transferida al campo de trabajo forzado que funcionaba con la fachada de ser un centro de rehabilitación de adicción a las drogas de la provincia de Heilongjiang.

“Fui  tratada como un animal y encerrada en una jaula de hierro, atada a un ‘banco de tigre’. No podía moverme”.

En la tortura "el banco del tigre", descrita en el dibujo, la elevación de las piernas causa un dolor insoportable. Esta tortura es aplicada constantemente a los practicantes de Falun Gong detenidos ilegalmente en China. (Minghui.org

En la tortura “el banco del tigre”, descrita en el dibujo, la elevación de las piernas causa un dolor insoportable. Esta tortura es aplicada constantemente a los practicantes de Falun Gong detenidos ilegalmente en China. (Minghui.org)

Allí también le inyectaron drogas que hicieron que sus extremidades se aflojaran y su cabeza le dolía tanto que la tenía que golpear contra la pared para aliviar el dolor.

En octubre de 2002, repentinamente cayó inconsciente al suelo y no pudo moverse en absoluto. La policía creía que estaba fingiendo, así que la llevaron al Hospital de Seguridad Pública para un realizarle un chequeo.

Cada segundo fue como un año, en ese momento quería morirme

“Fue un momento del que nunca podré olvidarme aunque quiera. En el Hospital de Seguridad Pública de Helongjiang, durante tres días, los policías me sacaron toda la ropa y luego hicieron que la gente me vea en ese estado de completa desnudez. Este insulto fue muy duro para mí, una creyente de la Escuela Buda”, se lamentó Zhenjie.

Tres días más tarde, relata que la encontraron en un estado moribundo y se alarmaron. Estando al borde de la muerte, hicieron que su familia la llevara a casa para que no tuvieran que asumir la responsabilidad de su muerte.

“Gracias a la práctica de los ejercicios de Falun Dafa,  logré recuperarme lentamente hasta poder caminar nuevamente”, agregó.

El nuevo secuestro

En diciembre de 2006, fue secuestrada nuevamente. La Seguridad Pública de Mudanjiang y un grupo de policías armados entraron de nuevo en su casa y la secuestraron,  enrollándola dentro de una alfombra.

A partir de ese episodio inició una huelga de hambre en protesta por su encarcelamiento sin un proceso legal y por las torturas sufridas, simplemente por su creencia espiritual.

“Me llevaron al Hospital de Seguridad Pública de Mudanjiang y fui alimentada por la fuerza. Me ataron a una cama con sogas, sujetando mis tobillos e inmovilizándome”, relató.

A través de una vía endovenosa le aplicaron sustancias que provocaron que su estómago se hinchara y su piel se tornara oscura.

“No pude soportar el dolor y me desmayé. Era incapaz de controlar mis funciones corporales. Aún hoy, sigo sufriendo periódicamente de amnesia, impedimento del habla, así como problemas de vejiga e intestino”, relató.

Los policías la enviaron a su casa casi sin vida. Sin embargo, pudo recuperarse y -con la ayuda de otro practicante de Falun Dafa- pudo salir de China definitivamente, dejando todo atrás, pero llevando consigo esos recuerdos estremecedores, que aún hoy al relatarlos, la hacen quebrar.

“Escapé a Tailandia en 2007, realizando un viaje difícil y duro, caminando a través de montañas para llegar a ese país. En Tailandia fui arrestada por guardias en la frontera, no tenía ningún documento. Al principio me querían deportar. Les expliqué que eso causaría mi muerte. Como tenía varios signos  de tortura en mi cuerpo y una mente inestable, ellos creyeron que mi vida corría riesgos y entendieron que había sido torturada por mi fe”.

Zhenjie relata que debido a que Tailandia es un país mayoritariamente budista, le permitieron entrar y luego la enviaron a un centro para refugiados. Allí permaneció durante varios meses -bajo duras condiciones- hasta fue trasladada a Estados Unidos en marzo de 2009.

Sosteniendo su creencia a pesar de las adversidades

Liwei Fu, directora de La Gran Época, y Yu Zhenjie, sobreviviente de un campo de trabajo forzado en China. (Daniel Musa / La Gran Época)

Liwei Fu, directora de La Gran Época, y Yu Zhenjie, sobreviviente de un campo de trabajo forzado en China. (Daniel Musa / La Gran Época)

Falun Dafa se basa en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Al no querer renunciar a su creencia, Zhenjie fue secuestrada en varias ocasiones, torturada y forzada a trabajar con agroquímicos tóxicos, sin guantes ni máscaras, entre 10 y 15 horas por día. Entre otras consecuencias físicas que la afectaron para siempre, allí perdió todas las uñas de sus pies.

Mi querido esposo fue obligado por autoridades del régimen a divorciarse de mí

“Si bien en principio fui sentenciada 3 años de trabajos forzados, la persecución se extendió durante 8 años hasta que pude escapar de China.  Mi hija fue expulsada de la universidad y fue sentenciada a 3 años por su creencia en Falun Dafa; mi hermana, por el mismo motivo, fue sentenciada a 5 años; mi hermano, pintor,  pasó 15 años en prisión, recientemente fue liberado con un estado de salud delicado con pérdida total de visión en un ojo, una pierna discapacitada y un pulmón dañado por las torturas. Su esposa, mi cuñada, es ingeniera y fue sentenciada a 11 años. Mi mayor angustia es que mi padre haya muerto al no poder soportar ver la brutal persecución que atravesé. Finalmente, mi querido esposo fue obligado por autoridades del régimen a divorciarse de mí”, relató.

Además señaló que más de 40 practicantes de su ciudad que practicaban Falun Dafa con ella, fueron secuestrados y desaparecidos y le consta que al menos a uno de ellos le sacaron sus órganos para venderlos.

“Si no fuera por ese policía que me insistió para que diera mi nombre, seguramente yo sería una más en esa lista y mis órganos hubiesen sido sustraídos”, aseguró Zhenjie muy afligida y con lágrimas en sus ojos al recordar a esos amigos cercanos y familiares que ya no están más.


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