Gascuña, la “Toscana Francesa” invita a saborear la vida

La mayoría de los gascones dicen que su región “no es como otras, sino mejor”. Pero algunos llevan su pasión de pertenencia a un grado divino: afirman que Gascuña es una región “bendecida por los dioses”. Cuando  llegué a Gers, empecé a escuchar tan apasionadas apreciaciones de la región por parte de sus habitantes que no les concedí demasiada credibilidad. Lo atribuí al común orgullo del “amor que cualquiera tiene por su tierra” con independencia del lugar donde haya nacido. Borges decía de los pueblos: “No hay uno que no sea idéntico a los otros, hasta en lo de creerse distintos”.

Vista de Aux (Foto Lionel Lizet)

Sin embargo, al poco tiempo de adentrarme en el alma de Gascuña, comencé a reconsiderar mi escéptica reacción. Sorprendido por todo lo que, como dirían los franceses “me tapait dans  l´oeil” (me entraba por los ojos) y por la placentera atmósfera que estaba respirando, aquello podría representar, en efecto, una especie de paraíso terrestre. Pero si paisajes, campiña, castillos, casas, viñedos, granjas, y su exquisito foie gras configuraban ya un espectacular escenario natural, el carácter abierto, amistoso, epicúreo y el savoir vivre de los gascones completaban las increíbles señas de identidad de una región única. ¡Realmente una revelación!

Propietarios Bodega Entras (Foto: FG)

 Bodegas Entras  y el artista inesperado

Inicio mi itinerario por carreteras secundarias de la región  para visitar a Zoé y Miguel Maestrojuan que, junto a sus hijos, elaboran los vinos de Côtes de Gascogne y los famosos Armagnac. Después de una agradable charla sobre sus viñedos, estoy despidiéndome de ellos cuando aparece uno de sus habituales clientes. Resulta ser el famoso pintor Guy Roussille. Un interesante personaje, de aspecto bohemio, con harta mundología viajera y con el que converso durante casi dos horas sobre lo humano y lo divino, la vida y la muerte, y, cómo no, el estilo de vida de Gascuña.

Guy Rousille y una de sus obras (abajo) Fotos: FG

El artista me describe el savoir vivre de los gascones: “Este es un paraíso natural donde todo crece. Una tierra de equilibrio en donde tenemos tiempo de hablar, admirar y disfrutar de lo que tenemos”.

Efectivamente, sus habitantes parecen envueltos por la suavidad de sus campiñas, siguiendo el tempo de las estaciones, e instalados en un envidiable estilo de vida basado en la felicidad y el bienestar. Y cuando le pregunto a Guy las razones por las que los gascones también gozan de una expectativa de vida más alta que el resto de los franceses, asegura, seriamente, que la clave está en “saber vivir, beber, y comer”. Y para refrendar su sabia respuesta propone un nuevo brindis (el artista parece alérgico a las copas vacías) mientras promete enviarme imágenes de sus obras de arte y me invita a volver a Gascuña.

 Descubriendo Gascuña paso a paso

Pousterle  (Foto FG)

A una hora apenas de Toulouse se vislumbra en lo alto de una colina la silueta de Aux, el corazón y la capital de Gers. La legendaria tierra donde nació el mosquetero D´Artagnan. Esa figura tantas veces llevada al cine y popularizada por la novela de Alejandro Dumas. Su imponente estatua enlaza la parte alta y baja de la ciudad por medio de una monumental escalera de 370 escalones, lo cual no debe asustar a ningún visitante puesto que se accede al centro histórico en automóvil.

Aux posee un patrimonio arquitectónico impresionante: la Catedral gótica de Sainte Marie, inscrita como Patrimonio de la Humanidad y etapa principal en los caminos de Santiago de Compostela. Esta Seo alberga tres tesoros: el coro y sus 116 sillas esculpidas en madera de roble, el gran órgano del siglo XVI y las 28 vidrieras de Arnaud de Molles. (Siempre he pensado que la gran altura y la majestuosidad  con que fueron construidas las catedrales tuvieron como objeto reflejar el gran poder de la religión y hacer sentir insignificantes a sus creyentes. La realidad es que la de Aux impresiona por su magnitud ¡hasta a un ateo como yo!

La plaza de la Liberación es el eje de animación de la parte alta de la ciudad. Allí se concentran las tiendas, los cafés, y los restaurantes que invitan a abrirse a los placeres gastronómicos de Gers. Especialmente, el de su famoso foie gras. Pero no el único. Hay restaurantes modestos con cocineros geniales. Detrás de este entorno, se descubren las Pousterles. Unas muy angostas callejuelas escalonadas bajan la pendiente por las que hace siglos permitía a sus habitantes descender al río Gers para aprovisionarse de agua. Cuando las atraviesas pareces un intruso en la historia. La belleza y el misterio que hoy suscitan es el resultado del sufrimiento pasado por otros para sobrevivir. Ubicado en la parte baja de Aux se encuentra el Museo de los Jacobinos. Éste nace de una donación realizada por Guillaume Pujos, un aventurero que partió a América a buscar fortuna. A su regreso, en 1907, después del terremoto de Santiago de Chile, aportó una espectacular colección de objetos de arte precolombinos. La segunda más importante de Francia.

Les Bruhasses, un pequeño palacio donde dormir

Antes de que anochezca, me encamino con mi nuevo Peugeot alquilado, por las serpenteantes carreteras de la región hacia Condom en busca del encantador  hotel Les Bruhasses. Un palacete del siglo 18 ubicado en mitad del bosque. Me recibe Hèléne, la simpática propietaria que, junto al quebequense Jean Roger, su marido, cuidan de este romántico albergue de sólo cinco coquetas habitaciones, las cuales no se designan por la típica numeración, sino por titulares tan evocadores como “Claro de Luna” (la mía) o “Armonía del atardecer”.

Hotel Les Bruhasses  (Foto FG)

Invitado a cenar por el chef Eric Sampietro (1* Michelin) en su famoso restaurante La Table des Cordeliers, le pregunto a Hèléne si a mi regreso estará abierto el albergue. Su respuesta me sorprende. Permanece toda la noche abierto sin que nadie controle la posible entrada de algún intruso. La confiada actitud de los gascones la refleja una anécdota que narra el escritor norteamericano David McAninch en uno de sus libros**. En el Café de Sports del pueblo de Lectoure observa a varios hombres sentados alrededor de una mesa hablando quién sabe de qué. En un momento dado, se le acerca uno de ellos vistiendo una llamativa camiseta de rugby acompañado de una niña y le pide que “cuide de ella y no deje de vigilarla”. El escritor tiene a su lado a su hija de siete años y viendo aquél que ambas congenian, se aleja para ir fuera del bar a hablar indefinida y tranquilamente con sus amigos. Y es que los gascones confían siempre en quienes no conocen porque todavía ¡no les han defraudado!

A propósito de deportes, el rugby es sagrado en toda Gascuña. De fútbol, ni se habla.

Mercado en Lectoure (Foto Andy Haslam NYT)

Los mozos bien dotados físicamente aspiran todos a practicar este varonil deporte. Pero la conducta de estos muchachos cambia radicalmente cuando regresan a sus casas. Ante la presencia de su madre o esposa, toda su virilidad se empequeñece ante las familias conformadas por el matriarcado.

Lectoure, parte de los desvíos “más bellos de Francia”

Camino de Lectoure, sería un sacrilegio pasar por alto la Abadía de Flaran fundada en 1151. Una de las abadías cistercienses mejor preservadas de Francia. Su vida es un romance cuyos episodios pueden inferirse a través de las piedras de su iglesia, el soberbio claustro gótico, la sala capitular y el dormitorio de los monjes. La abadía es célebre también por las exposiciones permanentes de maestros como Monet, Matisse, Renoir o Picasso. Son obras del gran coleccionista Michael Simonow, que parecen convivir con la pedagogía de la fe.

Una parada en la ruta me permite conocer la conservera artesanal Terre Blanche en Saint Puy. Esta conocida firma propone los mejores productos de foie gras y rillettes en la más pura tradición del Gers. 30 años de experiencia combinada con una tradición inscrita en el código genético, que se transmite de madres a hijas desde la Edad Media. Su responsable revela alguno de los tratamientos. Nada que ver con el secretismo de la fórmula de  la Coca Cola.

Fotos: FG

 

Por fin llego a Lectoure. Un pueblo con verdadero encanto. En su promontorio, revela su belleza con su cintura de murallas. De ellas surgen hermosas casas de piedra, jardines, fuentes, callejones e imponente monumentos como la Catedral gótica de Saint-Gervais,  el castillo de los Condes de Armagnac, o el antiguo Hospital que hoy acoge un pueblo de anticuarios que muestran materiales dignos de ser contemplados, y, en muchos casos, adquiridos. Para ello, no necesitas ser un Rockefeller: sus precios no son comparables con los de las galerías de arte de Paris o Londres

En suma, Gascuña posee todo lo necesario para diferenciarse de otras regiones francesas: un modelo sostenible de turismo que ha involucrado no sólo a los responsables de turismo de cada pueblo con encanto, sino a todos sus habitantes: bodegueros, granjeros, o agricultores. Todos parecen haberse confabulado para transmitir y compartir con el viajero el sosegado sentimiento de saber vivir que los gascones disfrutan desde que nacieron.

www.franciscogavilan.net

  • **David McAninch “Duck Season: Eating, Drinking and other Misadventures in Gascony
 
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