Historia de las albóndigas chinas
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A finales de la dinastía Ming (alrededor del siglo XVII) hubo un hombre llamado Meng Bo que vivió en una pequeña aldea cerca al mar en Fuzhou. Él fue educado con altos estándares morales, y desde su niñez era inteligente y leal.
El amor filial de Meng Bo hacia su madre fue altamente apreciado por sus vecinos. Se dice que un día, su anciana madre descubrió que ya no podía comer más carne porque sus dientes se habían debilitado con la edad, algo que se volvió inaceptable para ella pues le gustaba mucho comer carne.
Como Meng Bo quería ayudar a su madre, se la pasó sentado numerosas noches sin dormir pensando cómo podría preparar carne de cerdo para que ella pudiera comerla. Hasta que un día vio a sus vecinos machacando arroz glutinoso, una especie de pastel de arroz pegajoso. Eso lo iluminó. Corrió a la cocina y procedió a machacar la carne de cerdo igual que sus vecinos machacaban el arroz. Después de suavizar la carne, Meng Bo, cuidadosamente dio la forma de pequeñas bolas redondas en tal forma que su madre pueda comerlas fácilmente.
Después de hervir las pequeñas albóndigas, ellas soltaron un aroma delicioso. Meng Bo sirvió feliz las bolas de carne a su madre y ella quedó muy complacida –no sólo que las bolas de carne le fueron sabrosas, sino que le fueron fáciles para comer–. Meng Bo quedó satisfecho al ver que su madre por fin pudo comer carne de cerdo sin problema.
El cuento de amor filial de Meng Bo y su receta, rápidamente se propagó a través de la ciudad de Fuzhou, y todos los residentes de Fuzhou llegaron a preparar sus deliciosas albóndigas llenas de piedad filial.
Las tradicionales albóndigas Gung Wang, requieren el uso de un pisón de madera para golpear la carne de cerdo y luego darles la forma de tortillas para luego convertirlas en bolas de carne. Los movimientos de golpes se llaman "gung" y "wang" que significa pequeñas bolas en el dialecto minnan (el dialecto hablado en la zona sur de la provincia de Fujian), de ahí el nombre Gung Wang, o la albóndiga china de carne de cerdo.
Después de hervirse, las bolas quedan tan suaves, firmes y deliciosas, como para que las pueda comer ¡tanto un anciano y un niño!
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