El buen sabor y la historia de la 'Costillas de Wuxi' en la comida china
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'La Costilla de Wuxi', un plato típico de la comida china, que se conoce también como 'Costilla con salsa de Wuxi', o 'Costilla cargada de carne de Wuxi', tiene una leyenda muy hermosa que contar para los chinos y los muchos que la conocen a nivel internacional.
‘Wuxi’ es en realidad la ciudad donde se originó este plato, cituada al sur de la provincia de Jiangsu. Con 800 años de historia, esta receta es muy reconocida a nivel nacional e internacional.
Aunque es fácil de preparar y de cocinar, se necesita prestar mucha atención a la intensidad del fuego durante varios procesos de la cocción.
Este plato es muy conocido en toda China por su típica presentación –con su exquisita salsa roja– y por poseer un rico y profundo aroma.
La forma de cocción es muy especial, ya que se dice que debe tener un "sabor que llegue hasta los huesos", la carne debe quedar muy tierna, la salsa espesa y, aunque es salada, lleva un toque dulzón, quedando en la boca un sabor inolvidable.
La historia
Como todo plato chino, éste posee una historia. Según la leyenda, su origen se relaciona con la historia de vida de un hombre que tuvo un buen corazón y obró bien, y recibió por ello un pago benevolente.
Se cuenta que en la Dinastía Song (960 - 1279), durante una noche nevada en la ciudad de Wuxi, un monje errante de nombre Jigong, vestido con una túnica budista harapienta y sosteniendo en su mano un abanico roto hecho de hojas de palma, mendigaba de puerta en puerta por la ciudad. Este monje errante se encontraba con todo tipo de personas que lo ignoraban, se burlaban de él y hasta lo despreciaban, no pudiendo recibir nada para comer en todo el día. El monje errante, cansado, con frío y hambre, llegó a una posada donde se vendía comida.
Un señor llamado Afu estaba cocinando carne, preparándola para el día siguiente. Entonces el monje mendigo lo saludó humildemente, inclinando suavemente la cabeza con sus manos juntas, y luego le pidió algo de comer.
Afu, de buen corazón, le dio un pedazo grande de carne cocida al mendigo, que tenía el estómago vacío. Como el monje Jigong tenía mucho hambre, comió la carne con desesperación, muy rápido, a pesar de que los monjes no solían comer carne, y luego volvió a pedir otro pedazo.
Afu le dio otro pedazo, que el mendigo volvió a comer otra vez rápidamente, y así, terminaba y volvía a pedir, terminaba y volvía a pedir, hasta que se terminó toda la carne que Afu había cocinado y preparado para vender.
Al final, Afu le dijo, “Te di toda la carne y te lo comiste todo, ¿qué voy a vender mañana?” El monje mendigo le respondió: “No te preocupes, cambia la carne por el hueso”, y luego arrancó unas fibras de su abanico de palma, juntó los huesos donde todavía quedaban restos de carne y se los entregó a Afu, diciéndole, “Cocina estos huesos con restos de carne y las fibras de palma; saldrá muy sabroso, muy rico”, y se retiró en la noche oscura hasta desaparecer.
En la mañana del siguiente día, Afu empezó a cocinar y decidió seguir el consejo del monje mendigo. Cocinó la carne junto con las fibras de palma del abanico del mendigo, y los huesos que habían quedado. No pasó mucho tiempo y la carne de su olla comenzó a despedir un aroma exquisito.
Afu destapó la olla y probó la costilla, y ésta tenía un sabor muy rico y sabroso. El plato despedía un aroma muy perfumado y único, que llegó hasta las casas de todos los vecinos; todos vinieron a la tienda de Afu a probar lo que olía tan rico.
Así fue que Afu, mientras les daba para probar los huesos con carne, les contaba lo sucedido con el monje mendigo a sus vecinos. Después de saborear tan rico manjar, los comensales solían alabar a Afu. La noticia se extendió rápidamente a toda la ciudad de Wuxi. Mucha gente venía a la tienda de Afu y hacía cola para comprar aquella costilla tan particular. Así, Afu ganó mucho dinero, y se hizo muy famoso y popular. En el pueblo, todos creían que aquella noche Afu no le había dado de comer a un simple monje mendigo, sino nada más ni nada menos que a un Buda. El buen corazón de Afu hizo que obrara bien y por eso fue bien recompensado.
Costillas de Wuxi
Ingredientes
1 kg costillas de cerdo
10 cebollas, cortadas por la mitad.
4 rebanadas de jengibre
1 taza de vino de arroz
1 taza de salsa de soja
1 cucharada de vinagre
1 anís estrellado
1 diente de ajo
¼ de cucharadita de pimienta en polvo
Una pizca de polvo cinco especias
1 cucharada de salsa de tomate
2 cucharadas de azúcar morena
Agua
Preparación
Adobar las costillas con 2 cucharadas de salsa de soja, calentar aceite en el wok a fuego muy alto. Freír las costillas en aceite a 180ºC durante 2 minutos y colocarlas en un plato. Este procedimiento es para lograr la coloración de las costillas.
Calentar 1 cucharada de aceite y saltear la cebolla de verdeo y el jengibre hasta que despida fragancia. Colocar la cebolla y el jengibre en una olla y las costillas arriba de la cebolla de verdeo. Añadir todas las especias, el vino de arroz Shaoshing, la salsa de soja, el vinagre oscuro y el agua (agua para cubrir un poco las costillas) con el fuego muy alto para que todo hierva.
Una vez que entra en hervor, reducir el fuego a medio y luego a bajo. Cocinar a fuego lento durante 1 hora y media. Añadir el azúcar y la salsa de tomate y mantener a fuego lento hasta que la carne de las costillas quede suave.
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