Cuentos chinos y coreanos sobre conejos
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En la mente de las personas el conejo es un animal muy amable y gentil. La mayoría de las personas nacidas bajo el signo del Conejo tienen una personalidad serena, es poco probable que tengan un temperamento feroz. Los conejos se mueven rápidamente y reaccionan de manera veloz, tienen una personalidad suave y pueden pasar de un estado tranquilo a uno activo.
Hablando del conejo, hay relatos sobre estos animales en las historias antiguas y modernas. Como es tradición contar en cada año las historias de su animal respectivo, compartimos aquí algunos cuentos orientales sobre los 'tú' (tal como se pronuncia 'conejo' en mandarín).
Primero hablaremos sobre lo que es más conocido entre los chinos: el Conejo de
Jade y el cuento sobre cómo este conejo curaba a la gente.
El conejo que sacrificó su vida y conmovió a los dioses
Un leñador llamado Wu Gang tenía el don de producir el elixir de la vida, pero un día dio el elixir a los humanos y, como consecuencia, fue castigado por el Divino Emperador de Jade. Como castigo, el Divino Emperador de Jade envió a Wu Gang a la Luna para cortar un árbol gigante de canela, y Wu Gan no podría regresar hasta que derrumbara el árbol. Pero el árbol se recomponía inmediatamente después de cada hachazo, condenando a Wu Gan por la eternidad.
El Divino Emperador de Jade decidió buscar a alguien confiable y de buen carácter para ser responsable de producir el elixir divino, pero los seres humanos eran demasiado astutos, y hacían trucos y engaños. Finalmente, el Divino Emperador de Jade se inclinó por los animales y envió a tres deidades al mundo mortal con la misión de elegir a los animales más adecuados para que se cultivaran en seres divinos.
Las tres deidades bajaron a la Tierra en forma de tres ancianos y se dispusieron a buscar en el bosque. Ese mismo día, se sentaron en el suelo del bosque gritando, “¡Rogamos algo de comida para nosotros, ya no tenemos energía para buscar comida, tenemos hambre!” Los animales que oyeron los gritos se acercaron. Entre esos, un zorro, un mono y un conejo cobraron mucha simpatía por las tres personas de edad avanzada y se separaron para encontrar comida. El zorro encontró unas mandiocas, el mono recogió unas frutas, pero el conejo, aunque buscó por todo el bosque, no encontró nada para comer. Cuando vio a los tres ancianos comiendo mandioca y frutas, sintió tanto remordimiento y tristeza que saltó sobre la fogata que ardía sobre el suelo, con la intención que cocinarse a sí mismo para dar a los ancianos algo de comer.
Los viejos vieron el corazón del conejo y decidieron llevarlo al Cielo. Cuando el Divino Emperador de Jade se enteró de lo ocurrido, consideró que el conejo era benevolente y responsable, y designó a unos dioses para enseñarle a producir el elixir divino. El conejo aprendió diligentemente y pronto supo todo. Muy satisfecho, durante la ceremonia de conversión del conejo en una deidad, el Divino Emperador de Jade decidió otorgarle un nuevo aspecto. Así, el conejo recibió una piel transparente como cristal, y se hizo brillante. Al ver que el cuerpo entero del conejo lucía como jade blanco, los dioses en el Cielo lo llamaron “Yu Tu”, el Conejo de Jade.
El conejo bajó a la tierra para curar la gente
En algún año, de repente una peste atestó la ciudad de Beijing. En cada hogar la gente se enfermaba, y no existía un tratamiento adecuado. A los dioses en el Cielo, al ver que en medio de la miseria en el mundo humano la gente aún creía en los dioses y mantenía la bondad en el corazón, les surgió misericordia en sus corazones y enviaron al Conejo de Jade a la Tierra para curar a los humanos.
El Conejo de Jade bajó a la Tierra y se transformó primero en una joven mujer. Corrió de casa a casa y salvó mucha gente. La gente le ofrendaba obsequios como agradecimiento, pero el Conejo de Jade no los aceptaba.
El Conejo de Jade a menudo cambiaba su ropa y su aspecto. A veces se vestía como un campesino, a veces como un vendedor, a veces era hombre y a veces mujer, y atravesaba la ciudad montado sobre una variedad de animales. Con el fin de poder salvar a más personas, incluso se convirtió en un mendigo y, de esta manera, sin descanso, recorrió toda la ciudad y sus alrededores, salvando a más y más gente. Una vez cumplida su misión, el Conejo de Jade regresó volando al Cielo.
El conejo, la tortuga, y la ofrenda al Rey Dragón del Mar
Hay una fábula muy difundida en Occidente, que es ‘La carrera de la tortuga y la liebre’. En este cuento, la tortuga, con una gran resistencia y perseverancia, le gana al conejo, que la subestima. Pero la competencia entre ambos animales no termina ahí. En Corea del Sur hay un antiguo relato conocido como ‘El conejo salta’, que podemos considerar como la divertida venganza de la liebre del otro lado del mundo.
Un día, en el Palacio del Dragón del Mar, la hija del Rey Dragón del Mar se enfermó. El Rey Dragón del Mar estaba muy preocupado y pidió consejo al calamar, al erizo de mar, al hipocampo y a otros ministros. Al calamar, aunque estaba lleno de tinta para esbozar alguna idea, no se le ocurrió nada, así que soltó un suspiro y se fue. Pero el hipocampo habló: “La pequeña se curará comiendo el corazón y el hígado de un conejo vivo”, dijo solemnemente.
El Rey Dragón de Mar pegó un fuerte grito, “¿Quién irá a buscar un conejo para proveerme un corazón y un hígado para curar a mi hija?” En ese momento, una tortuga se acercó al Rey y se ofreció, “Yo puedo ir a la Tierra y volver con un conejo vivo”.
La tortuga partió inmediatamente. Nadó hasta que llegó a la costa y se arrastró lentamente adentrándose en el bosque. Aguardó un rato largo hasta que vio un conejo comiendo hierbas y saltando cerca de un arbusto. La tortuga se acercó y le dijo, “Hay una isla en el mar que tiene muchas manzanas, ciruelas y duraznos dulces. Allí hay muchos árboles de frutas y hay tantas frutas que nunca se acaban, es realmente un paraíso para los conejos”.
Al conejo se le despertó la curiosidad y le preguntó ingenuamente a la tortuga, “¿Y dónde está este paraíso?” La Tortuga respondió, “Muy cerca, salta sobre mi espalda, yo te llevaré a allí”. De esta manera, la tortuga llevó al conejo al Palacio de Dragón del Mar.
Al llegar al trono, el Rey Dragón de Mar dijo, “¡Rápido, denme el corazón y el hígado del conejo!”
El conejo se asustó y retrocedió unos pasos, pero dijo calmadamente, “No me aclaró la tortuga que quería el corazón y el hígado de un conejo vivo, no sabía esto. Por eso, he dejado mi corazón y mi hígado debajo de unas piedras en el bosque. Si lo quiere, los busco en el bosque y los traigo para usted”.
El Rey Dragón de Mar estaba muy enojado y le dijo a la tortuga que llevara al conejo inmediatamente al bosque para que buscara su corazón y su hígado.
La tortuga llevó el conejo otra vez al bosque. Cuando llegaron a la costa, el conejo se puso a saltar de alegría. La Tortuga le exigió que buscara su hígado, y el conejo contestó sonriendo, “Obviamente, el corazón y el hígado del conejo tienen que estar con el conejo, ¡cómo puede estar vivo el conejo sin estos!” Al terminar la frase, regresó al bosque saltando. Se dice que la tortuga nunca más se atrevió a regresar al Palacio del Dragon del Mar, y se quedó en la costa y vagando por el océano.
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