Mitología sudamericana: doncella Licarayén y la formación de lagos chilenos | lagranepoca.com

Mitología sudamericana: doncella Licarayén y la formación de lagos chilenos

Cuentan que los bellos lagos del sur de Chile se formaron cuando una joven sacrificó su vida para que su tribu retorne a los valores perdidos
Por Jaime Prieto – La Gran Época
Mie, 29 Sep 2010 12:37 +0000

|nid=14155|title=|desc=El lago Llanquihue en Osorno, Chile. (FRANCISCO NEGRONI/AFP/Getty Images) Muchos son los mitos y leyendas que envuelven nuestras raíces. De la mano de nuestros ancestros, cada pueblo, cada río, cada montaña, tiene una historia que contar. En esta ocasión les traigo una historia que enseñó a toda una tribu los principios del coraje y el amor: la leyenda de la formación de los lagos Llanquihue, Todos los Santos y Chapo en la remota Chile de antaño.

Antes de la llegada de los colonizadores a América, entre los volcanes Osorno y Calbucos, vivía una tribu de mapuches que dedicaba sus días a la diversión, los vicios, y muy poco al trabajo. La tribu estaba dominada por el Pillán, un espíritu malvado que usaba las machis (hechiceras) para atormentarlos haciéndoles perder la razón a través de pócimas y asustándolos con verdaderas llamaradas, y humo con azufre.

Los jefes de la tribu se reunieron en consejo sin saber qué hacer, discutieron por un rato, y de pronto, como de la nada, apareció un anciano que les dijo que tenían que ofrecer en sacrificio a la más virtuosa de las vírgenes de la tribu, y cambiar urgente de comportamiento, regresando a los valores morales perdidos para no darle la oportunidad al malvado espíritu que los atormentaba.

El sacrificio consistía en extraer el corazón de la doncella y llevarlo al cerro Pichi Juan tapado con una rama de canelo, desde donde vendría un ave del cielo para consumar el sacrificio. Sin que nadie se diera cuenta el anciano desapareció, tal como había llegado.

El cacique de la tribu buscó entre todas las jóvenes, y qué grande fue su tristeza cuando descubrió que la más virtuosa era Licarayén, su hija menor. “La elegida”, con gran valentía, aceptó con la condición que fuese su amado quien la sacrificara, pues su corazón le pertenecía a él.

Quiltrapiqu era su prometido, un fornido y valiente guerrero con el que la próxima primavera contraería matrimonio. Con gran dolor en su corazón el joven se dispuso a preparar el lecho del ritual con las flores más hermosas y perfumadas. Una vez que le extrajo el corazón se lo entregó el cacique. El mancebo más fornido subió al cerro Pichi Juan y lo depositó sobre la roca más grande con una rama de canelo como lo había aconsejado el misterioso anciano.

Toda la tribu esperaba el milagro en la falda del cerro, cuando del cielo bajó un gran cóndor que de un solo bocado se tragó el corazón de la joven, cogió la rama de canelo y voló hacia el cráter del volcán dando unos giros en espiral desde donde arrojó la rama de canelo al centro del volcán. En ese momento desde las oscuras nubes comenzó a nevar, como si el alma de la joven sacrificada volviese por su amado.

En ese instante el valiente amado se arrojó sobre la punta de la lanza partiéndose el corazón, y las flores del lecho del sacrificio echaron raíces y formaron el más hermoso palacio que jamás haya visto el ojo humano. Y nevó por días, meses y años. Cuando la nieve se derritió y bajó por las quebradas hasta alcanzar el nivel de las tierras cultivables, el agua formó los lagos Llanquihe, Todos los Santos y Chapo.

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