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El "éxito" de la dictadura y el sufrimiento del pueblo

Los intereses de políticos y empresarios de países no comunistas son la causa del rápido desarrollo económico en China, pero para el pueblo chino la dictadura significa aún dictadura. Con ocasión de la celebración del China Time en Hamburgo el autor expone la situación actual china en su contexto histórico
Por Zhong Weiguang - Especial para La Gran Época
Mar, 21 Sep 2010 17:52 +0000

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Todos los dictadores han dejado en el curso de la historia "éxitos" materiales. Con ayuda de la dictadura las personas pueden ser tratadas como animales, máquinas e incluso como si se trataran de adornos sin vida en las tumbas. Las pirámides en Egipto, el Volkswagen, las autopistas y la rápida tasa de crecimiento económico bajo Hitler; el éxito del satélite en el año 1957 y el desarrollo de las armas nucleares en la Unión Soviética y la bomba atómica a principios de los 60 en China son ejemplos del "éxito" de una dictadura.

Los dictadores tienen que contraer a veces compromisos a corto plazo para elevar un poco la moral de su pueblo. Cuentan como ejemplos: el método político tradicional de la dictadura china para hacer compromisos, la nueva línea política económica de la Unión Soviética a partir de 1925 que ofreció un entorno mas favorable para inversores occidentales, la cooperación a corto plazo de la Unión Soviética con Occidente, el relajamiento del entorno político después de la muerte de Stalin, la llamada reforma Deng después de la Revolución Cultural, el desarrollo económico en China tras  el asesinato de estudiantes en la plaza de Tiananmen en el año 1989 ...

Pero una dictadura permanece como dictadura porque contradice la naturaleza humana. Es una forma de explotación y opresión de los derechos fundamentales de la mayoría  para apoyar el poder de una minoría. A causa de eso todos los dictadores son siempre los opresores, explotadores y enemigos del pueblo. Igual, qué apariencia toma una dictadura, es un objeto contra el cual tienen que luchar el pueblo y la sociedad, porque la forma de sociedad moderna del mundo se basa en derechos humanos, libertad y democracia.

A pesar de esta clara tendencia, hay un fenómeno absurdo en el transcurso de los últimos 100 años que nos lleva a una reflexión: hay tolerancia y maquillaje de las dictaduras e incluso cooperación y dependencia respecto a ellas. Éstas son opiniones públicas actuales que aparecieron después de la Revolución Industrial. Son un componente de la relación moderna entre países que surgieron en los últimos 200 años.

No existe ninguna duda sobre la incompatibilidad con otras formas políticas; la  crueldad y el carácter sanguinario de los bolcheviques en la Unión Soviética se reveló abiertamente desde su aparición en el año 1917. Incluso Karl Kautsky, simpatizante de esta ideología y miembro del partido, comprendió el problema e hizo pública la cuestión siguiente: “¿es ésto comunismo o terrorismo?”. Pero hay aún muchas personas cultas y políticos que a pesar de tan elevado número de víctimas saludaron, defendieron y pusieron sus expectativas en ella. Utilizaban excusas tales como: 2en una revolución las víctimas son inevitables, esto es comparable con el precio que hay que pagar por un proceso de aprendizaje que llevará a la gente a un futuro prometedor. La sociedad bolchevique es mucho mejor que la sociedad anterior de este país y trae progreso para el desarrollo...” Sin embargo hasta el año 1989, después de 72 años,  la sociedad bolchevique no ha hecho nada positivo para las personas.

A mediados de los años 20, los países occidentales tuvieron que superar su propia crisis económica y a pesar de la feroz opresión del pueblo en la Unión Soviética, invirtieron mucho en un país en el cual los obreros tienen que sufrir el control político. Ayudaron de esta manera al gobierno comunista a construir la gran base industrial y la infraestructura que han jugado un papel importante hasta la caída de la Unión Soviética en el año 1989.

La actuación de Hitlers fue una repetición parecida de actuaciones absurdas en los años 30, y sus consecuencias fueron aún más trágicas. La tolerancia de la dictadura por parte del pueblo alemán y del mundo occidental y el “disfrute” del desarrollo económico a corto plazo han exigido durante la Segunda Guerra Mundial innumerables víctimas entre los judíos y en todo el mundo en general. Pero la actitud no ha cambiado: cerrar compromisos con la dictadura y no entrometerse en el asunto mientras uno no se vea afectado por ella. O tener incluso el deseo de sacar provecho de la dictadura en otros países. Las actitudes y las excusas son siempre las mismas. Una explicación completamente inadmisible de un gobierno dictatorial basta para atraer y conseguir el apoyo de políticos, empresarios e intelectuales, ya que estas personas sólo se mueven por sus propios intereses.

Todo lo que se mencionó antes, no es lógico ni consecuente, sin embargo la gente ni piensa, ni tampoco quiere pensar en ello. Por ejemplo: el optimismo y las expectativas poco realistas después de la muerte de Stalin en el año 1953; al principio de los años 60 discutieron los alemanes y el resto de los países occidentales si Alemania Oriental y el resto de Europa del Este son países totalitarios. Incluso Giovanni Amendola, que se dió a conocer por su libro "Origen del totalitarismo", era de la opinión que una sociedad comunista no podía ser equiparable a una una sociedad totalitaria. Fue un error que los intelectuales se inclinaran hacia la izquierda dando la bienvenida al comunismo con su participación en la Conferencia Mundial de la Paz, apoyada en secreto por la Unión Soviética. El júbilo por el desarrollo económico de la Unión Soviética y sus satélites fue también errróneo. Creyeron que el cambio del gobierno comunista permitiría el llamado “deshielo”.

No fueron las características de los dictadores las que cambiaron, sino las excusas de las personas que quieren sacar ventajas de la dictadura. Desde la discusión sobre el desarrollo de la sociedad comunista después de la muerte de Stalin en los años 60 hasta la fundación de la Organización para Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) en los años 70, y la aparición de las ideas sobre la coexistencia pacífica, el gobierno comunista no cambió en China, lo que cambió fue el comportamiento de políticos y  empresarios occidentales.

Es imposible exigir a los políticos, hombres de negocios y científicos occidentales que sólo piensan en sus propios intereses, que renuncien a sus ventajas en favor de las personas esclavizadas y oprimidas por la dictadura. Naturalmente la democracia dispone de algunas posibilidades y posee también su propio sistema de supervisión. Como todos nosotros vivimos en un mismo planeta, la economía y la política están entrelazadas a nivel mundial. Por ese motivo una actuación que es contraria a los principios fundamentales y que sólo favorece a una minoría tiene directa o indirectamente un efecto desfavorable para el aumento de la tasa de paro, el desarrollo de la mediana empresa y sobre la vida política en su propio país. Los políticos, empresarios e intelectuales no pueden hacer uso de su poder para llevar a su país a cooperar con el dictador, necesitan para eso excusas y explicaciones. Y estas excusas sirven en principio para engañar  no sólo a las personas de un país dictatorial, sino también a sus propios compatriotas.

La reconciliación entre el Este y el Oeste en los años 70 fue un método político del Oeste para simplificar la cooperación con la dictadura. Creyeron que el dominio comunista no se derrumbaría a corto plazo. Esta percepción política equivaldría en principio a la aceptación de la legitimidad frente a la opresión del propio pueblo por un dictador. Con esta “reconciliación”, los políticos y empresarios occidentales pudieron compartir las ventajas con el dictador,  sin obtener por eso una mala conciencia o problemas en su propio país.

Esta reconciliación, tolerancia y expectativas poco realistas, produjo entonces en los países comunistas un estado de desesperanza y llevó a los adversarios de la dictadura y a personas con otras opiniones en Europa del Este a situaciones muy desfavorables. A causa de este hecho, Václav Havel, primer presidente de la recién fundada República Checa - antes una persona conocida por sus críticas opiniones políticas - acuñó el término llamado “post-totalitarismo”.

Subrayando: “con la palabra post, no quiero sin embargo afirmar que se trate de un sistema que haya dejado de ser totalitario, tan sólo quiero decir, que se trata básicamente de otro tipo de totalitarismo, distinto de las clásicas dictaduras, con las cuales habitualmente asociamos el concepto de totalitarismo” (Intento de vivir en la verdad, Reinbek 1989, primera edición 1978, página 13).

La caída del muro berlinés y el derrumbamiento de todos los países comunistas europeos fue una sorpresa. Los medios de Alemania Occidental, políticos y científicos han dado por hecho, que sólo el esfuerzo de los ciudadanos de  Alemania Oriental les trajo la revolución pacífica que liquidó la dictadura. Esta opinión no significa evidentemente una reconciliación. Ni las expectativas poco realistas sobre el partido comunista en Alemania Oriental, ni la bienvenida a la llamadas reformas, ni los cambios dentro del partido comunista, han conducido a resultado alguno. Las  experiencias de la caída de Alemania Oriental y de la Europa comunista del Este enseñan, que ningún gobierno ni sociedad comunista se pudieron transformar por si mismos en sociedades democráticas modernas. La caída de una dictadura comunista irá siempre acompañada de una revolución y derramamientos de sangre, porque es el gobierno quién controla solo las armas y no el pueblo. En una sociedad moderna el causante de la peor violencia no es en ningún caso el pueblo, sino el estado, particularmente en un país dictatorial.

Esto mismo tiene también validez para China. El rápido desarrollo económico chino a partir de 1989 no es de ninguna forma sorprendente. Es sólo una repetición de la historia. Los políticos y empresarios occidentales repiten la historia. Los empresarios que aspiran a conseguir ventajas, van inevitablemente allí, donde la mano de obra y el medio ambiente están controlados por la dictadura. Las inversiones de ciertos países y de empresas extranjeras fueron la causa del alza económica en la Unión Soviética a finales de los años 20. Los intereses de políticos y empresarios originarios de países no-comunistas son la causa del rápido desarrollo económico de China. Pero para el pueblo chino dictadura significa aún dictadura, al margen de qué forma la posición situación económica haya cambiado. Las cadenas, los látigos y los cuchillos del partido comunista cuelgan aún sobre sus cabezas y no hay nada que controle, limite y acabe con el comportamiento arbitrario de la dictadura.

Si tú dices al pueblo chino que el Partido Comunista ha cambiado, tienes entonces que contestar a la siguiente pregunta: “¿cómo puedes tú reducir o evitar las muertes en Lhasa y Urumqi o la cruel persecución de los miembros de Falun Gong?” o si queremos hacer una pregunta menos exigente: “¿Cómo te puedes informar de la verdad de estos asesinatos y de la persecución?” ¡Si no puedes contestar a esta pregunta, significa sólo que tu opinión, tus compromisos y tu tolerancia hacia el Partido Comunista Chino son un engaño al pueblo chino!  

Podemos decir que hasta la fecha sólo un boicot  del Partido Comunista ha funcionado.  Fue el rechazo de 1989 cuando todo el mundo estaba decontento. Esta rabia y estas sanciones han conducido a que el partido comunista se comporte en los últimos 20 años de forma más eficaz frente a la opinión pública y se concentre en el control de su  propio pueblo. Por esa razón te deja entrar despreocupadamente en el país. De esa manera, aumentaron el sufrimiento del pueblo chino aquellos que afirmaron que en el partido comunista se había realizado un cambio, y la Guerra Fría después de 20 años vuelve a ser una realidad. Quién aplaude los éxitos de una dictadura, podrá escuchar de los chinos que la sufren, repetir sólo una frase del filósofo Sir Karl Raimund Popper: ¡Cuántos éxitos se permitan bajo la dictadura, igual no queremos vivir en tal sistema!

Zhong Weiguang es un escritor exiliado, comentarista y periodista, cofundador del P.E.N Chino Independiente.

La Gran Época se publica en 35 países y en 21 idiomas.
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