La montaña Ali de Taiwán: bosques ancestrales, amanecer e historia
El vapor y los olores emanando de la camioneta de comida en el estacionamiento, era una almenara de confort para todo aquel que se había aventurado a salir al final de la oscura mañana, con frío polar, para ver el famoso amanecer de la Montaña Ali, al sur de Taiwán.
Los vendedores tenían aproximadamente la misma colocación: una bandeja de metal montada en una furgoneta con al menos tres hornillos de gas. En uno había colocadas una serie de grandes teteras burbujeando; en otro una gran olla con agua hirviendo, abarrotada con más de 20 latas y botellas de cristal de té con leche, café, leche de soja, cebada, y más cosas, moviéndose suavemente. En el hornillo más importante se veía una gran sartén de hierro candente con aceite para hacer tostadas francesas con jamón, huevos y otros desayunos preferidos por los taiwaneses. Los peregrinos esperaban pacientemente al amanecer para que les sirvieran sus viandas al vapor, las cuales engullían esperando al tren, en fila.
La subida
El apelotonamiento en los trenes al final de la mañana es una escena escalofriante. Fue fácil hacer una sombría comparación, similar a un grupo de reclusos que estaban siendo enviados a Siberia: pasajeros sentados hombro con hombro, con bancos a cada lado; el sonido de los rieles ahogaba las voces y el pobre y bamboleante vagón parecía salir despedido como un cohete hacia ninguna parte.Como eran vacaciones de invierno, eran principalmente estudiantes los que llenaban el tren. Algunos se entretenían sacándose fotos unos a otros, algunos jugueteaban con sus teléfonos, mientras otros intentaban dormir. Varios daban sorbos de Ovaltine caliente –un producto lácteo–, valiéndose de pajitas y observando el pantano.
La experiencia del "tren de ganado" continuó cuando llegamos a nuestro destino y nos mandaron atravesar una verja, escalar una pendiente, y luego esperar a repartirnos el amanecer. Esto fue llevado a cabo con habilidad por dos empleados del gobierno y por sus ayudantes.
Los dos principales anfitriones se encaramaron a diferentes sitios en frente, a 50 metros de la muchedumbre, usando los megáfonos para hacer sus presentaciones; su distancia estratégica significaba que uno no interferiría con el otro. Los ayudantes mantenían a todo el mundo en línea a lo largo de la serie de pasos y señalaban dónde mirar para tener la mejor vista (a la derecha donde se encontraban las nubes brumosas, no a la izquierda, donde estaba más claro).
Nuestra presentación del amanecer por el maestro de ceremonias tocó una asombrosa variedad de temas. Al principio dijo que sólo hablaría en mandarín por aquellos que vienen de Hong Kong, Singapur y de China continental, pero acabó cambiando constantemente al dialecto local de Taiwán cuando se entusiasmaba. También en esos momentos movía sus brazos con énfasis y gritaba cuando hablaba, por ejemplo, para dar vida a las emociones de uno de los personajes que relataba en su discurso.
Su actuación de 50 minutos se tejió sin problemas a través de docenas de temas inconexos, incluyendo el saqueo de los japoneses llevado a cabo en la zona hace menos de un siglo. Los temas abarcaban desde cómo coger las ciruelas locales, destacando al menos cuatro variedades, las cuales las había preparado y empacado en bolsas, hasta cuántas personas se desmayaron el año pasado debido a la altura de la montaña, sus edades, y los países de donde provenían (en su mayoría jóvenes adultos taiwaneses). Habló sobre la historia de la zona y de los indígenas locales, de las montañas más altas al sureste de Asia (de las cuales una era ésta), de cómo cambia la salida del sol a través de las estaciones y de muchos otros temas.
Los vendedores serpenteaban entre la multitud. Con un grueso acento local cantaban los precios de las gafas de celofán para evitar los rayos solares cuando el sol se levantara, y también de otros artículos como ropa interior, calcetines y flores.
Más que un amanecer preciosoCuando el sol se asomó por el horizonte, una hora después de llegar, la mayoría lo observaba a través de las pantallas de sus cámaras digitales o teléfonos móviles, a la vez que presumiblemente sacaban miles de fotos. Al menos un grupo de estudiantes había venido de Taipei para hacer un documental sobre la escena para su clase de cine.
Mientras que la salida del sol es quizás el valor más relevante de la Montaña Ali, no es el único atractivo turístico disponible. El maestro de ceremonias del amanecer recomendó otros dos: un paseo por el bosque de los "árboles divinos" y ver las plantas endémicas de la zona.
Los árboles a los que hacía referencia tienen miles de años y muchos de sus compañeros más mayores –de los cuales dicen que para abrazar semejante circunferencia se necesitan 30 personas cogidas de la mano– fueron cortados y enviados al exterior durante el fatídico mandato japonés.
Uno de los árboles más famosos para ver en flor, de marzo a mayo, es el Sakura o cerezo en flor, el cual en realidad fue traído de Japón a Taiwán. Aunque están por todo Taiwán, la Montaña Ali tiene el número más grande de estas preciosas especies.
Como el turista medio experimentará, la zona panorámica nacional de Alishan (es decir la superficie desarrollada), es una serie de lugares turísticos con jardines, templos, lagunas, bosques, edificios antiguos, museos, y demás, separados por una red de caminos con señales de mapas situados de manera regular entre ellos para indicar la ubicación del momento. Las distancias son razonables y dentro de toda la zona hay varias partes aisladas, como circuitos, idóneos para caminar de una vez.
Trenes viejos y ruidosos, no muy diferentes del que va hacia el amanecer cada mañana, también trasladan pasajeros a los alrededores por un módico precio. El material de publicidad turística menciona que hay trenes como estos en otros dos países, India y Chile, debido a la dificultad de la construcción y la operación de los trenes en las montañas. En general, la Montaña Ali es algo así como un parque natural temático tranquilo y disperso.
¡Parar para una fiambrera!
Dentro de la amplia zona de la montaña Ali también hay varias aldeas que merece la pena visitar. Los turistas normalmente echan un vistazo por ejemplo a Fenqihu –en un lento trayecto de dos horas en tren desde la principal zona turística– de paso a la entrada o a la salida.Fenqihu es famoso por tener sus exitosas "fiambreras". (Probablemente es la mejor traducción del término chino utilizado para referirse a una comida, normalmente para llevar en un recipiente para comer, que consiste en arroz, carne, y un par de guarniciones de verduras).
Cuando pedí una explicación de por qué eran tan conocidas, la joven a cargo pensó por un momento y dijo que era por el tren. Después cogió un folleto y volvió al trabajo. Fue un día muy atareado y ella no tenía tiempo para periodistas preguntones.
Resulta que la razón de esta fama es porque en la década de los cincuenta, las fiambreras en Jiayi, la ciudad más cercana, sabían muy mal. –se referían a ellas como "fiambreras amargas". Un anciano desconocido abrió su negocio en Fenqihu y todo el mundo empezó a ir allí de camino a la montaña Ali, en lugar de a Jiayi. Actualmente, con la comida deliciosa disponible tanto en Jiayi como en la montaña Ali, Fenqihu parece ser famoso sólo porque es famoso.
La foto del fundador está en los folletos y en varios lugares claves de la pequeña aldea, sonriendo, afable, y dando un aspecto de coronel Sanders chino. Por un módico precio, los clientes se pueden llevar los recipientes de metal pequeños donde se sirve la comida.
Desde Fenqihu los turistas van y vienen a la Montaña Ali o toman un autobús de vuelta a Jiayi y luego desde allí al resto de la civilización. Cada año decenas de miles de turistas de Taiwán y del extranjero pasan varios días en la Montaña Ali, y se ha convertido en uno de los lugares turísticos más conocidos y recomendados de Taiwán.
La página web oficial en inglés: http://www.ali-nsa.net/english/00home/home.php
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