Cuerpos incorruptos
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El cuerpo del papa Juan XXIII fue desenterrado en marzo de 2001. Como un gran número de personas deseaba venerar su tumba en la cripta de la Basílica de San Pedro, en Roma, el papa de aquel entonces decidió que su predecesor necesitaba un lugar de descanso más amplio. Sorprendentemente, a pesar de que el papa Juan XXIII había fallecido hacía 37 años, el cuerpo presentaba una condición excelente.
En la historia hay muchos casos de cuerpos desenterrados y nuevamente sepultados. Los archivos que confirman muchos cuerpos incorruptos son innegables. En la Inglaterra medieval, existen muchos registros sobre personas cuyos cuerpos, a pesar de la temperatura y la humedad, no se deterioraron y fueron reconocidas como santos, como Cuthbert, Werburgh, Waltheof y Guthlac. También hay numerosos ejemplos recientes. Joan Carroll Cruz, autora y terciaria de la Orden Secular de as Carmelitas Descalzas, apuntó con detalle en su libro “The Incorruptibles” editado en 1997, muchos casos de cuerpos incorruptos. En estos se incluye a Santa Teresa de Ávila, cuyo cuerpo nunca se descompuso a pesar de estar enterrado en el barro.
Puede haber personas que piensan lo difícil que es demostrar la verdad de estos archivos. En realidad, los registros sobre estos eventos están bien conservados y completos. Muchos de estos cadáveres se pueden ver en la actualidad. Además, muchos trabajadores y miembros de la familia fueron testigos en las exhumaciones. Este tipo de acontecimientos ocurrieron a lo largo de la historia cristiana. ¿Cuál es la razón de que los cuerpos de muchos cultivadores del Budismo y del Cristianismo no se descomponen tras la muerte? Este fenómeno desconcierta a la ciencia moderna, pero ocurre con regularidad en el mundo de la práctica de cultivación.
Lo que se entiende comúnmente es que cuando los cultivadores espirituales purifican su pensamiento, elevan su moralidad y vuelven a su ser original y verdadero, sus cuerpos también se purifican y se transforman.









