“La mañana”, de Philipp Otto Runge | lagranepoca.com

“La mañana”, de Philipp Otto Runge

Una composición de lo divino
Por Rosemarie Frühauf - La Gran Época
Dom, 18 Jul 2010 17:05 +0000
“La mañana” es inspirador en el color, impresionante en la técnica, e inesperadamente lleno de significado.

Esta pintura es una de las obras más misteriosas de la época romántica alemana temprana, y es tan actual que es difícil de creer que que tenga 200 años y que surgiera en una época bastante melancólica y políticamente complicada.

Runge amaba a sus hijos. Puede verse en sus retratos familiares, como la pintura Die Huelsenbeckschen Kinder (Los hijos de Huelsenbeck), donde los niños de los vecinos están jugando con los suyos.

La vida es dura, pero ellos tienen esperanza. Este es el mensaje en el retrato de sus ancianos padres, en el cual pintó a los más pequeños junto a un lirio y cardos creciendo en el jardín.

Runge se conmovió tanto por la pureza de los corazones de los niños que no es de extrañar que hiciera a los niños los principales protagonistas de su obra “La mañana”. El amanecer se convierte en un símbolo de la chispa divina en cada ser, emergiendo, anunciando una nueva vida.

La composición es estrictamente simétrica, lo que da a toda la escena un carácter muy sagrado y digno. Uno siente como si estuviera viendo un viejo retablo, aunque hay un sentimiento muy diferente.

La mujer en el centro representa a la diosa Aurora. Está de pie en un banco de nubes, sosteniendo una flor de lirio enorme. El bebé en medio, en primer plano, es como el nuevo día, y los demás le dan la bienvenida.

Los que están en la parte superior de la flor son como los espíritus de cada pétalo. Son seis, por lo que representan los seis pétalos. No sólo la flor tiene su espíritu, cada pétalo tiene su espíritu. Esto representa la vida en distintos niveles: la conexión, la interacción, la armonía, y la creación.

El hecho de que Runge describa un interior y un exterior, un estado oculto y otro visible de progresión, es lo que hace a esta obra tan especial. La parte central está sobre lienzo. El marco es de madera, pero sigue siendo indispensable para toda la composición y todo el significado porque el marco nos muestra lo que sucede debajo de la tierra: una vida que comienza debajo de la tierra, en la raíz de la planta y se abre camino a través del tallo y las flores.

El sol está todavía bajo la tierra, invisible detrás del horizonte, en la parte inferior del marco. Los pequeños querubines parecen ascender deslizándose por los tallos de las plantas, convirtiéndose en una imagen de la vida y el espíritu de cada flor.

Todo tiene vida y alma. Esta era una idea muy común en la época Romántica, y una característica destacada en las obras de Goethe. Lo divino está en todo y es omnipresente.

El lirio blanco es muy puro e inocente. Aparece en el centro, pero también a ambos lados del marco.

Los angelitos ascienden primero a través de una azucena roja, y a través de un lirio blanco después, como si experimentaran el mismo viaje en un nivel superior. Estas representan dos etapas de la evolución, una en la tierra, y otra en el cielo.

Los ángeles en las raíces se dan la mano, pareciendo ayudarse mutuamente a pasar. Los de arriba se están protegiendo suavemente con los brazos cruzados en el momento de salir.

Por encima de todo, brilla la estrella de la mañana, y aún más arriba, en el marco, vemos un firmamento formado a partir de pequeñas cabezas de ángeles, también estrictamente organizado, como una cúpula arquitectónica de brillantes sonrisas. Los rayos de luz blanca radiante se convierten en la continuación de las pequeñas estrellas de la mañana, brillando en un nivel superior.

Un círculo de niños pequeños se forma alrededor de la mujer que está en el centro (la diosa Aurora, o el amanecer). Observe cómo este círculo atrae su vista hacia el espacio infinito y el cielo. Los niños que lo forman se encuentran tanto en primer plano, como al fondo.

Nadie domina la escena, todo el mundo es importante en su lugar. No se puede quitar a nadie de la composición. Es estrictamente necesario que cada uno permanezca en su lugar. Por otra parte, todo el paisaje es tan suave y abierto que la imagen casi levita.

El colorido de la pintura es vívido. Hay mucha luz para percibir, aunque se necesita mucha oscuridad para hacerla visible. El marco negro alrededor de la parte interna es necesario para hacerla sólida. No es una línea negra definida, sino que es suave como la rama de un árbol que aparece en negro frente al cielo del amanecer. Calor y frío están perfectamente equilibrados.

Los colores son preciosos y puros. Radiantes y luminosos, se aplican en capas delicadas, transparentes. Runge consiguió pintar una transición perfecta entre el amarillo y el azul en la parte superior del cielo, en el fondo.

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