España es una fiesta
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|nid=13292|title=|desc=Aficionados españoles celebran la fiesta de San Fermines en Pamplona mientras ven el partido de semifinales entre España y Alemania, el pasado 7 de julio. (Denis Doyle/Getty Images) Los españoles son conocidos en todo el mundo por la famosa siesta, y por otra palabra muy parecida que de alguna manera va unida a la anterior: Fiesta. Y es que pocos pueblos del mundo unen la alegría y el drama en una fiesta como los San Fermines, o en un deporte como el fútbol.
Aclararé, sin embargo, que aunque soy español, no me gustan los toros y tampoco sigo mucho el fútbol, lo cual no me ha impedido celebrar los San Fermines, ni gritar al árbitro de algún partido de la selección española a través del televisor.
El ambiente que envuelve a la fiesta de los toros en Pamplona es muy similar al ambiente que se vive en España cuando un equipo de fútbol español logra una victoria importante. Miles y miles de personas en la calle comparten su alegría como si se conocieran de toda la vida, con generosidad, con bondad, con cierto sentido de hermandad. Es realmente algo inaudito, y algo que merece la pena experimentar alguna vez en la vida.
Aún recuerdo muy vívidamente una imagen que me emocionó profundamente, hace ya algunos años. El Real Madrid acababa de ganar la Liga ese día, y las calles estaban infestadas de personas con banderas y camisetas del equipo, cantando y gritando. Mientras esperaba el autobús, un joven se paró exultante en mitad de la carretera, cantando delante de un coche que llevaba una bandera del Real Madrid. De repente, del coche salió un hombre que inmediatamente se abrazó al chico, y los dos empezaron a saltar abrazados gritando. Era como si dos hermanos que no se veían hace años se hubieran reencontrado por casualidad.
Tras un minuto de cánticos, el hombre volvió al coche para reanudar la circulación, y el chico siguió su camino saltando y cantando. Se me llenaron los ojos de lágrimas, porque nunca había visto tanta hermandad espontánea entre dos personas que no se conocían de nada. Y recuerdo que pensé: ¿Cómo es posible que algo tan intrascendente como el fútbol consiga esto?
Ayer, miles de personas pedían a San Fermín que la selección española de fútbol venciera a la todopoderosa Alemania, y cuando Puyol marcó de cabeza, la “fiesta” se convirtió en la “re fiesta”. En Pamplona miles de personas de todo el mundo celebraron “San Fermines y Mundiales”, y en el resto de España millones de personas salieron a las calles para unirse en un solo sentimiento de alegría y emoción, que desbordaba las fuentes de las principales capitales. Es en momentos como éste cuando todas las diferencias entre nosotros se disipan, cuando somos capaces de perdonarlo todo, cuando todo lo malo desaparece de nuestras mentes, y las palabras no alcanzan para expresar la alegría que sentimos. Entonces, nos abrazamos y gritamos.
Así es como está viviendo España estos días, con una euforia que trata de controlar, pero que se escapa por las comisuras de los labios en enormes sonrisas. La afición ya se ve campeona, y dice que el partido del domingo será como si una manada de toros aplastara un jardín de tulipanes. Después del juego desplegado ante Alemania, la confianza en el equipo es tal, que no hay rival ahora mismo que pueda inquietar a los aficionados españoles, quienes cantan más orgullosos que nunca aquello de “Yo soy español, español, español”
Si “la Roja” vence, viviremos dos días de celebración inolvidables; uno el próximo domingo, y otro el día que los jugadores lleguen a España, como auténticos héroes legendarios, para brindar el triunfo a la afición. Si están en España esos días, les recomiendo que no se pierdan la experiencia, porque incluso los holandeses olvidarán su pena y se unirán a la fiesta.
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