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Degustar los sabores con el pensamiento

Uno de los aspectos que nos diferencia del resto de los seres vivos consiste en que cocinamos los alimentos. Así que, sin dejar atrás la idea fundamental de que comemos para sobrevivir, aprovechemos la ocasión para agudizar el sentido del gusto
La Gran Época
Vie, 11 Jun 2010 15:28 +0000
No hace falta ser telequinésico para degustar los sabores solo con la mente. Con entrenamiento, y por supuesto cocinando con placer, no por obligación, se puede llegar a saber cuál será el resultado final del sabor de un guiso, ¡sin que pase por las papilas gustativas!

Es como un juego que al principio parece más complicado de lo que realmente es. Puede comenzar por “saborear” mentalmente a qué sabe cada ingrediente por separado o solo dos combinados. A medida que vaya “acertando”, añada más y más ingredientes, hasta conseguir “saborear” un guiso completo sin haberlo probado.

Resulta útil para los que siguen un régimen y tienen que cocinar, para sí o para otros; si por cocinar se prueba “a ver cómo va de sabor”, se despierta el apetito, y para cuando se haya acabado la comida, no es extraño haber “picado” más de la cuenta. Pero sobre todo es útil para la cocina creativa, o para cuando se quiere experimentar, o simplemente cocinar con lo que hay en la despensa.

comida pesada, sobre todo para los estómagos, hígados, riñones y corazón. Sólo un día, al mediodía, para matar antojo”.

Pues nada…, este es el día de hacer caso al dicho popular “¡una vez al año no hace daño!”.

 

Estofado de pollo “estafado” con batata

Ingredientes básicos

  • 1 ½ kg. pollo troceado o solo los muslos
  • (Opcionalmente para vegetarianos: carne de soja)
  • 250 gr. de garbanzos previamente cocinados
  • 2 cebollas
  • ½ cabeza de ajos
  • ½ pimiento rojo
  • ½ pimiento verde
  • 1 vaso de salsa natural de tomate ligeramente endulzada.
  • ¾ kg. batata blanca (boniato)
  • 4 patatas
  • 1 mazorca de maiz
  • Pimentón dulce y toque de picante (una cuchara de postre)
  • Hierbas aromáticas: 2 hojas laurel, tomillo y orégano
  • Un toque de vinagre, (¡Ojo!, solo un toque)
  • Aceite de oliva
  • Sal

Ingredientes opcionales:

  • ½ vaso de vino
  • Añadir cualquiera de las siguientes verduras, todas o algunas:
  • 1 tazón de hojas de berros (Nasturtium officinale)
  • 2 calabacines
  • 2 zanahorias
  • Guisantes

Remojar la noche anterior los garbanzos y cocinarlos. El caldo resultante puede servir posteriormente para añadirlo al guiso, en vez de agua. Picar y tener preparado de antemano todos los ingredientes.

Empezar por freír en un poco de aceite de oliva los ajos, apartar y reservar. En ese mismo aceite sofreír a fuego lento la cebolla bien picada hasta que tome algo de color, añadir entonces los pimientos, también picados. Subir el fuego a la mitad y después de 5 minutos añadir las hierbas aromáticas; a los 3 minutos es el turno de la salsa de tomate, 3 minutos más para introducir el vinagre, el pimentón, y los ajos que se tenían reservados. Inmediatamente, para que no se queme el pimentón, añadir la carne, sofreír unos minutos. Por supuesto durante todo este tiempo siempre se habrá estado removiendo continuamente. Es el momento entonces de agregar las batatas, las patatas cortadas en trozos medianos, los garbanzos y la mazorca de maíz cortada en varios trozos, cubrir con el resultante de cocinar los garbanzos o con agua, en función de si se quiere un sabor más o menos concentrado. Cocinar durante 15 minutos, y finalmente agregar sal y el resto de los ingredientes opcionales elegidos. El estofado estará acabado cuando al pinchar los tubérculos estén blandos y el caldo se haya reducido considerablemente. Para conseguir el punto necesario de salsa, se “jugará” con el fuego, subiéndolo o bajándolo según convenga.

Truco de la quincena!

Freír los ajos siempre antes de la cebolla y apartar para agregarlos al final del sofrito. Así no se “guisan” con el jugo de la cebolla, sino que conservan el sabor del frito, dando un toque característico al plato.

Rincón de los pequeños placeres

No nos lo neguemos: a veces y en contra de cualquier razonamiento o dieta surge un casi irrefrenable deseo de comer algo. En ocasiones ni se sabe qué: “algo”, sin más. Es de suponer que de ahí hayan surgido algunas de esas combinaciones alimenticias tan extravagantes, no aptas para paladares clásicos, del tipo “Munchitos con yogurt”, “galletas maría con foie”, “pan con mantequilla y azúcar” etc. O…, uno máximo extremo “bocadillo de sardinas con crema de cacao”; ¡en serio!, si no lo cree, busque en las Web.

Esto viene al caso, no para hacerle alguna propuesta de tal calibre, sino algo sencillo, y con menos de “atraco a mano armada” al aparato digestivo: “Palomitas de maíz (llamadas también “roscas”, “cotufas” etc.) ¡con algo más claro!; si no, no tendría gracia. Si le gustan saladas, lo tiene fácil, puede añadirles recién acabadas de hacer: sal de ajo, sal ahumada, o cualquier especia de bote, ¡y tan ricas!

Por el contrario si es goloso, pruebe las “Palomitas de maíz al caramelo”, para matar cualquier antojo: vierta en un cazo 200 gr. de azúcar (integral también vale) y 5 cucharadas soperas de agua, fuego medio y no dejar de remover continuamente hasta que, después de una fase “extra-burbujeante”, el almíbar empiece a tomar un color dorado claro y semitransparente. Es el punto exacto para que vierta inmediatamente sobre el maíz ya hecho y mezcle. Salvo advertirle que no toque el caramelo inmediatamente hecho, porque quema que da gusto, en unos minutos tendrá para usted un “mata-antojos” seguro, y ¡para los niños!, que se olvidarán de cualquier golosina artificial.

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